viernes, 22 de junio de 2018

Islas


En el interior de la sobrecubierta descubrí una pequeña hoja de papel suelta. Era el mapa de una isla, que incluía además un trampantojo en la esquina inferior derecha; no tenía escala ni leyenda. En el centro de esta isla muda y anónima se alzaba un gran macizo montañoso, pintado con acuarela marrón, en sus valles había pequeños lagos y los ríos serpenteaban en su travesía hacia el mar, apenas insinuado por el contorno azul que enmarcaba la orilla.
Imaginé que un joven aprendiz de cartografía habría ensayado sus primeros trazos en esta isla, antes de atreverse a dibujar la tierra firme; y de repente me resultó meridianamente claro que las islas no son más que pequeños continentes, y que los continentes, por lo tanto, no son nada más que islas muy muy grandes. Este pedazo de tierra de claros contornos era perfecto, pero al mismo tiempo había sido olvidado completamente, como la hoja suelta en la que fue dibujado; había perdido todos sus vínculos con tierra firme, el resto del mundo simplemente se había esfumado. Nunca he vuelto a ver una isla tan solitaria.

Judith Schalansky
Atlas de Islas Remotas
Ed. Capitán Swing/Nørdica libros, 2013
Trad: Isabel G. Gamero

jueves, 21 de junio de 2018

Balance


Yo nunca he podido hacer balance. Siempre estoy menos algo. Por lo tanto, tengo una razón para seguir adelante. Pongo toda mi vida en el balance, para que no produzca nada. Para no conseguir nada, tienes que poner a la vista una infinidad de cifras. Efectivamente: en la ecuación vital, mi signo es el infinito. Para no llegar a ninguna parte, hay que atravesar todos los universos conocidos: debes estar en todas partes, para no estar en ninguna. Para conseguir el desorden, debes destruir "toda” forma de orden. Para enloquecer, debes tener una tremenda acumulación de cordura. Todos los dementes cuyas obras me han inspirado estaban tocados por una fría cordura. No me han enseñado nada porque las hojas del balance que nos legaron habían sido falsificadas. Para mí, sus cálculos no tienen sentido porque las cifras han sido alteradas. Los maravillosos libros mayores con bordes dorados que hemos heredado poseen la horrible belleza de las plantas que han madurado durante la noche.

Henry Miller
Primavera negra
Ed. Edhasa, 2008
Traducción de Carlos Bauer y Julián Marcos

miércoles, 20 de junio de 2018

No somos nada


-!No somos nada...!
En efecto, no somos nada.
Es la frase que suele utilizarse en nuestro país cuando a alguien le llega la noticia de la muerte de una persona joven, o de cualquiera que se hallase en un proceso de ascensión social, de realizar una carrera que la muerte ha truncado con todo el dramatismo que suele ir ligado a estas interrupciones desgraciadas.
Sí, no somos nada, pero no hay duda de que el señor Ramón le hizo un hijo a la señora Quimeta, su esposa, y de que esta persona murió de parto. Acepto gustoso que en la producción del acto hubo, por parte del señor Ramón, cierta jovial inconsciencia y, por parte de la señora Quimeta, un instante más o menos prolongado de felicidad. Sea como sea, la señora Quimeta murió de parto, por lo que resulta difícil en este caso no plantearse la cuestión de sí el señor Ramón representó o no representó algo para la señora Quimeta. El señor Ramón era un hombre corpulento, con un gran bigote rubio. La imaginación literaria me invita a creer que, poco antes de perder el conocimiento, la señora Quimeta pensó de manera obsesiva en el bigote de su marido y tuvo quizá la sensación de que el bigote se le caía encima y le aplastaba la boca, como la cresta de una cordillera.
También sería muy difícil imaginar que Hitler no hubiera sido nada para los millones de judíos y contraopinantes a los que destruyó en las cámaras de gas y en los campos de concentración de la última guerra.
Dejando, sin embargo, de lado estás pequeñeces, que no somos nada -¡No somos nada!- es de lo más obvio.

Josep Pla
Dietarios I: El cuaderno gris; Notas dispersas
Ed. Espasa Forum
Trad. Dionisio Ridruejo y Gloria de Ros


La rueda


LA RUEDA

El arco o puente que va
de tu mano a la mía cuando
no se tocan, abre
una flor intermedia.
¿Qué toca, qué retoca, qué trastoca
ese vacío de las manos
solas en su fatiga?
Nace una flor, sí,
se agosta en mayo como una
equivocación de la lengua
que se equivoca , sí.
¿Por qué este horror?
En la página de nosotros mismos
tu cuerpo escribe.



martes, 19 de junio de 2018

Cómo me vas a explicar…


Cómo me vas a explicar…

¿Cómo me vas a explicar, 
di, la dicha de esta tarde,
si no sabemos porqué 
fue, ni cómo, ni de qué 
ha sido, 
si es pura dicha de nada?
En nuestros ojos visiones, 
visiones y no miradas,
no percibían tamaños,
datos, colores, distancias.
De tan desprendidamente 
como estaba yo y me estabas 
mirando, más que mirando,
mis miradas te soñaban, 
y me soñaban las tuyas.
Palabras sueltas, palabras, 
deleite en incoherencias,
no eran ya signo de cosas, 
eran voces puras, voces
de su servir olvidadas.
¡Cómo vagaron sin rumbo,
y sin torpeza las caricias!
Largos goces iniciados,
caricias no terminadas,
como si aun no se supiera
en qué lugar de los cuerpos
el acariciar se acaba,
y anduviéramos buscándolo,
en lento encanto, sin ansia.
Las manos, no era tocar
lo que hacían en nosotros,
era descubrir; los tactos
nuestros cuerpos inventaban,
allí en plena luz, tan claros
como en la plena tiniebla,
en donde sólo ellos pueden
ver los cuerpos,
con las ardorosas palmas.
Y de estas nadas se ha ido
fabricando, indestructible,
nuestra dicha, nuestro amor,
nuestra tarde.
Por eso no fue nada,
sé que esta noche reclinas
lo mismo que una mejilla
sobre este blancor de plumas
-almohada que ha sido alas-
tu ser, tu memoria, todo,
y que todo te descansa,
sobre una tarde de dos,
que no es nada, nada, nada.

Más allá


PÁJAROS volando
al ámbito del canto.

Cada sitio
tiene un camino
que no va
más allá.



lunes, 18 de junio de 2018

Paisaje


El vínculo más importante entre una persona y un paisaje no es que se haya estado en él, sino que él haya estado en ti.

Kaori O'Connor

Fot. Joseph Mallord William Turner

domingo, 17 de junio de 2018

La invención del tallo


(...)
lo que yo amaba por encima de todo
claridad de hierbas de frágil felicidad
era en suma la invención del tallo
brotado temerario, vulnerable
ocupado solamente en crecer.

de "El jardín de Piedras"
Trad. Víctor Bermúdez

viernes, 15 de junio de 2018

Habla también tú


HABLA TAMBIÉN TÚ

Habla también tú
sé el útimo en hablar,
di tu decir.

Habla-
Pero no separes el No del Sí.
Y da a tu decir sentido:
dale sombra.

Dale sombra bastante,
dale tanta
cuanta en torno de ti tú sabes extendida entre
medianoche y mediodía y medianoche.

Mira en torno:
ve cómo alrededor todo se hace viviente
¡En la muerte! ¡Viviente!
Dice la verdad quien dice sombra.

Pero se estrecha ahora el lugar donde estás:
¿Adónde ahora, despojado de sombra, adónde?
Asciende. Tanteante, asciende.
Te haces más sutil, más irreconocible, más fino.

Más fino: un hilo
por el que quiere descender la estrella
para abajo nadar, al fondo,
donde se ve brillar: sobre móviles dunas
de palabras errantes.

De umbral en umbral, 1955
Traducción de José Ángel Valente

jueves, 14 de junio de 2018

Leyendo



El mundo de ayer


Nuestros maestros tampoco tenían la culpa del desolador ambiente que reinaba en aquella casa. No eran ni buenos ni malos, ni tiranos ni compañeros solícitos, sino unos pobres diablos que, esclavizados por el sistema y sometidos a un plan de estudios impuesto por las autoridades, estaban obligados a impartir su "lección" -igual que nosotros a aprenderla- y que, eso sí que se veía claro, se sentían tan felices como nosotros cuando, al mediodía, sonaba la campana que nos liberaba a todos. No nos querían ni nos odiaban, aunque tampoco había motivos para ninguno de estos sentimientos, pues no sabían nada de nosotros; aun al cabo de varios años, con excepción de unos pocos, seguían sin conocernos por el nombre: según el método pedagógico al uso en aquel entonces, lo único de lo que se tenían que preocupar era del número de errores que había cometido "el alumno" en el último ejercicio. Ellos se sentaban arriba, en la tarima, y nosotros, abajo; ellos estaban allí para preguntar y nosotros, para contestar; aparte de ésta, no existía entre los dos colectivos relación alguna. Y es que entre el maestro y el alumno, entre la tarima y los bancos, entre el Alto visible y el Bajo igual de visible se levantaba la invisible barrera de la "Autoridad" que impedía cualquier contacto. Que un maestro considerase al alumno como un individuo que exigía un trato específico, acorde con sus características personales, o que redactase, como se hace hoy en día, unos informes detallados sobre él, habría supuesto un trabajo muy superior a las atribuciones y capacidades de nuestros pedagogos; por otro lado, una conversación privada habría socavado su autoridad, pues con tal cosa habría colocado a los alumnos a su mismo nivel, que no en vano era "superior". A mi juicio, nada resulta más característico de la total falta de relación que, tanto en el terreno intelectual como en el anímico, existía entre nosotros y los maestros, como el hecho de que me he olvidado de los nombres y los rostros de todos ellos. Mi recuerdo guarda todavía, con una nitidez fotográfica, la imagen de la tarima y del diario de clase, al que siempre intentábamos echar una mirada con el rabillo del ojo porque en él constaban las notas; todavía veo aquel pequeño cuaderno rojo en que se inscribían nuestras calificaciones y el gastado lápiz negro que registraba las cifras; veo mis propios cuadernos, plagados de correcciones del maestro hechas con tinta roja, pero no veo ninguno de aquellos rostros... a lo mejor porque siempre permanecimos ante ellos con los ojos bajos o cerrados.

Stefan Zweig
El mundo de ayer
Ed. Acantilado
Trad. Joan Fontcuberta y Ágata Orzeszek

miércoles, 13 de junio de 2018

Tras de un amoroso lance


Tras de un amoroso lance
y no de esperanza falto
volé tan alto tan alto
que le di a la caza alcance.

Para que yo alcance diese
a aqueste lance divino
tanto volar me convino
que de vista me perdiese
y con todo en este trance
en el vuelo quedé falto
mas el amor fue tan alto
que le di a la caza alcance.

Cuanto más alto llegaba
de este lance tan subido
tanto más bajo y rendido
y abatido me hallaba
dije: "No habrá quien alcance".
Abatíme tanto tanto
que fui tan alto tan alto
que le di a la caza alcance.

Por una extraña manera
mil vuelos pasé de un vuelo
porque esperanza del cielo
tanto alcanza cuanto espera
esperé solo este lance
y en esperar no fui falto
pues fui tan alto tan alto,
que le di a la caza alcance.

"La noche oscura del alma"


martes, 12 de junio de 2018

Soy un discurrir de arena que resbala


SOY UN DISCURRIR DE ARENA QUE RESBALA...

Soy un discurrir de arena que resbala
entre la duna y los guijarros
la lluvia del verano llueve sobre mi vida
sobre mí vida mía que me persigue y huye
y tendrá fin el día del comienzo

caro instante te veo
en el retroceder de este telón de bruma
donde ya no deberé pisar estos largos umbrales movedizos
y viviré lo mismo que una puerta
que se abre y se vuelve a cerrar.


Leyendo



lunes, 11 de junio de 2018

Sólo una rosa como apoyo


Sólo una rosa como apoyo

Me preparo una habitación en el aire,
entre los acróbatas y los pájaros:
mi cama sobre el trapecio del sentimiento
como un nido en el aire
en la punta más alta de la rama.

Compro una manta de lana finísima,
de ovejas delicadamente peinadas
que caminan sobre tierra firme
como radiantes nubes
a la luz de la Luna.

Cierro los ojos y me abrigo
con el vellón de animales fiables.
Quiero sentir la arena bajo las pezuñitas
y oír cómo suena el cerrojo
que cierra la puerta del establo por la noche.

Pero yazgo en plumas de pájaros en lo alto,
arrullada en el vacío.

Me da vértigo. No puedo dormir.

Mi mano
busca un soporte y encuentra
sólo una rosa como apoyo.

En "Canciones para dar aliento"
Ed. Llantén
Trad. Geraldine Gutiérrez Wierken.

sábado, 9 de junio de 2018

Elogio al aburrimiento V


LA DECADENCIA DEL ARTE DE LAS LISTAS

Un día me decepcioné. Aunque tenía tarea suficiente para permanecer en mi cuarto por una buena temporada, un día advertí que el refinado arte de hacer listas, el arte eminentemente oriental de componer catálogos poéticos sin otro principio que la enumeración, está en decadencia, y más bien ha terminado por ceder ante el imperio del ranking. Casi no queda nada del espíritu que animó el descabellado artículo de la enciclopedia china que cita Borges en 《El idioma analítico de John Wilkins》; a muy pocos les interesa ya seguir el ejemplo de Sei Shônagon en “El libro de la almohada”, cuyas secuelas, cuya vibración recorre la literatura japonesa. Como si las vetas milenarias de la enumeración se hubieran agotado, arrasadas por la vorágine de la demasiada información, poco queda de aquella sensibilidad obsesiva, con un sentido sutil de la sugerencia, para la cual el universo, antes que un todo orgánico y homogéneo, es un conjunto abigarrado de cosas, un revoltijo de objetos, al que por tanto hay que reordenar una y otra vez, continuamente, así sea mediante el arte mental de las listas.

En las viejas listas orientales, donde se eludían por instinto los polos de lo exhaustivo y lo caprichoso, se agitaba el afán de encontrar el sitio verdadero, aunque provisional, de cada objeto, de cada sentimiento, de cada cambio de luz en el día (gracias a que los ordenamientos son inestables, pueden también ser verdaderos). A través de las listas se buscaba descubrir los ecos ocultos del mundo, las similitudes dispersas entre 《las diez mil cosas》, no importa que eso se consiguiera mediante una enumeración imposible o demasiado personal. El refinado arte oriental de las listas, que algún día se practicó para llenar el vacío de las horas, para dejar constancia de las cosas que pasan y nos abandonan, atraviesa hoy la peor etapa de su decadencia, hasta el punto de que se ha rendido por completo a la tiranía del “hit parade”.

Ed. Sexto Piso, 2012


viernes, 8 de junio de 2018

Luego hubo un silencio


Reía y charlaba con Henry. Luego hubo un silencio. Y en medio de ese silencio pensé: Lo que soy, lo que digo, no lo sabes ahora, en este momento. Tu mente está en el pasado. Pero todo lo que soy, todo lo que digo lo captas ciegamente, y lo seré y lo diré más tarde. Viviré ahora para ese recuerdo que tendrás de mí. Más tarde, cuando exista una distancia entre nosotros, lo recordarás vívidamente. Te herirá entonces como me hiere a mí, ser tan consciente del hoy, tan consciente de este momento, con la suprema angustia de conocer y reconocer la cara de cada momento sin la atenuada suavidad de la distancia. Entiendo y veo con demasiada rapidez. Cuando me llevas por las viejas calles, estoy viviendo no solo en la alegría, sino más allá, lejos, hacia la futura ausencia de ella.

Ed. Siruela, 2014
Trad. José Luis Fernández-Villanueva