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lunes, 13 de mayo de 2019

Secreto


Cuando gritamos por primera vez en el día, llevamos con nosotros la pérdida de un mundo oscuro, áfono, solitario y líquido. Siempre ese lugar y ese silencio nos serán sustraídos. Siempre una caverna negra, caminos subterráneos, sombras frente a uno mismo, límites sombríos, una orilla mojada hechizan las almas de los hombres, en todas partes. Todos los vivíparos tienen su guarida. Es la idea de un lugar que no sería mío sino yo en persona.
Se trata de un lugar antes que de un cuerpo.
La intimidad que hace remontar en el interior de uno mismo al mundo más antiguo es el bien más raro.
Siempre nos salva una confidencia que no confiaríamos a nadie, que por necedad no confesaríamos siquiera a nosotros mismos.

Quien tiene un secreto, tiene un alma.

Pascal Quignard
La barca silenciosa
Ed. Libros del último hombre
Trad: Meritxell Martínez

Fot: Edward Steichen 
Louise Brooks

domingo, 5 de mayo de 2019

Capaz


Si alguien fuera capaz de escribir un bello relato, sería capaz de acoger lo que no es con los brazos abiertos. Si alguien fuera capaz de acoger lo que no es con los brazos abiertos, sería capaz de amar.

Pascal Quignard
Pequeños tratados II
Sexto Piso
Trad. Miguel Morey

Dib: Marcel Duchamp
Bare Stripped Bride, 1968

miércoles, 27 de marzo de 2019

La vida alejada


Con nadie, en ningún momento, he sido capaz de superar esa distancia de soledad que afecta de entrada a todo lo que siento. Que lo transporta a una parte secreta donde se deposita. Nunca he logrado arrancar de su rincón a esta grieta de silencio mía en la que todo cae nada mas empezar. Sin embargo, el amor es eso: la vida secreta, la vida alejada y sagrada, la vida apartada de la sociedad. La vida apartada de la familia y de la sociedad porque recuerda la vida antes de la familia y de la sociedad, antes del dia, antes del lenguaje. Vida vivípara, en la sombra, sin voz, que ignora incluso el nacimiento.

Pascal Quignard 
Vida Secreta
Ed. Espasa Calpe, 2004
Trad. Encarna Castejón

Fot. Rodney Smith

jueves, 28 de febrero de 2019

El reposo


El señor de Pontchâteau ejercía el oficio de jardinero en la zona exterior de Port-Royal des Champs. Al señor de Pontchâteau le gustaba leer más que cualquier otra cosa. El frío no le molestaba. Amaba leer en el frío. Leer "al calor de su vela". Cuando llegaba la primavera, el señor de Pontchâteau metía sus pies desnudos en los zapatos, se colocaba sobre la espalda la cesta para las legumbres e iba con su cuchillo al huerto para recoger la cena. Un poco más tarde en el año, se dirigía al jardín, donde se ponía en cuclillas para cuidar de los matorrales y las flores. Luego las llevaba en brazadas o montones o ramos a las hermanas, con el propósito de que ellas las colocaran en jarrones, sobre el altar, para el oficio. El señor de Pontchâteau siempre tenía en la boca estas palabras de La imitación: "Quaesivi in omnibus requiem, et nusquam inveni nisi in angulo cum libro". Lo traduzco: "He buscado por doquier en este mundo el reposo - el requiem-, un abandono, un "alto", y en ninguna parte lo he encontrado, salvo en una esquina, con un libro."

Pascal Quignard
Sobre la idea de una comunidad de solitarios
Ed. Pre-Textos

Fot: Milagros Caturla
Barcelona 1950s

lunes, 11 de febrero de 2019

Paradoja temporal



Nicole decía: «Somos como pájaros que están en el aire, pero que no pueden permanecer en él sin movimiento, porque su apoyo no es sólido». Y lo comentaba de este modo: «El pasado es un abismo sin fondo que se traga todas las cosas pasajeras; y el porvenir es otro abismo que nos es impenetrable. Uno de estos abismos desaparece continuamente en el otro. Sentimos la desaparición del porvenir en el pasado, y es lo que constituye el presente, como el presente constituye toda nuestra vida».


Pascal Quignard
Pequeños Tratados
Edit. Sexto Piso

Fot Alison Scarpulla
The skull series

miércoles, 9 de mayo de 2018

Sombra


Emil Föhme no soportaba que se pisara su sombra. Era el reflejo del pensamiento que lo animaba. Cuando se andaba por descuido sobre su sombra, sin necesidad de girarse sufría. 
Decía que era más vulnerable en su sombra que en su cuerpo. Porque no captaba la totalidad de su cuerpo, y en cambio, al alba o en el crepúsculo, podía contemplar maravillado esa imagen de su alma ampliamente extendida sobre el suelo.
Cuando debía atravesar la plaza de las Deux Victories, sentía un verdadero temor ante los niños que corrían en todas direcciones. O. P. Reissel cuenta que un día se desmayó de dolor porque una mujer había caminado sobre su sombra en el lugar de sus partes genitales. 
Sin embargo, esas pisadas no eran lo que más temía Emil Föhme, sino que ese jirón oscuro ante sí como una especie de estandarte rampante, o detrás suyo, como una rastra, fuera desgarrado. Peor aún, le horrorizaba el pensamiento de que se le arrancara su sombra. Sudaba entonces. Estaba convencido de que moriría. Su terror no era en absoluto fingido y convencía. Las leyendas y las hadas dicen que se reconoce a los muertos que regresan a rondar el mundo por la ausencia de sombra que dejan en el suelo.

Pascal Quignard
Pequeños tratados II
Ed. Sexto Piso
Trad. Miguel Morey

sábado, 5 de mayo de 2018

Si alguien fuera capaz


Si alguien fuera capaz de escribir un bello relato, sería capaz de acoger lo que no es con los brazos abiertos. Si alguien fuera capaz de acoger lo que no es con los brazos abiertos, sería capaz de amar.

Pascal Quignard
Pequeños tratados II
Ed. Sexto Piso
Trad. Miguel Morey

Fot. Marcel Duchamp
Bare Stripped Bride, 1968

lunes, 23 de abril de 2018

En el año 9


En el año 9, Ovidio fue arrojado desde el puente Sublicius por Livio. Ha subido al puente del barco y mira la extensión blanca del mar, que brilla como el argentum brilla a los ojos de los mortales. Siente unas repentinas ganas de arrojarse desde el puente, como las mujeres hacían en mayo con los hombres sexagenarios. Busca con la mirada las maderas que flotan, los delfines, o el aspecto de una isla o de una roca. Ve a lo lejos, como un punto invisible, Tomis. Acaba allí el más personal de sus libros y morirá helado, cubierto de pieles, enfermo, como un náufrago en lo que ya no es sino gritos y luz. Ha sido ahogado. Se hunde y reaparece como un resto de ropa o un tallo de mimbre que las pequeñas olas acometen. El olvido es el océano. El olvido es más vasto que lo real porque los animales, las plantas y los astros lo conocen. El más bello de los libros de Ovidio son las "Tristes".

Pascal Quignard
Pequeños tratados II
Ed. Sexto Piso
Trad. Miguel Morey

viernes, 20 de abril de 2018

La melancolía


Homero puso en escena al primer melancólico con el personaje de Belerofonte. “Objeto de odio para los dioses, vagaba solo, sobre la llanura de Aleion, el corazón devorado por la pena, evitando las huellas de los hombres” (Ilíada, VI, 200). "Thymon katedon", comiendo su corazón, dice Homero. El epíteto homérico describe magníficamente la melancolía: la autofagia del cuerpo por el alma. El desdichado es un Narciso al que su reflejo devora.

Pascal Quignard
La melancolía romana
El sexo y el espanto
Ed. Minúscula, 2005
Trad. Ana Becciú

Fot. Eva Rubinstein

domingo, 15 de abril de 2018

Deseo y goce


Eso es el mundo: las huellas que deja la ola cuando el mar lentamente se retira. 
La voluptuosidad no es más que un apresuramiento donde se quiere ser conducido como por encanto. Su saciedad nos lleva, en el segundo que sigue a sus espasmos, a una sensación de decepción no sólo con respecto al impulso del deseo que lo precedía sino con respecto a la luz, a la tumescencia, a la rabia, al elatio (al arrebato) que obsesionaban las horas anteriores y los días que lo preparaban. 
Los naturalistas llaman “período refractario” al período durante el cual los machos, después de que se han acoplado, dejan de ser sexualmente activos. Las hembras no tienen un período refractario post coitum. El movimiento depresivo en las hembras ocurre post partum. Los machos escapan del asco al dormir. No se escapan: corren a alcanzar el otro mundo de los muertos y de las sombras. El taedium de los machos hace pensar a las mujeres, después del abrazo, en la fase de quietud en que se encierra el niño después del amamantamiento.
La excitación progresiva durante el acoplamiento ha sido asociada a menudo con las imágenes del carnívoro que devora su presa, del rapaz que se lanza sobre la suya. Los hombres siempre han considerado la excitación como un fuego latente que consume bruscamente el organismo entero. Ese fuego de artificio -el orgasmo, la culminación del goce ardiente- no es un epifenómeno, un beneficio subsidiario, sino el acabamiento del deseo. Los hombres no desean para aliviar una tensión insoportable. Lo que se busca no es la caída de la excitación. En ningún caso lo que se busca en el amor es el taedium vitae, el asco de vivir. Es el rapto del abismo. Es la captura de lo desconocido que precede al placer.
El goce amenaza al deseo y es normal que el deseo pueda odiar el goce, pueda experimentar una total aversión frente a la detumescencia (es el puritanismo pero también el arte). El deseo es lo contrario del hastío, del agotamiento, de la saciedad, del adormecimiento, del asco, de la flaccidez, de la amorpheia. Todo cuento, todo mito, todo relato apunta a la exaltación del deseo y emprende su combate contra el goce. La novela erótica o la pintura pornográfica no intentan en ningún caso hacer gozar sino hacer desear: buscan erotizar el lenguaje o lo visible, intentan abreviar el período refractario. Libran la guerra contra el taedium.
Razón por la cual el taedium vitae, el asco que sigue al goce está ligado a las artes como las ramas de los árboles están ligadas a su tronco. El arte prefiere siempre el deseo. El arte es el deseo indestructible. El deseo sin goce, el apetito sin asco, la vida sin muerte.

Pascal Quignard
La melancolía romana
El sexo y el espanto
Ed. Minúscula, 2005
Trad. Ana Becciú

martes, 20 de marzo de 2018

Caer


Ya que todo es ruina, no solamente lo que no está asegurado,
todo lo que alza cae,
y todo muere al contacto con lo que ha caído.

Qué expresión tan potente: caer “enamorado”.
Caer, abandonarse, dejarse caer, todo se deja caer.

Ed. Pre-Textos, 2018
Trad. Adalber Salas

viernes, 9 de marzo de 2018

Se respira


En este espacio se respira, por fin.
Se cierra la boca. Se escribe. Se está solo. Se es uno mismo. Se respira.

Pascal Quignard
Sobre la idea de una comunidad de solitarios
Ed. Pre-Textos, 2018
Trad. Adalber Salas

Fotograma de Chanson d’Armor (Jean Epstein, 1934)

miércoles, 28 de febrero de 2018

Solitarios


La palabra "solitario", en el sentido que le daban los jansenistas, es al final tan bella como enigmática.
"Solitarios" designaba a los hombres de la sociedad civil, aristócratas o burgueses ricos, que optaban por las costumbres de los conventos (sus abstinencias, sus silencios, sus austeridades, sus vigilias, sus tareas, sus lecturas), pero que se negaban a atarse a ellos a través de los votos. Eran Consejeros de Estado, médicos, abogados, profesores, oficiales, grandes señores. Abandonaban la corte para franquear veinte kilómetros y encontrarse en un bosque. Podaban. Saneaban las pequeñas huertas siempre encharcadas que bordeaban la orilla y corroían el basamento de la capilla. Edificaron sus pequeñas casas al otro lado del muro, al margen del monasterio donde estaban retiradas las mujeres que admiraban, las muchachas cuya reclusión les pesaba, las hermanas a las que amaban. No renunciaron al uso de la cortesía mundana. Utilizaban la palabra "señor" para hablar entre sí e incluso para dirigirse a los niños a los que instruían. (...) No se conducían bajo ninguna regla exterior, no obedecían a nadie, celosos solamente de su retiro del mundo, grandes caseros -grandes habilitadores, drenadores de ciénagas- de su retiro salvaje, grandes jardineros de su silencio. Estudiaban. No tuteaban a nadie.

Pascal Quignard
Sobre la idea de una comunidad de solitarios
Ed. Pre-Textos, 2018
Trad. Adalber Salas

Fot. Roman Vishniac
Cracow. Poland. 1937

jueves, 22 de febrero de 2018

Amo la soledad


Amo la soledad, los caballos sin freno, sin bridas, sin riendas, sin sillas, sin herraduras. Amo su cuerpo magnífico. Amo el agua que pasa y donde uno se sumerge y de donde uno sale desnudo y nuevo como el primer día en que uno empieza a descubrir que siempre se está naciendo.

Pascal Quignard
Las lágrimas
Ed. El cuenco de plata, 2017
Trad. Silvio Mattoni

Fot. Andrea Torres

sábado, 27 de enero de 2018

Raros


Al final de la "Ethica", Spinoza sueña con una comunidad de raros, de difíciles, de secretos, de ateos, de despiertos, de luminosos, de luminiscentes, de Aufklärer. Fundar un club antidemocrático cerrado a los sacerdotes, los magistrados, los filósofos, los políticos, los editorialistas, los profesores, los galeristas. Quizás hace falta retornar a una difusión más solitaria y clandestina de la obra de arte. Horror pleni, error pleni. Haría falta afinar un medio para mostrar las obras como antaño la música sabia, apartada de la Corte. Como antaño Sainte Colombe. Como antaño Johann Jakob Froberger y las suites francesas. Como antaño Esprit, La Rochefoucauld, madame de Sablé, los retratos, las máximas, los fragmentos, las novelas: apartados de Versailles y apartados del derecho. Reservar un bolsillo para la rareza cuando se ha vuelto extrema, una cavidad en el corazón de la soledad, una grieta de la no reproductivad.

Pascal Quignard
Sobre la idea de una comunidad de solitarios
Ed. Pre-Textos, 2018
Trad. Adalber Salas

jueves, 25 de enero de 2018

Noche


En el fondo del hombre hay una noche irresistible. Cada anochecer, los hombres y las mujeres se quedan dormidos. Se hunden en esa noche como si las tinieblas fuesen un recuerdo.
Son un recuerdo.
A veces, los hombres creen que se acercan a las mujeres; miran la expresión de sus rostros; tienden los brazos hacia sus hombros; vuelven a sus cuerpos cada anochecer y se acuestan contra sus costados, pero no por eso duermen; no son más que los juguetes de la noche, atados por la escena invisible que los ha engendrado y que arroja su sombra por todas partes y sobre todas las cosas.

Pascal Quignard
Terraza en Roma
Ed. Espasa, 2008

Fot Marion Cotillard para Vogue, París 2010

miércoles, 24 de enero de 2018

Una comunidad de solitarios


Se lee solo, de soledad en soledad, con un otro que no está ahí.

Ese otro que no está ahí no responde y, sin embargo, responde.

No toma la palabra y, sin embargo, una particular voz silenciosa, tan singular, se eleva de entre las líneas que cubren las páginas de los libros, sin sonar.

Todos aquellos que leen están solos en el mundo con su único ejemplar. Forman la comunidad misteriosa de los lectores.

Es una compañía de solitarios, como se dice de los jabalíes bajo la sombra tupida de los árboles.

Pascal Quignard
Sobre la idea de una comunidad de solitarios
Ed. Pre-Textos, 2018
Trad. Adalber Salas

miércoles, 3 de enero de 2018

Un silencio excesivo


Que algo pueda volverse antipático por un silencio excesivo, tal como lo describe largamente un fragmento de Erasmo, es efectivamente uno de los rasgos que caracterizan el cielo. Es también uno de los rasgos de la rosa blanca, y del árbol de boj, y de la mayor parte de las begonias, de la mesa, de la silla, de la cama y de la apariencia de los libros cuando su belleza es extrema.

Pascal Quignard
Tratado XXV. Un montoncito de sal reservado para los bueyes muertos.
Pequeños tratados II
Ed. Sexto Piso.
Trad. Miguel Morey

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Todas las mariposas


Todas las mariposas son muertos. Es así como las vivían los romanos. Todos los rayos de sol en las ramas -a poco que el viento las mueva- son mariposas.
Todos los rayos de sol son muertos.

Pascal Quignard
Pequeños Tratados
Editorial Sexto Piso
Trad. Miguel Morey

sábado, 23 de diciembre de 2017

La propia noche


Nunca he tenido otra dirección ni más camino que la pasión que no se agota en mí y que no se retira de mi vientre, de los bajos de mi vientre, de mis pulmones, de mis manos, de mi cabeza y que, a cada instante en que tengo la convicción de que está a punto de abandonarme, regresa sin cesar como una resaca. Pasión que es sonar en silencio. Escribir. Resonar con una especie de estruendo en el silencio del cuerpo. Resonar más allá del agua negra, resonar en algo que es como la noche del mundo antiguo. Pueden usarse las palabras que se quieran. Es lo que dio lugar a que Jerónimo caracterizase el silencio de Asella como un "silencio parlante". Un silentium loquens. Toda obra escrita, verdaderamente escrita, es un silencio que habla. Es golpear un tambor de seda para llamar a una mujer que se niega; y hacer que la pena por esta negativa acabe matando. Corro; acelero el paso hacia unas hojas muy pequeñas y los flancos fantasmas de los abedules. Su corteza es agrietada y blanca como una ola de tempestad. He visto a los finlandeses emplear sus hojas a modo de té y sumergirlas en cacerolas negras. Acelero el paso para inmovilizarme aún más. Toco la página. Me alelo en el silencio. Me avengo a cuanto esta necesidad ordena, sin saber adónde pretende conducir. Nunca le hago preguntas al silencio. No se interroga con palabras a lo otro del lenguaje. Me arrebata más obedecer con los ojos cerrados a mi propia noche.

TRATADO 1. TRATADO SOBRE CORDESSE
Ed. Sextopiso \ Kurimanzutto
Trad. Miguel Morey

Fot. Mert Alas & Marcus Piggott
Natalia Vodianova, 2006