sábado, 21 de julio de 2018

Guirnalda


Que crezcan lentamente 
las palabras

bajo la luz
bajo la gracia

o mejor callar
mejor la nada

Tantas bocas 
se alimentan de tu bien,
y tú, ¿qué conservas?

sólo la luz
sólo la oscura guirnalda de las letras 

PoesíaSextoPiso

viernes, 20 de julio de 2018

jueves, 19 de julio de 2018

Fusión




El famoso pintor Salvador Dalí y su mujer Gala, cuando eran ya muy mayores, tenían un conejo amaestrado al que querían mucho y que no se alejaba nunca de ellos. En una ocasión tenían que hacer un largo viaje y estuvieron discutiendo hasta muy entrada la noche qué hacer con el conejo. Era complicado llevarlo y era difícil confiárselo a alguien, porque el conejo desconfiaba de la gente. Al día siguiente Gala cocinó y Dalí disfrutó de una comida excelente hasta que comprendió que estaba comiendo carne de conejo. Se levantó de la mesa y corrió al retrete donde vomitó al amado animalito, al fiel amigo de su vejez. En cambio Gala estaba feliz de que aquel a quien amaba hubiera penetrado en sus entrañas, las acariciara y se convirtiera en parte del cuerpo de su ama. No existía para ella una realización más perfecta del amor que la de comerse al amado. En comparación con esta fusión de los cuerpos, el acto sexual le parecía sólo una ridícula cosquilla.

Milan Kundera
La inmortalidad
Ed. Tusquets, 2009
Trad. Fernando de Valenzuela

martes, 17 de julio de 2018

El tacto mudo


Vuelvo a los pájaros posados en las ramas desnudas del manzano. Esta mañana antes de abrir la farmacia me quedé un rato mirándolo y pensando en los estragos que causó el misil de la semana pasada. La casa de Gassan, el barbero, quedó completamente destruida, entre otras.

Uno a uno fueron apareciendo los pájaros; no volaban ni se ocultaban en el árbol, sino que se posaban como oraciones en sus ramas. El misil que destruyó la casa de Gassan apuntaba, alegan, a un refugio clandestino. Los pájaros venían a posarse como respuestas a unas preguntas que no tienen palabras. Mirando los pájaros, por fin lloré.

Gassan no estaba allí cuando destruyeron su casa. Había ido al mercado y estaba jugando a las cartas con sus amigotes. Cuando se enteró, se desmoronó y cayó al suelo, sin ruido.
Al día siguiente le acompañé a la ruina. Había varios epicentros, donde todo había quedado reducido a un montón de polvo bordeado de fragmentos minúsculos. A excepción de las tuberías y de los cables, no quedaban objetos reconocibles. Los objetos de toda una vida habían desaparecido sin dejar rastro, habían perdido su nombre. No era una amnesia de la mente, sino de lo tangible.
Se fue andando por la carretera hasta una de las casas abandonadas, antiguas ruinas en las que una ventana seguía siendo una ventana, aunque no tuviera cristal, y una silla, una silla, aunque le faltaran dos patas. Allí, en un cobertizo, encontró lo que buscaba: una escoba.

Entonces volvimos a lo que unos días antes había sido su casa y empezó a barrer, sin mirar al suelo, los ojos fijos en la distancia. Por instinto, no intervine; lo dejé actuar como si fuera un sonámbulo. No sé cuánto tiempo duró aquello. Abarcó toda una vida.

Barría sin moverse del sitio, sin mover los pies. Por fin, dejó de barrer y me miró, y esto es lo que me dijo: Cuando corto el pelo a un cliente, siempre barro después. Es una de las primeras reglas que aprendes en el oficio de barbero.

Lo tomé por el brazo, y Gassan no soltó la escoba. Me decía a mí misma que, tal vez, debería darle una dosis de valeriana officinalis. Así respondía mi oficio a la miseria que le había sobrevenido. ¡Qué poca cosa son nuestros oficios!

Tal vez, en los oscuros pliegues del tiempo no haya más que el tacto mudo de
nuestros dedos.
Y nuestras acciones.

John Berger
De A para X
Ed. Alfaguara, 2016
Traducción Pilar Vázquez

Fot. Josef Bartuška

lunes, 16 de julio de 2018

Movimiento


Hay un desierto. Pero tampoco tendría sentido decir que estoy en el desierto. Es una visión panorámica del desierto, ese desierto no es trágico ni está deshabitado, sólo es desierto por su color ocre y su luz, ardiente y sin sombra. En él hay una multitud bulliciosa, enjambre de abejas, melé de futbolistas o grupo de tuaregs. Yo estoy en el borde de esa multitud, en la periferia; pero pertenezco a ella, estoy unida a ella por una extremidad de mi cuerpo, una mano o un pie. Sé que esta periferia es el único lugar posible para mí, moriría si me dejara arrastrar al centro de la melé, pero seguramente me sucedería lo mismo si la abandonara. Mi posición no es fácil de conservar, incluso diría que es muy difícil de mantener, porque esos seres se mueven sin parar, sus movimientos son imprevisibles y no responden a ningún ritmo. Unas veces se arremolinan, otras van hacia el norte y luego, bruscamente, hacia el este, sin que ninguno de los individuos que componen la multitud mantengan la misma posición con relación a los demás. Así pues, también yo estoy en perpetuo movimiento, y eso exige una gran tensión, pero a la vez me proporciona un sentimiento de felicidad violento, casi vertiginoso.

Gilles Deleuze & Félix Guattari
Mil Mesetas
Ed. Pre-Textos, 2010
Trad. José Pérez Vázquez y Umbelina Larraceta

domingo, 15 de julio de 2018

Leyendo


Fotograma de
Dir. Tran Anh Hung, 1993

Hasta el final


Hay que vivir sin imposturas,
vivir de modo que con el tiempo
nos lleguemos a ganar el amor del espacio,
y oigamos la voz del futuro.

Hay que dejar blancos,
en el destino y no en el papel
y en los márgenes anotar
pasajes y capítulos de la vida entera.

Debemos sumirnos en el anónimo
y ocultar en él nuestros pasos
tal como se oculta el paisaje
tras una niebla espesa.

Otros siguiendo tus huellas, frescas,
recorrerán tu camino palmo a palmo,
pero tú mismo no debes distinguir
la derrota de la victoria,
no debes renunciar ni a una brizna de ti mismo.
Tú debes estar vivo.
Solamente vivir
hasta el final.


martes, 10 de julio de 2018

domingo, 8 de julio de 2018

Bajo una pequeña estrella


BAJO UNA PEQUEÑA ESTRELLA

Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado por alto
a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño a las cinco
de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos, cada
una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica
porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas
y que me esfuerce después para que parezcan ligeras.

En "Si acaso", 1972
Poesía no completa, edición y traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia, Fondo de Cultura Económica.


martes, 3 de julio de 2018

Sobre los comienzos


Sobre los comienzos

En la vida, el número de comienzos es exactamente igual al número de finales: todavía nadie comenzó una vida que no vaya a terminar.

En la poesía, el número de comienzos supera en tal medida el número de finales que no podemos siquiera imaginárnoslo. No todos los poemas se terminan: uno se abandona, otro se prende fuego y se lo lleva el viento, lo cual podría ser un final, pero es el final de un poema sin fin. 

Paul Valéry, el poeta y pensador francés, dijo que ningún poema se termina y que todos los poemas simplemente se abandonan. Estas palabras también se le atribuyen a Stéphane Mallarmé, pero el comienzo de una cita siempre es algo brumoso.

Paul Valéry también describió su percepción de los primeros versos de manera tan vívida, y en mi opinión tan precisa, que nunca la olvidé: el primer verso de un poema, dijo, es como encontrar una fruta en el suelo, una fruta caída que nunca habías visto, y la tarea del poeta es crear el árbol del que podría caer una fruta como ésa.

Mary Ruefle
Por qué no beso bien
Ed. Kriller 71, 2018
Versión Ezequiel Zaidenwerg

La verdad


La verdad es lo que quema. La verdad es menos en la palabra que en los ojos, las manos y el silencio. La verdad son los ojos y las manos que arden en silencio.

Christian Bobin
La présence pure

Fot. Joseph Rodríguez
Romania

sábado, 30 de junio de 2018

La Palabra


El Apóstol nos dice que en el principio era la Palabra. No nos da garantía alguna sobre el final.

Lenguaje y silencio
Ed. Gedisa, 2013
Trad. Miguel Ultorio

Fot. Masao Yamamoto

viernes, 29 de junio de 2018

Límites


Tarde o temprano en la vida cada uno descubre que la felicidad perfecta es irrealizable, pero pocos son los que nos detenemos a considerar la antítesis: que la infelicidad perfecta es igual de inalcanzable. Los obstáculos que impiden la realización de estos dos estados extremos son de la misma naturaleza: derivan de nuestra condición humana, que se opone a todo lo infinito. Nuestro cada vez más insuficiente conocimiento del futuro se opone a ello: y esto se llama, en un caso, esperanza y en el otro caso, la incertidumbre del día siguiente. La certeza de la muerte se opone a ello: porque establece un límite en cada alegría, pero también en cada duelo.

Primo Levi
Si esto es un hombre
Ed. El Aleph, 2013
Trad. Pilar Gómez Bedate


Fot. Kurt Reichert
In licht und sonne

miércoles, 27 de junio de 2018

Experimentación


Experimento
la irrigación de la sangre
y la exaltación de la piel,
un dolor antiguo
actúa en el organismo.

No cesa
el estado de alerta,
listo el cuerpo para recibir
el impacto.

No temo
a los animales,
a la noche,
al crujido
en el estómago.

En "Cesto de trenzas"
Editorial: La bella Varsovia, 2018

martes, 26 de junio de 2018

Llegará a su tiempo


Jugarán otros niños en el prado,
dormirán bajo tierra otros cansancios;

pero la pensativa primavera
como la nieve llegará a su tiempo.


lunes, 25 de junio de 2018

Demasiado bonito


Demasiado bonito para que durara; ya saben, los espíritus singulares no soportan tanto amor, tanta perfección encontrada por casualidad.

Roberto Bolaño

Fot. El autor y su jardín paupérrimo cuando vivió en Barcelona, en el Carrer Tallers, 45, en 1977

domingo, 24 de junio de 2018

Era tarde, por supuesto


GÉNESIS 

Era tarde, por supuesto.

Sólo tú y yo quedábamos en la mesa,
acabándonos la segunda botella de vino,
cuando dijiste que quizá Eva fue creada
antes que Adán, que nació como una costilla
tomada del costado femenino un anochecer edénico.

Puede ser, recuerdo haber dicho,
porque en aquel entonces había muchas posibilidades,
y hablé de la serpiente parlante
y de las jirafas que sacaban el cuello del arca,
el olfato alerta al diluvio del Viejo Testamento.

Me gustan los hombres de mente abierta, dijiste,
alzando tu copa brillante hacia mí,
y yo alcé la mía y empecé a pensar
cómo sería la vida si fuera una de tus costillas:
estar todo el tiempo contigo,
a caballo entre tu blusa y tu piel,
preso bajo el suave peso de tus pechos;

tu costilla favorita, quiero creer,
si alguna vez te dignaras enumerarlas.

Justo eso hice aquella misma noche,
cuando te habías dormido
y tu espalda se encajaba en mi tórax,
y tus largas piernas se apretaban contra las mías,
y mis dedos se rendían al conteo enloquecido del amor.

Versión de Mauricio Montiel Figueiras

Fot. Jing Wen by Suffo Moncloa
Muse Autumn/Winter 2015

sábado, 23 de junio de 2018

Paréntesis


dado que el sentimiento es lo primero,
quien preste algo de atención
a la sintaxis de las cosas
nunca te va a besar completamente;

mi sangre está de acuerdo
con ser un tonto por entero
(...)
el aleteo de tus párpados me dice
que somos el uno para el otro: 
ríe entonces, recuéstate en mis brazos
pues la vida no es un párrafo

y creo que tampoco un paréntesis la muerte


Versión J.M. Montefogo

Fot. Ossip
Irmtraut, 2001