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miércoles, 14 de marzo de 2018

Una y otra vez...


Una y otra vez, 
aunque conozcamos el paisaje del amor
y el pequeño cementerio 
con sus nombres que se lamentan
y el barranco terriblemente callado, 
en que los otros desembocan: 
una y otra vez salimos emparejados
bajo los viejos árboles; 
y nos echamos, una y otra vez,
entre las flores, frente al cielo.

Una y otra vez...

Fot. Édouard BoubatParis 1952

jueves, 23 de noviembre de 2017

He perdido algo


He perdido algo que era esencial para mí, y que ya no lo es. No me es necesario, como si hubiese perdido una tercera pierna que hasta entonces me impedía caminar, pero que hacía de mí un trípode estable. He perdido esa tercera pierna. Y he vuelto a ser una persona que nunca fui. He vuelto a tener lo que nunca tuve: solo dos piernas. Sé que únicamente con dos piernas es como puedo caminar. Pero la ausencia inútil de la tercera me hace falta y me asusta; era ella la que hacía de mí algo hallable por mí misma, y sin necesitar siquiera inquietarme por ello.
¿Estoy desorganizada porque he perdido lo que no necesitaba? En esta mi nueva cobardía -la cobardía es lo más nuevo que me acontece, es mi mayor aventura, esa mi nueva cobardía, que es como despertarse por la mañana en casa de un desconocido- no sé si tendré valor para simplemente marchar. Es difícil perderse. Es tan difícil, que probablemente prepararé deprisa un modo de hallarme, incluso aunque hallarme sea nuevamente la mentira en que vivo. Hasta ahora hallarme era tener una idea de la persona en la que insertarme: en esa persona organizada me encarnaba, y en lo mismo sentía el gran esfuerzo de construcción que era vivir. La idea que me hacía persona procedía de mi tercera pierna, de la que me sujetaba al suelo. Pero ¿y ahora? ¿Seré más libre?

Clarice Lispector
La pasión según G.H
Ed. Siruela, 2017
Trad. Alberto Villalba.

Fot. Édouard Boubat
"Lella au Concarneau", 1948

martes, 21 de noviembre de 2017

Fotografía


Si los ojos viesen como ve la fotografía de Boubat, ¿podrían soportarlo? Pienso en ciertas fotografías de niños. De niños que descubren de pronto que los fotografían, divididos entre el temor, la maravilla, la sorpresa inicial del “¿por qué nosotros y no otros?”, “¿por qué nosotros y no otra cosa?” Pienso también en ciertos paisajes de países extranjeros, de cosechas, de niñas de primera comunión, y en una gran cantidad de instantes cuyo sentido es imposible determinar, título -de instantes arrancados al curso de días precisamente iguales a los otros, al curso de vidas, iguales también- de instantes de luz, fulgor de una felicidad inexplicable, imposible de nombrar, tan fugitiva como el viento -de pasajes misteriosos en ciertos lugares, a ciertas horas, en paisajes desiertos o en el momento crucial de crepúsculos, soplo destructivo del amor. La fotografía de Boubat -en particular las de mujeres- opera siempre en un campo que sobrepasa el de su representación. Mientras testimonia de un rostro, de lo más irreemplazable de su identidad, testimonia al mismo tiempo de la fragilidad de esta y de su condición mortal. De lo que no es reemplazable y sin embargo se pierde en una morfología universal. Cuando Boubat capta la singularidad ineluctable de un rostro parecería que fuese siempre en el momento mismo en que menos se lo espera, aquel en que el rostro abandona su identidad para perderse en lo que existe al mismo tiempo que él, cerca o lejos de él, en otro lugar o al lado, o perdido, o muerto. Édouard Boubat me dijo un día que la fotografía tenía un misterio que le era propio. Decía también que la fotografía tenía una verdad que no estaba emparentada con nada, ni con el cine, ni con la escritura, ni con la pintura. Pero que todo esto lo tenían que descubrir los otros, no los fotógrafos. Lo que creo comprender aquí es que toda fotografía, de una manera o de otra, es la de uno. Que no hay fotografía que no testimonie de uno.

Marguerite Duras
Los ojos verdes
Ed. Plaza y Janés, 1993
Trad. Chantal Delmas

Fot. Édouard Boubat
Salamanca, 1956