jueves, 11 de octubre de 2018

Si


Si… 

Si puedes mantener la cabeza cuando todo a tu alrededor 
pierde la suya y te culpan por ello; 
Si puedes confiar en ti mismo cuando todos dudan de ti, 
pero admites también sus dudas; 
Si puedes esperar sin cansarte en la espera, 
o, siendo engañado, no pagar con mentiras, 
o, siendo odiado, no dar lugar al odio, 
y sin embargo no parecer demasiado bueno, ni hablar demasiado sabiamente;

Si puedes soñar -y no hacer de los sueños tu maestro; 
Si puedes pensar -y no hacer de los pensamientos tu objetivo; 
Si puedes encontrarte con el triunfo y el desastre 
y tratar a esos dos impostores exactamente igual, 
Si puedes soportar oír la verdad que has dicho 
retorcida por malvados para hacer una trampa para tontos, 
o ver rotas las cosas que has puesto en tu vida 
y agacharte y reconstruirlas con herramientas desgastadas;

Si puedes hacer un montón con todas tus ganancias
y arriesgarlo a un golpe de azar, 
y perder, y empezar de nuevo desde el principio 
y no decir nunca una palabra acerca de tu pérdida; 
Si puedes forzar tu corazón y nervios y tendones 
para jugar tu turno mucho tiempo después de que se hayan gastado 
y así mantenerte cuando no queda nada dentro de ti
excepto la Voluntad que les dice: “¡Resistid!”

Si puedes hablar con multitudes y mantener tu virtud
o pasear con reyes y no perder el sentido común; 
Si ni los enemigos ni los queridos amigos pueden herirte; 
Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado; 
Si puedes llenar el minuto inolvidable 
con un recorrido de sesenta valiosos segundos. 
Tuya es la Tierra y todo lo que contiene, 
y -lo que es más- ¡serás un Hombre, hijo mío!

miércoles, 10 de octubre de 2018

Pocas cosas


Pocas cosas
y sentido común
y la jarra de loza, grácil,
con el ramo
resplandeciente.

La difícil
extracción del sentido
es simple:

el acto claro
en el momento claro
y pocas cosas:
verde
sobre blanco.

Hugo Padeletti
Pocas cosas
a Haydée y Juan Grela

Fot. Constantin Brancusi
Lily, 1933

Los indolentes


LOS INDOLENTES
Dedicado a Ernst Balcke

Una vieja barca, que en el puerto en calma
al atardecer amarrada se mece.

Los amantes, que tras los besos duermen.

Una piedra, profunda en el pozo verde.

El descanso de la Pitia, como el reposo
de los grandes dioses tras un largo banquete.

El cirio blanco, que empalidece al muerto.

Las cabezas leoninas de las nubes en torno a un valle.

La sonrisa de un tonto convertida en piedra.

Jarrones polvorientos donde pervive una fragancia.

Violines rotos en el desorden de los suelos.

Antes del ímpetu de la tormenta, el aire inmóvil.

Una vela, que en el horizonte brilla.

La fragancia de los brezos, que guía a las abejas.

El dorado del otoño, que corona hojas y tallos.

El poeta, que percibe la maldad del necio.

Georg Heym
(Versión, mayo, 1910)

La vida


LA VIDA

A los umbrales del otoño,
en un ocaso
mudo,

descubres la onda del tiempo
y tu rendición
secreta,

como de rama en rama
ligero
un descender de pájaro
al que no le sostienen ya las alas.

lunes, 8 de octubre de 2018

Para la casa nueva


Para la casa nueva

Que esta casa se llene con olores de la cocina
y con sombras y juguetes y nidos de ratones
y rugidos de furia y cascadas de lágrimas
y hondos silencios sexuales y sonidos
de origen misterioso nunca explicados
y tesoros y regalos y miles de deshechos
y un flujo como un viento cálido pero más lento
soplando las hojas de los árboles y libros y años
de pez de la vida de un niño revoloteando plateados
rápido, rápido en la lenta ráfaga incesante
que ondula las cortinas un momento
todos esos años desde ahora, hacia atrás.
Que puedan los umbrales y los marcos bendecidos
bendecir a cada paso.
Que puedan los techos pero no los cuartos conocer la lluvia.
Que las ventanas conozcan claramente
la rama y la flor del manzano.
Y que podáis estar en esta casa
como la música está en el instrumento.

Versión de Diana Bellessi

Foto anónima de la autora, 1954

domingo, 7 de octubre de 2018

Funambulista


FUNAMBULISTA

Alineo mis pasos sobre la cuerda,
hablo para mí:
tiemblo durante el espacio vacío
entre el pie izquierdo y el derecho;
quedan sólo las huellas en el aire,
sólo el rastro ensangrentado
de las vocales y otros sonidos
que no transitan, 
huyen de mi latido lineal,
se despeñan, pierden el hilo
sin red que los rescate.
Sigo el camino
trazado de la mañana a la noche,
sembrado con señales luminosas:
no pises aquí, demórate, 
hunde el pie en la arena que se desmorona, 
salta ágil, avanza, galopa; 
ahora calla, espera. 
Ventisca de palabras turbias en lo alto,
aves ajenas: 
no me distraigan canoras,
no me distraigan
imágenes con sus reflejos,
imágenes de racimo variopinto,
no me deslumbren reflectores en lo alto de la carpa,
palomillas encantadas a su alrededor,
rostros expectantes y sus rubores:
que su respiración no tense mi cuerda ni la afloje,
que cada paso siga el compás idéntico a mi propia voz
no me enreden, listones multicolor, ramas
que se cruzan en mi corto vuelo,
no me hundan, estigias mentales,
huecos sin remedio:
cedan el paso a mi caminar suspendido, tarareado en línea recta.

Fot. Funambulista sobre las ruinas de Colonia. 1946

Somos los guardianes


SOMOS LOS GUARDIANES

Somos los guardianes de casas vacías,
La luna apoya su delgado cuerpo contra la puerta,
Pero el óxido hace chirriar la cerradura.
El sol mira a través de la ventana,
Pero los postigos cerrados son como ojos ciegos.
Nuestras almas están llenas de muerte y cosas maravillosas
Como cuencos llenos de objetos,
Un polvo de pétalos
Susurra entre los cansados dedos de un fantasma.

Versión de Jonio González

Dora Carrington (derecha) e Iris Tree, 1929

sábado, 6 de octubre de 2018

Abandonarse al tiempo


ABANDONARSE AL TIEMPO

Con el espíritu flotante y casi diría hechizado por esa actividad mental que me había transportado hacia el lado correcto de la habitación doble, me entregué al pasatiempo de crear listas, al vicio de ensartar en un hilo invisible las cosas en apariencia más variopintas. Con la torpeza de un orientalista diletante, con la tosquedad de un luchador de sumo que ingresa a un territorio de figuras de porcelana, me entregué al arte secreto y en desuso del "tsurezure" o "nagusamu", que en japonés significa "librarse de las horas muertas", expresión frecuente en tiempos de Sei Shônagon, cuando las damas de la corte del Japón, aisladas en habitaciones individuales, se enfrentaban a largos periodos de ensimismamiento y a veces pesadumbre, que algunas intentaban no padecer mediante la contemplación y la escritura de listas.
El arte secreto y en desuso del "tsurezure" o "nagusamu", que trescientos años más tarde daría pie al "Tsurezuregusa", el libro inestimable de Yoshida Kenko, consiste en librarse de las horas muertas por medio del gesto audaz de confiarse a ellas, de no oponerles resistencia, a la manera de las artes marciales del Oriente que se valen del impulso y de la fuerza del adversario para derrotarlo (en este caso, la falta de impulso). El arte secreto de aguzar la atención frente a lo que carece de relieve y sin embargo nos constituye; el arte de abandonarse al tiempo que parece vacío, inmóvil, y que en su flujo insensible nos transporta; llevar el registro, al estilo de Sei Shônagon en "El libro de la almohada", de lo ordinario y trivial, de los días que pasan, de lo apacible e íntimo y por fin uniforme, de aquello que ya no nos dice nada si no lo interrogamos. Descubrir las afinidades secretas.

Luigi Amara
La escuela del aburrimiento
Ed. SextoPiso, 2012

viernes, 5 de octubre de 2018

La propuesta


LA PROPUESTA

Esta tarde, mientras la luz recorre
con imposible lentitud el huerto
y yo me giro, inquisitiva,
mi mano entre tu mano,
mis ojos buscando un sentido
a las nubes que oprimen
el vasto escenario del cielo,
¿aceptarás conmigo ese sendero
que existe solo cuando lo pisamos,
esa casa que respira a la vida
solo cuando se la comparte,
esa jarra de vino
que se llena cuando bebemos?

Ed. Trea, 2018
Trad: Jordi Doce

Caballos

CABALLOS

Vi desde la ventana los caballos.

Fue en Berlín, en invierno. La luz
era sin luz, sin cielo el cielo.

El aire blanco como un pan mojado.

Y desde mi ventana un solitario circo
mordido por los dientes del invierno.

De pronto, conducidos por un hombre,
diez caballos salieron a la niebla.

Apenas ondularon al salir, como el fuego,
pero para mis ojos ocuparon el mundo
vacío hasta esa hora. Perfectos, encendidos,
eran como diez dioses de largas patas puras,
de crines parecidas al sueño de la sal.

Sus grupas eran mundos y naranjas.

Su color era miel, ámbar, incendio.

Sus cuellos eran torres
cortadas en la piedra del orgullo,
y a los ojos furiosos se asomaba
como una prisionera, la energía.

Y allí en silencio, en medio
del día, del invierno sucio y desordenado,
los caballos intensos eran la sangre,
el ritmo, el incitante tesoro de la vida.

Miré, miré y entonces reviví: sin saberlo
allí estaba la fuente, la danza de oro, el cielo,
el fuego que vivía en la belleza.

He olvidado el invierno de aquel Berlín oscuro.

No olvidaré la luz de los caballos.


Pint. Salvador Dalí
El caballo transparente

jueves, 4 de octubre de 2018

Allí donde el aliento


ALLÍ DONDE EL ALIENTO

Está solo en el escenario 
sin ningún instrumento. 

Se pone la mano en el pecho
allí donde nace el aliento
y donde se apaga.

No son las manos que cantan,
ni tampoco el pecho.

Canta lo que está callado 

Ed. Acantilado, 2005
Trad. Xavier Farré

miércoles, 3 de octubre de 2018

Oda a la inmortalidad


ODA A LA INMORTALIDAD

Aunque el resplandor 
que en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mis miradas.

Aunque mis ojos ya no
puedan ver ese puro destello
que en mi juventud me deslumbraba.

Aunque nada pueda hacer volver 
la hora del esplendor en la hierba,
de la gloria en las flores,

no debemos afligirnos
porqué la belleza subsiste siempre en el recuerdo.

En aquella primera
simpatía que habiendo sido una vez,
habrá de ser por siempre

en los consoladores pensamientos
que brotaron del humano sufrimiento,
y en la fe que mira 
a través de la muerte.

Gracias al corazón humano,
por el cual vivimos,
gracias a sus ternuras, 
a sus alegrías y a sus temores, 
la flor más humilde al florecer,
puede inspirarme ideas que, a menudo,
se muestran demasiado profundas
para las lágrimas.

Un viento de octubre


UN VIENTO DE OCTUBRE

Efímero como el aroma del clavel
un viento de octubre susurra en mis oídos 
melodías de la infancia, qué lejanía
percute suave en la memoria,
por un momento la vida se detiene,
su fastuoso y miserable ruído
desaparece en la caricia de este viento.

También maté mis dioses con una arquitectura
erguida sobre el solar de la ignorancia.
Mientras el sol temple los ventanales
y pueda aún partirse en dos la tristeza
como una nuez abierta por su exacta mitad,
y puedan todavía las palabras nombrar
un misterio efímero como el aroma de un clavel.

Sólo mientras, ni un antes ni un después,
con un libro en la mano y un amor
descorchando el tapón de la luna
para que brote toda la oscura soledad del Ser,
y conjurarla, bailar sobre su tumba,
llorar sobre sus huesos, sólo por un momento,
como este viento efímero de octubre.

martes, 2 de octubre de 2018

Todo está allí


Todo está allí, 
apretado en la cuenca 
donde, 
pájaro quieto, 
aguarda

La palabra de la tierra


LA PALABRA DE LA TIERRA

Sujétate
Agárrate como un árbol a la tierra
tenso entre sus raíces
fibra y cuerpo
para lo difícil
los vientos
la precariedad
el beso de lunas

Asiéntate con fervor
entre lo duro y lo rocoso
ama eso que te debate
pues te concentra
en el secreto
del íntimo horror
la palabra de la tierra.

de Cielo, tu arco grande, 1989

lunes, 1 de octubre de 2018

domingo, 30 de septiembre de 2018

Quisiera ser viento


Ambición

¡Quisiera ser viento!
Ráfaga tendida
que arrastra en su beso
el polvo y la nube,
la rosa, el lucero...

-No brisa apacible
que finge despechos
y siembra caricias-.

Yo quiero ser fuego,
volcán de aire rojo
que incendie el secreto
de todas las ramas
y todos los pechos;

aquilón desnudo,
huracán de acero,
fragua donde forjan
su actitud los cuerpos.

¡Cuando voy a ti,
quisiera ser viento
para arrebatarte
más allá del cielo!



Anhelo



En la noche despierto y veo:
junto a mí está tendido
aquello que he anhelado.
Sólo falta que le dé forma.


Trad. Jelena Rastović


sábado, 29 de septiembre de 2018

Siempre la misma cosa


¡Oh! Cómo será de inefable la vida, una especie de sombra. 
Mi sombra y yo, mi sombra es yo.
Siempre la misma cosa que insiste de manera cada vez más imperiosa, implacable, siempre la misma lengua que bebe a lengüetazos, la misma mandíbula que roe la palabra un poco más cada día, eso que se atraganta un poco más con cada frase.
Todo eso.
No hay final, si se parte de un hombre que quiere terminar solo, dice Derrida.
¿Solo? Pero no sin No. No sin Quién, no sin Qué y no sin Voz.

Hélène Cixous
El vecino de cero. Sam Beckett
Ed. Shangrila, 2018
Trad: Mariel Manrique

viernes, 28 de septiembre de 2018

Un sueño de celos



Un sueño de celos

Caminando contigo y otra dama
por un parque boscoso, la susurrante hierba
corría sus dedos a través de nuestro silencio sospechoso
y los árboles se abrían hacia un sombreado
e inesperado claro donde nos sentamos.
Creo que el candor de la luz nos desalentó.
Hablamos sobre deseo y ser celoso,
nuestra conversación una simple bata suelta
o un mantel de pic-nic blanco desplegado
como un libro de modales en el desierto.
«Muéstrame,» dije a nuestra compañera, «lo que
tanto he deseado, tu estrella malva del pecho.»
Y ella consintió. Oh, ni estos versos
ni mi prudencia, amor, pueden curar la herida de tus ojos.


De "Trabajo de campo" 1979
Versión de Vicente Forés y Jenaro Talens

Fot. Terry Magson
Distant noise