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jueves, 23 de mayo de 2019

En el centro del fuego


TRES

VII

La luz del sol se extinguió
nuestras bocas temores corazones pulmones brazos esperanzas
                                            pies manos
bajo nosotros el callado Mediterráneo más azul
de lo que habíamos imaginado
algunos gritos surcando
el alto aire
una vela un barco de pesca alguien un espectáculo invisible
quizá ciertos nadies riéndose débilmente
jugando moviéndose lejos debajo de nosotros
quizá una casa de campo prendida como los trozos
de una cometa de los árboles, aquí
y aquí reflejándose
la luz del sol
(por todas partes luz del sol penetrante completa
silenciosa
y por todas partes tú tus besos tu carne espíritu respirando
junto debajo en torno a mí)
                                                       después
un denso color se alzó contra el cielo y el maravilla
                              finalmente tus ojos me
conocieron, nos sonreímos, dejándonos, observando
(tumbados, en
la hierba de un
acantilado) lo que había sido otra
cosa convirtiéndose en nosotros cuidadosa lenta fatalmente
mientras en el mismo centro del fuego todo
el mundo se volvía brillante y un poco evanescente

E.E. Cummings 
Traducción de José Casas

Fot: Eduardo Salvatore

sábado, 23 de junio de 2018

Paréntesis


dado que el sentimiento es lo primero,
quien preste algo de atención
a la sintaxis de las cosas
nunca te va a besar completamente;

mi sangre está de acuerdo
con ser un tonto por entero
(...)
el aleteo de tus párpados me dice
que somos el uno para el otro: 
ríe entonces, recuéstate en mis brazos
pues la vida no es un párrafo

y creo que tampoco un paréntesis la muerte


Versión J.M. Montefogo

Fot. Ossip
Irmtraut, 2001

jueves, 14 de diciembre de 2017

Tiempos


17

en tiempo de narcisos (que saben
que la meta de la vida es crecer)
olvidando por qué, recuerda cómo
en tiempo de lirios que proclaman 
que el objetivo de despertar es soñar,
recuerda así (haz que te olvidas)
en tiempo de rosas (que asombran
nuestro aquí ahora con el paraíso)
olvidando si, recuerda sí
en tiempo de todas las dulces cosas más allá
de lo que cualquier mente puede comprender,
recuerda buscar (olvidando encuentra)
y en un misterio estar
(cuando el tiempo del tiempo nos libere)
olvidándome, recuérdame

Versión Tomás Browne y Alejandra Mancilla.

Fot. del autor de Edward Weston

sábado, 23 de julio de 2016

En algún lugar, ni siquiera la lluvia



En algún lugar 
al que nunca he viajado,
felizmente más allá de toda experiencia,
tus ojos tienen su silencio:
En tu gesto más frágil hay cosas que me rodean
o que no puedo tocar porque están demasiado cerca.
Con solo mirarme, me liberas.
Aunque yo me haya cerrado como un puño,
siempre abres, pétalo tras pétalo mi ser,
como la primavera abre 
con un toque diestro y misterioso su primera rosa. 
O si deseas cerrarme, 
yo y mi vida nos cerraremos muy bella, súbitamente,
como cuando el corazón de esta flor imagina
la nieve cayendo cuidadosa por doquier.
Nada que hayamos de percibir en este mundo 
iguala la fuerza de tu intensa fragilidad, 
cuya textura me somete con el color de sus campos,
retornando a la muerte y la eternidad con cada respiro.
Ignoro tu destreza para cerrar y abrir
pero, cierto es que algo me dice 
que la voz de tus ojos 
es más profunda que todas las rosas...
Nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas.

En algún lugar, ni siquiera la lluvia...

Fot. Louise Brooks / Paisaje sin datos