viernes, 7 de abril de 2017

jueves, 6 de abril de 2017

Ah de la vida


“¡Ah de la vida!”… ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.

¡Que sin poder saber cómo ni a dónde
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.

Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.

En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.


Collage de Katrien De Blauwer

He aquí el amor


He aquí el amor. 
Repito: 
He aquí el amor. 

Pero mejor hablaremos de esta puerta. 
Una puerta es una puerta 
a la que yo golpeo día y noche, 
a la que yo golpeo día y noche, 
a la que yo golpeo día y noche. 
Y aunque nadie responda, 
y aunque nadie responda, 
y aunque nadie responda, 
el aire es el aire de todos los dias, 
las plantas son verdes como siempre, 
y el mismo cielo esférico me envuelve 
lunes, martes, miércoles,jueves, viernes, sábado y domingo. 
¿Pero, qué puedo yo decir del amor? 
¿Qué puedo yo decir del amor? 
¿Qué puedo yo decir del amor? 
En cambio, esta puerta es indudable; 
por ella entro y salgo día y noche 
hacia los verdes campos que me esperan, 
hacia el mismo cielo esférico y perenne. 

¿Pero qué puedo yo decir del amor? 
¿Qué puedo yo decir del amor? 
¿qué puedo yo decir del amor? 
Mejor sigo hablando de esta puerta. 

miércoles, 5 de abril de 2017

Nadie dijo



Una vez vi un cepo con media pata entre los dientes

El rastro herido se adentraba decidido en la hojarasca

El rojo sobre el amarillo brillaba como un amanecer

Alguien lo había conseguido. Alguien era libre

Nadie dijo que fuera fácil. Nadie dijo que no doliera.


Poema de amor #39

Floating

martes, 4 de abril de 2017

Caracola


Delante del espejo en el dormitorio de mis padres había una caracola rosa. Solía acercarme a ella de puntillas y con un repentino movimiento ponérmela en la oreja. Quería pillarla en ese momento, cuando no siente añoranza con su monótono susurro. Aunque era pequeño, sabía que incluso cuando se ama mucho a alguien, a veces sobreviene el olvido.

Zbigniew Herbert   Caracola

lunes, 3 de abril de 2017

Roce


Roce del tiempo con el tiempo,
roce de una mirada con su objeto
o con otra mirada,
roces de los cuerpos que vagan
como extrapolaciones del vacío,
roce de un pensamiento con otro
o con su propia sombra.

Los roces constituyen la vida
y quizá la calientan levemente
ante el invierno sin roces de la muerte.
La unión y el encuentro
son blancos demasiado netos
y el frío los abate
como a troncos fácilmente localizables.

Vivir parece sólo un roce con el ser.
Pero tal vez sea posible
detenerse en un roce,
como una canción en una rama,
para saludar al sol o a los pájaros.

domingo, 2 de abril de 2017

Concédeme



Concédeme esos cielos, esos mundos dormidos,
el peso del silencio, ese arco, ese abandono.

lunes, 27 de marzo de 2017

Esos primeros años


Con todo, esos primeros años, los llamados años de la infancia, los años de la luz, los años de la imagen dorada de la felicidad, son también, por qué no decirlo, los años de la oscuridad y del dolor, los años de la separación y de la muerte, los más azarosos y los más terribles de la vida. Y no solo porque todo lo visto durante esos años adquiere el valor de lo visto por primera vez y para siempre, y todo lo sospechado durante esos años adquiere el valor de lo sospechado por primera vez y para siempre, sino, sobre todo, porque nada de lo que ahí ocurre se olvida nunca. Nada se cura nunca. Nada se cura ni se olvida ya nunca.

Fernando Luis Chivite,  El viaje oculto
Ed. Bassarai, 2001

Leyendo



domingo, 26 de marzo de 2017

sábado, 25 de marzo de 2017

Luz perfecta



Ahí estás, en toda tu inocencia, sentada entre los narcisos, como en una foto compuesta para el título: "Inocencia". Una perfecta luz ilumina tu cara como un narciso. Igual que el de aquellos narcisos sería tu único abril sobre la tierra entre los narcisos. En tus brazos, como un osito de peluche, tu nuevo hijo, de sólo un par de semanas en su inocencia. Madre con hijo, como en la pintura sacra. Y a tu lado, elevando hacia ti su risa, tu hija, apenas dos años. Como un narciso inclinas el rostro hacia ella, diciendo algo, pero tus palabras se perdieron en la cámara. Y el conocimiento dentro del montículo en que estabas sentada, una colina fortaleza con su foso, más grande que la casa, tampoco alcanzó la foto. Mientras tu instante siguiente, acercándose a ti como un soldado de infantería que lentamente volviese de tierra de nadie, inclinado bajo el peso de algo, tampoco te alcanzó nunca. Se derritió, sin más, en esa luz perfecta.

Ted Hughes   Cartas de cumpleaños
Ed. Lumen
Trad. Luis Antonio de Villena

En la foto Sylvia Plath, esposa del autor, y sus hijos Frieda y Nicholas.

Tú eres


Tú eres la profundidad de todas las cimas.

martes, 21 de marzo de 2017

Utopía


Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar.

Eduardo Galeano

lunes, 20 de marzo de 2017

Aniquilación


En cuanto al amor, ya no había que contar con él: yo era sin duda uno de los últimos hombres de mi generación que se quería a sí mismo lo bastante poco como para ser capaz de amar a otra persona, aunque sólo fuera así en raras ocasiones, exactamente dos veces en mi vida. No había amor en la libertad individual, en la independencia, era pura y simplemente mentira, y una de las más burdas que se puedan imaginar: sólo hay amor en el deseo de aniquilación, de fusión, de desaparición individual, en una especie, como se decía antaño, de sentimiento oceánico, en algo que de todas maneras, al menos en un futuro próximo, estaba condenado.

Ed. Alfaguara, 2005
Trad. Encarna Castejón


domingo, 19 de marzo de 2017

Finitud


La muerte siempre está en camino, pero el hecho de que no sepamos cuando llegará parece restarle finitud a la vida. Lo que odiamos tanto es esa terrible precisión. Pero como no sabemos, nos toca creer que la vida es un pozo sin fondo. Sin embargo, las cosas ocurren solo un determinado número de veces, en realidad, muy pocas. ¿Cuántas veces más recordarás cierta tarde de tu infancia, una tarde que forma una parte tan entrañable de tu ser que ni siquiera puedes imaginar la vida sin ella? Quizá cuatro o cinco veces más. Quizás ni eso. ¿Cuántas veces más verás salir la luna llena? Quizás veinte. Y sin embargo todo parece ilimitado.

Paul Bowles    El cielo protector

Fot. anónima del autor en Tánger

jueves, 16 de marzo de 2017

Profecías


Soy el profeta de lo que ya ha ocurrido. Leo el pasado en la palma de la mano de la mujer que amo, pronostico la lluvia que ya cayó, soy un experto en las nieves del año pasado, conjuro los espíritus de lo que siempre ha ocurrido, preveo los días de antaño, dibujo los planos de casas que ya se han caído, profetizo la pequeña habitación con sus pocos muebles: una toalla puesta a secar sobre la única silla, el arco de la ventana, curvado como nuestros cuerpos cuando se aman.

Yehuda Amijai

Fot. Matt Haddaway

Ulises pasa ante Ítaca


Ulises pasa ante Ítaca

¿Qué son esos peñascos, esa arena? Son Ítaca.
Sabes que están allí la abeja y el olivo,
y la esposa leal y el viejo perro,
pero mira, el agua brilla negra bajo tu proa.

¡No, no mires más esta ribera! 
Sólo es tu pobre reino. Tú no vas 
a tender la mano a ese hombre que eres,
tú, que no tienes ya tristeza ni esperanza.

Pasa, defrauda. ¡Que huya por tu izquierda! 
Mira que para ti se ahonda ese otro mar, 
la memoria que asedia al que quiere morir.

¡Sigue! Mantén el rumbo hacia la otra 
ribera baja, allá. Donde, en la espuma, 
juega aún el niño que tú fuiste aquí.

La larga cadena del ancla
La hora presente
Ed. Galaxia Gutenberg, 2016
Trad. Enrique Moreno Castillo


El mundo es nuestro



Con despecho se dio cuenta que una treintena de metros más abajo otra muchacha estaba cayendo. Era decididamente más bella que ella y portaba un vestido de media tarde con mucha clase. Quién sabe por qué, la otra descendía a una velocidad muy superior a la suya, hasta el punto que en pocos instantes la distanció y desapareció allá abajo, a pesar de los llamados de Marta. Sin duda iba a llegar a la fiesta antes que ella; tal vez era un plan calculado de antemano para suplantarla. 
Luego Marta se dio cuenta que ellas dos no eran las únicas que caían. A todo el largo de los flancos del rascacielos, otras mujeres jóvenes se deslizaban en el vacío, las caras tensas por la excitación del vuelo, agitando festivamente las manos como para decir: aquí estamos, aquí venimos, es nuestra hora, festéjennos, ¿no es verdad que el mundo es nuestro?

Dino Buzzati Una muchacha que cae
Trad. Bartolomé Leal

Fot. David Hochbaum, 2010

miércoles, 15 de marzo de 2017

Ni costumbre ni ganas


No tienes costumbre y no tienes ganas de establecer diagnósticos. Lo que te perturba, lo que te conmueve, lo que te da miedo, pero que a veces te entusiasma, no es lo repentino de tu metamorfosis, es al contrario, justamente el sentimiento vago y pesado de que no se trata de una metamorfosis, de que nada ha cambiado, de que siempre has sido así, incluso aunque no lo supieras hasta hoy: éste, en el espejo resquebrajado, no es tu nuevo rostro, son las máscaras que se han caído, el calor de tu cuarto las ha derretido, la torpeza las ha despegado. Las máscaras del camino recto, de las bellas certezas. Durante veinticinco años, ¿no has sabido nada de lo que hoy ya es inexorable? En lo que llamas historia, ¿nunca has visto fisuras? Los tiempos muertos, los pasajes vacíos. El deseo fugitivo y agudo de dejar de oír, de dejar de ver, de permanecer silencioso e inmóvil. Los sueños insensatos de soledad. Amnésico errante en el País de los Ciegos: calles anchas y vacías, luces frías, rostros mudos sobre los cuales deslizaría tu mirada. Nada te alteraría jamás.

George Perec  Un hombre que duerme
Ed. Impedimenta, 2009
Trad. Mercedes Cebrián Coello

Caparazón o armadura



Tumbado en la tienda, Michel esperó la aurora. A eso del final de la noche estalló una tormenta muy violenta; le sorprendió darse cuenta de que estaba un poco asustado. Luego el cielo se calmó, y empezó a caer una lluvia lenta y regular. Las gotas golpeaban la tela con un ruido sordo, a pocos centímetros de su cara; pero él estaba a salvo del contacto. De repente tuvo el presentimiento de que su vida entera iba a parecerse a ese momento. Se movería entre las emociones humanas, y a veces estaría muy cerca de ellas; otros conocerían la felicidad o la desesperación; pero nada de eso tendría que ver jamás con él, ni podría alcanzarle. Durante la velada, Annabelle le había mirado muchas veces mientras bailaba. Él quería moverse, pero no podía; sentía con toda claridad que se estaba hundiendo en un lago helado. Sin embargo, todo era excesivamente tranquilo. Se sentía separado del mundo por unos cuantos centímetros de vacío, que formaban en torno a él un caparazón o una armadura.

Ed. Anagrama. 
Trad. Encarna Castejón