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lunes, 23 de julio de 2018

Soledad poblada


A veces me quedo dormido encogido así hasta medianoche y, al despertarme, levanto la cabeza y me doy cuenta de que tengo el pantalón empapado en la rodilla, es la saliva de haber dormido acurrucado como un gatito en invierno, como la madera de un balancín, porque puedo permitirme el lujo de abandonarme, aunque nunca esté abandonado, estoy solo para poder vivir en una soledad poblada de pensamientos, porque soy en parte un héroe del infinito y de la eternidad, y al Infinito y a la Eternidad les gustan las personas como yo.

Ed. Galaxia Gutenberg, 2012
Trad. Mónica Zgustova

sábado, 24 de marzo de 2018

Cuerpo


Donde el ensoñado y el soñado
van por un solo camino
se levanta un cuerpo

Por ese adentro de mujeres que hablan
de pasadas contiendas en las que no estuvimos
otro cuerpo se abre

y todo aquello que los cuerpos forman
es en la sombra
un brillo solitario.

viernes, 9 de marzo de 2018

Se respira


En este espacio se respira, por fin.
Se cierra la boca. Se escribe. Se está solo. Se es uno mismo. Se respira.

Pascal Quignard
Sobre la idea de una comunidad de solitarios
Ed. Pre-Textos, 2018
Trad. Adalber Salas

Fotograma de Chanson d’Armor (Jean Epstein, 1934)

jueves, 1 de marzo de 2018

It's me


El hombre tiene necesidad de soledad, y también de comunicación; pero la comunicación turba la soledad; hacerlas convivir sin encuentros es el presupuesto de la felicidad.

Juan Rodolfo Wilcock
El estereoscopio de los solitarios
Ed. EDHASA, 2000
Trad. Guillermo Piro

miércoles, 28 de febrero de 2018

Solitarios


La palabra "solitario", en el sentido que le daban los jansenistas, es al final tan bella como enigmática.
"Solitarios" designaba a los hombres de la sociedad civil, aristócratas o burgueses ricos, que optaban por las costumbres de los conventos (sus abstinencias, sus silencios, sus austeridades, sus vigilias, sus tareas, sus lecturas), pero que se negaban a atarse a ellos a través de los votos. Eran Consejeros de Estado, médicos, abogados, profesores, oficiales, grandes señores. Abandonaban la corte para franquear veinte kilómetros y encontrarse en un bosque. Podaban. Saneaban las pequeñas huertas siempre encharcadas que bordeaban la orilla y corroían el basamento de la capilla. Edificaron sus pequeñas casas al otro lado del muro, al margen del monasterio donde estaban retiradas las mujeres que admiraban, las muchachas cuya reclusión les pesaba, las hermanas a las que amaban. No renunciaron al uso de la cortesía mundana. Utilizaban la palabra "señor" para hablar entre sí e incluso para dirigirse a los niños a los que instruían. (...) No se conducían bajo ninguna regla exterior, no obedecían a nadie, celosos solamente de su retiro del mundo, grandes caseros -grandes habilitadores, drenadores de ciénagas- de su retiro salvaje, grandes jardineros de su silencio. Estudiaban. No tuteaban a nadie.

Pascal Quignard
Sobre la idea de una comunidad de solitarios
Ed. Pre-Textos, 2018
Trad. Adalber Salas

Fot. Roman Vishniac
Cracow. Poland. 1937

jueves, 22 de febrero de 2018

Amo la soledad


Amo la soledad, los caballos sin freno, sin bridas, sin riendas, sin sillas, sin herraduras. Amo su cuerpo magnífico. Amo el agua que pasa y donde uno se sumerge y de donde uno sale desnudo y nuevo como el primer día en que uno empieza a descubrir que siempre se está naciendo.

Pascal Quignard
Las lágrimas
Ed. El cuenco de plata, 2017
Trad. Silvio Mattoni

Fot. Andrea Torres

miércoles, 24 de enero de 2018

Una comunidad de solitarios


Se lee solo, de soledad en soledad, con un otro que no está ahí.

Ese otro que no está ahí no responde y, sin embargo, responde.

No toma la palabra y, sin embargo, una particular voz silenciosa, tan singular, se eleva de entre las líneas que cubren las páginas de los libros, sin sonar.

Todos aquellos que leen están solos en el mundo con su único ejemplar. Forman la comunidad misteriosa de los lectores.

Es una compañía de solitarios, como se dice de los jabalíes bajo la sombra tupida de los árboles.

Pascal Quignard
Sobre la idea de una comunidad de solitarios
Ed. Pre-Textos, 2018
Trad. Adalber Salas

viernes, 1 de diciembre de 2017

Huérfanos de la soledad


HUÉRFANOS DE LA SOLEDAD

Una noche caminábamos tú y yo juntos.

La luna era tan brillante
que podíamos ver la senda entre los árboles.

Luego las nubes la escondieron
y tuvimos que tantear el camino
hasta que sentimos la arena bajo los pies desnudos
y escuchamos el rumor de las olas.

¿Recuerdas que me dijiste:
“Todo, fuera de este momento, es mentira”?

Nos desnudábamos en la oscuridad
al borde del agua
cuando arranqué el reloj de mi muñeca
y sin ser visto ni decir
nada, lo arrojé al mar.

Versión de Martín López Vega

#389 Kamaiso, 1999

sábado, 23 de septiembre de 2017

sábado, 12 de agosto de 2017

Soledad


La soledad hace madurar lo original, lo audaz e inquietantemente bello, el poema. Pero también engendra lo erróneo, desproporcionado, absurdo e ilícito.

Thomas Mann

domingo, 9 de julio de 2017

El cercado de magnolias


El cielo se pone, oscurece,
el sol se pone,
la voz de los pájaros
se une a la del arroyo,
la verde senda del agua
en la espesura se pierde.
Gozo de la soledad,
¿tendrás algún día fin?

El cercado de magnolias
 "Poemas del río Wang"
Traducción, Juan Ignacio Preciado.

"Moon and Wind", 2016
Chinese ink on yuan paper

sábado, 8 de julio de 2017

Crezco como el musgo


Crezco en estas montañas como el musgo. Estoy hechizado. Los cegadores picos nevados y el aire sonoro, el ruido de la Tierra y los cielos en silencio, las aves sepultureras, los animales míticos, los estandartes, los grandes cuernos y las antiguas piedras labradas, los tártaros toscamente tallados, con sus trenzas y sus botas de fabricación casera, el hielo plateado en el Río Negro, el Kang, la Montaña de Cristal. También estoy enamorado de los milagros corrientes: el murmullo de mis amigos al llegar la noche, los fuegos de enebro humeante en hornos de barro, los alimentos toscos e insípidos, las privaciones y la sencillez, la satisfacción de no hacer más que una cosa en cada momento: cuando cojo la taza azul de estaño, eso es todo lo que hago. No hemos tenido noticias de lo que pasa en el mundo desde finales de septiembre, seguiremos sin tenerlas hasta diciembre y, poco a poco, la mente se me ha ido aclarando y el viento y el sol me pasan por la cabeza como si fuese una campana. Aunque aquí hablamos poco, nunca estoy solo; he vuelto a mí mismo.

Peter Matthiessen
El leopardo de las nieves

Fot. Louis Désiré Blanquart-Evrard

viernes, 19 de mayo de 2017

Quien está solo


Quien está solo, está también en el misterio,
siempre en pie en la marea de imágenes,
en su creación, en su germen,
incluso las sombras llevan su ardor.

Preñado en cada lecho
lleno de pensamientos y reservado,
capaz es de destruir
todo lo humano que se alimenta y aparea.

Sin conmoverse ve como la tierra
se hizo otra cuando a él dio inicio,
ya no muere ni tampoco llega a ser:
forma en silencio la perfección le mira.

Quien está solo

martes, 16 de mayo de 2017

Jamás se encontraban


Los amantes jamás se encontraban; se dejaban ver detrás de los cristales, se enviaban retratos y fotografías y sólo mantenían relaciones epistolares. Cartas sentimentales, pornográficas, exasperadamente informativas, cartas falsas que reconstruían vidas inexistentes, cartas de una sinceridad suicida, eran intercambiadas en silencio por esos hombres y mujeres solitarios y ardientes.

Ricardo Piglia
Prisión perpetua
Ed. Anagrama, 2007

Fot. Paul Nougé
La vengeance

miércoles, 19 de abril de 2017

Soledad



Sólo una cosa es necesaria: la soledad. La gran soledad interior. Ir hacia sí mismo y no encontrar a nadie durante horas, eso es lo que hay que lograr.

Rainer Maria Rilke
Cartas a un joven poeta

lunes, 13 de marzo de 2017

Soledades


Todos los espacios de nuestras soledades pasadas, los espacios donde hemos sufrido de la soledad o gozado de ella, donde la hemos deseado o la hemos comprometido, son en nosotros imborrables. Y, además, el ser no quiere borrarlos.

Gaston Bachelard

jueves, 15 de diciembre de 2016

domingo, 11 de diciembre de 2016

Oso



-Oso- dijo frotando el pelaje con el pie, sintiéndose sola de repente. El calor del fuego era excesivo; la alfombra de pelo se había apartado de la chimenea y se le había acercado. ¡Oh, se sentía sola, inconsolablemente sola…! Llevaba años sin sentir contacto humano. Siempre se le había dado mal. Era como si los hombres supieran que su alma estaba gangrenada. Las ideas estaban muy bien y ella podía esconderse en su trabajo y olvidarse por un tiempo del auténtico significado del instituto, donde el director se la follaba un día a la semana sobre su mesa mientras ambos confían escandalizar al Gobierno, aunque Lou sabía muy bien que lo que él deseaba de verdad no era su carne pálida, sino esos elegantes bocallaves del siglo XVIII que tanto escaseaban en Ontario.
Había permitido que aquel trámite continuara porque era su único contacto humano, pero le horrorizaba recordarlo. No había cariño alguno en el acto, solo costumbre y conveniencia. Se había convertido en una especie de castigo que ella se infligía.
-Oh, oso- dijo, acariciándole el cuello. Se levantó, se desnudó, porque hacía calor. Se tumbó junto al lomo del oso, algo apartada y también apartada del fuego y, desolada, empezó a hacerse el amor.
El oso despertó de su sopor y se volvió. Sacó la pecosa lengua. Era gruesa y, como decía la enciclopedia, tenía un surco longitudinal. Empezó a lamerla.
Una lengua gruesa, moteada de rosa y negro. Lamió. Raspó hasta cierto punto. Tanteó. Era cálida, agradable, extraña. ¿Qué demonios haría Byron con su oso?, se preguntó Lou.
El oso lamía. Buscaba. Lou podría haber sido una pulga a la que él estaba persiguiendo. Le lamió los pezones hasta que se le pusieron duros y le relamió el ombligo. Ella lo guió con suaves jadeos hacia abajo.
Movió las caderas: se lo puso fácil.
-Oso, oso- susurró, acariciándole las orejas. La lengua, no solo musculosa sino también capaz de alargarse como una anguila, encontró todos sus rincones secretos. Y, como la de ningún ser humano que hubiera conocido, perserveró en darle placer. Al correrse sollozó, y el oso le enjugó las lágrimas.

Marian Engel   Oso
Ed. Impedimenta.
Trad. Magdalena Palmer

Ilustración Gabriella Barouch

jueves, 22 de septiembre de 2016

El infierno de la soledad


Desde su regreso al pozo, para no perturbar su espíritu, trató de no leer el diario. Pasada una semana, ya no tuvo deseos de leer. Después de un mes, casí había olvidado que existían cosas tales como el periódico. Cierta vez encontró la reproducción de un grabado, El infierno de la soledad, y la observó con curiosidad. Se trataba de un hombre flotando inestable en el aire, con sus ojos abiertos por el terror, pero el espacio que lo rodeaba, lejos de ser vacío, era una serie de sombras semitransparentes de muertos que impedían cualquier movimiento del hombre. Los muertos, cada uno con diferente expresión, parecían empujarse unos a otros mientras hablaban incesantemente al hombre. ¿Por qué razón eso era El infierno de la soledad? En aquel momento pensó que se habían equivocado al poner el título; ahora podía entenderlo. La soledad es una sed que la ilusión no satisface.

Kobo Abe   La mujer de la arena
Ed. Siruela, 2008
Trad. Kazuya Sakai

Fot. Gustave Le Gray
La Grande Vague, Sète, 1857

domingo, 18 de septiembre de 2016

Soledad


Yo quizá no haga nada, quizá fracase, pero quizá me realice en la poesía interior, en esa que apenas necesita escribirse, y en ti soledad, que me irás revelando la forma de mi espíritu y la lenta madurez de mi ser.