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martes, 8 de mayo de 2018

Maitines


Maitines

Perdóname si digo que te amo: a los poderosos
se les engaña siempre, los débiles
son siempre manejados por el miedo. No puedo amar
lo que no puedo concebir, y tú no revelas
virtualmente nada: ¿acaso te asemejas al espino,
siempre la misma cosa en el mismo lugar,
o a la dedalera inconsistente, que brota primero
como espiga rosada en la ladera, junto a las margaritas,
y al año siguiente es púrpura en el rosedal? Ya ves
lo inútil que es este silencio que promueve en nosotros la creencia
en que tú puedes ser todas las cosas, la dedalera y el espino, la vulnerable
rosa, la terca margarita; nada nos queda sino pensar
que no podrías existir. ¿Es eso lo que quieres
que pensemos? , ¿lo que explica el silencio esta mañana,
los grillos cuyas alas no se frotan, los gatos
que en el patio no pelean?

Ed. Pre-Textos, 2006
Trad. Eduardo Chirinos Arrieta

lunes, 1 de enero de 2018

Sobre la in(utilidad) de las cosas


Sobre la in(utilidad) de las cosas

Un espantapájaros,
en medio de un mar agostado de trigo,
no vigila a nadie
de manera consciente.
Pero no es inútil pues cuida de la ausencia.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Los objetos


Los objetos.

La ropa que me regalaste, R., me la encuentro por todas partes. Me envuelve el cuerpo, me atrapa los pies, y cuando voy a pagar, la cartera de piel. Si es invierno los zapatos, en verano los pantalones; si saco el abrigo que me pongo muy de vez en cuando, aparece tu camisa colgada debajo. De todas esas piezas que me abrazan, que eran "nuestras", tú quizás pronto ya no te acordarás. Me inquieta tu impulsividad a la hora de comprarme cosas que pudieran ilusionarme cuando te habías quedado sin trabajo. A pesar de eso, yo aceptaba esos regalos con la misma sensación ambigua de cuando mi padre, estando en el paro, nos llevaba al restaurante. Esa sensación de alegría mezclada con inseguridad y culpa. ¿Cómo pude aceptarlos? ¿Por qué me hacías todos esos regalos? Ahora soy yo quien se arrepiente de no haber hecho lo mismo: regalarte ropa, zapatos, perfume. Todo cuanto pudiera prolongar mi presencia en ti.
Porque los objetos duran más que los sentimientos.

Alicia Kopf   Hermano de hielo
Ed. Alpha Decay
Trad. Imma Ávalos Marqués

martes, 11 de octubre de 2016

El acto tranquilo


Para ella el acto tranquilo

Para ella el acto tranquilo 
los poros sabios el sexo libre 
la espera no muy lenta los lamentos
no muy largos 
la ausencia 
al servicio de la presencia 
algunos jirones de azul en la cabeza
los vuelcos 
del corazón 
al fin muertos 
toda la tardía gracia de una lluvia
interrumpida
al caer una noche
de agosto
para ella vacía
él puro
de amor.

Poemas 1937-39
Trad. Rafael Pérez Gay

lunes, 26 de septiembre de 2016

Ausencia


Ir y quedarse, y con quedar partirse;
partir sin alma, y ir con alma ajena;
oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse;
arder como la vela y consumirse
haciendo torres sobre tierna arena;
caer de un cielo, y ser demonio en pena,
y de serlo jamás arrepentirse;
hablar entre las mudas soledades; 
pedir prestada, sobre fe, paciencia,
y lo que es temporal llamar eterno;
creer sospechas y negar verdades,
es lo que llaman en el mundo ausencia,
fuego en el alma y en la vida infierno.

lunes, 25 de julio de 2016

Ausente


Hagamos como si estuviera solo en el mundo, cuando en realidad soy el único ausente.

Samuel Beckett
El innombrable
Ed. Alianza, 2006
Trad. Rafael Santos Torroella

Fot. Masao Yamamoto

lunes, 6 de junio de 2016

Un espacio demasiado grande



Yo siempre había estado convencida de que no ocupaba un espacio demasiado grande en el mundo. Cuando alguien se va, todos, tarde o temprano, acaban por acostumbrarse. Eso es así, sin duda alguna.
Pero cuando me imaginaba a las personas a las que yo amaba viviendo en un mundo sin mí, se me saltaban las lágrimas. 
No sé por qué, pero me parecía que ese mundo del que habrían arrancado mi persona era muy triste. Ese espacio que uno ocupa, siquiera un breve periodo, y aunque antes o después todos los personajes deban desaparecer en los confines del tiempo, resplandece como algo sumamente valioso. 
Me resultaba tan preciado como los árboles, la luz del sol o los gatos con que me topaba por el camino. 
Miré una y otra vez al cielo, absorta en esos pensamientos. «Estoy aquí, ahora, con mi cuerpo, mirando al cielo. Éste es mi espacio.» 
Absorta en esa vida a la que mi cuerpo sólo daría cobijo una vez, bella como el crepúsculo que resplandecía a lo lejos.

Banana Yoshimoto  Recuerdos de un callejón sin salida
Ed. Tusquets, 2011
Trad. Gabriel Álvarez Martínez