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viernes, 14 de diciembre de 2018

La sed hospitalaria


Yvonne

La sed hospitalaria

¿Quién la oyó nunca quejarse?

Nadie más que ella hubiera podido beber 
las cuarenta fatigas sin morir,
Esperar, muy adelantada, a quienes venían después;
Desde el alba hasta el crepúsculo era su esfuerzo viril.

Quien ha excavado el pozo y sube el agua yacente
arriesga el corazón en la separación de sus manos.


Versión de Jorge Riechmann

viernes, 17 de agosto de 2018

Remanencia


Remanencia

¿Qué te hace sufrir? 
Como si se despertara en la casa sin ruido
el ascendiente de un rostro 
al que parecía haber fijado un agrio espejo. 
Como si, bajadas la alta lámpara y su resplandor 
encima de un plato ciego, 
levantaras hacia tu garganta oprimida 
la mesa antigua con sus frutos. 
Como si revivieras tus fugas 
entre la bruma matinal 
al encuentro de la rebelión tan querida, 
que supo socorrerte 
y alzarte mejor que cualquier ternura. 
Como si condenases, mientras tu amor está dormido, 
el pórtico soberano y el camino que lleva a él.
¿Qué te hace sufrir?
Lo irreal intacto en lo real devastado. 
Sus rodeos aventurados cercados de llamadas y de sangre. 
Lo que fue elegido y no fue tocado, 
la orilla del salto hasta la ribera alcanzada, 
el presente irreflexivo que desaparece. 
Una estrella que se ha acercado, la muy loca, 
y va a morir antes que yo.


Hosiery Advertisement, Semakh, Palestine, 1927

miércoles, 21 de febrero de 2018

El poema pulverizado


No dejes el cuidado de gobernar tu corazón a esas ternuras parientas del otoño del que ellas toman su plácido aspecto y su afable agonía. El ojo es precoz para plegarse. El sufrimiento conoce pocas palabras. Prefiere acostarse sin carga: soñarás con el mañana y tu lecho te será leve. Soñarás que tu casa ya no tiene vidrios. Estás impaciente por unirte al viento, al viento que recorre un año en una noche. Otros cantarán la incorporación melodiosa, las carnes que sólo personifican la hechicería del reloj de arena. Condenarás la gratitud que se repite. Más tarde, te identificarás con algún gigante disgregado, señor de lo imposible.

Sin embargo.

No has hecho más que aumentar el peso de tu noche. Has vuelto a la pesca en las murallas, a la canícula sin verano. Estás furioso contra tu amor en el centro de una comprensión que enloquece. Piensa en la casa perfecta que nunca verás elevarse. ¿Para cuándo la cosecha del abismo? Pero has vaciado los ojos del león. Crees ver pasar la belleza por encima de las lavandas negras.
¿Qué es lo que te ha izado, una vez más, un poco más arriba sin convencerte?
No hay sitio puro.

René Char
El poema pulverizado

Fot. Akio Jissoji

jueves, 2 de noviembre de 2017

Los parajes de Alsacia


¡Te he enseñado La Petite Pierre, la dote de su bosque, el cielo 
que nace en las ramas,
La amplitud de sus pájaros cazadores de otros pájaros,
El polen dos veces vivo bajo la llamarada de las flores,
Una torre que se iza a lo lejos como la vela del corsario,
El lago que ha vuelto a ser la cuna del molino, el sueño de un
niño.

¡Allí donde me oprimió mi cinturón de nieve,
Bajo el saledizo de una roca moteada de cuervos,
He dejado la necesidad de invierno.
Nos amamos hoy sin más allá y sin prole,
Ardientes o difuminados, diferentes pero juntos,
Apartándonos de las estrellas cuya naturaleza estriba en 
volar sin llegar a destino.

El navío se encamina hacia la alta mar vegetal.
Con todas las luces apagadas nos acoge a bordo.
Estábamos levantados desde antes del alba en su memoria.
Albergó nuestras infancias, lastró nuestra edad de oro,
El llamado, el hospedero itinerante, mientras sigamos 
creyendo en su verdad.

Los parajes de Alsacia
Versión de Jorge Riechmann

Intensidad


La intensidad es silenciosa. Su imagen no lo es. (Amo a quien me deslumbra, después acentúa lo obscuro de mi interior).

René Char
La palabra archipiélago
Ed. Hiperión, 1986

Fot. Acróbata del Circus Girl de la Universidad de Florida, 1952. Life

sábado, 29 de julio de 2017

Yo habito un dolor


"Yo habito un dolor”

No dejes el cuidado de gobernar tu corazón a esas ternuras parientas del otoño del que ellas toman su plácido aspecto y su afable agonía. El ojo es precoz para plegarse. El sufrimiento conoce pocas palabras. Prefiere acostarse sin carga: soñarás con el mañana y tu lecho te será leve. Soñarás que tu casa ya no tiene vidrios. Estás impaciente por unirte al viento, al viento que recorre un año en una noche. Otros cantarán la incorporación melodiosa, las carnes que sólo personifican la hechicería del reloj de arena. Condenarás la gratitud que se repite. Más tarde, te identificarás con algún gigante disgregado, señor de lo imposible.

Sin embargo.

No has hecho más que aumentar el peso de tu noche. Has vuelto a la pesca en las murallas, a la canícula sin verano. Estás furioso contra tu amor en el centro de una comprensión que enloquece. Piensa en la casa perfecta que nunca verás elevarse. ¿Para cuándo la cosecha del abismo? Pero has vaciado los ojos del león. Crees ver pasar la belleza por encima de las lavandas negras.

¿Qué es lo que te ha izado, una vez más, un poco más arriba sin convencerte?

No hay sitio puro.

René Char
De: “El poema pulverizado” (1945-1947)
Trad. Raúl Gustavo Aguirre

martes, 16 de mayo de 2017

Caminante



Lo que me puso en el mundo y me echará de él sólo interviene en las horas en que estoy demasiado débil para resistirle. Anciana persona cuando nací. Joven desconocida cuando moriré.
La misma y única Caminante.

René Char

domingo, 9 de abril de 2017

lunes, 14 de noviembre de 2016

Nudos


Imita lo menos posible a los hombres en su enigmática enfermedad de hacer nudos.

René Char, Los Matinales
Ed. Galaxia Gutemberg, 2005
Trad. Jorge Riechmann

viernes, 28 de octubre de 2016

martes, 16 de febrero de 2016

La lamparilla de noche



Madeleine en la lamparilla de noche

para Georges de La Tour


Yo querría hoy que la hierba fuese blanca para pisar la evidencia de verte sufrir: yo no miraría bajo tu mano joven la forma dura, sin enlucido, de la muerte. Un día discrecional, otros, sin embargo, menos ávidos que yo, quitaron vuestra camisa de tela, ocuparon vuestra alcoba. Mas ellos olvidaron al partir cubrir la lamparilla de noche y un poco de aceite se derrama por el puñal de la flama sobre la imposible solución.

René Char, Poemas
Recopilación y revisión de los textos: Miguel Zavalaga Flórez

Fot. Claude Baudin