Mostrando entradas con la etiqueta Severo Sarduy. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Severo Sarduy. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de abril de 2019

Rothko


ROTHKO

A Andrés Sánchez Robayna

No los colores, ni la forma pura.
Memoria de la tinta. Sedimento
que decanta la luz de su pigmento,
más allá de la tela y su armadura.

Las líneas no, ni sombra ni textura,
ni la breve ilusión del movimiento;
nada más que el silencio: el sentimiento
de estar en su presencia. La Pintura

en franjas paralelas cuya bruma
cruza la tela intacta, aunque teñida
de cinabrio, de vino que se esfuma;

púrpura, bermellón, anaranjada...
El rojo de la sangre derramada
selló su exploración. También su vida.

Severo Sarduy

Mark Rothko
Black in deep red, 1957

lunes, 25 de diciembre de 2017

Dejar de ser


Asumir la fatiga hasta el máximo: hasta dejar de escribir, de respirar.
Abandonarse. 
Dar paso libre al dejar de ser.


Ed. Tusquets, 1999

sábado, 29 de julio de 2017

El rumor de las máquinas crecía


El rumor de las máquinas crecía
en la sala contigua: ya mi espera
de un adjetivo -o de tu cuerpo- no era
más que un intento de acortar el día.

La noche que llegaba y precedía
el viento del desierto, la certera
luz -o tus pies desnudos en la estera-
del ocaso, su tiempo suspendía.

No recuerdo el amor sino el deseo:
no la falta de fe, sino la esfera-
imagen confrontando su espejeo

con la textura blanca, verdadera
página -o tu cuerpo que aún releo-;
vasto ideograma de la primavera.

El rumor de las máquinas crecía...

domingo, 16 de octubre de 2016

Arder



Ya lo ves, de aquella brasa
cuyo ardor te calcinó,
saciado, sólo quedó
dispersa ceniza escasa.
Muda inconstancia que abraza
el aparente sentido
del cuerpo obscuro y prohibido
-o del tuyo en el espejo
de la otra piel-. No me quejo
de arder. Ni de haber ardido.

jueves, 7 de abril de 2016

Mis versos


Mis versos, escritos tan temprano
que no sabía aún que era poeta,
inquietos como gotas de una fuente,
como chispas de un cometa,

lanzados como ágiles diablillos al asalto
del santuario donde todo es sueño e incienso,
mis versos de juventud y de muerte
-¡mis versos, que nadie lee!-,

en el polvo de los estantes dispersos
-¡que ninguna mano toca!-,
como vinos preciosos, mis versos
también tendrán su hora.

Marina Tsvetáyeva
Mis versos, escritos tan temprano…
Versión de Severo Sarduy

Fot. anónima de Marina Tsvetáyeva