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lunes, 11 de marzo de 2019

Lo que siempre funciona


A veces, como sucede con un cohete teledirigido, la obra de arte se dirige justamente a ese objetivo en tu interior que alberga un enigma semejante al expresado por la propia obra. Sabes de qué va ese enigma, platónicamente existe la posibilidad de que alguna vez encuentres la fórmula para expresarlo, pero tendrás que seguir buscándola y, mientras no la hayas encontrado aún, no se te ocurra desvelar el enigma ni menos aún ofenderlo mediante la invención de una fórmula zafia. Observar, escuchar, leer, eso siempre funciona.

Cees Nooteboom
El enigma de la luz

Fot: Masao Yamamoto

sábado, 12 de enero de 2019

La obra de arte


A veces, como sucede con un cohete teledirigido, la obra de arte se dirige justamente a ese objetivo en tu interior que alberga un enigma semejante al expresado por la propia obra. Sabes de qué va ese enigma, platónicamente existe la posibilidad de que alguna vez encuentres la fórmula para expresarlo, pero tendrás que seguir buscándola y, mientras no la hayas encontrado aún, no se te ocurra desvelar el enigma ni menos aún ofenderlo mediante la invención de una fórmula zafia. Observar, escuchar, leer, eso siempre funciona.

Cees Nooteboom
El enigma de la luz

Pint. Antoni Tàpies
U no és ningú, para Joan Brossa

viernes, 26 de octubre de 2018

Cuál es la pregunta?


El ensayo de Borges lleva por título "El pudor de la historia". Y ya está, ya me ha enganchado la idea. Cuando ese mismo día leo un periódico lleno de referencias a Grecia, al ISIS y a cientos de refugiados ahogados en el mar, pienso que la historia carece de cualquier pudor. 
Y, sin embargo, ¿qué es lo que dice Borges? 
"Un prosista chino ha observado que el unicornio, en razón misma de lo anómalo que es, ha de pasar inadvertido. Los ojos ven lo que están habituados a ver. Tácito no percibió la Crucifixión, aunque la registra en su libro". 
Leo esta frase y, dos líneas después, regreso a ella. El hombre que murió crucificado partió la historia en dos -la época anterior y la posterior a él-  y, sin embargo, en Las Historias de Tácito no se reparó en la importancia de su muerte. Nosotros vivimos en un tiempo en que la historia de los acontecimientos se registra a diario. ¿Qué es lo que nos perdemos entre todo lo que no quisiéramos perdernos? 
Borges continúa: 
"A esta reflexión me condujo una frase casual que entreví al hojear una historia de la literatura griega y que me interesó, por ser ligeramente enigmática. He aquí la frase: "He brought in a second actor" (Trajo a un segundo actor). Me detuve, comprobé que el sujeto de esa misteriosa acción era Esquilo y que este, según se lee en el cuarto capítulo de la Poética de Aristóteles, elevó de uno a dos el número de actores". 
(...)
Que los espectadores en Atenas 500 años antes de Cristo (...) vieran de repente una segunda persona sobre el escenario de lo que Borges denomina "el teatro del color de la miel" debió de causar un gran impacto. Aristóteles lo cuenta de manera sobria, casi cabría decir con humildad. Sencillamente afirma que Esquilo fue el primero en "elevar" el número de actores de uno a dos. Y, sin embargo, la revolución consiste precisamente en eso, en el paso de uno a dos actores, porque ello introduce el diálogo. Todo lo que viene después ya no es revolución. 
(...)
¿Y qué nos sucede a nosotros? ¿Cómo es que no somos capaces de ver? ¿Qué es lo que no hemos comprendido? ¿El bosón de Higgs? Aquí me adentro en terreno peligroso, ese lugar donde los misterios de la realidad superan mi capacidad de entendimiento. Quizá por esa razón, Leon Lederman, que para indignación de todos los demás físicos le puso el nombre de "partícula de Dios" a la partícula de Higgs, formuló la pregunta en la que ha desaparecido cualquier forma de pudor: "Si el universo es la respuesta, ¿cuál es la pregunta?".

Cees Nooteboom
533 días
Ed. Siruela, 2018
Trad: Isabel-Clara Lorda Vidal

Fot. Mark Fearnley

miércoles, 24 de octubre de 2018

Eterno desvío


En su eterno desvío, el peregrino debe dosificar su locura para poder manejarla.

Cees Nooteboom
533 días
Ed. Siruela, 2018
Trad: Isabel-Clara Lorda Vidal

Ilustración de Lena Lowis

Apariencia


He leído que San Agustín abría una página de la Biblia al azar, como si en ella fuera a encontrar aquello que en aquel momento debía hacer o pensar. Los romanos hacían lo mismo con Virgilio. Voy a intentarlo. Abro el libro IV de la Eneida y voy a parar a un olmo, Ulmus opaca, un ingente árbol que proporciona gran sombra. Un árbol de brazos añejos y sueños vanos que se acurrucan al dorso de sus hojas, somnia vana. Estoy viendo el árbol que tengo frente a mí; se parece a la bellasombra que tengo en un rincón del jardín, invisible a esta hora, y un sueño oscuro que esta noche no quiero soñar. Leo la cadencia de los versos, el ardid de la pesadilla, Eneas en la oscuridad enfrentándose a un gigante de tres cuerpos, arpías, monstruos. Pero cuando el héroe arremete con su espada contra ellos resulta que no son más que apariencia, figuras huecas hechas de nada, un enemigo compuesto de sombra, y como si no pudiera ser de otra manera, oigo cómo los gansos de los vecinos, despertados por algún ruido, viven su propia pesadilla.

Cees Nooteboom
533 días
Ed. Siruela, 2018
Trad: Isabel-Clara Lorda Vidal


martes, 22 de mayo de 2018

Niza, octubre


Niza, octubre.

La boca me duele de morderme,
el chiquillo anticuado del cuadro,
el gato en la silla, los periódicos en la mesa, 
parerga und paralipomena.

Recuerdos de Proust, Couperus, Marienbad,
el tic-tac de las fichas, el papel de las palmeras,
el mar perentorio.

Él está perfecta y temerosamente presente.
Muerte, amor, amor ridículo, la lista completa.
!Y continúa!

GW 1, 293
Ed. Siruela, 2012
Trad. Felip Lorda


sábado, 10 de marzo de 2018

El enigma


A veces, como sucede con un cohete teledirigido, la obra de arte se dirige justamente a ese objetivo en tu interior que alberga un enigma semejante al expresado por la propia obra. Sabes de qué va ese enigma, platónicamente existe la posibilidad de que alguna vez encuentres la fórmula para expresarlo, pero tendrás que seguir buscándola y, mientras no la hayas encontrado aún, no se te ocurra desvelar el enigma ni menos aún ofenderlo mediante la invención de una fórmula zafia. Observar, escuchar, leer, eso siempre funciona.

Cees Nooteboom
El enigma de la luz
Ed. Siruela, 2007
Trad. Isabel-Clara Lorda Vidal

Fotografía del álbum privado de Virginia Woolf

jueves, 14 de diciembre de 2017

¿No me oyes?


INGMAR BERGMAN. FRESAS SALVAJES.

Hace cosa de un mes, ya tarde y atontado después de una lectura en una ciudad extraña, estaba en una sórdida habitación de hotel viendo lo que, según se dice, ven todos mis contemporáneos a esa hora. Zapeaba por los canales, rancia violencia, amenazas repugnantes, letanías de banalidades, la provincia del rey Bobalicón. Y de repente, en medio de todas esas estupideces, una escena que reconocí de inmediato y que me conmovió de la misma manera que entonces, en 1957 o 1958, cuando la vi por primera vez. El viejo (Victor Sjöström) ha doblado de improviso la esquina y él y la joven (Íngrid Thulin), que es su nuera, se han apeado del gran coche negro (entretanto tan antiguo). Se dirigen a la Ciudad Universitaria, donde el viejo va a ser nombrado doctor honoris causa. En el camino han vivido diversas aventuras, alegres y tristes, pero ahora llega el momento crucial. Ella quiere bañarse, él se va a un sitio donde crecen fresas silvestres, cerca de una vieja casa cerrada. Allí se acurruca debajo de un manzano, y casi en el mismo instante sucede: "mira" en su pasado la casa, las ventanas de la casa se abren de pronto, se oyen voces alegres, él ve a su primer amor, su prima Sara (Bibi Andersson), habla con ella, pero ella, setenta años antes, no puede verlo ni oírlo, se encuentra en otro lugar en el tiempo, intocable y encerrada en el pasado; él está desterrado en su vida, muy posterior, sólo puede mirar; y el ansia con que lo hace, con que quisiera trasladarse sólo una vez más a su pasado irrevocablemente transcurrido, y la tragedia de que ello no sea posible, todo esto está escrito en el rostro de Victor Sjöström, un postrer papel increíblemente bello. Una sola vez he visto una intensidad semejante, en los últimos y feroces grabados de Picasso, realizados cuando tenía más de noventa años, siempre el mismo viejo, que, escondido detrás de las cortinas, observa en secreto a una pareja que se ama en la cama, otra ansia, la misma tensión. Los grabados son en blanco y negro, como la película. En mi recuerdo esta escena era en color; alguna instancia en mí (un mal artista) la ha coloreado sentimentalmente. Bergman sabía más. Hacer visible el doble plano temporal en que opera todo recuerdo es una de sus mayores muestras de habilidad. Y también las palabras en ese sueco tan sensual, que subraya la nostalgia y lo despiadado del momento, son inolvidables: "Sara... soy yo, tu primo Isak... naturalmente, he envejecido un poco, ya no tengo el aspecto de antes. Pero tú no has cambiado nada. Primita, ¿es que no me oyes?". No, la preciosa niña rubia del vestido de algodón blanco no puede oír al viejo decrépito del abrigo negro debajo del manzano. Nosotros sí podemos, durante un instante bienaventurado y trágico. Abolir el tiempo, ese privilegio de los maestros.

Cees Nooteboom
En Tenía mil vidas y elegí una sola
Ed. Siruela, 2012
Trad. María Condor.

Grav, Pablo Picasso
Suite 347

sábado, 16 de septiembre de 2017

Estallido


Éste es el diálogo más antiguo de la tierra. 
La retórica del agua 
estalla sobre el dogma de piedra.

domingo, 16 de julio de 2017

Libro de las horas


LIBRO DE LAS HORAS
1
No hay orden alguno en mis pensamientos.
Acabada la catedral, compongo la sinfonía.
Luego estudio y torturo. envío los regimientos y proyecto el puente.
También escribo en chino, y deseco la ciénaga.
Más tarde bailo el tango, reúno la flota,
pinto la manzana de las mil maneras,
pero por más que me acueste contigo
el tiempo permanece invisible.
Está y no está.
4
En esta hora me voy conociendo.
Cada vez menos:
¡tenía mil vidas
y elegí una sola!
Lentamente bajo flotando sobre los espejos
en los que me fundiré.
Solo cuando alcanzo la esfera
exploto suavemente:
dos que son uno solo 
se vuelven ninguno.
Así que ni siquiera he escrito estas palabras.
¿Cómo es posible entonces que tú puedas leerlas?
Cuanto más se agranda el ojo
tanto menos hay
que ver.

Tenía mil vidas y elegí una sola
Ed. Siruela

Xanti Schawinsky on a Bauhaus balcony

lunes, 3 de julio de 2017

Mokusei


Tomó un sendero hacía arriba, dentro de la oscuridad, caminó sobre gruesos troncos de bambú resbaladizos colocados como un pequeño puente encima de la corriente, escuchó el gargarizar y el tragar del agua. ¿Qué desaparecidos pies habían desgastado este sendero, habían hecho naturaleza de él? Bajo la superficie del agua parecía fluir el propio suelo. En algún lugar había una pila de leños, una forma oscura y consistente, como si hubieran crecido los unos al lado de los otros. Hace cien años había estado aquí un leñador que los había preparado para el día siguiente, pero nunca regresó. Mokusei. Se oyó a sí mismo pronunciar el nombre de ella en voz alta, y se detuvo. Luego esto que sentía era miedo. Algo irremediable le estaba pasando. Se dio la vuelta. La niebla se levantaba en el lugar de donde él venía, formas desgajadas y flotantes que la habían tomado con él le rodearían, le envolverían, le mantendrían prisionero junto a esa pila de madera, cien años, mil años, siempre.

Cees Nooteboom
¡Mokusei! / El Buda tras la empalizada
Ed. Siruela, 1994
Trad. Julio Grande

sábado, 20 de mayo de 2017

Perplejidad



La perplejidad ante el misterio y el milagro de un mundo gobernado por el azar o por una voluntad, imposible saber cual de las dos. Nos envolvían cosas y fenómenos que sólo podíamos nombrar con el lenguaje; más allá del lenguaje no lográbamos llegar. Los filósofos ideaban sistemas cerrados, los mitos y las revelaciones trataban de ofrecer respuesta a las preguntas de dónde venimos y adónde vamos, pero el misterio quedaba sin resolver. Sistemas, especulaciones, estructuras, exégesis racionales e irracionales, poéticas y oscuras... todas las infinitas posibilidades de las veintiséis letras del alfabeto para echar una red de orden sobre la realidad con el fin de atraparla, aunque sólo fuera por un instante, estaban condenadas al fracaso. La perplejidad se mantenía, como reto, y acaso también como consuelo.

Cees Nooteboom
Hotel nómada
Ed. Siruela, 2010
Trad. Isabel-Clara Lorda Vidal

Fot. Jone Reed

domingo, 23 de abril de 2017

Objetivo


A veces, como sucede con un cohete teledirigido, la obra de arte se dirige justamente a ese objetivo en tu interior que alberga un enigma semejante al expresado por la propia obra. Sabes de qué va ese enigma, platónicamente existe la posibilidad de que alguna vez encuentres la fórmula para expresarlo, pero tendrás que seguir buscándola, y, mientras no la hayas encontrado aún, no se te ocurra desvelar el enigma ni menos aún ofenderlo mediante la invención de una fórmula zafia. Obsevar, escuchar, leer, eso siempre funciona.

Cees Nooteboom
El enigma de la luz

sábado, 6 de agosto de 2016

La mujer de la foto



Un fotógrafo, pensó. Recordó que había conocido a Zita en una exposición de fotografías; ella estaba contemplando una foto de sí misma. Inni vio primero la foto y luego a Zita, y de momento no supo quién traicionaba a quién, si la mujer de la foto a la persona que la estaba contemplando o al revés. Hay fotos tan perfectas, como esa de Virginia Woolf a los veinte años, que el ser vivo que representado en ellas parece una invención, algo creado exclusivamente para hacer una foto. Sin embargo Inni no tardó en comprender que, si quería conocer a la mujer de la foto, tendría que abordar a la que estaba delante, y así lo hizo.

Cees Nooteboom   Rituales, Alter Ego II
Ed. Siruela, 2009
Trad. Francisco Carrasquer

Fot. George Charles Beresford, Virginia Woolf, 1902

domingo, 1 de mayo de 2016

Viajar


El viajero frecuente debe enfrentarse hasta el hastío con la pregunta de si está huyendo de algo. No, no huye. Lo que busca es desaparecer estando presente. El viaje te permite desaparecer mientras sigues llevando tu vida- puedes llamar a un número de teléfono y al otro lado de la línea , si todo va bien, siempre habrá alguien que te reconozca-. La gente te ve, y sin embargo tú eres invisible en tu propia identidad. Podrías ser cualquiera. Te has desprendido de la anécdota de tu propia existencia, te has convertido en un habitante de la Provenza o de Río de Janeiro o acabas de despegar con el avión de New Zealand Air rumbo a Samoa. Debajo de ti se extiende el océano salpicado por las islas, tan pequeñas de repente, donde has pasado los últimos días. La ilusión consiste en pensar que todos esos lugares a los que te diriges o a los que regresas tienes una segunda vida que discurre en sincronía con tu otra vida. Viajar es además, si se hace bien, una forma de meditación, algo que puede hacerse en Venecia, en las Zattene, como en Zagora, al borde del Sáhara. Al contrario de lo hoy suele decirse, el mundo sigue siendo infinitamente grande para quien viaja consigo mismo.

Cees Nooteboom  Lluvia roja
Ed. Siruela
Traducción: Isabel-Clara Lorda Vidal