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martes, 16 de octubre de 2018

Imágenes


Las imágenes anuncian la transparencia que las fotografías tendrán más tarde, cuando la persona representada ya no estará en vida. Y todo esto es muy singular.

W. G. Sebald
Fot. Franz Kafka a los seis años

lunes, 16 de abril de 2018

Hay que leer siempre lápiz en mano


Hay que leer siempre lápiz en mano. En efecto. Y lo repito: casi es posible definir al judío como aquel que siempre lee lápiz en mano porque está convencido de ser capaz de escribir un libro mejor que el que está leyendo. Es una de las grandes arrogancias culturales de mi pequeño y trágico pueblo.
Hay que tomar notas, hay que subrayar, hay que luchar contra el texto, escribiendo al margen: “¡Qué estupideces! ¡Vaya ideas!”. No hay nada tan fascinante como las notas marginales de los grandes escritores. Es un diálogo vivo. Erasmo dijo: “El que no tiene libros destrozados es que no los ha leído”.

George Steiner
Un largo sábado. Conversaciones con Laure Adler
Ed. Siruela, 2018
Trad. Julio Baquero

Fot. The Metamorphosis, Franz Kafka, 1915
First page annotations by Vladimir Nabokov

jueves, 18 de enero de 2018

El silencio de las sirenas


Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación. 

He aquí la prueba: 

Para guardarse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones mas fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con inocente alegría. 

Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.

En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas les hizo olvidar toda canción.

Ulises, (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él se hallaba a salvo. Fugazmente, vió primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo más acerca de ellas. 

Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises. 

Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó. 

La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.

Franz Kafka
El silencio de las sirenas
Ed. Debolsillo, 2012
Trad. Juan José del Solar

jueves, 11 de enero de 2018

Dos tareas


Dos tareas para el comienzo de la vida: reducir cada vez más tu círculo y examinar una y otra vez si no te estás escondiendo en algún lugar fuera del círculo.

Franz Kafka
Meditaciones
Ed. Edimat, 1999

sábado, 2 de septiembre de 2017

Cartas a Milena


De esto no cabe ninguna duda, Milena:
Es posible que la actual situación no sea la más deseable, que acaso pueda soportar más felicidad, más seguridad y abundancia -lo cual no es seguro, sobre todo en Praga- pero considerándolo a un nivel medio, puede decirse que me encuentro muy bien, que me siento alegre y libre, que disfruto de un bienestar que no merezco, que casi me da miedo y que, de permanecer las condiciones actuales (si es que no surge un gran desastre), de seguir recibiendo diariamente una palabra tuya y de comprobar que no te atormentas demasiado, probablemente consiga curarme a medias. Deja de preocuparte, Milena. Jamás supe nada de física, excepto esto de la columna de fuego, que por cierto tampoco corresponde a esta ciencia, y menos aún entiendo de la balanza del mundo, ni ella de mí. (¿Qué importancia iba a dar una balanza tan enorme a mis cincuenta y cinco kilos, sin ropa? ¿Cómo habría de notarlos?).
Sin embargo aquí estoy, lo mismo que estaba en Viena, y tu mano está entre las mías hasta que tú quieras.

Franz Kafka
Cartas a Milena 
EDAF ediciones.
Trad. R. Kruger.

jueves, 24 de agosto de 2017

Cartas a Milena


No sólo te amo a ti. Es más lo que amo: amo la existencia que tú me otorgas.

Franz Kafka
Cartas a Milena
Ed. Alianza, 2010
Trad. Carmen Gauger

domingo, 11 de junio de 2017

Sueños


Anoche soñé contigo. No recuerdo los detalles, sólo sé que nos convertíamos continuamente el uno en el otro, yo era tú, tú eras yo. Empezabas a arder, no sé cómo. Yo recordaba que el fuego se apaga con ropas, cogía un abrigo y te sacudía con él. Pero entonces empezaban de nuevo las metamorfosis y tú ya no estabas allí, ahora era yo el que ardía, y también era yo el que sacudía con el abrigo. Los golpes eran inútiles y no hacían más que confirmar mi antigua sospecha de que así no se puede apagar un fuego. Mientras tanto, los bomberos habían llegado y te habían salvado. Pero ahora eras distinta, espectral, como dibujada con tiza en la obscuridad, y caías en mis brazos inerte o quizás tan sólo inconsciente de felicidad por estar a salvo. Pero también aquí operaba la incertidumbre de la metamorfosis, tal vez era yo quien caía en brazos de alguien.

Franz Kafka
Sueños
Ed. Errata Naturae, 2010
Trad. Iván de los Ríos

Fot. Egon Schiele
Freundschaft,1913

miércoles, 7 de junio de 2017

Ese tumulto apenas visible



Ayer incapaz de escribir ni una sola palabra. Hoy, nada mejor- ¿Quién me redimirá? Y dentro de mí, en lo profundo, ese tumulto apenas visible.

Franz Kafka
"Diarios"

Fot. Kafka a los 13 años, Junio 1896, anónimo

domingo, 4 de junio de 2017

Dormir, despertar, dormir


Domingo, 19 de julio de 1910, dormir, despertar, dormir, despertar, perra vida.

Si me pongo a pensarlo, tengo que decir que, en muchos sentidos, mi educación me ha perjudicado mucho. No obstante, no me eduqué en ningún lugar apartado, en alguna ruina en las montañas; no podría encontrar una sola palabra de reproche contra esta posibilidad. Aun a riesgo de que todos mis maestros pasados no puedan comprenderlo, me hubiese gustado y habría preferido ser ese pequeño habitante de unas ruinas, tostado por el sol, el cual, entre los escombros, sobre la hiedra tibia, me habría iluminado por todas partes, aunque al principio me habría sentido débil bajo el peso de mis buenas cualidades, unas cualidades que habrían crecido en mí con la fuerza con que crecen las malas hierbas.

Franz Kafka
Diarios 1910-1913
Ed. Tusquets, 1995
Trad. Feliu Formosa


sábado, 3 de junio de 2017

Sueños


Martes.

Volví a soñar contigo esta mañana. Estábamos sentados, los dos juntos, y aunque tú me apartabas no de malos modos, sino amablemente, yo me sentía muy desdichado por mi propia culpa, porque te trataba como si no hablaras, como si no hubiera en ti una voz que me hablaba a mí precisamente. O tal vez no es que no la oyera, sino que no podía contestar. Y me iba más desconsolado aún que en el otro sueño.
Ahora recuerdo algo que leí alguna vez no sé dónde. Más o menos era asi: "Mi amada es una columna de fuego que se mueve por la tierra y que ahora me tiene aprisionado; pero no conduce a los que ha apresado, sino a aquellos que la ven".

Tu
(Ahora prescindo también del nombre, que cada vez se hace más breve, para acabar siendo solamente: Tu.). 

Franz Kafka
Cartas a Milena
Ed. Alianza, 2010
Trad. Carmen Gauger

Fot. Anónima
Franz Kafka y Milena Jesenska

viernes, 3 de febrero de 2017

Círculo


Dos tareas para el comienzo de la vida: reducir cada vez más tu círculo y examinar una y otra vez si no te estás escondiendo en algún lugar fuera del círculo.

Franz Kafka

Ilustración de Joanna Concejo

domingo, 9 de octubre de 2016

Un paso más allá


(...) Apuntando a su vida anterior, K. se acerca a una revelación que podría perjudicarlo: su total dependencia del Castillo. Toda posibilidad de regreso se ha cerrado para él. El quinto aforismo de Zürau dice: "A partir de cierto punto ya no hay vuelta atrás. Hay que llegar a ese punto." Un paso más allá comienza la historia de K.

Roberto Calasso  K
Edit. Anagrama 2005
Trad. Edgardo Dobry

viernes, 26 de agosto de 2016

Cartas a Felice


21 de agosto de 1913. 
Kafka escribe a Felice Bauer: "Lo que te aguarda conmigo no es la vida de esa feliz pareja que ves pasar ante ti […], es una vida claustral junto a un hombre malhumorado, triste, taciturno, insatisfecho, enfermizo, que -lo que te parecerá un desvarío- se halla invisiblemente encadenado a una invisible literatura; un hombre que grita cuando alguien se le acerca porque, como él afirma, le toca las cadenas."

Franz Kafka, Cartas a Felice
Ed. Nórdica Libros, 2013
Trad. Pablo Sorozábal

Fot. Franz Kafka y Felice Bauer, anónima

sábado, 11 de junio de 2016

Las puertas


Muchas veces tengo la sensación de que nos encontramos los dos en una habitación con dos puertas, una frente a otra, y cada uno asiendo la manija de una puerta, y apenas uno de los dos oye hablar al otro, cierra su puerta y desaparece. Está claro que volverá a abrir la puerta, porque la habitación no puede abandonarse. Ojalá que no nos pareciéramos tanto, que uno de los dos se quedara quieto, aparentara no mirar al otro, se dedicara a ordenar la habitación sosegadamente, como si se tratara de una habitación como las demás; pero no. Se comporta exactamente lo mismo que el otro junto a su puerta, y a veces la hermosa habitación se queda vacía, porque cada uno a corrido a ocultarse detrás de su puerta.

Franz Kafka 
Cartas a Milena 
Ed. Alianza, 2010
Trad. Carmen Gauger

Fot. Shōji Ueda 

domingo, 21 de febrero de 2016

Postdata


Muy cordialmente
Kafka

Advierto que no consigo recordar su rostro en detalle. Sólo recuerdo cómo se alejaba entre las mesitas del café; su figura, su vestido todavía los veo.

Posdata de Kafka en Cartas a Milena
Ed. Alianza, 2010
Trad. Carmen Gauger

Fot. Milena Jesenská, anónima