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martes, 10 de octubre de 2017

Los besos


Tu beso en la calle no es el mismo que tu beso en la casa.

El beso en la calle es amplio, se traga una ciudad entera, la ciudad se estrecha como el ojo de una aguja; tu ciudad, que no te aporta nada. El beso en la casa es el hilo que consigues que pase por la aguja tras varios intentos y, entonces, lanzas un suspiro de alivio. El beso en la calle es desesperado, como si fuera el último; pretende alcanzar una profundidad que simplemente no existe, como si se tragara toda la calle. El beso en la casa es un beso feliz, porque no arrastra ninguna historia detrás; es un beso libre, sin testigos. Tu beso en la calle ejerce una presión y se adhiere como si se estuviera desvaneciendo en todo momento. Tu beso en la cama es soñoliento, como las sábanas. Dos besos en una ciudad: el ojo de una aguja y el hilo que lo atraviesa.

Ahmad Yamani
Fragmentos

Foto: Souvid Datta

lunes, 29 de mayo de 2017

Durante nuestros besos


Durante nuestros besos, cada vez más largos, se iba acumulando en la enorme caverna de nuestras bocas unidas, un líquido templado dulce como la miel que a veces fluía por la comisura de nuestros labios hasta la punta de la barbilla, ante nuestros ojos se aparecía un país celestial y onírico que sólo podía imaginarse con un optimismo infantil y contemplábamos como si fuera el Paraíso aquella tierra multicolor que parecíamos ver a través de un caleidoscopio en el interior de nuestra mente. En ocasiones, uno de nosotros, como un pájaro dado al placer de coger cuidadosamente un higo con el pico, chupaba ligeramente el labio inferior o superior del otro metiéndoselo en su propia boca, apretaba entre sus dientes aquel fragmento de labio aprisionado obligando al otro a decir “¡Estoy a tu merced!” y el otro, después de sentir complacido y paciente las aventuras de su labio, de vivir marginalmente el gusto escalofriante de quedar a merced del amado y de empezar a intuir por primera vez en su vida lo atractivo que sería rendir valerosamente no sólo su labio sino su todo su cuerpo a la compasión de su amante y que esa zona entre el cariño y la compasión es el lugar más oscuro y más profundo del amor, le hacía lo mismo al otro, y justo en ese instante las lenguas moviéndose impacientes en el interior de nuestras bocas, encontrándose veloces entre los dientes, nos recordaban ese lado del amor  que no tiene que ver con la violencia sino con la dulzura, los abrazos, y el tacto.

El Museo de la Inocencia
Edit. Random House
Trad. Rafael Carpintero


jueves, 7 de julio de 2016

Lungo silenzio acceso



...un lungo silenzio acceso
dopo un lunghissimo bacio.


Prendo el cigarrillo
como si fuera una hoja de tabaco
y aspiro ávidamente
la ausencia de tu vida.
Es tan hermoso sentirse fuera,
deseoso de verme
y nunca escuchado.
Soy cruel, lo sé,
pero la jerga de los poetas es ésta:
un largo silencio encendido
después de un larguísimo beso.