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miércoles, 6 de junio de 2018

Esta es una foto mía


Esta es una foto mía.

Fue tomada hace algún tiempo.
Al principio parece una copia borrosa: 
líneas imprecisas y manchas grises
dobladas con el papel;
luego, al escrutarla,
ves en la esquina izquierda
algo así como una rama: parte de un árbol
(bálsamo o abeto) que sobresale
y, a la derecha, en la parte superior.

Al centro, en lo que puede ser 
una plácida ladera, 
una pequeña casa de madera.

En el fondo hay un lago,
y detrás de éste pequeñas colinas.

(La foto fue tomada
el día después de que me ahogara.
Yo estoy en el lago, en el centro
de la imagen, justo debajo de la superficie.

Es difícil decir dónde precisamente, 
o decir cuán grande o pequeña soy:
el efecto del agua en la luz 
crea una distorsión
pero si miras lo suficiente,
al final
podrás verme).

Esta es una foto mía

Fot. Erich Smeikal 
Trees by pond, 1930

jueves, 13 de julio de 2017

Variaciones sobre la palabra sueño


Variaciones sobre la palabra sueño

Me gustaría verte dormir,
algo que tal vez no suceda.
Me gustaría observarte, durmiendo. 
Me gustaría dormir contigo, 
penetrar en tu sueño 
mientras su ola oscura y suave
se desliza sobre mi cabeza
y caminar contigo por ese bosque
ondulante y radiante, de hojas verde mar,
con su sol acuoso y sus tres lunas,
hacia la gruta donde debes descender,
hacia tu peor miedo.

Me gustaría darte la rama plateada, 
la florecilla blanca, la única palabra 
que te protegiera del dolor 
de las entrañas de tu sueño, 
del dolor de tus entrañas

Me gustaría seguirte
al subir la larga escalera otra vez 
y convertirme en la barca 
que te llevara de vuelta con cautela; 
una llama protegida por dos manos ahuecadas
donde reposara tu cuerpo a mi lado, 
y mientras entraras
en ella con tranquilidad,
me gustaría ser el aire que te habita,
solo por un momento.

Me gustaría pasar así de inadvertida
y ser tan necesaria.

Margaret Atwood
Variaciones sobre la palabra sueño
De “Historias reales”, 1990

Fot. Saul Leiter

viernes, 7 de julio de 2017

Los regresos


Las despedidas suelen ser demoledoras, pero los regresos sin duda son peores. La carne sólida nunca puede compararse con la sombra brillante que proyecta su ausencia. El tiempo y la distancia difuminan los bordes; entonces, de pronto, llega el amado, y es el mediodía, con su luz implacable, y cada punto, cada poro, cada arruga y cada pelo se ven con toda claridad.

Margaret Atwood
El asesino ciego

Fot. Vertov Dziga, 1929

sábado, 1 de julio de 2017

Secretos


No sé qué es mejor, si ir por la vida cargado de secretos hasta que explotas por la presión que ejercen, o que vayan arrancándotelos párrafo a párrafo, frase a frase, palabra a palabra, hasta que al final te quedas vacía de todo lo que en otro momento era para ti tan precioso como el oro en polvo, tan tuyo como tu propia piel -todo lo que considerabas de la mayor importancia, todo lo que te avergonzaba y deseabas ocultar, todo lo que sólo te pertenecía a ti- y tienes que pasar el resto de tus días como un saco vacío sacudido por el viento, un saco vacío con una etiqueta fluorescente para que todo el mundo sepa qué clase de secretos guardabas dentro de ti.

Margaret Atwood
El asesino ciego