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domingo, 17 de febrero de 2019

Habitaciones vacías


HABITACIONES VACÍAS

El polvo compone las dunas
de la misma manera
que los segundos el tiempo:
sabiendo que
acabarán
con todo.

Ésa es la traición
de lo insignificante;
la misma que practican
las ausencias
diminutas
capaces de llenar
habitaciones vacías.

Alejandro Salse Batán 
"Estación en curva"
Ed. LeTour1987, 2016

Collage: Gabriel Silva

jueves, 1 de marzo de 2018

Vacío




Es sólo en el vacío, dice Lao-Tse, donde se halla lo que es verdaderamente esencial. Una habitación existe por el espacio vacío comprendido entre las paredes y el techo, no por el techo y las paredes mismas. La utilidad de una jarra de agua consiste en el espacio vacío en que se puede poner el agua, no en la forma o en la materia de la jarra. El vacío es omnipotente, porque puede contenerlo todo. Sólo en el vacío es posible el movimiento. Quién pueda hacer de sí mismo un vacío en el que los demás puedan penetrar libremente, será el dueño de todas las situaciones; el todo puede siempre dominar la parte.

Okakura Kakuzo
El libro del té
Ed. Kairós, 1978
Trad. Ángel Samblancat

Fot. Talia Chetrit

lunes, 15 de mayo de 2017

Vacío



Me queda una sensación que tú no conoces, que no puedes sentir. Me dejas vacía. Enteramente vacía por dentro. Y eso dura un día o dos, al menos. Incluso a veces una semana. Tú estás en cualquier parte y yo me he puesto este pijama para dormir, y siento que no me haces compañía apenas... Te he dicho hace un momento: Voy a salir, y sé que no eran ésas las palabras necesarias. Porque yo no salía de ti, sino tú de mí. Eso sí podrás entenderlo.
No es un dolor. No tiene nombre. Ni siquiera es un sentimiento. Pon la mano aquí, sobre mi vientre: ahí comienza todo. Ese vacío... Me abrazas un poco y el abrazo amortigüa la hinchazón... Porque a veces siento como si algo se hinchara dentro. No sé si hay remedio, he de preguntarle a alguien.
Cambio las sábanas si no quiero que huelan a ti, si no quiero tu compañía. Eso es lógico, ¿verdad? Otras veces no lo hago, para que el tiempo no exista entre un encuentro y otro.
La última vez, bajé corriendo hasta la calle en pijama, detrás de ti. Si alguien me hubiera visto, me habría tomado por loca. Dijiste: "Estás descalza, pisa los zapatos, súbete a ellos". Así me abrazaste en el portal.
Me cuesta creer en tus promesas. Tampoco las promesas llenan del todo este vacío.

Julián Rodríguez
Antecedentes
Edit. Random House Mondadori

Fot. MadameButterflyCollage
Distancias

miércoles, 26 de octubre de 2016

La blancura


La blancura alcanza al hombre o la mujer ordinarios cuando llegan al límite de sus recursos para continuar asumiendo su personaje; están cansados, fuera de los movimientos del vínculo social, pero lo saben, y un día u otro pueden volver a entrar en su antigua piel o acceder a una nueva tras ese momento de desaparición que necesitaban para continuar viviendo. Viven entonces un momento paradójico para recrearse, hacer el vacío, despojarse de lo que se les ha hecho demasiado pesado. Esa experiencia sigue estando bajo control. Pero a veces se convierte en un estado duradero que se impone cuando sueltan amarras y se abandonan al peso de los acontecimientos sin querer ya actuar sobre ellos.

La blancura es un entumecimiento, un dejar estar que nace de la dificultad para transformar las cosas. En este universo del control que se impone en el ambiente de nuestras sociedades neoliberales, es una paradójica voluntad de no poder. Dejar de querer controlar su propia existencia y permitir su propio hundimiento. Es una investigación deliberada de la penuria en el contexto social de la profusión de objetos; una pasión de la ausencia en un universo marcado por una búsqueda desenfrenada de sensaciones y de apariencias; un deseo de desposeerse allá donde el ambiente social está invadido por el poder de las tecnologías y la acumulación de bienes; una voluntad de supresión ante la obligación de individualizarse.

David Le Breton   Desaparecer de sí
Edit. Siruela.
Trad. Hugo Castignani

lunes, 22 de agosto de 2016

Cuando muere lo más puro


Cuando muere lo más puro

Cualquier gozo se invalida

Queda el pecho como un hueco,

Y hay sombras por donde mires.

Configuración de la última orilla
Ed. Anagrama, 2016
Trad. Altair Diez

domingo, 31 de julio de 2016

Ciego


El ciego amor no sabe de distancias
y, sin embargo, el corazón desierto
todo su espacio para mucho olvido
le da lugar para perderse a solas
entre cielos abismos y horizontes.
Cuando me quieres, al mirarme adentro, 
mientras la sangre nuestra se confunde, 
una redonda lejanía profunda 
hace posible nuevas ilusiones. 
Ser tuyo es renacerme porque logras 
borrar, hundir, que se retiren todos 
los espejos, los muros de mi alma.
Blancura del amor. Con cuánto fuego 
se anunció tu presencia. Tengo ahora 
la luz de aquel incendio y un vacío 
donde esperar, donde temer tu vida.

El ciego amor no sabe de distancias

Kentucky, 1964

martes, 3 de mayo de 2016

Agotamiento al atardecer


Agotamiento al atardecer

El corazón vacío regresa a casa después de un atareado día en la oficina. Y qué va a hacer un corazón vacío sino vaciarse de vaciedad. Borrar lo imborrable requiere un esfuerzo mental, el empleo inútil de facultades ya sobrecargadas. Pobre corazón vacío, envejeciendo antes de tiempo, cómo se esfuerza por hacer lo que la mente le dice que haga. Pero el esfuerzo acaba en nada. El corazón vacío no puede hacer lo que la mente le ordena. Se sienta en la oscuridad, sueña despierto y el vacío crece.

Mark Strand Casi invisible
Ed. Visor de Poesía, 2012
Trad. Julio Trujillo

Fot. Sarah Shatz Mark Strand en New York, 2013

jueves, 31 de marzo de 2016

Hipótesis no verificada


A veces me dormía tan pesadamente sobre el diván que al despertar experimentaba un estupor angustiado: como si mi conciencia, al emerger anónimamente de la noche, dudara antes de reencarnarse. O contemplaba con mirada incrédula el decorado familiar: reverso ilusorio y tornasolado del vacío donde me había sumergido. Mi mirada se detenía sorprendida en los objetos que había traído de los cuatro rincones de Europa. Mis viajes, el espacio no conservaba huella de ellos, mi memoria desdeñaba evocarlos; y las muñecas, los vasos, las baratijas estaban allí. Una nada me fascinaba, me obsesionaba. Encontrar un pañuelo de seda roja y un almohadón violeta: ¿cuándo he visto por última vez fucsias, su vestido de obispo y cardenal, su largo sexo frágil? La campanilla luminosa, la simple rosa silvestre, la madreselva desgreñada, los narcisos, abriendo en su blancura grandes ojos atónitos, ¿cuándo? Podían no existir ya en el mundo y no lo sabría. Ni nenúfares en los estanques, ni trigo sarraceno en la campiña. La tierra está a mi alrededor como una vasta hipótesis que ya no verifico.

Simone de BeauvoirLa edad de la discreción
Incluido en La mujer rota
Ed. Edhasa, 2007
Trad: Dolores Sierra y Neus Sánchez

sábado, 20 de febrero de 2016

Vacío


Quizá sea un espacio vacío que voy llenando. Uno mismo llena el vacío. Yo lo lleno con frases. Trato de tener pensamiento y los pensamientos se convierten en frases, si tengo suerte. Sin embargo, el vacío vuelve a aparecer siempre, como es natural. Uno podría precipitarse a él, y eso sería el final, pero sería una lástima para nuestra curiosidad. En el espacio vacío tiene que ocurrir algo.

Thomas Bernhard
En busca de la verdad
Ed. Alianza, 2014
Trad. Miguel Sáenz

Fot. Kazimir Malévich
Cuadrado negro sobre fondo blanco