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sábado, 1 de diciembre de 2018

Apenas unos días muy largos


Tuvimos apenas unos días, pero fueron muy largos.
La luz cambiaba sin cesar.
Unos días, repartidos a lo largo de varios años,
en el transcurso de una década.

Y cada encuentro estuvo cargado de una cierta exactitud,
como si hubiéramos viajado, por separado,
una gran distancia; como si hubiéramos tenido,
a través de esos años nómadas,
un destino, al fin y al cabo.

No un lugar, sino un cuerpo, una voz.

Unos días. Una intensidad
a la que no se le permitió nunca volverse
tolerancia o afecto adormecido.

Y así creí, durante años, que era una absoluta maravilla;
en mi cabeza volvía una y otra vez a esos días,
convencida de que eran el núcleo de mi vida amorosa.

Los días eran muy largos, como lo son ahora.
Y los intervalos, las separaciones, fervientes,
teñidas por una suerte de júbilo apasionado que parecía,
de alguna forma, prolongar aquellos días, inseparable de ellos.
Para que unas pocas horas abarcasen una vida entera.

Unas horas, un universo que ni se desplegaba ni se encogía,
al que, en cualquier momento, era posible acceder

para que mucho después del fin, pudiera volver a él sin problemas,
pudiera vivir casi por completo en la imaginación.

Louise Glück
Las siete edades
Ed. Pre-Textos, 2011
Trad. Mirta Rosenberg


miércoles, 7 de noviembre de 2018

Lamium


LAMIUM

Así se vive cuando tienes un corazón helado.
Como yo: entre sombras, arrastrándose sobre la roca fría,
bajo las copas inmensas de los arces.

El sol apenas me alcanza.
A veces, al comenzar la primavera, lo veo elevarse a lo lejos.
Luego crecen las hojas sobre él, hasta cubrirlo todo.
Siento su brillo entre las hojas, vacilante,
como quien golpea un vaso con una cuchara de metal.

No todos necesitan de la luz
en igual medida. Algunos
creamos nuestra propia luz: una hoja plateada
como un sendero que nadie puede recorrer, un lago de plata
poco profundo bajo la oscuridad de los arces.

Pero esto ya lo sabes.
Tú y aquellos que piensan
que viven por la verdad, y en consecuencia,
aman todo lo que es frío.

Ed. Pre-Textos, 2006

Trad. Eduardo Chirinos



martes, 8 de mayo de 2018

Maitines


Maitines

Perdóname si digo que te amo: a los poderosos
se les engaña siempre, los débiles
son siempre manejados por el miedo. No puedo amar
lo que no puedo concebir, y tú no revelas
virtualmente nada: ¿acaso te asemejas al espino,
siempre la misma cosa en el mismo lugar,
o a la dedalera inconsistente, que brota primero
como espiga rosada en la ladera, junto a las margaritas,
y al año siguiente es púrpura en el rosedal? Ya ves
lo inútil que es este silencio que promueve en nosotros la creencia
en que tú puedes ser todas las cosas, la dedalera y el espino, la vulnerable
rosa, la terca margarita; nada nos queda sino pensar
que no podrías existir. ¿Es eso lo que quieres
que pensemos? , ¿lo que explica el silencio esta mañana,
los grillos cuyas alas no se frotan, los gatos
que en el patio no pelean?

Ed. Pre-Textos, 2006
Trad. Eduardo Chirinos Arrieta

lunes, 18 de diciembre de 2017

Las siete edades


En mi primer sueño el mundo parecía
lo salado, lo amargo, lo prohibido, lo dulce.
En mi segundo sueño descendía,
era humana, no veía nada de nada
bestia como soy
debía tocarlo, contenerlo,
me escondí en la arboleda, 
trabajé en los campos hasta que quedaron yermos
-un tiempo 
que nunca volverá-
el trigo seco en gravillas, cajones
de higos y aceitunas.

Hasta amé alguna vez, a mi manera
repugnante, humana
y como todo el mundo llamé a ese logro
libertad erótica,
por absurdo que parezca.

El trigo cosechado, almacenado; seca
la última fruta: el tiempo
que se acumula, sin usar, 
¿también termina?

Las siete edades
Versión Mira Rosenberg.
Edit. Pre-Textos

viernes, 6 de octubre de 2017

Lamium


LAMIUM

Así se vive cuando tienes un corazón helado.
Como yo: entre sombras, arrastrándose sobre la roca fría,
bajo las copas inmensas de los arces.

El sol apenas me alcanza.
A veces, al comenzar la primavera, lo veo elevarse a lo lejos.
Luego crecen las hojas sobre él, hasta cubrirlo todo.
Siento su brillo entre las hojas, vacilante,
como quien golpea un vaso con una cuchara de metal.

No todos necesitan de la luz
en igual medida. Algunos
creamos nuestra propia luz: una hoja plateada
como un sendero que nadie puede recorrer, un lago de plata
poco profundo bajo la oscuridad de los arces.

Pero esto ya lo sabes.
Tú y aquellos que piensan
que viven por la verdad, y en consecuencia,
aman todo lo que es frío.

De "Iris salvaje"
Versión de Eduardo Chirinos