martes, 17 de octubre de 2017

Hades


H de Hades, que me gusta ver como una influencia, porque se me antoja el más poético de todos los lugares. Es el último recurso, un reino de murallas altas, pero que cuenta con un gran inconveniente: el clima, pues sopla mucho viento, está oscuro y hace frío. Su mayor ventaja es todo el tiempo libre que ofrece. Está justo ahí abajo, debajo del mundo, y es el lugar de descanso de las almas inmortales. Más importante aún: es donde los muertos aguardan una nueva vida, una segunda oportunidad, donde esperan ser recordados, donde esperan renacer en la mente de los vivos. Es un lugar de esperanza. Y Tánatos, o lo que consideramos la personificación griega de la muerte, no es en realidad una personificación, sino una neblina, un velo o una nube que separa a la persona viva de la vida. Para los griegos, que no tenían una palabra para la muerte irreversible, uno no moría: oscurecía.

Mark Strand
"Abecedario de un poeta" 
en "Sobre nada y otros escritos"
Turner Noema.
Trad. Juan Carlos Postigo Ríos.

Amemos



Amemos 
o tempo que turra de nós e que nos leva. 
Inda que o ceo está azul e non hai nubes e non chove, 
sempre é cedo 
pra o froito que agardamos e non chega.

Amemos á rosa porque é breve 
e ao tempo porque fuxe e non se para, 
inda que á veira das horas, nas esquiñas, 
morran as verdades contra o vento 
i a noite seña un recendo podrecido 
das frores que chantamos pra salvarnos. 

Amemos 
as bocas que mancan ao bicalas, 
aos pianos que medran e non tocan 
e ás tardes fermosas que se acaban. 

Amemos 
inda que a espranza turre cara abaixo 
a vencellarnos sempre contra nuncas 
de campos sen aire e corazóns parados.




***


Amemos 
el tiempo que nos arrastra y se nos lleva. 
Aunque el cielo está azul y no hay nubes y no llueve, 
siempre es pronto 
para el fruto que esperamos y no llega. 

Amemos a la rosa porque es breve 
y al tiempo porque huye y no se para, 
aunque a la orilla de las horas, en las esquinas, 
mueran las verdades contra el viento 
y la noche sea el hedor putrefacto 
de las flores que plantamos para salvarnos. 

Amemos 
las bocas que hieren al besarlas, 
a los pianos que crecen y no suenan 
y las tardes hermosas que se acaban. 

Amemos 
aunque la esperanza tire hacia abajo 
y nos enlace siempre contra nuncas 
de campos sin aire y corazones parados.