viernes, 21 de julio de 2017

La celda


III
La Celda con la figura arco de la histeria trata sobre el dolor emocional y psicológico. Aquí, el arco de la historia, placer y dolor se funden en un estado de felicidad. El arco de ella -la escalada de la tensión y su liberación- es sexual. Es un sustituto del orgasmo sin acceso al sexo. Ella crea su propio mundo y es muy feliz. En ningún lugar está escrito que una persona en tal estado sufra. Ella funciona en una celda fabricada por sí misma dónde las reglas de la felicidad y la tensión nos son desconocidas al resto.
La tabla de planchar representa el alisamiento de las arrugas, la disminución de la tensión camino del sueño. Está el gran sueño, que es la muerte, y el pequeño sueño que sigue al orgasmo.

Louise Bourgeois
Sobre las Celdas

Fot. Celda (Arco de histeria), 1992-93
Louise Bourgeois

miércoles, 19 de julio de 2017

Afán para no separarme de ti


Afán para no separarme de ti,
por tu belleza, lucha por no quedar en dónde quieres tú,
aquí en los alfabetos, en las auroras, en los labios.
Ansia de irse dejando atrás anécdotas, vestidos, caricias,
de llegar atravesando todo lo que en ti cambia,
a lo desnudo y a lo perdurable.
Y mientras siguen dando vueltas y vueltas, entregándose,
engañándose, tus rostros, tus caprichos y tus besos,
tus delicias volubles, tus contactos rápidos con el mundo,
haber llegado yo al centro puro, inmóvil, de ti misma,
y verte cómo cambias, y lo llamas vivir,
en todo, en todo si, menos en mí, dónde te sobrevives.

Afán para no separarme de ti


La mujer transparente


La mujer transparente

Tu voz era una bebida que yo sorbía silencioso
ante las miradas asombradas
un pájaro de luz
salió de tu cuerpo transparente
pájaro de luz
instante que revolotea
a una velocidad vertiginosa
atravesando calles y calles
persiguen tu cuerpo que huye
¿cuándo podrás alejar a la jauría enloquecida?
desamparada
te has destrozado al caer
los restos de tu cuerpo se arrastran por todos los rincones
del mundo
ah un día renacerás tú
la transparente
única, inconfundible
levemente inclinada , nunca caída
rodeada de impenetrable silencio
avanzando tu pie frágil entre la vacilante monotonía
ah un día renacerá tu risa
tu risa de pájaro transparente
tu risa herida.


Foto: Jo Ann Callis,1970's

Final


Toda experiencia tiene un final.
La mayoría de las veces
antes de que empiece.

Jmms

Fot. Fudzisan on Tagonoura, Japan, 1881

Leyendo


El museo de la inocencia


(...) Dejó a un lado la pintura que había levantado para mostrárnosla. Miré los juegos de pintura, los pinceles, los botes y los trapos con manchas multicolores que tan atractivos me parecían. Todo estaba muy ordenado, como en los cuadros de los pájaros. Más allá estaban las telas y los dedales de la tía Nesibe. Me eché al bolsillo un dedal de colores de porcelana y una barrita naranja de pastel con la que Füsun había jugueteado nerviosa poco antes. Aquellos meses oscuros de 1979, los peores que vivimos, se corresponden con la época que más objetos hurte de casa de los Keskin. Entonces, dichos objetos, más que simples signos del momento vivido, más que algo que me recordaba aquel bello instante, eran también para mí una parte del momento en sí. Por ejemplo, las cajas de cerillas que expongo en el Museo de la Inocencia... Cada una de estas cajas de cerillas fue tocada por la mano de Füsun, se han impregnado del olor de su mano y de su casi imperceptible aroma a agua de rosas. Cada una de las cajas de cerillas, como todas las demás cosas que expongo en mi museo, cuando luego las cogía entre mis manos en el piso del edificio Compasión me servía para volver a vivir el placer de haber estado sentado a la misma mesa que Füsun y de haberla mirado a los ojos, por supuesto. Pero la felicidad que sentía en mi corazón cuando cogía las cerillas de la mesa y me las echaba al bolsillo como quien no quiere la cosa tenía otro aspecto: era la felicidad de arrancar un pedazo, por pequeño que fuera, de alguien a quien amaba obsesivamente pero a quien no podía "poseer".

Orhan Pamuk
El museo de la Inocencia
Ed. Random House
Trad. Rafael Carpintero

Leyendo


martes, 18 de julio de 2017

lunes, 17 de julio de 2017

Yuxtaposición


Algunos dirán que la falaz belleza creada por la penumbra no es la belleza auténtica. No obstante, como decía anteriormente, nosotros los orientales creamos belleza haciendo nacer sombras en lugares que en sí mismos son insignificantes. Hay una vieja canción que dice:

Ramajes
reunidlos y anudadlos
una choza
desatadlos
la llanura de nuevo
   
Nuestro pensamiento, en definitiva, procede análogamente: creo que lo bello no es una sustancia en sí sino tan solo un dibujo de sombras, un juego de claroscuros producido por la yuxtaposición de diferentes sustancias. Así como una piedra fosforescente, colocada en la oscuridad, emite una irradiación y expuesta a plena luz pierde toda su fascinación de joya preciosa, de igual manera que la belleza pierde su existencia si se le suprimen los efectos de la sombra.


Ed. Siruela, 2016
Traducción: Julia Escobar

Fot. František Drtikol

El silencio


En la septingentésima trigésimo octava de “Las Mil y una noches”, la prohibición es más impresionante todavía: el silencio no puede ser requerido por la palabra. Sólo el silencio puede requerirse a sí mismo: de modo silencioso. Gulnara, hija del rey del mar, permanecía sola en su habitación, apoyada en una de las ventanas que daba al mar.
Ella calla.
El rey se acerca: ella lo reconoció pero “sin manifestar la menor sorpresa, sin ni siquiera levantarse por educación y para recibirlo, como si se tratara de la persona más indiferente del mundo, se giró hacia la ventana como antes”.
Se aman apasionadamente. Gozan el uno del otro. El rey no comprende. “¿Por qué mantenéis este gran silencio que me hiela? ¿De dónde viene esta seriedad, o más bien esta tristeza que me aflige? ¿Añoráis vuestro país, a vuestros amigos? ¡Pero qué! Un rey de Persia que os ama, que os adora, ¿no es capaz de consolaros y de ocupar el lugar de toda cosa en el mundo?”.
Pero es por ello que Gulnara continua callando. ¿Qué necesidad hay de lenguaje entre ella y él? Por más protestas que el rey le haga, por más que le diga para obligarla a abrir la boca y a hablar, ella mantiene los grandes ojos abiertos y lo mira profundamente; no profiere una palabra.
El lenguaje es para la familia, o para la sociedad, o para la ciudad. El sexo y la muerte -que son los otros dones que la vida nos concede- deben preservarse del contacto con el lenguaje. La pasión y el goce reposan sobre la exclusividad y el respeto del silencio. El rey poco a poco comprende; entra en este silencio.

Pascal Quignard
Pequeños tratados II
Edit. Sexto Piso/Kurimanzutto
Trad. Miguel Morey

Gif. Anna Karina

domingo, 16 de julio de 2017

Leyendo


Lecturas escogidas

Todo se olvida


Todo se olvida.
El rumor es un puente.
El color es un puente.
La mirada de un ciervo que olfatea un tesoro,
es un puente,
y vuela con el ave que se aleja del invierno natal.
Vuelan todos los puentes.
Las comunicaciones estallan en fuego y transparencia.
Solo nos queda el puente del olor del infinito.,
la pasarela para el tigre de los sueños.


Libro de las horas


LIBRO DE LAS HORAS
1
No hay orden alguno en mis pensamientos.
Acabada la catedral, compongo la sinfonía.
Luego estudio y torturo. envío los regimientos y proyecto el puente.
También escribo en chino, y deseco la ciénaga.
Más tarde bailo el tango, reúno la flota,
pinto la manzana de las mil maneras,
pero por más que me acueste contigo
el tiempo permanece invisible.
Está y no está.
4
En esta hora me voy conociendo.
Cada vez menos:
¡tenía mil vidas
y elegí una sola!
Lentamente bajo flotando sobre los espejos
en los que me fundiré.
Solo cuando alcanzo la esfera
exploto suavemente:
dos que son uno solo 
se vuelven ninguno.
Así que ni siquiera he escrito estas palabras.
¿Cómo es posible entonces que tú puedas leerlas?
Cuanto más se agranda el ojo
tanto menos hay
que ver.

Tenía mil vidas y elegí una sola
Ed. Siruela

Xanti Schawinsky on a Bauhaus balcony

Ostinato


El gris plata de la mañana, la arquitectura de los árboles perdidos en el enjambre de sus hojas.
El recorrido del sol, su apogeo, su declinación triunfal.
La furia de las tempestades, la lluvia cálida que salta de piedra en piedra y perfuma las praderas.
La risa de los niños que se revuelcan sobre los almiares o que jugaban al caer la tarde alrededor de una vela sosteniendo durante mucho tiempo la palma de la mano sobre la llama.[…]

Louis-René des Forêts
Ostinato
Libros del último hombre, 27
Trad. Hugo Savino

El pájaro que se pierde


El pájaro que se pierde

Aquel está en el día en que aparece, en el día más blanco. Pájaro.

Aletea, se vuela. Aletea, se pierde.

Aletea, reaparece.

Se posa. Y después no está más. Con un batir de alas se ha perdido en el espacio blanco.

Así es mi pájaro familiar, el pájaro que acude a poblar el cielo de mi pequeño patio. ¿Poblar? Ya se advierte cómo…

Pero me quedo en el lugar, contemplándolo, fascinado por su aparición, fascinado por su desaparición.

La vida en los pliegues (1949)
en Antología poética 1927-1986 
Trad. Silvio Mattoni,
Adriana Hidalgo Editora, Buenos Aires,

Diario


Escribe tu diario en la noche
entonces verás más claro
lo que sobrevivió, lo que quedó
lo que te importaba del día
lo que en la vida fue más vivo.
En el espejo del salón apagado
se abre el ojo interior.
Es la suma de las miradas.
Escribe tu diario en la noche
cuando todos se hayan acostado.
Habla cuando todo se silencie,
es cuando eres necesario.
Interpreta el fuego apagado.
Lee el libro cerrado.
Ama el amor extraviado.

Diario

Entrar hacia afuera


Salir hasta la casa, entrar
hacia afuera, a la luz, hasta las aguas
en la espesura adentro en las arenas
de adentro de esta casa en que morir.

De "Fuego Blanco"

De la série Continuités 1982-1985

Falta de amor


La primera nota que me escribiste, la que deslizaste con disimulo dentro del bolsillo de mi abrigo, fue la que produjo el chispazo. Yámame, rezaban unas letras anónimas, escritas con carmín y prisa debajo de un número de teléfono. Te llamé, claro está, no pude resistirme, y al poco ya vivíamos juntos. Desde entonces, lo primero que hago cada mañana al despertar es buscar el mensaje garabateado en un papel que sueles dejarme, apoyado en la cafetera, antes de marcharte a trabajar. Me estremecen tus confusiones sinuosas de bes y uves. Me excitan tus acentos inventados, que se clavan, placenteros, en mis ojos. Me pierden las haches intercaladas a tu antojo, entrometidas, y me encienden las olvidadas, que dejan desnudas las palabras, indefensas. Por eso, cuando no encuentro tus buenos días repletos de errores, revuelvo el piso en busca de cualquier cosa que hayas escrito, en la lista de la compra, en la agenda de teléfonos, en el calendario que cuelga de la cocina o en un papel de tu billetera. Más que lo que me dices, me encanta cómo te equivocas, aunque jamás te lo he confesado. De todos modos, supongo que ya te habrás dado cuenta porque la nota que dejaste esta mañana, mucho más larga que de costumbre, estaba correctamente escrita. Decía que te marchas para siempre y sólo tenía una falta de ortografía. En mi nombre.

Víctor Lorenzo
Falta de amor

Fot. Stanisław Ignacy Witkiewicz

Leyendo


Fot. Eduard Pavlačka, Dvaja, 1967