domingo, 9 de junio de 2019

Aunque estés lejos


Aunque estés lejos, te contemplo.
Aunque estés lejos, te entregas a mí
En un presente que nada puede destruir.
Rodeas mi vida, eres mi paisaje.
Me envuelves una y otra vez con tu risueña grandeza.
El sol despunta sobre tus altas iglesias,
Asciende sobre tus orillas amplias, infinitas,
Ilumina tus bosques cada mañana.
Cuando vuelva a oscurecer,
El cielo de junio iluminará la noche;
Cuando llegue la madrugada, el agudo graznido
De las gaviotas atravesará la niebla que cubre tus olas…
¡Aunque no hubiera reposado en tus orillas,
No habría dejado de conocer tu grandeza,
Porque la marea de mis sueños
Me lleva hasta tus enormes soledades!

Lou Andreas-Salomé
poema incluido en el libro de viajes "Rusia con Rainer"
Versión de Roberto Bravo de la Varga

Fot. de la autora, s/d

sábado, 8 de junio de 2019

Nadie más que tú


Nadie más que tú

Nadie más que tú pese a las estrellas y a las soledades.
Pese a las mutilaciones de árboles al caer la noche.
Nadie más que tú seguirá su camino que es el mío.
Cuanto más te alejas más crece tu sombra.
Nadie más que tú saludará nunca el mar al alba
cuando cansado de errar yo salido de los bosques tenebrosos
y de los matorrales de ortigas camine hacia la espuma.
Nadie más que tú me pondrá la mano en la frente ni en los ojos.
Nadie más que tú y niego la mentira y la infidelidad.
Puedes cortar la cuerda de esta embarcación anclada.
El águila prisionera en una jaula 
roe lentamente los barrotes de cobre cubiertos de verdín.
¡Qué evasión!
Es el domingo señalado por el canto de los ruiseñores 
en los bosques de un suave verdor
el hastío de las niñas en presencia de una jaula 
en que se agita un canario 
mientras en la calle solitaria 
el sol desplaza lentamente su línea delgada 
sobre la acera caliente.
Cruzaremos otras líneas.
Nadie nadie más que tú.
Y yo solo solo solo como la hiedra marchita 
de los jardines suburbanos 
solo como el vidrio.
Y tú nadie más que tú.

Robert Desnos

Fot. del autor en un café de París, 1920

viernes, 7 de junio de 2019

El poema de tiza

 

EL POEMA DE TIZA

Esta mañana, de camino al bajo Broadway,
me crucé con un hombre alto
hablándole al trozo de tiza
que sostenía en la mano derecha. La izquierda
estaba abierta y marcaba el compás,
pues su discurso tenía ritmo;
era un canto o una danza o, quizás,
un poema en francés, pues
era de Senegal y hablaba francés
tan lento y con tanta precisión que yo
podía entenderlo como si me hubiesen arrojado
cincuenta años atrás, hacia
mi clase de instituto. Un hombre esbelto,
elegante en las formas, pulcramente vestido
con los restos de dos trajes azules,
con la corbata firmemente anudada y su camisa blanca
sin planchar, aunque impoluta. Conocía
la historia entera de la tiza, no solo
de aquel trozo en particular, sino
de la tiza con la que yo escribí
mi nombre el día en el que regresé
a la escuela tras la muerte
de mi padre. Conocía el feldespato,
el calcio, las conchas de las ostras; sabía
qué criaturas habían dado su espinazo
hasta formar el polvo temporal
prensado en aquellos conos perfectos,
conocía la tristeza de las aulas
en diciembre, cuando la luz decae
temprano y las palabras de la pizarra
abandonan su gramática y sentido
y, más tarde, incluso sus contornos, de tal modo que
cada letra se expande en todas direcciones
y, al mismo tiempo, no significa nada en absoluto.
Al principio pensé que su barba corta
estaba escarchada de tiza; conforme
nos aproximábamos, a menos de un pie
de distancia, vi que sus pelos eran blancos,
así que a pesar de la juventud que había en sus gestos
era, al igual que yo, un hombre entrado en años, aunque
de apariencia mucho más noble, con sus pómulos altos
y tallados, sus hombros anchos
y sus claros ojos negros. Tenía el porte
de un rey del bajo Broadway, alguien
salido de la mente de Shakespeare o
de García Lorca, alguien por quien la pérdida
se había dulcificado en caridad. Nos enfrentamos
durante aquel largo minuto, ambos
compartiendo el último poema de tiza
mientras la gran ciudad se enfurecía a nuestro
alrededor, y luego el poema se acabó, tal y como lo hacen
todos los poemas, y su mano izquierda se desplomó
hacia un lado bruscamente y me tendió
el trozo de tiza. Yo me incliné ante él,
sabiendo cuánta era la importancia de aquel gesto,
y le escribí mis agradecimientos en el aire,
donde podrán ser escuchados para siempre
bajo el grito endurecido de las conchas del mar.

Philip Levine
De The Simple Truth, 1995.
Versión de J.F.R.

Fot: Annie Girardot en un fotograma de "Mourir d'aimer" de Andre Cayatte 

En continuo cambio


 En continuo cambio

En continuo cambio
En continuo cambio

Querido Heráclito dos puntos Nada es igual a Nada
pero es el punto exacto de las Variaciones

"Der schlittenfahrt, los vehículos físicos de Joseph Beuys"
Natalia Ruiz de Viñaspre


Fot:Ralph Eugene Meatyard

domingo, 2 de junio de 2019

Tesoro

TESORO

La palabra más hermosa del mundo
es Concertgebouw
Hace cuatro años en Ámsterdam
mientras me paseaba en el tranvía de la tarde
vi un edificio enorme frente a mí
Te pregunté: ¿Qué es esto?
Concertgebouw —Respondiste.
Concertgebouw
En ese entonces
no sabía qué era eso
pero tu voz que lo susurró
fue tan linda
que a partir de ese momento esa palabra se volvió mi tesoro
No había escuchado a alguien
decirla antes
ni después
y fue la única vez
que susurraste
esa palabra que escuché sólo una vez
Yo fui la única que oyó
en aquel momento
esa blanda
voz
tuya
Escrito aquí de esta manera
Mi tesoro de pronto pierde su brillo
se convierte en algo menos que el cadáver de una cigarra
Para desechar una cosa importante
confesé mi secreto
Para olvidarme de esa palabra
y también de ti
Adiós
mi Concertgebouw
Jamás volveré a enamorarme de ti
Las cosas importantes
hay que tirarlas una y mil veces
Hasta el rocío dulce de la separación
pierde sabor al ser escrito aquí
Ni siquiera siento una herida
¡Qué pena!

Toskiko Hirata
Traducción de Kazunori Hamada

Fot: Harry Callahan
Retrato de Eleonor

miércoles, 29 de mayo de 2019

Sombras


En realidad, la belleza de una habitación japonesa, producida únicamente por un juego sobre el grado de opacidad de la sombra, no necesita ningún accesorio. Al occidental que lo ve le sorprende esa desnudez y cree estar tan solo ante unos muros grises y desprovistos de cualquier ornato, interpretación totalmente legítima desde su punto de vista, pero que demuestra que no ha captado en absoluto el enigma de la sombra.
Pero nosotros, no contentos con ello, proyectamos un amplio alero en el exterior de esas estancias donde los rayos de sol entran ya con mucha dificultad, construimos una galería cubierta para alejar aún más la luz solar. Y, por último, en el interior de la habitación, los shõji no dejan entrar más que un reflejo tamizado de la luz que proyecta el jardín.
Ahora bien, precisamente esa luz indirecta y difusa es el elemento esencial de la belleza de nuestras residencias. Y para que esa luz gastada, atenuada, precaria, impregne totalmente las paredes de la vivienda, pintamos a propósito con colores neutros esas paredes enlucidas.
[...] A nosotros nos gusta esa claridad tenue, hecha de luz exterior y de apariencia incierta, atrapada en la superficie de las paredes de color crepuscular y que conserva apenas un último resto de vida. Para nosotros, esa claridad sobre una pared, o más bien esa penumbra, vale por todos los adornos del mundo y su visión no nos cansa jamás.

Junichirõ Tanizaki
El elogio de la sombra
Traducción del francés de Julia Escobar
Ed: Siruela

Fot: s/d

domingo, 26 de mayo de 2019

Conversación con Simone Weil

 

CONVERSACIÓN CON SIMONE WEIL

—los niños, el océano, la vida silvestre, Bach.
—el hombre es un extraño animal.

En la mayor parte del mundo
la mitad de los niños se van a la cama
hambrientos.

¿Renuncia el ángel a sus plumas, al iris,
a la gravedad y la gracia?

¿Se acabo para nosotros la esperanza de
ser mejores ahora?

La vida es de otros.
Ilusiones y yerros
La palabra fatigada.
Ya ni te atreves a comerte un durazno.

Para algo cerré la puerta,
di la espalda
y entré la rabia y el sueño olvide
muchas cosas.

La mitad de los niños se van a la cama
hambrientos.

—los niños, el océano, la vida silvestre Bach.
—el hombre es un extraño animal.

Los sabios en quien depositamos nuestra
confianza
nos traicionan.

—los niños se van a la cama hambrientos
—los viejos se van a la muerte hambrientos.

El verbo no alimenta. Las cifras no sacian.

Me acuerdo ¿Me acuerdo?
Me acuerdo mal, reconozco a tientas. Me equivoco.
Viene una niña de lejos. Doy la espalda.
Me olvido de la razón y el tiempo.

Y todo debe ser mentira
porque no estoy en el sitio de mi alma.
No me quejo de la buena manera.
La poesía me harta.
Cierro la puerta
Orino tristemente sobre el mezquino fuego
de la gracia.

—los niños se van a la cama hambrientos.
—los viejos se van a la muerte hambrientos.

El verbo no alimenta.
Las cifras no sacian.

—el hombre es un extraño animal.

Blanca Varela
Valses y otras falsas confesiones

Fot: s/d

sábado, 25 de mayo de 2019

Demasiadas preguntas


Demasiadas preguntas

Algún día no menos improbable que otros, cuando la petulancia ceda su turno a la apatía, podré saber quién soy. Pero tal vez entonces no quiera saberlo. Para qué voy a querer saberlo sí quizás ese día no haya conmigo nadie que se parezca a mí. ¿En qué espejo que el tiempo habrá estragado se mirará mi semejante? Sólo se reconoce quien se olvidó de pronto de sí mismo. Aún convive el recuerdo enemistado con la historia.

José Manuel Caballero Bonald.
De "Laberinto de Fortuna"

Fot: Lorna Simpson
Recall from Exit 8, 1998

viernes, 24 de mayo de 2019

Durante nuestros besos



Durante nuestros besos, cada vez más largos, se iba acumulando en la enorme caverna de nuestras bocas unidas, un líquido templado dulce como la miel que a veces fluía por la comisura de nuestros labios hasta la punta de la barbilla, ante nuestros ojos se aparecía un país celestial y onírico que sólo podía imaginarse con un optimismo infantil y contemplábamos como si fuera el Paraíso aquella tierra multicolor que parecíamos ver a través de un caleidoscopio en el interior de nuestra mente. En ocasiones, uno de nosotros, como un pájaro dado al placer de coger cuidadosamente un higo con el pico, chupaba ligeramente el labio inferior o superior del otro metiéndoselo en su propia boca, apretaba entre sus dientes aquel fragmento de labio aprisionado obligando al otro a decir “¡Estoy a tu merced!” y el otro, después de sentir complacido y paciente las aventuras de su labio, de vivir marginalmente el gusto escalofriante de quedar a merced del amado y de empezar a intuir por primera vez en su vida lo atractivo que sería rendir valerosamente no sólo su labio sino su todo su cuerpo a la compasión de su amante y que esa zona entre el cariño y la compasión es el lugar más oscuro y más profundo del amor, le hacía lo mismo al otro, y justo en ese instante las lenguas moviéndose impacientes en el interior de nuestras bocas, encontrándose veloces entre los dientes, nos recordaban ese lado del amor que no tiene que ver con la violencia sino con la dulzura, los abrazos, y el tacto.

Orhan Pamuk

El Museo de la Inocencia
Edit. Círculo de lectores
Trad. Rafael Carpintero

Fot: Martin Munkacsi

Elegía

 


Elegía

Yo temía por su sonrisa.
Ella era aquella profundamente meditativa
a la que todo le nacía de los ojos
a la que nada le nacía de los ojos.

Sabía su sino por experiencia
y esto le había dado una melancolía graciosa de
ángel herido.

Ella era aquella que quería que yo le guardase
el secreto
de como todo le nacía de los ojos
de como nada le nacía de los ojos.

Álvaro Cunqueiro

De "Poemas do si e non" 1933
Versión de Vicente Araguas

Fot: s/d


jueves, 23 de mayo de 2019

Escribir

Queridísimo León Ostrov:
Mis poemas los hago con mucha paciencia. Un poeta no tiene apuro, no debe. Un verso, una línea, la escribo palabra a palabra. Cada palabra la anoto en una tarjeta distinta, por ejemplo “La viajera marca su intensidad con desobediencia.” Tengo, pues, siete tarjetas, bastantes grandes. Las ubico en mi cama y comienza el trabajo. Voy moviendo las tarjetas como peones de un damero de ajedrez. “La desobediencia de la viajera es su intensidad.” Con los pies voy tapando las palabras, puede aparecer: “Marca la intensidad, desobedece la viajera” o todavía “Viajera sin maletas; con intensidad guarda su desobediencia” y acaso lo prefiero, resulta: “La intensidad apura a la viajera, será desobediente” y así y así estoy horas y horas y es importante cada espacio, cada viaje de la viajera desobediente. Fumo mucho, desobedezco. Ahora las tarjetas se han ensuciado de tanto taparlas y descubrirlas. Cada vez. Mi cuerpo se revuelve, hago el amor con la poesía, músculo a músculo, tarjeta a tarjeta.

Alejandra Pizarnik

Fot: Nicolas Guérin

En el centro del fuego


TRES

VII

La luz del sol se extinguió
nuestras bocas temores corazones pulmones brazos esperanzas
                                            pies manos
bajo nosotros el callado Mediterráneo más azul
de lo que habíamos imaginado
algunos gritos surcando
el alto aire
una vela un barco de pesca alguien un espectáculo invisible
quizá ciertos nadies riéndose débilmente
jugando moviéndose lejos debajo de nosotros
quizá una casa de campo prendida como los trozos
de una cometa de los árboles, aquí
y aquí reflejándose
la luz del sol
(por todas partes luz del sol penetrante completa
silenciosa
y por todas partes tú tus besos tu carne espíritu respirando
junto debajo en torno a mí)
                                                       después
un denso color se alzó contra el cielo y el maravilla
                              finalmente tus ojos me
conocieron, nos sonreímos, dejándonos, observando
(tumbados, en
la hierba de un
acantilado) lo que había sido otra
cosa convirtiéndose en nosotros cuidadosa lenta fatalmente
mientras en el mismo centro del fuego todo
el mundo se volvía brillante y un poco evanescente

E.E. Cummings 
Traducción de José Casas

Fot: Eduardo Salvatore

miércoles, 22 de mayo de 2019

Volver al cuerpo


Estoy engañándome, tengo que regresar. No veo locura en el deseo de morder estrellas, pero todavía existe la tierra. Porque la primera verdad está en la tierra y en el cuerpo. Si el brillo de las estrellas duele en mí, si es posible esta comunicación distante, es porque alguna cosa semejante a una estrella se estremece dentro de mí. Estoy de vuelta al cuerpo. Volver a mi cuerpo. Cuando me sorprendo en el fondo del espejo me asusto.

Clarice Lispector
Cerca del corazón salvaje
Ed. Siruela
Trad: Basilio Losada

Fot: s/d

martes, 21 de mayo de 2019

Volar


Cuando era niño 
siempre quise tener alas 
aunque, al final, 
tuviera que conformarme. 
Conformarme con saltar. 
Saltar al vacío. 
Saltar sin temor a precipitarme. 
Precipitarme para aprender. 
Aprender: 
que por un instante, 
aunque sea sólo por un instante, 
la caída 
es lo más parecido a volar. 

Alberto Claver
Precipicio

Fot: s/d

Ascenso


¿Cómo ascender si antes no hemos descendido? Solo por eso, puedo ahora, arriba, en la plenitud celeste, convocar el universo, llamar a los vivos y a los muertos, es decir, apurar mi luminosa copa de sombra.

José Ángel Valente

Fot: s/d

lunes, 20 de mayo de 2019

Poco a poco



Dudaba mucho de poder adaptarse a otro país, a otra ciudad, pero Equis lo consoló diciéndole que los lugares eran como los pianos: había que acostumbrarse a tocarlos suavemente, ensayando unos pocos arpegios al principio, hasta que los lugares hicieran sentir sus mejores notas.

Cristina Peri Rossi
La nave de los locos

Fot: Swallow's Nest Castle 
Black Sea near Yalta in southern Ukraine
Built by a German noble in 1912

domingo, 19 de mayo de 2019

Los profesionales de la angustia


Yo, que no desconozco los grandes temas del siglo, y estoy atento a eso que llaman la coyuntura histórica, y acepto la gran patética de mi tiempo y quiero ayudar, en lo que me sea posible y aún bastante más, al hombre de estos días, tantas veces puesto en el filo de la navaja, no me dejo asustar por los profesionales de la angustia, y busco en la gran peripecia humana, tantas veces mágica aventura, tantas veces sueños espléndidos y mitos trágicos, la razón de continuar.

Álvaro Cunqueiro

Fot. de la actriz Billie Burke s/d

sábado, 18 de mayo de 2019

Siempre absorto


Siempre absorto...

Siempre absorto en mí mismo y en mi mundo,
me muevo entre los hombres como en un sueño.
Ni reparo en quien me empuja con el brazo
y si miro cada cosa atentamente
casi nunca veo lo que miro.
Me irrito contra quien me aparta.
Cualquier voz me importuna.
Amo solo la voz de las cosas.
Me irrita todo lo que es necesario
y habitual, todo aquello que es vida,
como irrita la ramita al caracol
y como él, dentro de mí me escondo.

Porque la vida que a los otros hombres basta
no me bastaría.
Y verdaderamente
si no tuviese otro mundo, mío,
en el cual refugiarme de la vida,
si más allá de la miseria y la tristeza
y las necesidad y la costumbre
no permaneciera yo mismo,
¡oh como deseara no existir!
Pero una extraña impresión me acompaña
siempre a cada paso y me conforta:
como por azar me parece pasar
por este mundo...

Camillo Sbarbaro
Pianissimo y Líquenes,1914
Versión de Xavier de Donato y Ángel Crespo.
Ediciones Igitur

Fot: Melvin Solosky

viernes, 17 de mayo de 2019

Piel


Los versos son polvo sellado
de un tormento mío de amor,
pero afuera el aire es preciso,
cambiante y dulce y el sol
te habla de caras promesas,
así, cuando escribo
inclino la cabeza hacia el polvo
y anhelo el viento, el sol,
y mi piel de mujer
contra la piel de un hombre.

Alda Merini
Ed. Pre-Textos
Trad. Jeannette Lozano Clariond

Fot: Cristina García Rodero

jueves, 16 de mayo de 2019

Esperar


El autobús se retrasa. Los coches pasan de largo. La gente rica que va en coche nunca mira a la gente de la calle, para nada. Los pobres siempre lo hacen… De hecho, a veces parece que simplemente vayan en coche dando vueltas, mirando a la gente de la calle. Yo lo he hecho. La gente pobre está acostumbrada a esperar. La Seguridad Social, la cola del paro, lavanderías, cabinas telefónicas, salas de urgencias, cárceles, etcétera.
Lucia Berlin⠀
Manual para mujeres de la limpieza
Ed. Alfaguara, 2016
Trad: Eugenia Vázquez Nacarino⠀

Fot. de la autora s/d