miércoles, 13 de septiembre de 2017

Intensidad


No hay espacio ni tiempo, sólo intensidad. 
Y todo lo domesticado carece de inmensidad.


Foto de Julia Hetta para AnOther, Spring\Summer 2013
Irina Kravchenko en "A little swelling"

Salvación por la palabra


Y sin embargo
en el comienzo de la mentira
en el movimiento ciego y apurado
y sin asilo
en el falso espejo de la palabra
está nuestra morada
y nos consume
y aprisiona con su palma de siglos.
Aceptar esta muerte morosa
el imperio de esta lenta podredumbre
y sin hoguera
sin resurrección acaso. 
Aceptar la soledad de una frase
que destruye el mundo que rodea
en una imagen sin recuerdo
sin ojo. 
Aceptar el altivo exilio de nombrar. 
Aceptar
la débil esperanza de la profecía
y del oráculo 
que nadie entendió.

Salvación por la palabra
De: Mutaciones, 1964

En alabanza del aburrimiento


Cuando el aburrimiento los golpee, entréguense a él. Que los aplaste, que los sumerja, toquen fondo. En general, con las cosas desagradables, la regla es: mientras más pronto toquen fondo más pronto volverán a flotar. La idea aquí, para parafrasear a otro gran poeta de la lengua inglesa, es mirar de frente a lo peor. La razón por la que el aburrimiento merece semejante escrutinio es que representa el tiempo puro, incontaminado, en todo su repetitivo, redundante y monótono esplendor.

Para decirlo de alguna manera, el aburrimiento es nuestra ventana sobre el tiempo, sobre esas propiedades suyas que uno tiende a ignorar con peligro probable del propio equilibrio mental. En suma, es nuestra ventana sobre la infinitud del tiempo, es decir, sobre nuestra insignificancia en él. Esto es lo que cuenta, tal vez, en nuestro horror por los atardeceres solitarios y torpes, en la fascinación con la que a veces miramos una mota de polvo flotar en un rayo de sol, cuando en alguna parte repica un reloj, hace calor y nuestra fuerza de voluntad es nula.

Una vez abierta esa ventana, no intenten cerrarla; déjenla, por el contrario, de par en par. Porque el aburrimiento habla el lenguaje del tiempo y va a enseñarles la lección más valiosa de la vida -la que no obtuvieron aquí, en estos verdes prados-: la lección de su completa insignificancia. Será valiosa para ustedes, así como para aquellos con quienes se codeen. "Eres finito", les dirá el tiempo con voz de aburrimiento, "y hagas lo que hagas, desde mi punto de vista es fútil". Por supuesto que esto no será música para sus oídos; pero el sentido de futilidad, de significación limitada incluso para las mejores acciones, para las más ardientes, es mejor que la ilusión de sus consecuencias y el consiguiente autobombo.

Pues el aburrimiento es una invasión del tiempo en nuestro repertorio de valores. Pone nuestra existencia en perspectiva, con un resultado neto que siempre implica precisión y humildad. La primera, debe notarse, engendra la segunda. Mientras aprendemos sobre nuestro propio tamaño, más humildes y más compasivos nos volvemos con nuestros semejantes, con ese polvo flotante en un rayo de luz o ya inmóvil sobre la mesa. ¡Ah, cuánta vida hubo en esas motas! No desde nuestro punto de vista, sino desde el de ellas. Nosotros somos para ellas lo que el tiempo es para nosotros; por eso es que parecen tan pequeñas. ¿Y saben lo que dice el polvo cuando lo limpian de la mesa?

"Recuérdame",
susurra el polvo.

Nada podría estar más lejos de la agenda mental de ustedes, jóvenes y despiertos, que el sentimiento expresado en estos dos versos por el poeta alemán Peter Huchel, ya muerto.

Lo he citado porque me gustaría inculcar en ustedes la afinidad con las cosas pequeñas -semillas y plantas, granos de arena o mosquitos-, pequeñas pero numerosas. Cité estos dos versos porque me gustan, porque me reconozco en ellos y, si a ello vamos, en cualquier organismo vivo que debe ser limpiado de la superficie disponible. "Recuérdame, susurra el polvo". Y lo que oímos es que si de vez en cuando aprendemos algo sobre nosotros por cuenta del tiempo, quizás el tiempo pueda, a su vez, aprender algo de nosotros. ¿Qué habría de ser? Que aunque inferiores en significación, tenemos la ventaja de la sensibilidad.
En alabanza del aburrimiento (fragmento)
Conferencia en la Universidad de Dartmouth, 1989
Texto completo

Foto: Kazuo Kitai

martes, 12 de septiembre de 2017

La belleza es mirada


En el caso de una película a partir de este libro, la niña no debería ser de una belleza exclusivamente bella. Sería tal vez peligroso para la película. Hay otra cosa en ella, la niña, algo ”difícil de evitar", de una curiosidad salvaje, de una falta de educación, de una falta, sí, de timidez. Una especie de Miss Francia en niña haría que toda la película se derrumbara. Más aún: la haría desaparecer. La belleza no hace nada. No mira. Es mirada.

Marguerite Duras
Notas al margen.
El amante de la China del Norte
Ed. Tusquets, 1998
Trad. Beatriz de Moura

Collage Katrien de Blauwer

Quien dice la sombra


Dice la verdad 
Quien dice la sombra.

Edit Trotta, La dicha de enmudecer
Trad. José Luis Reina Palazón.

Foto del prólogo de Carlos Ortega

Amapolas en julio


Pequeñas amapolas, llamitas infernales,
¿es que daño no hacéis?
Se apagan y reviven. No puedo tocarlas.
En su fuego pongo las manos. Nada se incendia.
Contemplarlas me consume
Llameando así, su rojo ajado y brillante como piel
de alguna boca.
¡Una boca recién ensangrentada
pequeñas faldas sangrientas!
Hay efluvios que no puedo asir.
¿Dónde están tus opios, tus asquerosas cápsulas?
¡Si pudiera desangrarme y dormir! —
¡Si pudiera mi boca unir a una herida así!
Oh, vuestros líquidos rezuman en mí, cápsula de vidrio
Apagándose y aquietándose.
Mas, sin color, sin color. Descoloridamente.

Amapolas en julio
de "Ariel"
Versión Cecilia Bustamante 

Foto: Irving Penn, 1984

lunes, 11 de septiembre de 2017

Ménage


MÉNAGE

"La vuelvo a ver ahora, ya no más sola, diferente,
en la habitación más profunda de la casa,
en la luz unida, sin color y sin tiempo, filtrada por las cortinas,
con las piernas estiradas sobre el diván, acurrucada
junto al tocadiscos que se mantiene bajo.
“No en esta vida, sino en otra”, fulgura su mirada alegre,
que sin embargo se evade, como ofendida
por la presencia del hombre que la limita y la aplasta.
“No en esta vida, sino en otra”, le leo con claridad en el fondo de las pupilas.
Es mujer no solo porque lo piensa, porque orgullosamente tiene esa certeza.
Y no es esta la última de sus gracias
En un tiempo como el nuestro, que, con todo, no le es extraño ni adverso.
“Conoces a mi marido, me parece”, y él despliega una sonrisa desafortunada,
tan lista como huidiza, casi con ganas de sacudírsela de encima
y empujarla hacia atrás, del otro lado de una pared de niebla y de años,
y mientras se me aproxima tiene el aire de quien avanza
íntimamente, como dos hombres, al punto de la cuestión.
“¿Hay algo que pueda rescatarse de los sueños?”, me pregunta,
fijando sobre mí sus ojos vacíos
y blancos, no sé si de torturador, en alguna “casona triste”, o de gurú.
“¿Algo de qué tipo?”, y la miro mientras irradia su ternura
hacia mí, desde el rubio de su mirada fluida y certera
y un poco se apiada de mí, creo, por estar debajo de esas garras.
“Los sueños de un alma madura para recoger lo divino
son sueños que dan luz; pero en un nivel más bajo
son indignos, expresión de lo animal, y basta”, agrega
y apunta sus ojos impenetrables que no se qué observan ni dónde.
No entiendo todavía si me interrogan
o continúa un discurso por su cuenta sin origen y sin fin
y ni siquiera si habla con orgullo
o algo oscuro e inconsolable le está llorando adentro.
“Pero para qué hablar de sueños”, pienso
y busco un nido por mi mente
en ella que está aquí, presente en este instante del mundo.
“¿Usted no está soñando ahora?”, me dice mientras sube por la calle
un grito de muchachos, de vidrio, que hiela la sangre.
“Tal vez, el límite entre lo real y el sueño…” murmuro
y escucho la punta de zafiro
en los últimos surcos sin noche, y lo enciendo.
“No en esta vida, sino en otra”, exulta más que nunca
y hace brotar una luz insostenible
su mirada, orgullosa, que ostenta otros pensamientos
que el hombre del que lleva, y tal vez los desea, las caricias y el yugo".

de "En el magma"
Trad. Diego Bentivegna

Summer, 1977

Agua en la noche


Agua en la noche, serpiente indecisa, 
silbo menor y rumbo ignorado: 
¿Qué día nieve, qué día mar? Dime. 
¿Qué día nube, eco 
de ti y cauce seco? 
Dime. 
-No lo diré: entre tus labios me tienes, 
beso te doy, pero no claridades. 
Que compasiones nocturnas te basten 
y lo demás a las sombras 
déjaselo, porque yo he sido hecha 
para la sed de los labios que nunca preguntan.

Agua en la noche
De: Presagios, 1923

Greguería


En la noche acústica, se oye a lo lejos a los trenes que pasan diciendo "que-te-cojo, que-te-cojo", persiguiendo las distancias.

Ramón Gómez de la Serna
Greguerías

Foto: Henry M. Lester
Placido disc reflection, 1935

domingo, 10 de septiembre de 2017

Entenebrecido


Entenebrecido. Las maderas enterizas están de camino hacia mí, lo sé. Yace el mundo allí abajo en mí, el mundo. Pajizo, pronto arderé, el fuego del monte piensa ya detrás de mí. Sombreros de resplandor vienen danzando hacia aquí.

Paul Celan
Microlitos. Aforismos y textos en prosa
Edit. Trotta
Trad. Jose Luis Reina Palazón

Foto: Judith Steiner, 1981

sábado, 9 de septiembre de 2017

Meses y años


Los meses, serpenteando entre los días áridos, seguían su cauce y bajaban millas y más millas en pos de los años.

Dylan Thomas
El visitante
En Relatos completos.
Edit. DeBolsillo
Trad. Miguel Martinez-Lage

Fot. Joan Colom

Yo no era más que aquello que tú…


Yo no era más que aquello que tú…
                                             A M.B.

Yo no era más que aquello que tú
con la mano acariciabas,
allí donde en noche de pavor,
cerrada, la frente reclinabas.

Yo no era más que aquello que tú
distinguías allá, abajo:
primero, solamente imagen vaga,
mucho después, también los rasgos.

Tú fuiste quien, ardiendo,
creaste en un susurro
las conchas de mi oído,
el diestro y el siniestro.

Tú quien, meciendo la cortina
en el mojado cuenco de la boca,
me plantaste la voz
que te llamaba a gritos.

Yo estaba ciego, simplemente.
Y tú, escondida, brotando,
me obsequiabas el don de ver
Así es como se deja rastro.

Así es como se engendran mundos.
Así, a menudo, tras crearlos,
los dejan dando vueltas
los dones dilapidando.

Así, ora al fuego lanzado,
ora al frío, ya a la luz, ya a lo oscuro,
perdido en la creación del mundo,
el globo va girando.

 De “No vendrá el diluvio tras nosotros”
(Antología 1960-1996)
Versión de Ricardo San Vicente

Fotografía de Mikhail Baryshnikov.
Joseph Brodsky y Maria Sozzani,1971

viernes, 8 de septiembre de 2017

Vagabundo soñador


Nemo, el vagabundo, es por tanto el soñador. Lo confirma otra evolución, la de la lengua. La palabra soñador (rêveur) procede en francés de una vieja palabra, "esver", que significa vagabundear y asimismo delirar, es decir divagar. "Desver", del que aún queda una forma en dialecto, "endêver", significa perder el sentido. En ella reaparece el latín "ex vagus". El soñador es "dervé", autómata ambulante, el que se vuelve loco al perder el hilo de la razón.

Jean Clair
Elogio de lo visible
Edit. Seix Barral, 1999

Fotograma de Institute Benjamenta (This Dream People Call Human Life), película de los hermanos Quay, (1995) basada en el libro de Robert Walser del mismo título.

La levedad


¿Para qué buscar el Síndrome de Stendhal? Al fin lo he experimentado, pero al revés. Primero el desvanecimiento interior, debido al shock del atentado, después, al despertar, la obsesión por la belleza… Alejado ya el caos, la razón se reanima y se recupera el equilibrio junto con la percepción. Veo con menor intensidad, pero recuerdo lo que he visto. Confío en permanecer despierta, atenta a cualquier signo de belleza. Esta belleza que me salva, devolviéndome la levedad.

Catherine Meurisse
La levedad
Ed. Impedimenta, 2017
Trad. Lluis María Todó

Fot. Claude Cahun
Autorretrato

Leyendo


jueves, 7 de septiembre de 2017

Habla también tú...


Habla también tú
sé el último en hablar,
di tu decir.

Habla-
Pero no separes el No del Sí.
Y da a tu decir sentido:
dale sombra.

Dale sombra bastante,
dale tanta
cuanta en torno de ti tú sabes extendida entre
medianoche y mediodía y medianoche.

Mira en torno:
ve cómo alrededor todo se hace viviente
¡En la muerte! ¡Viviente!
Dice la verdad quien dice sombra.

Pero se estrecha ahora el lugar donde estás:
¿Adónde ahora, despojado de sombra, adónde?
Asciende. Tanteante, asciende.
Te haces más sutil, más irreconocible, más fino.

Más fino: un hilo
por el que quiere descender la estrella
para abajo nadar, al fondo,
donde se ve brillar: sobre móviles dunas
de palabras errantes.

Habla también tú...
De "Umbral en umbral" 1955
Versión de José Ángel Valente

Fot. Paul Celan en 1938

Unión libre



Mi mujer de cabellera de fuego de madera
De pensamientos de relámpagos de calor 
De cintura de reloj de arena
Mi mujer de cintura de nutria entre los dientes del tigre
Mi mujer de boca de escarapela y de ramo de estrellas de última magnitud
De dientes de huellas de ratón blanco sobre la tierra blanca 
De lengua de ámbar y de vidrios frotados 
Mi mujer de lengua de hostia apuñalada 
De lengua de muñeca que cierra y abre los ojos
De lengua de piedra increíble
Mi mujer de pestañas de palotes de escritura infantil 
De cejas de borde de nido de golondrina
Mi mujer de sienes de pizarra de techo de invernadero 
Y de vaho en los vidrios
Mi mujer de hombros de champaña 
Y de fuente con cabezas de delfines bajo el hielo
Mi mujer de muñecas de cerillos
Mi mujer de dedos de azar y de as de corazones 
De dedos de heno cortado
Mi mujer de axilas de marta y de hayucos
De noche de San Juan
De ligustro y de nido de escalares 
De brazos de espuma de mar y de esclusa 
Y de mezcla del trigo y del molino
Mi mujer de piernas de cohete 
De movimientos de relojería y de desesperación
Mi mujer de pantorrillas de médula de saúco
Mi mujer de pies de iniciales
De pies de llaveros de pies de calafanes que beben
Mi mujer de cuello de cebada no perlada
Mi mujer de garganta de Valle de oro
De cita en el lecho mismo del torrente
De pechos de noche
Mi mujer de pechos de topera marina
Mi mujer de pechos de crisol de rubíes
De pechos de espectro de la rosa bajo el rocío
Mi mujer de vientre de despliegue de abanico de los días 
De vientre de garra gigante
Mi mujer de espalda de pájaro que huye vertical 
De espalda de azogue
De espalda de luz
De nuca de canto rodado y de tiza mojada
Y de caída de un vaso en el que acaba de beberse
Mi mujer de caderas de barquilla
De caderas de lustro y de penas de flecha
Y de tronco de plumas de pavo real blanco
De balanza insensible
Mi mujer de nalgas de asperón y de amianto
Mi mujer de nalgas de espalda de cisne
Mi mujer de nalgas de primavera
De sexo gladiolo
Mi mujer de sexo de yacimiento de oro y de ornitorrinco
Mi mujer de sexo de alga y de bombones antiguos
Mi mujer de sexo de espejo
Mi mujer de ojos llenos de lágrimas
De ojos de panoplia violeta y de aguja imantada
Mi mujer de ojos de sabana
Mi mujer de ojos de agua para beber en la cárcel
Mi mujer de ojos de madera siempre bajo el hacha
De ojos de nivel de agua de nivel de aire de tierra y de fuego.

La Unión Libre

 Fot. Léon Ferrari “Unión libre” 2004
El texto inscrito en braille por Ferrari es una reproducción del poema.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Empujaste a un hombre a la locura


Empujaste a un hombre a la locura. Una
mañana, caminando bajo el sol florentino
te vio destellar nítida, contra el tejido
de los sueños amargos de la última noche.
Inclinaste gentil
la grávida cabeza
y en la creciente de los años el ademán
tranquilo se incrustó como un diamante sobre el cielo
feroz y vago de sus días. Y en plena juventud,
después, moriste, casada con un hombre común
que te quería, desconociéndote. Oh, Bice
Portinari, así son las mañanas de este mundo:
despertamos de un sueño amargo
y andamos como fantasmas
hasta que recogemos, del sol de nuestras ciudades,
un núcleo de claridad o mas bien una joya,
férrea que veneramos, gastada y turbia,
en algún sucio anochecer.

En memoria de Bice Portinari

Retrato de Maria de Medici, 1551

La violencia de los hombres educados


Los campus son pacíficos y elegantes, están pensados para dejar afuera la experiencia y las pasiones pero corren por debajo altas olas de cólera subterránea: la terrible violencia de los hombres educados.

Ricardo Piglia
El camino de Ida
Edit. Anagrama, 2013

martes, 5 de septiembre de 2017

Antínoo


Antínoo

Bajo el peso nocturno de los cabellos
O bajo la luna diurna de tu hombro
Busque el orden intacto del mundo
La palabra no oída
Largamente bajo el fuego o bajo el vidrio
Busqué en tu rostro
La revelación de dioses que desconozco
Sin embargo pasaste a través de mí
Como pasamos a través de la sombra.

Antínoo