sábado, 12 de agosto de 2017

Amapola y memoria


Corona

En la mano me come el otoño su hoja: somos amigos.
Pelamos el tiempo de las nueces y les enseñamos a andar:
el tiempo vuelve a la cáscara.

En el espejo es domingo,
en el sueño se duerme,
dice verdad la boca.

Mi ojo desciende hasta el sexo de la amada:
nos miramos,
nos decimos algo oscuro,
nos amamos mutuamente como amapola y memoria,
dormimos como vino en las conchas,
como mar en el rayo sanguino de la luna.

Estamos abrazados en la ventana, nos ven desde la calle:
¡es hora de que se sepa!
Es hora de que la piedra se apreste a florecer,
de que al desasosiego le lata un corazón.
Es hora de que sea hora.

Es hora.


de "Amapola y Memoria"
Traducción y notas de Jesús Munárriz. 
Ed. Hiperión, 1999

Soledad


La soledad hace madurar lo original, lo audaz e inquietantemente bello, el poema. Pero también engendra lo erróneo, desproporcionado, absurdo e ilícito.

Thomas Mann

viernes, 11 de agosto de 2017

Tiempo del corazón


Querido:

[...]

"He vuelto a sentir la amapola, profunda, muy profundamente, tu magia ha sido tan maravillosa, jamás podré olvidarlo. 

A veces lo único que quisiera es irme y llegar a París, sentir que tocas mis manos, que me tocas entera con flores, y después otra vez no saber de dónde vienes y adónde vas. Para mí eres de la India, o de un país aun más lejano, oscuro, marrón; para mí eres desierto y mar y todo lo que es misterio.

Sigo sin saber nada de ti y por eso muchas veces tengo miedo por ti, no puedo imaginarme que tú debas hacer lo que los otros hacemos aquí, yo debería tener un castillo para nosotros y traerte conmigo, para que puedas ser allí mi señor encantado, tendremos muchas alfombras allí y música, e inventaremos el amor. 

He estado pensando mucho. “Corona” es tu poema más bello, es la anticipación perfecta de un instante donde todo se vuelve mármol y es para siempre. Pero para mí aquí no será “tiempo”. Tengo hambre de algo que no me darán, todo es chato y flojo, está cansado y gastado antes del uso. 

Para mediados de agosto quiero estar en París, un par de días solamente. No me preguntes por qué, para qué, pero quiero que estés para mí, una noche o dos, tres... Llévame al Sena, vamos a mirar y mirar bien adentro hasta que nos hayamos vuelto pececitos y nos reconozcamos."

Ingeborg.

Carta de Ingeborg Bachmann a Paul Celan, Viena, 24 de junio de 1949

Ed. FCE, 2012

La lengua salvada


Pero en realidad ella vivía pensando en la noche, cuando nosotros estábamos en cama y por fin podía leer. Era la época de sus grandes lecturas de Strindberg. Yo permanecía despierto en la cama viendo la luz del cuarto de estar por la rendija de la puerta. Allí estaba de rodillas en su silla, con los codos sobre la mesa, la cabeza apoyada en el puño derecho, teniendo delante los volúmenes de Strindberg. Cada cumpleaños, cada Navidad, se añadía un nuevo volumen, era lo que nos pedía que le regaláramos. Lo más excitante para mí era que no me estaba permitido leerlos. Nunca intenté echarle un vistazo a ninguno de ellos, me gustaba esa prohibición, aquellos volúmenes amarillos inspiraban una fascinación que solo me explico por dicha prohibición, y nada me hacía más feliz que entregarle a mi madre un nuevo volumen del que yo solo conocía el título. Cuando habíamos cenado y la mesa ya estaba recogida, cuando los pequeños ya estaban en la cama, yo le llevaba los volúmenes amarillos a la mesa y se los apilaba en el lugar acostumbrado. Aún hablábamos un momento, yo notaba su impaciencia, como tenía allí delante el montón de libros la comprendía y sin molestarla me iba tranquilo a la cama. Cerraba detrás de mí la puerta del cuarto de estar, y mientras me desnudaba la oía aún ir y venir un rato. Me echaba en cama y prestaba atención al ruido de la silla cuando ella se encaramaba, sentía como cogía luego un volumen, y cuando estaba seguro de que lo había abierto volvía la mirada hacia la rendija de luz de la puerta. Entonces sabía que ella no se levantaría por nada del mundo, encendía mi pequeña linterna de bolsillo y me ponía a leer mi propio libro debajo de la manta. Este era mi secreto, del que nadie debía saber nada, y equivalía al secreto de sus libros.

Elias Canetti
La lengua salvada
Ed. Debolsillo, 2005
Trad. Genoveva Dieterich

jueves, 10 de agosto de 2017

Tú me llueves


Tú me llueves – yo te cielo
Tú la finura, la niñez, la vida
amor mío – niño – viejo
madre y centro – azul – ternura
Yo te entrego mi universo y tú me vives
Eres tú a quien amo hoy
te amo con todos los amores
te daré el bosque con una casita dentro
con todo lo bueno que haya
en mi construcción tú vivirás contento
yo quiero que tú vivas contento.
Aunque yo te daré siempre
mi soledad absurda y la monotonía
de toda una complejísima diversidad de amores
¿Quieres?


Fot. Frida Kahlo adolescente

miércoles, 9 de agosto de 2017

El tiempo


XXVI

Esto es lo primero
que yo aprendí:
el tiempo es el eco de un hacha
adentro de un bosque.

martes, 8 de agosto de 2017

Lo que pasa en la sombra


Decididamente, lo más interesante pasa siempre en la sombra. Nada se sabe de la verdadera historia de los hombres.

Louis Ferdinad Céline
Viaje al fin de la noche
Ed. Edhasa, 2011
Trad. Carlos Manzano

Fot. Louis-Ferdinand Céline Danemark, Mai 1947

lunes, 7 de agosto de 2017

Tiempo y música


Tendemos a imaginar la eternidad como un tiempo muy, muy largo, que prolongamos en el pasado y en el futuro tan lejos como nos es posible, e incluso más allá. Esta imagen no es adecuada. No sugiere la eternidad, sino más bien el tiempo... y una vez más el tiempo... Mientras que el presente que dura deviene, por así decir, una especie de miniatura de eternidad.
Posiblemente gracias a esta miniatura los hombres han podido crear, dentro de la música, una melodía. La melodía, en efecto, exige una duración. Es necesario que el pasado se reúna con el presente y que en el presente se espere el futuro. En esto, precisamente, consiste la melodía, y esta sólo es posible porque poseemos la extraordinaria capacidad de imaginar, e incluso, en cierto sentido, de vivir esta especie de miniatura que acabo de mencionar. Esto es lo que permite que la música sea, a la vez, libre y necesaria, a la vez imprevisible y sujeta a lo que es su naturaleza. La música se parece en esto a la catarsis de la tragedia griega, al final trágico que resuelve la contradicción, no en el sentido de una solución racional satisfactoria, sino en el de una purificación apaciguadora. La música no anula la contradicción, la sustantiva.

Jeanne Hersch
¿La música trasciende el tiempo?
de Tiempo y música
Edit. Acantilado, 2013
Trad. Rosa Rius y Ramón Andrés

Fot. anónima de la autora

Enamorarse


Enamorarse es producir una mitología privada —a private mythology— y hacer del universo una alusión a la única persona indudable.

Jorge Luis Borges
Prólogo a Nacimiento del fuego, de Roberto Godel

domingo, 6 de agosto de 2017

Gritos


Y digo: hay que haber sido amada por la muerte, para nacer y pasar a la escritura. La condición por la que comenzar a escribir se vuelve necesaria y posible: perder todo, haber una vez perdido todo. Y esta no es una “condición” pensable. Tú no puedes querer perder: si quieres, entonces hay un tú y hay querer, hay no-perdido. Escribir comienza sin ti, sin yo, sin ley, sin saber, sin luz, sin esperanza, sin lazo, sin nadie cerca de ti. Entonces, cuando lo has perdido todo, no hay más camino, no hay más sentido, no hay más signo fijo, no hay más suelo, no hay más pensamiento, cuando estás perdida, fuera de ti, y continúas perdiéndote, cuando devienes el movimiento enloquecedor de perderte, entonces es por ahí, desde ahí, donde eres trama despedazada, completamente abismada de otra, es en esos tiempos jadeantes cuando escrituras te atraviesan, brotan fuera de las gargantas de tus habitantes desconocidas, son gritos que la muerte y la vida arrojan al combatirse.

Hélène Cixous
La llegada a la escritura
Ed. Amorrortu, 2007

sábado, 5 de agosto de 2017

Amistad


Veo muchos ratones. Ya no tenemos idea de la cantidad de ratones que hay en el mundo, es inconcebible. Los ratones crujen muy silenciosamente en el césped aplastado. Sólo el que camina ve los ratones. Sobre los campos nevados abrieron pasillos entre la nieve y el pasto, y ahora que la nieve se fue quedan las huellas serpenteantes. Con los ratones es posible trabar amistad.

Werner Herzog
Del caminar sobre el hielo
Ed. Entropía

viernes, 4 de agosto de 2017

Sobre las celdas


En esta celda, las manos están crispadas con fuerza por el dolor, están hechas de piedra. El dolor, como la piedra, es indestructible. Proviene de la rabia de no entender, de no saber cómo aprender. Existe una resistencia interior que me impide aprender, que me impide entender. La resistencia en sí es inconsciente y mi incapacidad de progresar me lleva a un estado de rabia. Confundes el mundo de las emociones, que sigue su lógica personal, con el del intelecto, que sigue una lógica universal. Esta confusión te enfurece. Es claro como el agua.
Yo creo que la rabia por comprender proviene de un hecho: no hacemos las preguntas adecuadas. Jamás hallarás la respuesta correcta si no haces la pregunta correcta. Es como intentar abrir una puerta con una llave equivocada. La llave funciona correctamente y la puerta también. Las respuestas a algunas preguntas son demasiado dolorosas. Y hay preguntas que no estamos dispuestos a hacer. Y otras son imposibles de responder.
(…) Así pues, sufrimos la rabia de no saber cómo estar a la altura de nuestro destino. Es el dolor de no saber cómo hacerte querer. Este dolor jamás desaparece y uno no sabe que hacer al respecto.
El perfume es lo contrario. Es la evanesciencia del placer, el placer efímero del sentido del olfato. No se puede asir; es tan sutil que ni siquiera se puede tocar. No se oye, ni se ve, ni se saborea. Cada uno de los cinco sentidos nos abre la puerta a cinco mundos totalmente diferentes. Son irremplazables . Y sin embargo el sentido del olfato tiene un gran poder evocador y curativo.

Louise Bourgeois
Sobre las celdas

Fot. Louise Bourgeois
Cell II (1991)
Collection of the Carnegie Museum, Pittsburgh

Palabras


Palabras
Ten cuidado con las palabras,
incluso con aquellas milagrosas.
Para las milagrosas hacemos lo mejor posible,
a veces se enjambran como insectos
y dejan no una picadura sino un beso.
Pueden ser tan buenas como los dedos.
Pueden ser tan confiables como la roca
sobre la que apoyas tu trasero.
Pero también pueden ser tanto margaritas como moratones.
-
Aún así, estoy enamorada de las palabras.
Son palomas que caen del techo.
Son seis naranjas sagradas posadas en mi regazo.
Son los árboles, las piernas del verano,
y el sol, su apasionado rostro.
-
Aún así, me fallan a menudo.
Tengo tanto de lo que quiero decir,
tantas historias, imágenes, proverbios, etc.
Pero las palabras no son lo suficientemente buenas,
las equivocadas me besan.
A veces vuelo como un águila,
pero con las alas de un gorrión.
-
Pero intento tener cuidado
y de ser suave con ellas.
Las palabras y los huevos deben ser tratados con cuidado.
Una vez rotos,
son cosas imposibles de reparar.

Ninfas


El primer ser sobre la tierra al que Apolo habló fue una Ninfa. Se llamaba Telfusa y de inmediato engañó al dios. Apolo había atravesado la Beocia procedente de Calcide. La vasta planicie que después fue rica en trigo estaba entonces cubierta por una densa floresta. Tebas no existía. No había calles ni senderos. Y Apolo buscaba su lugar. Quería fundar en él su culto. Según el himno homérico rechazó más de uno. Después vio un "lugar intacto" (charos apeman), dice el himno. Apolo le dirigió la palabra. En el himno el pasaje es brusco: ese lugar es un ser. En sólo dos versos, sin transición, el masculino charos se convierte en un ser femenino ("Te detuviste cerca de ella y le dirigiste estas palabras"). Aquí, con la máxima rapidez y densidad, se muestra qué es la Ninfa en la economía divina de los griegos. 

[...] Si en el origen de la posesión encontramos a una Ninfa --Iynx, si las Ninfas presiden a la posesión en su máxima generalidad, es así porque ellas mismas son el elemento de la posesión, son esas aguas perennemente revueltas y mutables donde de pronto un simulacro se impone soberano y subyuga a la mente. Y esto nos transporta al léxico griego: nymphe, que significa tanto "muchacha lista para las bodas" como "fuente".

Roberto Calasso,
La locura que viene de las ninfas
Editorial Sexto Piso, 2008
Trad. Teresa Ramírez Vadillo, Valerio Negri Previo

jueves, 3 de agosto de 2017

El mundo ilustrado


El mundo ilustrado

Igual que tu ventana que no existe 
Como una sombra de mano en un instrumento fantasma 
Igual que las venas y el recorrido intenso de tu sangre 
Con la misma igualdad con la continuidad preciosa que me 
asegura idealmente tu existencia
A una distancia 
A la distancia 
A pesar de la distancia 
Con tu frente y tu rostro 
Y toda tu presencia sin cerrar los ojos 
Y el paisaje que brota de tu presencia cuando la ciudad no 
era no podía ser sino el reflejo inútil de tu presencia de hecatombe 
Para mejor mojar las plumas de las aves 
Cae esta lluvia de muy alto 
Y me encierra dentro de ti a mí solo 
Dentro y lejos de ti 

Como un camino que se pierde en otro continente.


Fot. anónima de César Moro

miércoles, 2 de agosto de 2017

Esperaba


Durante una oleada de silencio, espesa como una bruma, acabo de oír caer encima de la mesa vecina los pétalos de una rosa que sólo esperaba, ella también, estar sola para marchitarse.

Colette
La estrella vespertina

Fot. Ruth Bernhard

Leyendo


Alguien


Alguien

alguien quiere vivir aunque no pueda
y respirar burbujas y agonía
ser valle alfombra alambre desazón
despertar aunque el párpado esté abierto

alguien quiere reír gritar absurdos
y repartir tormentas en pedazos
liberar el dolor la fantasía
alguien quiere abrazar
alguien no quiere

alguien espera que la piel resuelva
amontone acaricie queme sea
alguien nace o es sed o arena o muelle
alguien es barco
alguien es deriva

alguien camina
alguien sólo es piedra
afila cava desespera brota
alguien llega
alguien se desborda se hunde se diluye
vuela

alguien ama no ama

alguien intenta a veces

alguien quiere escribir

alguien no puede.


Adolfo Zutel
De Si alguien no escribe un verso

Fot. Ludo Vanden Haute
Fenêtre ca 1910

Nomeolvides


...cuando el asalto de la fealdad se vuelva completamente insoportable, compraré en la florería un nomeolvides, un único nomeolvides, ese delgado tallo con una florcita azul en miniatura, saldré con él a la calle y lo sostendré delante de la cara con la vista fija en él para no ver más que ese hermoso punto azul, para verlo como lo último que quiero conservar para mí y para mis ojos de un mundo al que he dejado de querer. Iré así por las calles de París, la gente comenzará pronto a conocerme, los niños irán corriendo.

Milan Kundera
La inmortalidad
Ed. Tusquets, 2009
Trad. Fernando de Valenzuela

Posesión


Yo no dedico gran afán a la posesión; me separo fácilmente de las cosas y las doy con facilidad. Pero ahora me abruma un afán por querer retener, sobre el cual a veces debo sonreír. En el jardín, sobre la terraza, junto a la torrecilla bajo la veleta, me siento día tras día y permanezco quieto durante horas, y de pronto me lleno de actividad y con lápiz y pluma, con pincel y pinturas, trato de reproducir esto y aquello de la floreciente y efímera riqueza que hay. Dibujo con esfuerzo las sombras de la mañana en la escalera del jardín y las revueltas de las gruesas serpientes de glicinias, y trato de reproducir los lejanos y vidriosos colores de las montañas al atardecer, que son tan delgadas como un hálito y tan radiantes como joyas. Después vuelvo a casa cansado, muy cansado, y cuando por la noche coloco mis hojas en la carpeta, casi me entristezco al ver lo poco que pude anotar y conservar de todo ello.

Hermann Hesse
De: Zwischen Sommer und Herbst ("Entre el verano y el otoño"), 1930