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sábado, 27 de octubre de 2018

Si puedo


Yendo en el taxi con Ana María, contemple su joven rostro y me pregunté ¿cuál sería el mayor regalo que pudiera hacerle para iluminar su vida , o para que el mundo se meza para ella? Ese momento en que el mundo se mece y la cabeza de June cae pesadamente como una flor cortada de su tallo. Todo arte se esfuerza por conseguir de nuevo semejante momento y los hombres sabios conspiran para diluir su esencia. Y odié la sabiduría de Allendy y prometí secretamente: ¡Si puedo, Ana María, haré que el mundo se meza para ti!

Ed. Siruela, 2014
Trad. José Luis Fernández-Villanueva

Fot. Robert Heinecken

viernes, 8 de junio de 2018

Luego hubo un silencio


Reía y charlaba con Henry. Luego hubo un silencio. Y en medio de ese silencio pensé: Lo que soy, lo que digo, no lo sabes ahora, en este momento. Tu mente está en el pasado. Pero todo lo que soy, todo lo que digo lo captas ciegamente, y lo seré y lo diré más tarde. Viviré ahora para ese recuerdo que tendrás de mí. Más tarde, cuando exista una distancia entre nosotros, lo recordarás vívidamente. Te herirá entonces como me hiere a mí, ser tan consciente del hoy, tan consciente de este momento, con la suprema angustia de conocer y reconocer la cara de cada momento sin la atenuada suavidad de la distancia. Entiendo y veo con demasiada rapidez. Cuando me llevas por las viejas calles, estoy viviendo no solo en la alegría, sino más allá, lejos, hacia la futura ausencia de ella.

Ed. Siruela, 2014
Trad. José Luis Fernández-Villanueva

jueves, 3 de mayo de 2018

Adorado


Orquídeas. Mi paciente, la señorita X, la bailarina. Burla de la neurosis. Como una partida de ajedrez. Huck viene a verme entre las visitas a sus pacientes, siempre corriendo. Nuestro día de tiendas. Ropa interior de tul negro y zapatillas de bailarina. Nuestras charlas. Nuestro cuento de hadas. Nuestras creaciones. Demasiado bellas, demasiado frágiles, dice él. Demasiado sutil. Almas gemelas. Impulsividad, emoción. Abandono, absolutismo. Damos, damos. Huck me devuelve todo lo que alguna vez di. Todo. Dado, envuelto, adorado. "Te adoro." Pero somos humanos, el uno para el otro. Él es Huck y yo soy Puck, no dioses.

Ed. Siruela, 2014
Trad. José Luis Fernández-Villanueva

domingo, 1 de abril de 2018

Necesidades


19 de marzo de 1935

Siempre que algo se aleja de mí, siempre que pierdo algo o alguien, siempre que debo separarme de algo o de alguien, mi reacción es creativa (…) Todo ha de ser reemplazado y recreado. Todo debe ser expulsado de mí y estar en mí, dentro de mí. Creo todo cuanto es perecedero, evanescente, engañoso. Creo mi autosuficiencia, mi independencia, mi autofecundación. Pero, como soy mujer, no quiero estar sin necesidades. Nada sustituye a la vida ni al amor. Necesitaba un padre; necesitaba a Henry; necesitaba la protección de Hugh, su lealtad, su confianza; necesitaba la comprensión de Rank; necesitaba la escritura de Henry; necesitaba el equilibrio de mi Padre; necesitaba el amor. Necesidades terribles, inmensas, devoradoras, demoledoras. La vida me obliga a prevenir y remediar las necesidades, a ser un cosmos por mi misma: hombre, mujer, padre, madre, amante, niña.

Ed. Siruela, 2014
Trad. José Luis Fernández-Villanueva

Toni Hamel

domingo, 25 de marzo de 2018

El libro de los sueños


Cuando Henry me telefonea y quiere verme, el mundo empieza a cantar de nuevo, el caos cristaliza en un deseo. Todos los impulsos, fermentos y constelaciones se unen en el rico sonido de su voz. 
Vestida con mi quimono, subo corriendo las escaleras y añado cinco páginas al libro de los sueños.

Ed. Siruela, 2014
Trad. José Luis Fernández-Villanueva

Bu Edo kabuku gendai
 ぶ 江戸かぶく現代 standalone kimono book
Japan - 2018

sábado, 3 de marzo de 2018

Vida


Siempre que algo se aleja de mi, siempre que pierdo algo o a alguien, siempre que debo separarme de algo o de alguien, mi reacción es creativa. Huck observó que cuando perdí a mi Padre me convertí en mi Padre; cuando Henry me decepciona, me convierto en escritor, cuando Rank me falla, me convierto en psicoanalista. Todo ha de ser reemplazado y recreado. Todo debe ser expulsado de mí y estar en mí, dentro de mí. Creo todo cuanto es perecedero, evanescente, engañoso. Creo mi autosuficiencia, mi independencia, mi autofecundación. Pero como soy mujer, no quiero estar sin necesidades. Y sigo teniendo grandes necesidades. Nada sustituye ni a la vida ni al amor. Necesitaba un padre; necesitaba a Henry, necesitaba la protección de Hugh, su lealtad, su confianza; necesitaba la comprensión de Rank; necesitaba la escritura de Henry; necesitaba el equilibrio de mi Padre; necesitaba el amor. Necesidades terribles, inmensas, devoradoras, demoledoras. La vida me obliga a prevenir y remediar las necesidades, a ser un cosmos por mí misma: hombre, mujer, padre, madre, amante, niña. ¡Todos los papeles!
¡Extenuante!

Ed. Siruela, 2014
Trad. José Luis Fernández-Villanueva

Anaïs Nin dancing on the beach of Puerto-Vallarta

viernes, 13 de enero de 2017

Adiós, tuyo siempre


Qué son las despedidas si no saludos disfrazados de tristeza? Lo mismo que el deseo y el placer de verte mientras te desnudas y te envuelves en las sábanas. Nunca has sido mía. Nunca pude poseerte y amarte. Nunca me amaste o me amaste demasiado o me admiraste como la niña que toma una lente y se pone a ver cómo marchan las hormigas y cómo, en un esfuerzo inacabable y lleno de fatiga, cargan enormes migajas de pan. Qué son aquellas noches lluviosas en medio de la cama de un hotel. Qué el recuerdo de nuestros pasos por la calle, en el teatro o en la sala de conciertos. Qué son los recuerdos de los celos y de tus amantes y de June y de mis amantes.
Anaïs, no creo que nadie haya sido tan feliz como lo fuimos nosotros. No creo que exista en la historia del hombre y de la mujer un hombre y una mujer como tú y como yo, con nuestra historia, nuestras circunstancias; con aquello que se desbordaba en las paredes, el ruido de la calle y la explosión de tu mirada inquieta de ojos delineados en negro; con la sinceridad de tu cuerpo frágil y tu secreto agresivo e insaciable. El recuerdo puede ser cruel cuando estás volando febrilmente a tu próximo destino, a otros brazos que te reciban expectantes y hambrientos. El recuerdo de tu diario rojo que tirabas en la humedad de la cama entre tus labios entreabiertos y mis ganas de desearte. Te deseo. Te deseo con la desesperación y el anhelo de lo imposible y ya te has ido y tal vez, en un sueño imaginativo y romántico, leerás estas palabras una y otra vez, en medio de mi ciudad con la gente pasando en medio de las calles y la sorpresa en tus ojos y la gran dama con el fuego en la mano derecha.
Mi querida Anaïs, ma petite, ma jolie, infanta inquieta de sal nocturna. Te extraño cuando huyes de madrugada y te extraño cuando camino y me tomo un café en la calle; te extraño cuando June se acerca cariñosa y cuando paso por los grandes aparadores. Te extraño casi a todas horas: cuando escribo, cuando te pienso, cuando escucho las campanas que me anuncian que ya son las tres, cuando me acuerdo de las horas interminables entre humo y whisky, cuando tengo una comida que dura toda la tarde, también cuando me despido de ti cada día a la misma hora, cuando como en aquel lugar donde nos dio el aire y cuando escucho la radio. Adiós, Anaïs, adiós. Ya nos encontraremos en otras vidas y en otras vidas podré poseerte y quedarme contigo para siempre. Ya te veré en medio de la nieve y entre libros y vino. Adiós, tuyo siempre

Henry.

Henry Miller. cartas a Anaïs Nin

Fot: Henry Miller y Anaïs Nin

jueves, 24 de marzo de 2016

Ideas y sensaciones


Nunca he sido capaz de hablar como pienso, con nadie. Con la mayoría de la gente sólo se puede hablar de las ideas, no sobre el canal por el que estas ideas pasan, la atmósfera en la que se bañan, la esencia sutil que se escapa cuando uno se viste de ellas. La mayoría de las veces, no me siento con ganas de hablar sobre las ideas de todos modos. Estoy más interesada en las sensaciones.

Anaïs NinDiarios amorosos
Ed. Siruela, 2014
Trad. José Luis Fernández-Villanueva Cencio

sábado, 12 de marzo de 2016

Murió arrepentida


Un paciente me da 30 dólares, que daré a Henry para que pague el alquiler, y un libro, Moll Flanders, de Daniel Dafoe, con una dedicatoria: “Prácticamente la primera novela en inglés, para la primera y más hermosa mujer del mundo, de uno que ella rescató de los muertos.”
Es curioso, en la página del título dice: “Moll Flanders … fue puta durante doce años, se casó cinco veces (una vez se prostituyó a su propio hermano), ladrona durante doce años, ocho años reclusa como traidora en Virginia, terminó por amasar una fortuna y murió arrepentida”.
Me gusta todo menos el final.

Anaïs Nin, Diarios amorosos
Ed. Siruela, 2014
Trad. José Luis Fernández-Villanueva Cencio

 Irving Penn, Anaïs Nin, 1970