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martes, 20 de noviembre de 2018

Efigies


EFIGIES

Sendas de eucaliptos: un resto del pálido verano
temblando en mi garganta. A través del zumbido
lastre de verano.

La mala hierba que enmudece
hasta tu paso.


Las múltiples guaridas de la luz.
Y las cosas que se han perdido: memoria
de lo que nunca fue. Las colinas. Las imposibles
colinas
perdidas en el brillo de la memoria.


Alba. La inmensa luz aluvial. El carillón de nubes
al amanecer. Y los botes
amarrados en la niebla del muelle
son invisibles. Y si están ahí
son invisibles.

(Selección de textos traducidos por Jordi Doce)
Ediciones Trea, 2018


domingo, 25 de marzo de 2018

Autobiografía del ojo


Autobiografía del ojo

Cosas invisibles, enraizadas en el
frío, creciendo
hacia esta luz
disipada
en todo lo que alumbra. Nada
tiene fin. La hora regresa
al comienzo de la hora
en que respiramos: como si
nada fueran. Como si yo
no pudiera ver
nada
que no es lo que es.

En el límite del verano
y su calidez: cielo azul, colina púrpura.
La distancia
que sobrevive.
Una casa hecha de aire, y el flujo
del aire en el aire.

Como estas piedras
que se deshacen sobre la tierra.
Como el sonido de mi voz
en tu boca.



lunes, 13 de noviembre de 2017

La ventana


En la bibliografía de David Bellos, Georges Perec: A life in Words (un libro excelente por derecho propio), hay varios pasajes extensos que describen la vida de Perec en el Moulin d’Andé, un retiro de artistas al norte de París. En uno de ellos, Bellos menciona que Truffaut rodó allí la última escena de Jules et Jim. Si miras de cerca la casa que aparece al fondo cuando el coche se hunde en el agua, escribe, puedes ver “la ventana de la habitación donde Georges Perec viviría y escribiría durante la mayor parte de sus fines de semana a lo largo de la segunda mitad de la década de 1960”. Eso me dejó atónito. Truffaut y Perec fueron contemporáneos casi exactos. El cineasta, nacido en 1932, murió en 1984, a los cincuenta y dos años. Perec, nacido en 1936, murió en 1982, a los cuarenta y seis. Entre los dos, llegaron a vivir lo que un solo anciano. De todos los narradores franceses de esa generación, la generación de hombres y mujeres que eran niños durante la guerra, ellos dos han sido los más importantes para mí, los dos a cuya obra he vuelto una y otra vez y de quienes nunca he dejado de aprender. Me emociona saber que se cruzaron de esa manera singular y totalmente inverosímil. Seis años antes de que Perec entrara en esa habitación (donde escribió un libro sin usar la letra e), Truffaut la registró en película.
Dondequiera que se encuentren ahora, espero que estén hablando de eso.

Paul Auster
"Postales para Georges Perec"

sábado, 22 de julio de 2017

Yo había saltado


Yo había saltado desde el borde del acantilado y justo cuando estaba a punto de dar contra el fondo, ocurrió un hecho extraordinario: me enteré de que había alguien que me quería. Que le quieran a uno de ese modo lo cambia todo. No disminuye el terror de la caída, pero te da una nueva perspectiva de lo que significa ese terror. Yo había saltado desde el borde y entonces, en el último instante, algo me cogió en el aire. Ese algo es lo que defino como amor. Es la única cosa que puede detener la caída de un hombre, la única cosa lo bastante poderosa como para invalidar las leyes de la gravedad.

Paul Auster
El palacio de la luna

domingo, 14 de mayo de 2017

Sucede



Espacios blancos

Algo sucede y, desde el instante en que comienza a suceder, nada puede volver a ser lo mismo.

Algo sucede. O bien, algo no sucede. Un cuerpo se mueve. O bien, no se mueve. Y si se mueve, algo comienza a suceder. Y aun si no se mueve, algo comienza a suceder.

Viene de mi voz. Pero ello no significa que estas palabras sean siempre lo que sucede. Viene ya. Si sucede que yo hablo en este preciso instante, es sólo porque espero encontrar el modo de avanzar, de correr en línea paralela a cuanto avanza, y comenzar de este modo a encontrar el modo de ir llenando el silencio sin romperlo.

Pido a cualquiera que esté escuchando esta voz que olvide las palabras que dice. Es importante que nadie escuche con demasiada atención. Quiero, por así decirlo, que estas palabras se desvanezcan en el silencio del que provienen, y que nada permanezca como memoria de su presencia, como prueba del hecho de que en un tiempo estuvieron aquí y ahora ya no están, y de que durante su breve vida parecían no tanto decir algo en particular como ser aquello que sucedía al mismo tiempo que un cuerpo se movía en un cierto espacio, de que se movían al tiempo que todo lo que se movía.

Algo comienza y, desde ese mismo instante, deja de ser el comienzo, es otra cosa, algo que nos propulsa al corazón de lo que sucede. Si de repente nos detuviéramos y preguntáramos: “¿Adónde vamos?”, o “¿Dónde estamos?”, estaríamos perdidos, pues a cada instante dejamos de estar donde estábamos, nos hemos dejado irrevocablemente atrás, en un pasado que no tiene memoria, en un pasado borrado una y otra vez por un movimiento que nos lleva hasta el presente.

(...)

Sucede y, mientras sucede, nos olvidaos de dónde estábamos cuando comenzamos. Más tarde, cuando hayamos viajado a partir de este momento y cubierto la misma distancia que nos separa del comienzo, nos olvidaremos de dónde estamos ahora. Finalmente, todos volveremos al hogar y, si algunos de nosotros carecen de hogar, esto seguirá siendo cierto: que dejarán este lugar para ir adonde tengan que ir. Por poco que sea, la vida nos ha enseñado al menos una cosa: quienquiera que esté aquí ahora no esta

Paul Auster, 1979

Fot Duane Michals

martes, 9 de mayo de 2017

Autobiografía del ojo



Autobiografía del ojo

Cosas invisibles, enraizadas en el
frío, creciendo
hacia esta luz
disipada
en todo lo que alumbra. Nada
tiene fin. La hora regresa
al comienzo de la hora
en que respiramos: como si
nada fueran. Como si yo
no pudiera ver
nada
que no es lo que es.

En el límite del verano
y su calidez: cielo azul, colina púrpura.
La distancia
que sobrevive.
Una casa hecha de aire, y el flujo
del aire en el aire.

Como estas piedras
que se deshacen sobre la tierra.
Como el sonido de mi voz
en tu boca. 

lunes, 13 de junio de 2016

Autobiografía del ojo


Autobiografía del ojo

Cosas invisibles, enraizadas en el
frío, creciendo
hacia esta luz
disipada
en todo lo que alumbra. Nada
tiene fin. La hora regresa
al comienzo de la hora
en que respiramos: como si
nada fueran. Como si yo
no pudiera ver
nada
que no es lo que es.
En el límite del verano
y su calidez: cielo azul, colina púrpura.
La distancia
que sobrevive.
Una casa hecha de aire, y el flujo
del aire en el aire.
Como estas piedras
que se deshacen sobre la tierra.
Como el sonido de mi voz
en tu boca.

Paul Auster
Autobiografía del ojo

Fot: Edgar Degas

miércoles, 10 de febrero de 2016

Memoria, pasado, presente


Creo que el mundo está lleno de historias, que nuestras vidas están llenas de historias, pero que sólo en determinados momentos somos capaces de verlas o entenderlas. Hay que estar dispuesto a hallar el sentido de lo que te está ocurriendo. Casi todos nosotros, yo mismo incluido, vamos por la vida sin prestar mucha atención. De pronto ocurre una crisis, y nos cuestionamos todo lo que nos rodea, y en ese momento dejamos de pisar terreno firme. Creo que es en esos momentos que la memoria se convierte en una poderosa fuerza de nuestras vidas. Comienzas a explorar el pasado, e invariablemente te encuentras con una nueva lectura de ese pasado, lo entiendes de una manera nueva, y por ello eres capaz de enfrentarte al presente de una manera nueva.

Paul Auster, Experimentos con la verdad
Ed. Anagrama, 2006
Trad. Justo Navarro, Damián Alou y Mª Eugenia Ciocchini