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domingo, 24 de marzo de 2019

Viajar


Prefacio al Infinito Viajar

por Claudio Magris

1 El prefacio es una especie de maleta, un neceser que forma parte del viaje; al partir, cuando se meten dentro las pocas cosas previsiblemente indispensables olvidando siempre algo esencial; durante el camino, cuando se va recogiendo lo que se quiere llevar a casa; al regresar, cuando se abre el equipaje y no se encuentran las cosas que nos habían parecido más importantes y aparecen en cambio objetos que no se recuerda haber metido dentro. Lo mismo sucede con la escritura; algo que mientras se viajaba y se vivía parecía fundamental, se ha desvanecido, en el papel ya no está, en tanto que toma cuerpo imperiosamente y se impone como esencial algo que en la vida —en el viaje de la vida— apenas habíamos notado.

miércoles, 24 de enero de 2018

El viajero


No es verdad. El viaje no acaba nunca. Sólo los viajeros acaban. E incluso éstos pueden prolongarse en memoria, en recuerdo, en relatos. Cuando el viajero se sentó en la arena de la playa y dijo: ”No hay nada más que ver”, sabía que no era así. El fin de un viaje es sólo el inicio de otro. Hay que ver lo que no se ha visto, ver otra vez lo que ya se vio, ver en primavera lo que se había visto en verano, ver de día lo que se vio de noche, con el sol lo que antes se vio bajo la lluvia, ver la siembra verdeante, el fruto maduro, la piedra que ha cambiado de lugar, la sombra que aquí no estaba. Hay que volver a los pasos ya dados, para repetirlos y para trazar caminos nuevos a su lado. Hay que comenzar de nuevo el viaje. Siempre. El viajero vuelve al camino.

José Saramago
Viaje a Portugal
Ed. Alfaguara, 2008
Trad. Basilio Losada

Fot. Miklos Tolnai
The End of Winter

martes, 30 de agosto de 2016

Viajar


Viajar es una brutalidad. Te obliga a confiar en extraños y a perder de vista todo lo que te resulta familiar y confortable de tus amigos y tu casa. Estás todo el tiempo en desequilibrio. Nada es tuyo excepto lo más esencial: el aire, las horas de descanso, los sueños, el mar, el cielo; todas aquellas cosas que tienden hacia lo eterno o hacia lo que imaginamos como tal.

Cesare Pavese

John Bertolino
The Girl on the Bench, Italy, ca. 1950

lunes, 13 de junio de 2016

Itaca


Cuando emprendas tu viaje hacia Itaca,
has de rogar que sea largo el camino,
lleno de aventuras , lleno de experiencia.
A los Lestrígones y a los Cíclopes
no temerás, ni al airado Poseidón,
pues tales seres no has de hallar en tu camino
si tu pensamiento es elevado, si toca
una selecta emoción tu alma y tu cuerpo.
A los Lestrígones y a los Cíclopes
no encontrarás, ni al feroz Poseidón,
si no los llevas dentro de tu alma,
si tu alma no los yergue ante ti.
Has de rogar que sea largo el camino.
Que haya muchos amaneceres veraniegos
en que arribes con gozo, alegremente,
a puertos que nunca antes habías visto;
que te detengas en mercados fenicios,
que compres sus bellas mercancías,
madreperla y coral, ámbar y ébano.
y perfumes placenteros de mil clases,
cuantos más perfumes placenteros puedas, mejor;
que vayas a ciudades egipcias, a muchas,
para aprender y aprender de sus sabios.
Siempre en tu mente has de tener a Itaca.
Llegar a ella es tu destino,
pero no hagas el viaje con prisa alguna.
Mejor es que dure muchos años;
y, ya viejo, que ancles en la isla
rico de cuanto habrás ganado en el camino,
sin esperar a que te haga rico Itaca.

Itaca te ha dado un bello viaje.
Sin ella no te hubieras puesto en camino.
Pero no tiene ya qué darte.

Y si la encuentras pobre, Itaca no te ha burlado.
Te has hecho sabio, tienes tanta experiencia
que ya habrás comprendido qué significan las Itacas.

Viaje a Itaca

Fot: Ryan Widger
The Only Moment We Were Alone, 2007

domingo, 1 de mayo de 2016

Viajar


El viajero frecuente debe enfrentarse hasta el hastío con la pregunta de si está huyendo de algo. No, no huye. Lo que busca es desaparecer estando presente. El viaje te permite desaparecer mientras sigues llevando tu vida- puedes llamar a un número de teléfono y al otro lado de la línea , si todo va bien, siempre habrá alguien que te reconozca-. La gente te ve, y sin embargo tú eres invisible en tu propia identidad. Podrías ser cualquiera. Te has desprendido de la anécdota de tu propia existencia, te has convertido en un habitante de la Provenza o de Río de Janeiro o acabas de despegar con el avión de New Zealand Air rumbo a Samoa. Debajo de ti se extiende el océano salpicado por las islas, tan pequeñas de repente, donde has pasado los últimos días. La ilusión consiste en pensar que todos esos lugares a los que te diriges o a los que regresas tienes una segunda vida que discurre en sincronía con tu otra vida. Viajar es además, si se hace bien, una forma de meditación, algo que puede hacerse en Venecia, en las Zattene, como en Zagora, al borde del Sáhara. Al contrario de lo hoy suele decirse, el mundo sigue siendo infinitamente grande para quien viaja consigo mismo.

Cees Nooteboom  Lluvia roja
Ed. Siruela
Traducción: Isabel-Clara Lorda Vidal

domingo, 3 de enero de 2016

Las ciudades invisibles


—Entonces —dice Kublai—, las ciudades que describes en tu narración no son reales, son solo la huella que quedó en tu alma tras tu estancia en ellas. Tu relato no me permitirá poseer todas esas urbes que mis ejércitos han conquistado, solamente si las visito en persona lograré hacerlas mías.
—Tampoco, Gran Khan —contesta Marco Polo—; en ese caso solo conseguirías escribir tu propio relato. Pero ahí está la grandeza de la literatura: es un viaje que nos permite llegar a cualquier parte, pero que debemos emprender solos ya que, por largo que sea el camino, al final el viajero siempre retorna al origen de todo, a sí mismo.

Italo Calvino  Las ciudades invisibles
Ed. Siruela, 2013
Trad. Aurora Bernárdez

Ilustración: Karina Puente