sábado, 15 de abril de 2017

Un caldero cascado



…como si la plenitud del alma no se desbordara a veces por las metáforas más vacías, puesto que nadie puede jamás dar la exacta medida de sus necesidades, ni de sus conceptos, ni de sus dolores, y la palabra humana es como un caldero cascado en el que tocamos melodías para hacer bailar a los osos, cuando quisiéramos conmover a las estrellas.

Gustave Flaubert
Madame Bovary

Fot. de Elsie Ferguson, anónima

viernes, 14 de abril de 2017

Poema en blanco


Con la puerta cerrada y la seguridad de estar solo, sacaba un viejo cuaderno, cosido con una seda robada del costurero de su madre, y rotulado con letra redonda de colegial: "La Encina, Poema." Escribía en él hasta mucho después de la medianoche. Pero como por cada verso que agregaba borraba otro, el total, a fin de año, solía ser menos que al principio, y era como si, a fuerza de escribirlo, el poema se fuera convirtiendo en un poema en blanco.


Collage: John Stezaker
Fall X, 2009

Silencio



Se dice que cada persona es una isla, y no es cierto, cada persona es un silencio, eso, un silencio, cada una con su silencio, cada una con el silencio que es.

José Saramago
La Caverna

jueves, 13 de abril de 2017

También yo


también yo
tenso mi voz
hacia tu luz
estoy en mi lugar
cada vez
más lejos
vuelvo
sin palabras
conmigo contigo
para ser
nuestro lenguaje


Versión de Hugo Savino
Puesto que soy esa zarza
Ed. Leviatán, 2008

miércoles, 12 de abril de 2017

Me iré y no sabré volver


Simplemente no soy de este mundo... yo habito con frenesí la luna. No tengo miedo de morir; tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva... no puedo pensar en cosas concretas; no me interesan. Yo no sé hablar como todos. Mis palabras son extrañas y vienen de lejos, de donde no es, de los encuentros con nadie... ¿qué haré cuando me sumerja en mis fantásticos sueños y no pueda ascender? Porque alguna vez va a tener que suceder. Me iré y no sabré volver. Es más, no sabré siquiera que hay un “saber volver”. No lo querré acaso.

Alejandra Pizarnik

Salgo a buscarte y llego tarde


Julio

Desde que me quitaste
tu cuerpo,
sin saber qué quitabas,
hay más tiempo
en el cielo
y una mancha de sangre
en el cabo
de mi hacha.

Hacho pisando hojas,
me desnudan y bañan
en un patio de estancia.

La vida es una larga
pileta con violetas,
una pileta en forma
de cruz
que se cubría
y que cubría el campo
de violetas.

Ya no grito tu nombre
cuando sueño
que he perdido las botas
o que muero.
Ahora las busco solo
por el suelo
como cuando buscaba
gateando mis soldados.

Y cuando sueño que te vas
no grito
pero salgo a buscarte
y llego tarde
y me enferma tu tiempo.
En el sueño es verano; 
la mañana es de invierno.

“Febrero 72, febrero 73”
Juarez Editor, 1973

Fotograma de Geheimnisse einer Seele / Secrets of a Soul

martes, 11 de abril de 2017

Belleza


Ya que no podemos extraer belleza de la vida, busquemos al menos extraer belleza de no poder extraer belleza de la vida. Hagamos de nuestro fracaso una victoria, algo positivo y erguido, con columnas, majestad y aquiescencia espiritual.
Si la vida no nos ha dado más que una celda de reclusión, hagamos por ornamentarla, aunque más no sea, con las sombras de nuestros sueños, diseños y colores, esculpiendo nuestro olvido bajo la quieta exterioridad de los muros.
Como todo soñador , siempre he sentido que mi oficio era crear. Como nunca he sabido hacer un esfuerzo o activar una intención, crear me ha coincidido siempre con soñar, querer o desear; y hacer gestos , con soñar los gestos que desearía poder hacer.

Fernando Pessoa, Estética del desaliento
El libro del desasosiego de Bernardo Soares,
Ed. Seix Barral, 2010
Edición y traducción de Ángel Crespo

Raíces



Vuelto a sus raíces, el lenguaje de los amantes regresaba a la palabra desnuda, al balbuceo de una palabra anterior a toda poesía.

Alejo Carpentier
El siglo de las luces

lunes, 10 de abril de 2017

Dos gotas


DOS GOTAS

Los bosques ardían–
mas ellos
en sus cuellos enredaban los brazos
como ramos de rosas

la gente corría a los refugios–
él decía que su esposa tenía cabellos
en los que uno podía esconderse

cubiertos con una sola manta
musitaban impúdicas palabras
la letanía de los amantes

Si la cosa se ponía fea
saltaban en los ojos del otro
y los cerraban con fuerza

con tanta fuerza que no sintieron el fuego
que alcanzaba sus pestañas

hasta el final fueron audaces
hasta el final fueron fieles
hasta el final fueron parecidos
como dos gotas
detenidas al borde de la cara

Poesía completa
Lumen

La herida en la lengua


En una de las que serían sus últimas noches de libertad, Friedrich Nietzsche sale de su alojamiento en el número 20 de la calle Milano. Es enero en Turín, y hace frío. Aprieta el nudo de la bufanda en torno al cuello de su abrigo. Va a cruzar la calle cuando, ante él, un caballo se desploma. El cochero, impaciente, lacera a latigazos el lomo del animal, que no puede tirar de la carga. El filósofo corre hacia él, se abraza a su cuello y, llorando, le pide perdón en nombre de la humanidad.

La historia considera este episodio como uno de los síntomas de su locura.

Chantal Maillard    La herida en la lengua
Ed. Tusquets.

Fot. Marlo Broekmans
Train of thought, 1980

domingo, 9 de abril de 2017

Es difícil ayudar


Es difícil ayudar. Saber lo que buscas, lo que te entristece en tus tristezas. Es algo que ha desaparecido pero que existe, está en ti. Lo que buscas es un tiempo mejor, un mundo más hermoso. 
Quizás es ese mundo únicamente lo que abrazas cuando abrazas a tus amigos. Tú, junto con ellos, eres ese mundo.

Basilio Martín Patino
Los paraísos perdidos, 1985

Consejos vendo, para mí no tengo

Imita lo menos posible a los hombres en su enigmática enfermedad de hacer nudos.

sábado, 8 de abril de 2017

Hemos


Mira a todos a tu alrededor y ve lo que hemos hecho de nosotros y de eso considerado como victoria nuestra de cada día. No hemos amado por encima de todas las cosas. No hemos aceptado lo que no se entiende porque no queremos pasar por tontos. Hemos amontonado cosas y seguridades por no tenernos el uno al otro. No tenemos ninguna alegría que no haya sido catalogada. Hemos construido catedrales y nos hemos quedado del lado de afuera, pues las catedrales que nosotros mismos construimos tememos que sean trampas. No nos hemos entregado a nosotros mismos, pues eso sería el comienzo de una vida larga y la tememos. Hemos evitado caer de rodillas delante del primero de nosotros que por amor diga: tienes miedo. Hemos organizado asociaciones y clubs sonrientes donde se sirve con o sin soda. Hemos tratado de salvarnos, pero sin usar la palabra salvación para no avergonzarnos de ser inocentes. No hemos usado la palabra amor para no tener que reconocer su contextura de odio, de amor, de celos y de tantos otros opuestos. Hemos mantenido en secreto nuestra muerte para hacer posible nuestra vida. Muchos de nosotros hacen arte por no saber cómo es la otra cosa. Hemos disfrazado con falso amor nuestra indiferencia, sabiendo que nuestra indiferencia es angustia disfrazada. Hemos disfrazado con el pequeño miedo el gran miedo mayor y por eso nunca hablamos de lo que realmente importa. Hablar de lo que realmente importa es considerado una indiscreción. No hemos adorado por tener la sensata mezquindad de acordarnos a tiempo de los falsos dioses. No hemos sido puros e ingenuos para no reírnos de nosotros mismos y para que al fin del día podamos decir «al menos no fui tonto» y así no quedarnos perplejos antes de apagar la luz. Hemos sonreído en público de lo que no sonreiríamos cuando nos quedásemos solos. Hemos llamado debilidad a nuestro candor. Nos hemos temido uno al otro, por encima de todo. Y todo eso lo consideramos victoria nuestra de cada día.

Clarice Lispector
Aprendizaje o El libro de los placeres
Ed. Siruela 2012
Trad. Cristina Sáenz de Tejada

Sintaxis


Lo que llamamos estilo sucede más allá de la gramática. No es lo mismo decir: "ahí está la ventana" que "la ventana está ahí". En un caso se privilegia el espacio; en el otro, el objeto. Toda sintaxis es una concepción del mundo.

Abelardo Castillo

viernes, 7 de abril de 2017

Mi sangre es un camino



Me empuja a martillazos y a mordiscos, 
me tira con bramidos y cordeles 
del corazón, del pie, de los orígenes, 
me clava en la garganta garfios dulces, 
erizo entre mis dedos y mis ojos, 
enloquece mis uñas y mis párpados, 
rodea mis palabras y mi alcoba 
de hornos y herrerías, 
la dirección altera de mi lengua, 
y sembrando de cera su camino 
hace que caiga torpe y derretida.

Mujer, mira una sangre,
mira una blusa de azafrán en celo,
mira un capote líquido ciñéndose en mis huesos 
como descomunales serpientes que me oprimen 
acarreando angustia por mis venas.

Mira una fuente alzada de amorosos collares
y cencerros de voz atribulada
temblando de impaciencia por ocupar tu cuello, 
un dictamen feroz, una sentencia, 
una exigencia, una dolencia, un río 
que por manifestarse se da contra las piedras, 
y penden para siempre de mis 
relicarios de carne desgarrada.

Mírala con sus chivos y sus toros suicidas 
corneando cabestros y montañas, 
rompiéndose los cuernos a topazos, 
mordiéndose de rabia las orejas, 
buscándose la muerte de la frente a la cola.

Manejando mi sangre, enarbolando 
revoluciones de carbón y yodo, 
agrupando hasta hacerse corazón, 
herramientas de muerte, rayos, hachas, 
y barrancos de espuma sin apoyo,
ando pidiendo un cuerpo que manchar.

Hazte cargo, hazte cargo
de una ganadería de alacranes 
tan rencorosamente enamorados,
de un castigo infinito que me parió y me agobia 
como un jornal cobrado en triste plomo.

La puerta de mi sangre está en la esquina 
del hacha y de la piedra, 
pero en ti está la entrada irremediable.

Necesito extender este imperioso reino,
prolongar a mis padres hasta la eternidad,
y tiendo hacia ti un puente de arqueados corazones 
que ya se corrompieron y que aún laten.

No me pongas obstáculos que tengo que salvar, 
no me siembres de cárceles, 
no bastan cerraduras ni cementos,
no, a encadenar mi sangre de alquitrán inflamado 
capaz de despertar calentura en la nieve.

¡Ay qué ganas de amarte contra un árbol, 
ay qué afán de trillarte en una era, 
ay qué dolor de verte por la espalda 
y no verte la espalda contra el mundo!

Mi sangre es un camino ante el crepúsculo 
de apasionado barro y charcos vaporosos 
que tiene que acabar en tus entrañas, 
un depósito mágico de anillos 
que ajustar a tu sangre, 
un sembrado de lunas eclipsadas
que han de aumentar sus calabazas íntimas, 
ahogadas en un vino con canas en los labios, 
al pie de tu cintura al fin sonora.

Guárdame de sus sombras que graznan fatalmente
girando en torno mío a picotazos, 
girasoles de cuervos borrascosos. 
No me consientas ir de sangre en sangre 
como una bala loca,
no me dejes tronar solo y tendido.

Pólvora venenosa propagada,
ornado por los ojos de tristes pirotecnias, 
panal horriblemente acribillado
con un mínimo rayo doliendo en cada poro, 
gremio fosforescente de acechantes tarántulas 
no me consientas ser. Atiende, atiende 
a mi desesperado sonreír, 
donde muerdo la hiel por sus raíces 
por las lluviosas penas recorrido. 
Recibe esta fortuna sedienta de tu boca 
que para ti heredé de tanto padre.

Mi sangre es un camino

Disfraz


...SUB SOLE

No te engañes.
Este desnudo también es un disfraz.

La otra hija
Ed. Suburbia, 2012

jueves, 6 de abril de 2017

Ah de la vida


“¡Ah de la vida!”… ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.

¡Que sin poder saber cómo ni a dónde
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.

Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.

En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.


Collage de Katrien De Blauwer

He aquí el amor


He aquí el amor. 
Repito: 
He aquí el amor. 

Pero mejor hablaremos de esta puerta. 
Una puerta es una puerta 
a la que yo golpeo día y noche, 
a la que yo golpeo día y noche, 
a la que yo golpeo día y noche. 
Y aunque nadie responda, 
y aunque nadie responda, 
y aunque nadie responda, 
el aire es el aire de todos los dias, 
las plantas son verdes como siempre, 
y el mismo cielo esférico me envuelve 
lunes, martes, miércoles,jueves, viernes, sábado y domingo. 
¿Pero, qué puedo yo decir del amor? 
¿Qué puedo yo decir del amor? 
¿Qué puedo yo decir del amor? 
En cambio, esta puerta es indudable; 
por ella entro y salgo día y noche 
hacia los verdes campos que me esperan, 
hacia el mismo cielo esférico y perenne. 

¿Pero qué puedo yo decir del amor? 
¿Qué puedo yo decir del amor? 
¿qué puedo yo decir del amor? 
Mejor sigo hablando de esta puerta. 

miércoles, 5 de abril de 2017

Nadie dijo



Una vez vi un cepo con media pata entre los dientes

El rastro herido se adentraba decidido en la hojarasca

El rojo sobre el amarillo brillaba como un amanecer

Alguien lo había conseguido. Alguien era libre

Nadie dijo que fuera fácil. Nadie dijo que no doliera.


Poema de amor #39

Floating

martes, 4 de abril de 2017

Caracola


Delante del espejo en el dormitorio de mis padres había una caracola rosa. Solía acercarme a ella de puntillas y con un repentino movimiento ponérmela en la oreja. Quería pillarla en ese momento, cuando no siente añoranza con su monótono susurro. Aunque era pequeño, sabía que incluso cuando se ama mucho a alguien, a veces sobreviene el olvido.

Zbigniew Herbert   Caracola