lunes, 30 de julio de 2018

Abrí la verja de hierro


Abrí la verja de hierro,
Sentí como chirriaba, tropece en algún tronco
y miré una ventana encendida, 
pero la madrugada devoraba las hojas 
y tú no estabas allí diciéndome
que el mundo está roto y oxidado. 
Entré, subí en silencio las escaleras, abrí otra puerta,
me quité el saco, me senté, me dije estoy sudando,
comencé a golpear mi pobre máquina de hablar,
de roncar y de morir 
(tú dormías, tú duermes, tú no sabes cuánto te amo), 
me quité la corbata y la camisa,
me puse el alma nueva que me hiciste esta tarde,
seguí tecleando y maldiciendo, 
amándote y mordiéndome los puños. 
Y de pronto llegaron hasta mí otras voces: 
iban cantando cosas imposibles y bellas, 
iban encendiendo la mañana, 
recordaban besos que se pudrieron
en el río,
labios que destruyó la ausencia. 
Y yo no quise decir nada más: 
no quiero hablar, 
acaso en el chirrido de la verja rompí 
cruelmente el aire de tu sueño.
Qué importa entrar o salir o desnacer. 
Me quito los zapatos
y los lanzo ciego, amorosamente, contra el mundo.


domingo, 29 de julio de 2018

Ayudas


Veintiún poemas de amor III

Porque ya no somos jóvenes, las semanas han de bastar 
por los años sin conocernos. Sólo esa extraña curva
del tiempo me dice que ya no somos jóvenes. 
¿Caminé yo acaso por las calles en la madrugada, a los veinte, 
con la piernas temblándome y los brazos en éxtasis más pleno? 
¿Acaso me asomé por alguna ventana buscando la ciudad 
atenta al futuro, como ahora aquí, esperando tu llamada? 
Con el mismo ritmo tú te aproximaste a mí. 
Son eternos tus ojos, verde destello 
de hierba salvaje refrescada por la vertiente. 
Sí. A los veinte creíamos ser eternas. 
A los cuarenta y cinco deseo conocer incluso nuestros límites. 
Te acaricio ahora, y sé que no nacimos mañana, 
y que de algún modo tú y yo nos ayudaremos a vivir,
y en algún lugar nos ayudaremos tú y yo a morir.

viernes, 27 de julio de 2018

Como sabrás


...como sabrás, amada y aún sin ello
la cena está servida a bofetones
como sabrás, percance duradero
acre queja la tuya de ayer mismo
amueblarán la savia de tus lágrimas
fecundadas en pos de una mentira
tal vez arrodillada la amargura
sobre un vaso de errores siempre míos
por encima campanas que un día alzamos
solidarios por luz del ascua cárdena
como espuma las grietas del ramaje
los acasos quizás y en el futuro
jocundo el salmo de la burda estaca
y qué ruda la sed de mocedades
te harán hablar hablar hablar
esplende

*

la impaciencia en declive
la sumisa pupila
mas presiento que el limo del regato
será mi surco andando a la deriva
el insolente calabozo en fiebre
con las nubes negándole otra sombra

nuestro mapa de amor tendrá resina
de algún árbol repleto de metralla
que aún descubre la pluma sobre el nido
las asperillas rojas tras la lucha
y un miliciano amigo a ras del sueño
en esta situación de circo adentro
qué racimo exprimir
qué entrañable canción darle al olvido
qué alocado rumor para los golpes
torturado mi amor indetenible
que en la esquina tostada de abril dijo
que un paso más un paso y muerto andaba

De "Amor peninsular" (1965)

Leyendo



miércoles, 25 de julio de 2018

Amante


1. Eludías 
el encuentro
con el tú
magnífico,
el que te toma
y te anula como tempestad
y de ti arranca al que busca.

2. Cómo pudiste vivir
de la idea
que la ocultaba,
con un sabor
que no era el de ella,
huyendo
de su aparecer
que era también el tuyo?

3. Llegas 
no a modo de visitación
ni a modo de promesa
ni a modo de fábula
sino
como firme corporeidad, como ardimiento, como inmediatez.

4. Llevas el amante
al lugar
del acontecer

-el lugar del asentimiento.

5. Él abre los ojos,
siente,
se abandona.
Sabe ya que nada, nada
le pertenece,
salvo su dependencia,
y acata
el extraño señorío.

6. Se creyó dueño 
y ella lo obligó a la más honda encuesta,
a preguntarse qué era en realidad suyo.
Después lo tomó en sus manos
y fue formando su rostro
con el mismo material del extravío, sin desechar nada,
y lo devolvió a los brazos del origen
como a quien se amó sin decírselo.

7. Misión
del amante:

arder
fuera del camino.

8. Enséñame,
rehazme
a fondo,
avívame
como quien enciende un fuego.

9. Destruye
la retórica del amante
y hazlo venir a pie, desnudo, sin arrimo,
a tu recio descampado.
Que pruebe a sostenerse ahí,
que sienta tu frío,
que vele.

De "Amante" 1983

Fot. Allan Kaprow 
Comfort zones

martes, 24 de julio de 2018

Leyendo

Solterona


Solterona

Esta chica de quien hablamos
en un paseo de abril ceremonioso
con su último pretendiente
súbitamente se asombró muchísimo
del charlar de los pájaros
y las hojas caídas.

Así, afligida, ella
vio que los ademanes de su amante
agitaban el aire y se irritó
entre el caos de flores y de helechos
acres. Juzgó los pétalos
confusos, la estación ajada.

¡Cómo deseó el invierno!
Austeramente, en orden minucioso
de blanco y negro
de hielo y roca, todo deslindado, 
de corazón a fría disciplina
sometió, exacto cual copo de nieve.

Pero he aquí: un capullo
de sus cinco sentidos de gran dama
una grosera confusión deduce:
traición intolerable. Que el idiota
se rinda al caos de la primavera:
prefirió retirarse.

Y rodeó su casa 
de alambradas y muros impasables
contra el tiempo rebelde
tanto que nadie lo rompiera
con maldiciones, puños, amenazas,
ni con amor tampoco.

de “El coloso” 1960

Versión de Jesús Pardo

lunes, 23 de julio de 2018

He visto elefantes


A veces siento una gran desconfianza por la escritura; creo que aunque sea subrepticiamente, uno, al escribir, cuenta cosas personales. ¿Y quién que pueda leer no es igual a uno? ¿Y quién que es igual a uno necesita que le cuenten lo que sabe? Pero más saludable es no cuestionarse los actos inevitables, como este de contar que uno ha visto elefantes y, mansamente, responder a la urgencia de contarlo. Porque nadie cuenta nada por contar, sino porque se le impone el cuento que, así, contado, se convierte no en el hecho que uno conoce, sino en el que es conveniente que los demás conozcan.

Ángel Bonomini 
Los lentos elefantes de Milán
Incluido en Todos parecían soñar. Cuentos completos
Pre-Textos, 2017

Leyendo


Soledad poblada


A veces me quedo dormido encogido así hasta medianoche y, al despertarme, levanto la cabeza y me doy cuenta de que tengo el pantalón empapado en la rodilla, es la saliva de haber dormido acurrucado como un gatito en invierno, como la madera de un balancín, porque puedo permitirme el lujo de abandonarme, aunque nunca esté abandonado, estoy solo para poder vivir en una soledad poblada de pensamientos, porque soy en parte un héroe del infinito y de la eternidad, y al Infinito y a la Eternidad les gustan las personas como yo.

Ed. Galaxia Gutenberg, 2012
Trad. Mónica Zgustova

sábado, 21 de julio de 2018

Guirnalda


Que crezcan lentamente 
las palabras

bajo la luz
bajo la gracia

o mejor callar
mejor la nada

Tantas bocas 
se alimentan de tu bien,
y tú, ¿qué conservas?

sólo la luz
sólo la oscura guirnalda de las letras 

PoesíaSextoPiso

viernes, 20 de julio de 2018

jueves, 19 de julio de 2018

Fusión




El famoso pintor Salvador Dalí y su mujer Gala, cuando eran ya muy mayores, tenían un conejo amaestrado al que querían mucho y que no se alejaba nunca de ellos. En una ocasión tenían que hacer un largo viaje y estuvieron discutiendo hasta muy entrada la noche qué hacer con el conejo. Era complicado llevarlo y era difícil confiárselo a alguien, porque el conejo desconfiaba de la gente. Al día siguiente Gala cocinó y Dalí disfrutó de una comida excelente hasta que comprendió que estaba comiendo carne de conejo. Se levantó de la mesa y corrió al retrete donde vomitó al amado animalito, al fiel amigo de su vejez. En cambio Gala estaba feliz de que aquel a quien amaba hubiera penetrado en sus entrañas, las acariciara y se convirtiera en parte del cuerpo de su ama. No existía para ella una realización más perfecta del amor que la de comerse al amado. En comparación con esta fusión de los cuerpos, el acto sexual le parecía sólo una ridícula cosquilla.

Milan Kundera
La inmortalidad
Ed. Tusquets, 2009
Trad. Fernando de Valenzuela

martes, 17 de julio de 2018

El tacto mudo


Vuelvo a los pájaros posados en las ramas desnudas del manzano. Esta mañana antes de abrir la farmacia me quedé un rato mirándolo y pensando en los estragos que causó el misil de la semana pasada. La casa de Gassan, el barbero, quedó completamente destruida, entre otras.

Uno a uno fueron apareciendo los pájaros; no volaban ni se ocultaban en el árbol, sino que se posaban como oraciones en sus ramas. El misil que destruyó la casa de Gassan apuntaba, alegan, a un refugio clandestino. Los pájaros venían a posarse como respuestas a unas preguntas que no tienen palabras. Mirando los pájaros, por fin lloré.

Gassan no estaba allí cuando destruyeron su casa. Había ido al mercado y estaba jugando a las cartas con sus amigotes. Cuando se enteró, se desmoronó y cayó al suelo, sin ruido.
Al día siguiente le acompañé a la ruina. Había varios epicentros, donde todo había quedado reducido a un montón de polvo bordeado de fragmentos minúsculos. A excepción de las tuberías y de los cables, no quedaban objetos reconocibles. Los objetos de toda una vida habían desaparecido sin dejar rastro, habían perdido su nombre. No era una amnesia de la mente, sino de lo tangible.
Se fue andando por la carretera hasta una de las casas abandonadas, antiguas ruinas en las que una ventana seguía siendo una ventana, aunque no tuviera cristal, y una silla, una silla, aunque le faltaran dos patas. Allí, en un cobertizo, encontró lo que buscaba: una escoba.

Entonces volvimos a lo que unos días antes había sido su casa y empezó a barrer, sin mirar al suelo, los ojos fijos en la distancia. Por instinto, no intervine; lo dejé actuar como si fuera un sonámbulo. No sé cuánto tiempo duró aquello. Abarcó toda una vida.

Barría sin moverse del sitio, sin mover los pies. Por fin, dejó de barrer y me miró, y esto es lo que me dijo: Cuando corto el pelo a un cliente, siempre barro después. Es una de las primeras reglas que aprendes en el oficio de barbero.

Lo tomé por el brazo, y Gassan no soltó la escoba. Me decía a mí misma que, tal vez, debería darle una dosis de valeriana officinalis. Así respondía mi oficio a la miseria que le había sobrevenido. ¡Qué poca cosa son nuestros oficios!

Tal vez, en los oscuros pliegues del tiempo no haya más que el tacto mudo de
nuestros dedos.
Y nuestras acciones.

John Berger
De A para X
Ed. Alfaguara, 2016
Traducción Pilar Vázquez

Fot. Josef Bartuška

lunes, 16 de julio de 2018

Movimiento


Hay un desierto. Pero tampoco tendría sentido decir que estoy en el desierto. Es una visión panorámica del desierto, ese desierto no es trágico ni está deshabitado, sólo es desierto por su color ocre y su luz, ardiente y sin sombra. En él hay una multitud bulliciosa, enjambre de abejas, melé de futbolistas o grupo de tuaregs. Yo estoy en el borde de esa multitud, en la periferia; pero pertenezco a ella, estoy unida a ella por una extremidad de mi cuerpo, una mano o un pie. Sé que esta periferia es el único lugar posible para mí, moriría si me dejara arrastrar al centro de la melé, pero seguramente me sucedería lo mismo si la abandonara. Mi posición no es fácil de conservar, incluso diría que es muy difícil de mantener, porque esos seres se mueven sin parar, sus movimientos son imprevisibles y no responden a ningún ritmo. Unas veces se arremolinan, otras van hacia el norte y luego, bruscamente, hacia el este, sin que ninguno de los individuos que componen la multitud mantengan la misma posición con relación a los demás. Así pues, también yo estoy en perpetuo movimiento, y eso exige una gran tensión, pero a la vez me proporciona un sentimiento de felicidad violento, casi vertiginoso.

Gilles Deleuze & Félix Guattari
Mil Mesetas
Ed. Pre-Textos, 2010
Trad. José Pérez Vázquez y Umbelina Larraceta

domingo, 15 de julio de 2018

Leyendo


Fotograma de
Dir. Tran Anh Hung, 1993

Hasta el final


Hay que vivir sin imposturas,
vivir de modo que con el tiempo
nos lleguemos a ganar el amor del espacio,
y oigamos la voz del futuro.

Hay que dejar blancos,
en el destino y no en el papel
y en los márgenes anotar
pasajes y capítulos de la vida entera.

Debemos sumirnos en el anónimo
y ocultar en él nuestros pasos
tal como se oculta el paisaje
tras una niebla espesa.

Otros siguiendo tus huellas, frescas,
recorrerán tu camino palmo a palmo,
pero tú mismo no debes distinguir
la derrota de la victoria,
no debes renunciar ni a una brizna de ti mismo.
Tú debes estar vivo.
Solamente vivir
hasta el final.


martes, 10 de julio de 2018

domingo, 8 de julio de 2018

Bajo una pequeña estrella


BAJO UNA PEQUEÑA ESTRELLA

Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado por alto
a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño a las cinco
de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos, cada
una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica
porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas
y que me esfuerce después para que parezcan ligeras.

En "Si acaso", 1972
Poesía no completa, edición y traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia, Fondo de Cultura Económica.


martes, 3 de julio de 2018

Sobre los comienzos


Sobre los comienzos

En la vida, el número de comienzos es exactamente igual al número de finales: todavía nadie comenzó una vida que no vaya a terminar.

En la poesía, el número de comienzos supera en tal medida el número de finales que no podemos siquiera imaginárnoslo. No todos los poemas se terminan: uno se abandona, otro se prende fuego y se lo lleva el viento, lo cual podría ser un final, pero es el final de un poema sin fin. 

Paul Valéry, el poeta y pensador francés, dijo que ningún poema se termina y que todos los poemas simplemente se abandonan. Estas palabras también se le atribuyen a Stéphane Mallarmé, pero el comienzo de una cita siempre es algo brumoso.

Paul Valéry también describió su percepción de los primeros versos de manera tan vívida, y en mi opinión tan precisa, que nunca la olvidé: el primer verso de un poema, dijo, es como encontrar una fruta en el suelo, una fruta caída que nunca habías visto, y la tarea del poeta es crear el árbol del que podría caer una fruta como ésa.

Mary Ruefle
Por qué no beso bien
Ed. Kriller 71, 2018
Versión Ezequiel Zaidenwerg

La verdad


La verdad es lo que quema. La verdad es menos en la palabra que en los ojos, las manos y el silencio. La verdad son los ojos y las manos que arden en silencio.

Christian Bobin
La présence pure

Fot. Joseph Rodríguez
Romania