En todo hombre dormita un profeta, y cuando se despierta hay un poco más de mal en el mundo… La locura de predicar está tan anclada en nosotros que emerge de profundidades desconocidas al instinto de conservación. Cada uno espera su momento para proponer algo: no importa el qué. Tiene una voz: eso basta. Pagamos caro no ser sordos ni mudos…
El verdadero contacto entre los seres sólo se establece en la presencia muda, en la aparente no–comunicación, en el intercambio misterioso y sin palabras que se asemeja a la plegaria interior.
No necesito ningún apoyo, ninguna exhortación ni ninguna compasión, pues, por muy bajo que haya caído, me siento poderoso, duro, feroz... Soy, en efecto, el único ser humano sin esperanza.
El amor, un encuentro de dos salivas… Todos los sentimientos extraen su absoluto de la miseria de las glándulas. No hay nobleza sino en la negación de la existencia, en una sonrisa que domina paisajes aniquilados…
He soñado primaveras lejanas, un sol que no alumbraba más que la espuma de las olas y el olvido de mi nacimiento, un sol enemigo del sol y de ese mal de no encontrar más que el deseo de estar en otro sitio.
He soñado primaveras lejanas, un sol que no alumbraba más que la espuma de las olas y el olvido de mi nacimiento, un sol enemigo del sol y de ese mal de no encontrar mas que el deseo de estar en otro sitio.
Y si alguien objeta que no vale la pena tanto esfuerzo, citaré a Cioran (que no es un clásico, al menos de momento, sino un pensador contemporáneo que sólo ahora se empieza a traducir en Italia): «Mientras le preparaban la cicuta, Sócrates aprendía un aria para flauta. “¿De qué te va a servir?”, le preguntaron. “Para saberla antes de morir”.
Italo CalvinoPor qué leer los clásicos
Ed. Siruela, 2009
Trad. Aurora Bernárdez
Nota prel. de Esther Calvino
No son los males violentos los que nos marcan, sino los males sordos, los insistentes, los tolerables, aquellos que forman parte de nuestra rutina y nos minan meticulosamente como el tiempo.
De todo lo que es efímero (y nada hay que no lo sea), cosecha sensaciones, esencias e intensidades. ¿Dónde buscar lo real? En ninguna parte fuera de la gama de las emociones. Lo que no sube hasta ellas es como si no existiera. Un universo neutro es algo más ausente que uno ficticio. Solamente el artista hace al mundo presente y solamente la expresión salva las cosas de su irrealidad fatal.
Emil Cioran, Breviario de los vencidos
Ed. Tusquets, 1998
Trad. Joaquín Garrigós
Fot: Man Ray Lydia with mannequins (original crop), 1932