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miércoles, 26 de diciembre de 2018

Dos que se miran


Enamorarse a solas es enamorarse del silencio, un silencio con humo y espejos. El amor, si es algo, es dos que se miran.

Alejandra Pizarnik
Diarios

Fot. Interiors by Jean Royère 1950s


viernes, 1 de diciembre de 2017

El Arte de Ver


Lo que sabemos o lo que creemos afecta al modo en que vemos las cosas

Modos de ver
Ed. Gustavo Gili, 2000
Trad. Justo González.

Vídeo: Excelente reportaje documental de 54 minutos
sobre John Berger y su manera de ver y mirar.
En inglés con subtítulos en castellano.

domingo, 23 de abril de 2017

Objetivo


A veces, como sucede con un cohete teledirigido, la obra de arte se dirige justamente a ese objetivo en tu interior que alberga un enigma semejante al expresado por la propia obra. Sabes de qué va ese enigma, platónicamente existe la posibilidad de que alguna vez encuentres la fórmula para expresarlo, pero tendrás que seguir buscándola, y, mientras no la hayas encontrado aún, no se te ocurra desvelar el enigma ni menos aún ofenderlo mediante la invención de una fórmula zafia. Obsevar, escuchar, leer, eso siempre funciona.

Cees Nooteboom
El enigma de la luz

miércoles, 12 de octubre de 2016

Ver, mirar


Cuando se ama, la vista del ser amado tiene un carácter de absoluto que ninguna palabra, ningún abrazo puede igualar: un carácter de absoluto que sólo el acto de hacer el amor puede alcanzar temporalmente.
Pero el hecho de que la vista llegue antes que el habla, y que las palabras nunca cubran por completo la función de la vista, no implica que ésta sea una pura reacción mecánica a ciertos estímulos. (Sólo cabe pensar de esta manera si aislamos una pequeña parte del proceso, la que afecta a la retina). Solamente vemos aquello que miramos. Y mirar es un acto voluntario, como resultado del cual, lo que vemos queda a nuestro alcance, aunque no necesariamente al alcance de nuestro brazo. Tocar algo es situarse en relación con ello. (Cierren los ojos, muévanse por la habitación y observen cómo la facultad del tacto es una forma estática y limitada de visión). Nunca miramos sólo una cosa; siempre miramos la relación entre las cosas y nosotros mismos. Nuestra visión está en continua actividad, en continuo movimiento, aprendiendo continuamente las cosas que se encuentran en un círculo cuyo centro es ella misma, constituyendo lo que está presente para nosotros tal cual somos.

John Berger  Modos de ver
Edit. Gustavo Gili 2010
Trad. Justo Beramendi González

Fot. Hand illustrated envelope, 1920's

martes, 4 de octubre de 2016

Miradas


A veces viene a la provincia la Sinfónica de Bratislava o una lejanía así.
Es una novedad, pero no toda la novedad está en la música.
Esa chica del violín que en la orquesta está lánguida de melena y a lo mejor se llama María o Claudia, educada para la vibración casi celeste, trémolos, pizzicatos, a esa mujer vestida de raso ni se le ocurre que en la sala hay ojos codiciosos de hombres que la apartan a ella del conjunto e imaginan juegos de amor para sus manos, dedos.

Antonio Pereira   La violinista
Incluido en Todos los cuentos
Ed. Siruela, 2012

Fot. Jean-François Lepage

miércoles, 24 de agosto de 2016

Quiero mirarte


Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde filoso de la noche.

Alejandra Pizarnik

lunes, 8 de agosto de 2016

Errar


Es verdad que el mar favorece mi ensoñación, porque asegura la distancia, y significa, para los sentidos, la plenitud vacante; pero ocurre de una forma no específica, y veo que los grandes desiertos, o la trama, desierta también, de las rutas de un continente, pueden ocupar la misma función, que es la de permitirnos errar, aplazando por mucho tiempo la mirada que a todo abraza, y renuncia. (...) Pero es así como olvidamos los límites, que son la potencia, sin embargo, de nuestro ser en el mundo.

Yves Bonnefoy, El territorio interior
Ed. Sexto piso, 2014
Trad. Ernesto Kavi

sábado, 6 de agosto de 2016

La mujer de la foto



Un fotógrafo, pensó. Recordó que había conocido a Zita en una exposición de fotografías; ella estaba contemplando una foto de sí misma. Inni vio primero la foto y luego a Zita, y de momento no supo quién traicionaba a quién, si la mujer de la foto a la persona que la estaba contemplando o al revés. Hay fotos tan perfectas, como esa de Virginia Woolf a los veinte años, que el ser vivo que representado en ellas parece una invención, algo creado exclusivamente para hacer una foto. Sin embargo Inni no tardó en comprender que, si quería conocer a la mujer de la foto, tendría que abordar a la que estaba delante, y así lo hizo.

Cees Nooteboom   Rituales, Alter Ego II
Ed. Siruela, 2009
Trad. Francisco Carrasquer

Fot. George Charles Beresford, Virginia Woolf, 1902

viernes, 5 de agosto de 2016

La caravana


Adela vino a mi encuentro desde las brumosas profundidades del jardín, envuelta en una prenda de lana, en cuyo borde finamente rizado se formaban en torno a ella millones de diminutas gotas de agua, de una especie de resplandor plateado. En el brazo derecho llevaba un gran ramo de crisantemos de color herrumbre y, cuando sin decir palabra, habíamos atravesado el patio y estábamos en el umbral, levantó la mano libre y me apartó el cabello de la frente, como si, con aquel gesto, supiera que tenía el don de ser recordada. Sí, todavía veo a Adela, dijo Austerlitz; tan bella como era entonces ha seguido siendo para mí, inalterada. No pocas veces, al final de los largos días verano, jugábamos juntos al bádminton en la sala de baile, desde la guerra vacía, de Andromeda Lodge, mientras Gerald se ocupaba de sus palomas para la noche. Golpe a golpe volaba de un lado a otro el emplumado proyectil. La trayectoria que seguía y durante la cual giraba sobre sí mismo, sin que supiera cómo, era como una cinta blanca tendida en la hora del atardecer, y Adela flotaba en el aire, lo hubiera podido jurar, mucho más tiempo del que la fuerza de la gravedad permitía, a unos pasos del parqué. Después del bádminton, nos quedábamos casi siempre un rato aún en la sala, mirando, hasta que se extinguían, las imágenes que arrojaban los últimos rayos de sol, al atravesar horizontalmente las ramas en movimiento de un espino albar, sobre la pared que había frente a las altas ventanas ojivales. Aquellos escasos dibujos que, en continúa sucesión, aparecían en la superficie iluminada, tenían algo de fugaz, de evanescente, que por decirlo así nunca sobrepasaba el momento de su aparición, y sin embargo allí, en aquel entrelazamiento de sol y sombra que continuamente se renovaba, podían verse paisajes de montaña con glaciares y campos de hielo, mesetas, estepas, desiertos, campos de flores, islas marinas, arrecifes de coral, archipiélagos y atolones, bosques doblados por la tormenta, hierba tembladera y humo a la deriva. Y una vez, todavía lo recuerdo, Adela me preguntó, inclinándose hacia mí: ¿ves las copas de las palmeras y ves la caravana que atraviesa las dunas?

Ed. Anagrama 2002
Trad. Miguel Sáenz

miércoles, 20 de julio de 2016

Observar y nunca olvidar



En “El final de la imaginación”, esta activista (Arundhati Roy) describía su ideal de vida de esta manera: “Amar. Ser amado. No olvidar nunca la propia insignificancia. No acostumbrarse nunca a la violencia incalificable y a la vulgar incongruencia de la vida a tu alrededor. Buscar la alegría en los lugares más tristes. Perseguir la belleza hasta su guarida. No simplificar nunca lo complicado ni complicar lo sencillo. Respetar la firmeza y la decisión, pero nunca la fuerza. Por encima de todo, observar. Probar y aprender de los errores. No mirar nunca hacia otro lado. Y nunca, nunca olvidar."

Chantal Maillard
India. Obra Reunida
Ed. Pre-Textos, 2014

lunes, 18 de julio de 2016

Mirada


Solo los ladrones, los espías, los amantes, los diplomáticos y todos los esclavos conocen los recursos y los deleites de la mirada.

miércoles, 15 de junio de 2016

La mirada a uno mismo


-¡Pero yo nunca me he parecido a eso! 
-¿Cómo lo sabe usted? ¿qué es ese “usted” al que usted se parecería o no? ¿dónde tomarlo? ¿Cuál sería el patrón morfológico o expresivo? ¿Dónde está su cuerpo de verdad? 
Usted es el único que no podrá nunca verse más que en imagen, usted nunca ve sus propios ojos a no ser que estén embrutecidos por la mirada que posan en el espejo o en el objetivo de la cámara (me interesaría sólo ver mis ojos cuando te miran); aún y sobre todo respecto a su propio cuerpo, usted está condenado al imaginario.

Roland BarthesRoland Barthes por Roland Barthes
Ed. Paidós Ibérica, 2004
Trad. Julieta Sucre

miércoles, 13 de abril de 2016

La mirada de quien ama


A lo largo del golfo, por encima de la costa, esos frescos antiguos en las paredes o en las entradas de las cuevas de piedra, solemnes, sonando con el amor, aterrorizados, de un rojo y un amarillo intensos, esperaban también. Esperaban absolutamente. Esperaban sin indignarse representar su deseo. Todos estaban inmóviles poco antes del acontecimiento inevitable que iba a producirse y que nunca manifestaban en la pared desnuda que se ofrecía a la mano del pintor. Los héroes miraban eternamente a su propio pintor, que antes los había visto dentro de sí mismo, en la noche detrás de sus parpados, antes de grabar su reflejo en la pared. Reconocemos a quienes se aman por la mirada.

Pascal Quignard Vida Secreta
Ed. Espasa Calpe, 2004
Traducción: Encarna Castejón

Fot. Jaromir Funke

viernes, 11 de marzo de 2016

Saber mirar


Creo que Gauguin pensaba que el artista debe buscar el símbolo, el mito, agrandar las cosas de la vida hasta el mito, mientras que van Gogh pensaba que hay que saber deducir el mito de las cosas más pedestres de la vida.
Por mi parte, pienso que estaba jodidamente en lo cierto.
Pues la realidad es terriblemente superior a cualquier historia, a cualquier fábula, a cualquier divinidad, a cualquier super-realidad.
Basta con tener el genio de saber interpretarla.

Antonin ArtaudVan Gogh: el suicidado de la sociedad
Ed. Argonauta, 2007
Trad. Ramón Font

Fot. Vincent van Gogh, Almendro en flor, 1890