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miércoles, 24 de febrero de 2016

Encerrado y libre


Cuando era niño, llamábamos castigo a estar encerrados en un cuarto. El aparente desentendimiento de Dios por los asuntos del mundo parecía imperdonable. Esta mañana, al subir los cinco pisos hasta mi casa, recuerdo la iracunda voz de mi padre con una mezcla de ansiedad y amor. Como siempre, la posibilidad de un hogar —a lo sumo una utopía— permanece ilusoria, así que leo a Platón, para quien el amor no ha sido vejado. Me tiendo sobre la alfombra, cual fertiliza un gusano, y comprendo cosas de las que no tengo conocimiento empírico alguno. Aunque la puerta esté cerrada, soy libre.
Como un mapa obsoleto, mis fronteras están cambiando.

Henri Cole, Mirlo y Lobo
Quálea Editorial, 2010
Trad. Diego Zaitegui

miércoles, 20 de enero de 2016

Las pequeñas virtudes


Creo que se debe ser muy cauto en prometer y dar premios y castigos. Por que la vida raramente tendrá premios y castigos; en general, los sacrificios no tienen premio alguno, y a menudo las malas acciones no son castigadas, al contrario, son espléndidamente retribuidas en éxito y dinero. Por eso es mejor que los hijos sepan desde la infancia que el bien no recibe recompensa ni el mal castigo y que, no obstante, es preciso amar el bien y odiar el mal; y de esto no es posible dar ninguna explicación lógica.

Natalia Ginzburg, Las pequeñas virtudes
Ed. Acantilado, 2002
Trad. Celia Filipetto