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miércoles, 16 de mayo de 2018

Carente de sentido


8 de Enero de 1938

No es de ningún modo ridículo o absurdo que, pensando en matarse, a uno le fastidie y le espante caer bajo un automóvil o coger una enfermedad.
Aparte la cuestión del mayor o menor dolor, hay que tener en cuenta que querer matarse es desear que la propia muerte tenga un significado, sea una suprema elección, un acto inconfundible. Por eso es natural que el suicida no tolere el pensamiento de caer por casualidad bajo un vehículo o reventar de pulmonía o algo carente de sentido.
Ojo, pues, a las encrucijadas y a las corrientes de aire.

Cesare Pavese
El oficio de vivir
Ed. Seix Barral, 2001
Trad. Ángel Crespo

Fot. Ray K. Metzker
Philadelphia, 1962

martes, 12 de septiembre de 2017

Quien dice la sombra


Dice la verdad 
Quien dice la sombra.

Edit Trotta, La dicha de enmudecer
Trad. José Luis Reina Palazón.

Foto del prólogo de Carlos Ortega

lunes, 25 de abril de 2016

De la nada a la nada


Suelo sentir asco por ese hombre que se mata para no tener que afeitarse cada mañana y, sin embargo, es lo cotidiano, y sólo lo cotidiano logra hacerme aferrar a la existencia. Estas obligaciones menudas, estos ritmos son formadores. Me son necesarios. Me liberan porque me sujetan. Es así: necesito esclavitud, reglas de vida, ritmos. Mi libertad sólo sobrevive dentro de esos marcos. Entonces, ¿Por qué este asco? ¿Podría ser que mi espíritu de verdad no desea vivir? ¿Es que no está allí el lejano rumor de una tentación profunda de todo hombre, la tentación del suicidio? Cada minuto oculta esa extraña dualidad. El cuerpo es vida, el espíritu es muerte. La materia es el ser, el intelecto la nada. Y el secreto absoluto del pensamiento es, sin duda, ese deseo nunca olvidado de volver a hundirse en la más extática fusión con la materia, en lo concreto tan concreto que se vuelve abstracto. La vida es, tal vez, ese pasaje, esa situación trágica e inestable, ese nudo, ese punto movedizo en la línea de la evolución de la nada a la nada.

Jean-Marie Gustave Le Clézio
El éxtasis material, 1967
Ed. Adriana Hidalgo Editora, 2010
Traducción: Juana Bignozzi

Jean-Marie Gustave Le Clézio y su mujer, Paris, 1965

martes, 23 de febrero de 2016

Esa lasitud teñida de asombro


Suele suceder que los decorados se derrumben. Levantarse, coger el tranvía, cuatro horas de oficina o de fábrica, la comida, el tranvía, cuatro horas de trabajo, la cena, el sueño y lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado con el mismo ritmo es una ruta que se sigue fácilmente durante la mayor parte del tiempo. Pero un día surge el “por qué” y todo comienza con esa lasitud teñida de asombro. “Comienza”: esto es importante. La lasitud está al final de los actos de una vida maquinal, pero inicia al mismo tiempo el movimiento de la conciencia. La despierta y provoca la continuación. La continuación es la vuelta inconsciente a la cadena o el despertar infinito… 

…La simple “inquietud” está en el origen de todo. Durante todos los días de una vida sin brillo, el tiempo nos lleva. Pero siempre llega un momento en que hay que llevarlo. Vivimos del porvenir: “mañana”, “más tarde”, “cuando tenga una posición”, “con los años comprenderás”. Estas inconsecuencias son admirables, pues, al fin y al cabo, se trata de morir. Llega, no obstante, un día en que el hombre comprueba o dice que tiene treinta años. Así afirma su juventud. Pero al mismo tiempo se sitúa con relación al tiempo. Ocupa en él su lugar. Reconoce que se halla en cierto momento de una curva que confiesa tener que recorrer. Pertenece al tiempo, y a través del horror que se apodera de él reconoce en aquél a su peor enemigo. El mañana, anhela el mañana, cuando todo él debía rechazarlo. Esta rebelión de la carne es lo absurdo… 

Al final del despertar llega, con el tiempo, la consecuencia: suicidio o restablecimiento.

Ese espesor y esa extrañeza del mundo es lo absurdo

Albert Camus  El mito de Sísifo, 1942
Ed. Alianza Editorial, 2004
Traducción: Esther Benítez

Fot. Albert Camus, por Cecil Beaton