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lunes, 24 de junio de 2019

El mar


El hermoso amanecer: la hermosa, pura, amplia mañana en medio del mar, con un aire tan áureo y delicioso, con las temblorosas monedas de oro marinas y el cielo lejos, lejos, muy alto, insondablemente diáfano. ¡Qué felicidad estar en una nave! ¡Qué hora dorada para el corazón de un hombre!

Ah, si uno pudiera navegar para siempre en un pequeño, tranquilo barco solitario, de una tierra a otra tierra y de una isla a otra isla, y vagabundear por los espacios de este mundo hermoso, siempre a través de los espacios de este mundo hermoso. ¡Sería dulce a veces bajar a la tierra opaca, bloquearse uno mismo contra la tierra dura, anular la vibración del propio vuelo contra la inercia de nuestra terra firma! Pero la vida misma estaría en el vuelo, en el temblor del espacio. ¡Ah, el temblor del espacio sin fin, mientras uno se mueve en vuelo! Espacio, y la frágil vibración del espacio, el alegre solitario retorcerse del corazón. Para nunca más quedarse atascado en la tierra. Para no ser nunca más como un burro con un tronco en la pata, amarrado a la tierra fatigada que ya no tiene respuesta. Sino para partir.

¡Para encontrar tres almas viriles, perdidas en el mundo y, perdidos en el mundo, vagabundear y vagabundear con ellos, a través del espacio vibrante, mientras dure la vida! ¿Para qué fondear? No hay motivo para anclarse a nada. La tierra ya no tiene respuestas para el alma. Se ha vuelto inerte. Dioses bondadosos, dadme un pequeño barco y tres camaradas mundialmente perdidos. ¡Oídme! Y déjenme vagabundear sin propósito a través de este vívido mundo de ostracismo, el mundo vacío de hombre, donde el espacio vuela feliz.

D. H. Lawrence
El mar

Fot: s/d


 

domingo, 9 de julio de 2017

Pareja


Pareja.
El amor humano, la confianza humana, son siempre peligrosos, pues se rompen. Cuanto mayor es el amor, mayor es la confianza, y mayor el peligro, mayor el desastre. En efecto, depositar confianza absoluta en otro ser humano es de por sí un desastre para ambas partes, puesto que cada persona es un navío que debe seguir su propia ruta, incluso cuando está en compañía de otro barco. Dos embarcaciones pueden navegar juntas hasta el fin del mundo. Pero si se amarran una a la otra en medio del mar e intentan que las gobierne un solo timón, chocarán entre ellas hasta hacerse trizas. Lo mismo sucede cuando un individuo pretende amar a alguien o confiar en alguien de manera absoluta. Los amantes absolutos siempre se hacen trizas entre ellos.

Canguro
Ed. Bruguera, 1981

Fot. František Drtikol

La tragedia


Nuestra época es esencialmente trágica, y precisamente por eso nos negamos a tomarla trágicamente. El cataclismo ya ha ocurrido, nos encontramos entre ruinas, empezamos a construir nuevos y pequeños lugares en que vivir, comenzamos a tener nuevas y pequeñas esperanzas. No es un trabajo fácil. No tenemos ante nosotros un camino llano que conduzca al futuro. Pero rodeamos o superamos los obstáculos. Tenemos que vivir, por muchos que sean los cielos que hayan caído sobre nosotros.

D. H. Lawrence.
El amante de Lady Chatterley

sábado, 13 de agosto de 2016

El eje del ego


Únicamente el ser humano, absuelto de besos y contiendas, continúa andando sin extraviarse fijo sobre el eje del ego, avanzando pero sin perderse jamás, fijo y sin embargo en movimiento, la clase de infierno que es real, gris y horrible, sin pecado ni mácula dando vueltas y más vueltas, la clase de infierno que el grisáceo Dante jamás divisó pero del que tenía una pizca dentro de sí. Conócete a ti mismo y entérate que eres mortal, pero conócete a ti mismo negando que eres mortal, un algo de besos y contiendas, un iluminado rayo de lluvia, una clamorosa columna de sangre, un rosal bronceado de espinas, una mezcla de sí y no, un arco iris de amor y odio, un viento que sopla de ida y vuelta, una criatura de hermosa paz como un río, y una criatura de conflicto como una catarata, conócete a ti mismo, en negación de todas esas cosas. Y empezará a girar alrededor del eje del ego obsceno un vacío gris de algo que anda sin perderse, una máquina que en sí no es nada, un centro de la maldita alma mundial.

D. H. Lawrence   La muerte no es el mal, el mal es mecánico

miércoles, 13 de julio de 2016

Escapar de la jaula


Cuando salgamos del enfrascamiento de nuestro propio ego y cuando escapemos como ardillas de la jaula que es nuestra personalidad para volver nuevamente al bosque, temblaremos de frío y de miedo. Entonces nos pasarán cosas que harán que no sepamos quiénes somos. La vida, fresca y reveladora, se nos adentrará.

D. H. Lawrence

Fot. Judith in den Bosch

lunes, 11 de julio de 2016

Hálito


El hálito de la vida

El hálito de la vida habita en violentos vientos de cambio
unidos al aire de la destrucción.
Pero si quieres inspirar vida profunda, suntuosa,
en el silencio y la oscuridad, respira solo
y no veas nada.