Mostrando entradas con la etiqueta Muerte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Muerte. Mostrar todas las entradas

jueves, 31 de enero de 2019

¿Cuántas veces más?



La muerte siempre está en camino, pero el hecho de que no sepamos cuando llegará parece restarle finitud a la vida. Lo que odiamos tanto es esa terrible precisión. Pero como no sabemos, nos toca creer que la vida es un pozo sin fondo. Sin embargo, las cosas ocurren solo un determinado número de veces, en realidad, muy pocas. ¿Cuántas veces más recordarás cierta tarde de tu infancia, una tarde que forma una parte tan entrañable de tu ser que ni siquiera puedes imaginar la vida sin ella? Quizá cuatro o cinco veces más. Quizás ni eso. ¿Cuántas veces más verás salir la luna llena? Quizás veinte. Y sin embargo todo parece ilimitado.

Paul Bowles
"El cielo protector"

En la foto un momento de relax de Paul Bowles, en Tánger

viernes, 11 de mayo de 2018

Alguien sin sombra


[…] Lo que las antiguas escuelas indias enseñaban comienza y tal vez termina en el conocimiento de los límites de la propia mente. Todo lo que puede decirse es pensado, lo que puede ser nombrado, y también la ausencia y la negación de lo que puede ser nombrado. Todo es producto de la mente: la analogía, el máximo y el mínimo, los superlativos y los opuestos son algunas de las operaciones lógicas con las que pone en relación unas cosas con otras. Pensamos la caducidad y ella inventa los dioses. Pensamos el miedo, ella inventa el mal. Pensamos la atracción e inventa el amor. Pensamos la limitación, inventa el infinito. Pensamos la muerte, inventa la inmortalidad. El mundo que inventa la mente es un mundo lógico, y en él creemos. ¿Qué hay más allá de él? La pregunta es una trampa: “más allá” es una función lógica. Nadie traspasará jamás el umbral de este mundo llevando en el zurrón alguno de los conceptos que la mente elabora para el viaje. Las teologías son sandalias de plomo; las enseñanzas espirituales, molestas enaguas. Solo alguien sin sombra traspasará el límite. Alguien sin palabras.

Chantal Maillard
India
Ed. Pre-Textos, 2014

Ilust. Piero Fornasetti

martes, 17 de octubre de 2017

Hades


H de Hades, que me gusta ver como una influencia, porque se me antoja el más poético de todos los lugares. Es el último recurso, un reino de murallas altas, pero que cuenta con un gran inconveniente: el clima, pues sopla mucho viento, está oscuro y hace frío. Su mayor ventaja es todo el tiempo libre que ofrece. Está justo ahí abajo, debajo del mundo, y es el lugar de descanso de las almas inmortales. Más importante aún: es donde los muertos aguardan una nueva vida, una segunda oportunidad, donde esperan ser recordados, donde esperan renacer en la mente de los vivos. Es un lugar de esperanza. Y Tánatos, o lo que consideramos la personificación griega de la muerte, no es en realidad una personificación, sino una neblina, un velo o una nube que separa a la persona viva de la vida. Para los griegos, que no tenían una palabra para la muerte irreversible, uno no moría: oscurecía.

Mark Strand
"Abecedario de un poeta" 
en "Sobre nada y otros escritos"
Turner Noema.
Trad. Juan Carlos Postigo Ríos.

domingo, 24 de septiembre de 2017

La muerte de Ibsen


Acaba de salir la noticia en la prensa: que a día de hoy, esto es, 23 de mayo de 1906, y a la edad de setenta y nueve años, Henrik Ibsen, nacido en Skien, de estirpe vikinga, precursor de su oficio, guerrero de coraza negra, se ha ido al mismo lugar de donde vino; que todo lo que habíamos agrupado bajo su nombre, glóbulos rojos, esqueleto, nervios, ánimo, vigor, todo ello ya forma parte del pasado, de la eternidad.
Un germano puntual. Ya antes de morir había puesto el punto final. "Epílogo", así subtituló su último drama. Es difícil morir de forma bella (sobre todo para los nórdicos). Pero morir de forma ordenada, ésa es su belleza. Sombart considera que el orden es el principal rasgo de los pueblos germanos: ¿no tiene razón, incluso en la muerte? Goethe muere cuando pone el punto final al "Fausto". Richard Wagner muere cuando retoma en "Parsifal" el motivo de "Lohengrin", cerrando así este segundo anillo. El noruego Ibsen nos ofrece en su última obra el canto a la tierra de un moribundo. No escribió una palabra más. Su última obra es una brillante y melancólica alabanza de un plazo ya vencido. Una despedida que es a su vez un profundo grito existencial. Un ajuste de cuentas: cuando despertamos los muertos. Luego se mete en la cama y en el ataúd. ¡Morir con puntualidad!
Las últimas palabras de esta última obra son: "Pax vobiscum". La última figura que creó: Irene. Traducido: paz, paz, paz.
Se ha cumplido el programa. Ahora viene el "gran silencio"*. Morir en orden.

*Último acto de " El pequeño Eyolf" (1894): "Hacia arriba, a la cumbre. A las estrellas. Y al gran silencio"

Alfred Kerr
La muerte de Ibsen
De "La eternidad de un día. Clásicos del periodismo literario alemán (1823-1934)"
Edit. Acantilado
Trad. Francisco Uzcanga Meinecke

En la foto el señor Henrik Ibsen, circunspecto y grave

domingo, 27 de agosto de 2017

La promesa


La promesa

Con el segundo trago, en el restaurant,
tomados de la mano sobre la mesa vacía,
hablamos de eso otra vez, renovamos nuestra promesa
de matarnos el uno al otro. Estás tomando gin,
el enhebro azul noche
se disuelve en tu cuerpo, yo tomo Fumé,
mastico su tierra fragante y ahumada, estamos
recibiendo tierra, ya somos en parte polvo,
y donde sea que estemos, estamos también en nuestra
cama, encajados, desnudos, a lo largo uno del otro,
cercanos, embriagados
después del amor, entrando y
saliendo del borde de la conciencia,
nuestros cuerpos felices, entrelazados. Tu mano
se tensa sobre la mesa. Te da miedo
que me acobarde. Lo que no quieres
es agonizar en una cama de hospital por un año
después de un infarto, incapaz
de pensar o de morir, no quieres
que te aten a una silla como a tu impecable abuela,
profiriendo insultos. El cuarto en penumbras
a nuestro alrededor,
globos de marfil, cortinas rosadas
ceñidas por la cintura —y afuera
un anochecer de verano tan leve,
alto, luminoso. Te digo que no me
conoces si crees que no te
mataré. Piensa en cómo hemos flotado juntos,
mirándonos a los ojos, pezón contra pezón,
sexo sobre sexo, las mitades de una criatura
resurgiendo hasta el borde de la materia
y sobrepasándola —me conoces de la brillante
sala de partos salpicada de sangre, si un león
te tuviera entre sus dientes yo lo atacaría, si las sogas
que ataran tu alma fueran tus propias muñecas, yo las cortaría.

de "La materia de este mundo" 
Gog&Magog Ediciones, 2015.
Trad. Inés Gotland e Ignacio di Tullio

sábado, 13 de mayo de 2017

La realidad y el deseo



Cuando la muerte quiera
Una verdad quitar de entre mis manos,
Las hallará vacías, como en la adolescencia
Ardientes de deseo, tendidas hacia el aire.

La realidad y el deseo

Bergen, Norway 1934

sábado, 22 de abril de 2017

Lobotomía


—Oh, el amor, ¿sabes…? El cuerpo, el amor, la muerte, esas tres cosas no hacen más que una. Pues el cuerpo es la enfermedad y la voluptuosidad, y es el que hace la muerte; sí, son carnales ambos, el amor y la muerte, ¡y ése es su terror y su enorme sortilegio! Pero la muerte, ¿comprendes?, es, por una parte, una cosa de mala fama, impúdica, que hace enrojecer de vergüenza; y por otra parte es una potencia muy solemne y majestuosa (mucho más alta que la vida risueña que gana dinero y se llena la panza; mucho más venerable que el progreso que fanfarronea por los tiempos) porque es la historia y la nobleza, la piedad y lo eterno, lo sagrado, que hace que nos quitemos el sombrero y marchemos sobre la punta de los pies… De la misma manera, el cuerpo también, y el amor del cuerpo, son un asunto indecente y desagradable, y el cuerpo enrojece y palidece en la superficie por espasmo y vergüenza de sí mismo. ¡Pero también es una gran gloria adorable, imagen milagrosa de la vida orgánica, santa maravilla de la forma y la belleza, y el amor por él, por el cuerpo humano, es también un interés extremadamente humanitario y una potencia más educadora que toda la pedagogía del mundo…! ¡Oh, encantadora belleza orgánica que no se compone de pintura al óleo ni de piedra, sino de materia viva y corruptible, llena del secreto febril y de la podredumbre! ¡Mira la simetría maravillosa del edificio humano, los hombros y las caderas y los senos floridos a ambos lados del pecho, y las costillas alineadas por parejas y el ombligo en el centro, en la blandura del vientre, y el sexo oscuro entre los muslos! Mira los omóplatos, cómo se mueven bajo la piel sedosa de la espalda, y la columna vertebral que desciende hacia la doble lujuria fresca de las nalgas, y las grandes ramas de los vasos y de los nervios que pasan del tronco a las extremidades por las axilas, y como la estructura de los brazos corresponde a la de las piernas. ¡Oh, las dulces regiones de la juntura interior del codo y del tobillo, con su abundancia de delicadezas orgánicas, bajo sus almohadillas de carne! ¡Qué fiesta más inmensa al acariciar esos lugares deliciosos del cuerpo humano! ¡Fiesta para morir luego sin un solo lamento! ¡Sí, Dios mío, déjame sentir el olor de la piel de tu rótula, bajo la cual la ingeniosa cápsula articular segrega su aceite resbaladizo! ¡Déjame tocar devotamente con mi boca la “Arteria femoralis” que late en el fondo del muslo y que se divide, más abajo, en las dos arterias de la tibia! ¡Déjame sentir la exhalación de tus poros y palpar tu vello, imagen humana de agua y de albúmina, destinada a la anatomía de la tumba, y déjame morir con mis labios pegados a los tuyos!

Thomas Mann  "La montaña mágica"
Ed. Edhasa.
Trad. Mario Verdaguer.

lunes, 17 de octubre de 2016

Sumisión


Sumisión

Porque ataron mis huesos
unos con otros, soy.
Porque algún día los desatarán
ya no seré.
Soy y no soy solo a través
de este poco de cal y de artilugio.
Camino y no me aparto de una vida
hecha ya de antemano
para la eterna inmovilidad,
de una muerte
enderezada brevemente.
Camino todavía,
pero mi propia muerte me cabalga:
Soy el corcel de mi esqueleto.

Para el que sabe ver la sombra es solo tránsito de luz a luz.

¿Te deshilaron de las neblinas boreales,
o te hicieron con zumo de violetas en una concha de nácar?…

sábado, 15 de octubre de 2016

Curiosidad



Cuando su esposa murió, el señor Derdon estaba ansioso de entrar en el dormitorio de ella, mirar a su alrededor con la puerta cerrada y sin nadie mirándolo ni preguntándole cómo se sentía. No era ansiedad, ni pesar, ni ninguna sensación dolorosa, ni anhelo o añoranza, aquello que le llevaba a la habitación, sino pura curiosidad.

Maeve Brennan  El ahogado
Las fuentes del afecto. Cuentos dublineses
Ed. Alfabia, 2012
Trad. Isabel Núñez

domingo, 25 de septiembre de 2016

El tiempo se detiene cuando alguien muere


El tiempo se detiene cuando alguien muere. Por supuesto se detiene para ellos, quizá, pero para los que sufren la pérdida el tiempo se desquicia. La muerte llega demasiado pronto. Olvida las mareas, los días que se alargan y se acortan, la luna. Hace trizas el calendario. No estás en tu escritorio o en el metro o preparando la cena para los niños. Estás leyendo People en la sala de espera de un quirófano, o temblando en un balcón donde fumas toda la noche. MIras al vacío, sentada en el cuarto de tu infancia con el globo terráqueo sobre la mesa. Persia, el Congo Belga. El problema es que cuando vuelves a la vida normal, todas las rutinas, las marcas del día parecen mentiras sin sentido. Todo es sospechoso, una trampa para adormecernos, para volver a arroparnos en la plácida inexorabilidad del tiempo.

Lucia Berlin
Manual para mujeres de la limpieza
Ed. Alfaguara, 2016
Trad. Eugenia Vázquez Nacarino

Fot. Charles Gates Sheldon
Mary Nolan, 1920's

lunes, 8 de agosto de 2016

Límites


Tarde o temprano en la vida cada uno descubre que la felicidad perfecta es irrealizable, pero pocos son los que nos detenemos a considerar la antítesis: que la infelicidad perfecta es igual de inalcanzable. Los obstáculos que impiden la realización de estos dos estados extremos son de la misma naturaleza: derivan de nuestra condición humana, que se opone a todo lo infinito. Nuestro cada vez más insuficiente conocimiento del futuro se opone a ello: y esto se llama, en un caso, esperanza y en el otro caso, la incertidumbre del día siguiente. La certeza de la muerte se opone a ello: porque establece un límite en cada alegría, pero también en cada duelo.

Ed. El Aleph, 2013
Trad. Pilar Gómez Bedate

jueves, 28 de julio de 2016

Sólo a veces


No me parece, dijo Austerlitz, que comprendamos las leyes que rigen el retorno del pasado, pero cada vez me parece más como si no hubiera tiempo, sino diversos espacios, imbricados entre sí, entre los que los vivos y los muertos, según el talante en que se encuentran, van de un lado a otro, y cuanto más lo pienso tanto más me parece que nosotros, los que todavía nos encontramos con vida, a los ojos de los muertos somos irreales y sólo a veces, en determinadas condiciones de luz y requisitos atmosféricos, resultamos visibles.

Ed. Anagrama 2002
Trad. Miguel Sáenz

domingo, 24 de julio de 2016

La sombra de mi alma


Vivir es una especie de locura que la muerte comete. Porque en ellos vivimos, vivan los muertos. De repente las cosas no tienen por qué tener sentido. Me satisfago en ser. ¿Tú eres? Estoy seguro de que sí. El sinsentido de las cosas me provoca una sonrisa de complacencia. Todo, sin duda, debe de estar siendo lo que es. Hoy es un día de nada. Hoy es hora cero. ¿Existe por casualidad un número que no sea nada? ¿Qué es menos que cero? ¿Qué comienza en lo que nunca ha comenzado porque siempre era?, y ¿era antes de siempre? Me adhiero a esta ausencia vital y rejuvenezco por entero, al mismo tiempo contenido y total. Redondo sin principio ni fin, soy el punto antes del cero y del punto final. Camino sin parar del cero al infinito. Pero al mismo tiempo todo es tan fugaz. Siempre fui e inmediatamente dejaba de ser. El día transcurre a su aire y hay abismos de silencio en mí. La sombra de mi alma es el cuerpo.

Clarice Lispector Un soplo de vida
Ed. Siruela 2016
Trad. Mario Merlino

domingo, 17 de julio de 2016

Lo diferente


Una rabia silenciosa se apoderaba entonces de Lej. Miraba solemnemente a los pájaros encerrados en las jaulas, mascullaba algo para sus adentros. Finalmente, después de un estudio prolongado, elegía al pájaro más robusto, lo ataba a su muñeca, y mezclaba los ingredientes más diversos para preparar pinturas pestilentes de distintos colores. Lej daba vuelta al pájaro y le pintaba las alas, la cola y el pecho con todos los tonos del arco iris hasta que su aspecto era más llamativo que un ramillete de flores silvestres.(...) El pájaro empezaba a piar y atraía a una bandada de su misma especie que revoloteaba inquieta sobre nuestras cabezas.(...) Lej me hacía una seña para que soltara al prisionero. Este se elevaba, dichoso y libre, como una mancha irisada contra el fondo de nubes, y se integraba en seguida en el seno de la bandada marrón que lo aguardaba. Los pájaros quedaban fugazmente desconcertados. El pájaro pintado describía círculos de un extremo de la bandada a otro, esforzándose en vano por convencer a sus congéneres de que era uno de ellos. Pero, deslumbrados por sus colores brillantes, los otros pájaros volaban alrededor de él sin convencerse. Cuanto más se obstinaba el pájaro pintado por incorporarse a la bandada, más le alejaban. No tardábamos en ver cómo una tras otra, todas las aves de la bandada protagonizaban un ataque feroz. Al cabo de poco tiempo la imagen multicolor se precipitaba a tierra. Cuando por fin encontrábamos el pájaro pintado, casi siempre estaba muerto.

Jerzy Kosinski El pájaro pintado
Ed. Debolsillo, 2011
Trad. Eduardo Goligorsky

jueves, 30 de junio de 2016

En el internado


A los catorce años yo era alumna de un internado de Appenzell. El lugar por el que Robert Walser había dado muchos paseos cuando estaba en el manicomio, en Herisau, no lejos de nuestro instituto. Murió en la nieve. Hay fotografías que muestran sus huellas y la posición del cuerpo en la nieve. Nosotras no conocíamos al escritor (…) Es una verdadera lástima que no hubiésemos conocido la existencia de Walser, habríamos recogido una flor para él. También Kant antes de morir, se conmovió cuando una desconocida le ofreció una rosa.

Fleur Jaeggy, Los hermosos años del castigo 
Ed. Tusquets
Trad. Juana Bignozzi

viernes, 10 de junio de 2016

El País de lo ya visto


Y alguien entra en la muerte 
con los ojos abiertos 
como Alícia en el País 
de lo ya visto

Los trabajos y las noches, 1965

La lune

lunes, 6 de junio de 2016

Un espacio demasiado grande



Yo siempre había estado convencida de que no ocupaba un espacio demasiado grande en el mundo. Cuando alguien se va, todos, tarde o temprano, acaban por acostumbrarse. Eso es así, sin duda alguna.
Pero cuando me imaginaba a las personas a las que yo amaba viviendo en un mundo sin mí, se me saltaban las lágrimas. 
No sé por qué, pero me parecía que ese mundo del que habrían arrancado mi persona era muy triste. Ese espacio que uno ocupa, siquiera un breve periodo, y aunque antes o después todos los personajes deban desaparecer en los confines del tiempo, resplandece como algo sumamente valioso. 
Me resultaba tan preciado como los árboles, la luz del sol o los gatos con que me topaba por el camino. 
Miré una y otra vez al cielo, absorta en esos pensamientos. «Estoy aquí, ahora, con mi cuerpo, mirando al cielo. Éste es mi espacio.» 
Absorta en esa vida a la que mi cuerpo sólo daría cobijo una vez, bella como el crepúsculo que resplandecía a lo lejos.

Banana Yoshimoto  Recuerdos de un callejón sin salida
Ed. Tusquets, 2011
Trad. Gabriel Álvarez Martínez

martes, 31 de mayo de 2016

Entonces uno deja de reírse


Uno puede enfrentarse a los acontecimientos de la vida con humor durante años, a veces muchos años, y en algunos casos mantener una actitud humorística casi hasta el final; pero la vida siempre nos rompe el corazón. Por mucho valor, sangre fría y humor que uno acumule a lo largo de su vida, siempre acabará con el corazón destrozado. Y entonces uno deja de reírse. A fin de cuentas ya sólo quedan la soledad, el frío y el silencio. A fin de cuentas, sólo queda la muerte.

Michel Houellebecq, Las partículas elementales
Ed. Anagrama, 2006
Trad. Encarna Castejón

domingo, 15 de mayo de 2016

Promesa


The Unending Gift
Un pintor nos prometió un cuadro. Ahora, en New England, sé que ha muerto. Sentí, como otras veces, la tristeza y la sorpresa de comprender que somos como un sueño. Pensé en el hombre y en el cuadro perdidos.
(Solo los dioses pueden prometer, porque son inmortales)
Pensé en un lugar prefijado que la tela no ocupará. Pensé después: si estuviera ahí, con el tiempo sería esa cosa más, una cosa, una de las vanidades o hábitos de mi casa; ahora es ilimitada, incesante, capaz de cualquier forma y cualquier color y no atada a ninguno. Existe de algún modo. Vivirá y crecerá como una música, y estará conmigo hasta el fin. Gracias, Jorge Larco.
(También los hombres pueden prometer, porque en la promesa hay algo inmortal)

Jorge Luis Borges, The Unending Gift, poema en prosa.
Poesía Completa
Ed. Destino, 2009

Foto: Ferdinando Scianna, Jorge Luis Borges in Palermo 1984

viernes, 6 de mayo de 2016

Joseph Beuys

Joseph Beuys, Torso, 1949

Joseph Beuys, Torso, 1949/51. Installation während der Zeitgeist-Ausstellung (1982-3) im Innenhof des Martin-Gropius-Bau, Berlin. Aus Joseph Beuys im Wilhelm-Lehmbruck-Museum, Duisburg.

An image of an installation that is completely submerged in death and sexuality in a city recovering from war.  Imagine what it would have been like to be able to walk around this installation over and over in some kind of trance.  This only makes sense in Berlin.

Joseph Beuys
Joseph Beuys: El arte de la liberación Artículo de culturacolectiva.com sobre el autor.