jueves, 1 de marzo de 2018

It's me


El hombre tiene necesidad de soledad, y también de comunicación; pero la comunicación turba la soledad; hacerlas convivir sin encuentros es el presupuesto de la felicidad.

Juan Rodolfo Wilcock
El estereoscopio de los solitarios
Ed. EDHASA, 2000
Trad. Guillermo Piro

Vacío




Es sólo en el vacío, dice Lao-Tse, donde se halla lo que es verdaderamente esencial. Una habitación existe por el espacio vacío comprendido entre las paredes y el techo, no por el techo y las paredes mismas. La utilidad de una jarra de agua consiste en el espacio vacío en que se puede poner el agua, no en la forma o en la materia de la jarra. El vacío es omnipotente, porque puede contenerlo todo. Sólo en el vacío es posible el movimiento. Quién pueda hacer de sí mismo un vacío en el que los demás puedan penetrar libremente, será el dueño de todas las situaciones; el todo puede siempre dominar la parte.

Okakura Kakuzo
El libro del té
Ed. Kairós, 1978
Trad. Ángel Samblancat

Fot. Talia Chetrit

El ajeno


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Todos los días suceden en el mundo cosas que no se explican por las leyes que conocemos de las cosas. Todos los días, habladas durante un momento, se olvidan, y al mismo misterio que las ha traído se las lleva, convirtiéndose el secreto en olvido. Tal es la ley de lo que tiene que ser olvidado porque no puede ser explicado. A la luz del sol, continúa siendo normal el mundo visible. El ajeno nos acecha desde la sombra.

Fernando Pessoa
El libro del desasosiego de Bernardo Soares
Ed. Seix Barral, 2010
Edición y traducción de Ángel Crespo

miércoles, 28 de febrero de 2018

Solitarios


La palabra "solitario", en el sentido que le daban los jansenistas, es al final tan bella como enigmática.
"Solitarios" designaba a los hombres de la sociedad civil, aristócratas o burgueses ricos, que optaban por las costumbres de los conventos (sus abstinencias, sus silencios, sus austeridades, sus vigilias, sus tareas, sus lecturas), pero que se negaban a atarse a ellos a través de los votos. Eran Consejeros de Estado, médicos, abogados, profesores, oficiales, grandes señores. Abandonaban la corte para franquear veinte kilómetros y encontrarse en un bosque. Podaban. Saneaban las pequeñas huertas siempre encharcadas que bordeaban la orilla y corroían el basamento de la capilla. Edificaron sus pequeñas casas al otro lado del muro, al margen del monasterio donde estaban retiradas las mujeres que admiraban, las muchachas cuya reclusión les pesaba, las hermanas a las que amaban. No renunciaron al uso de la cortesía mundana. Utilizaban la palabra "señor" para hablar entre sí e incluso para dirigirse a los niños a los que instruían. (...) No se conducían bajo ninguna regla exterior, no obedecían a nadie, celosos solamente de su retiro del mundo, grandes caseros -grandes habilitadores, drenadores de ciénagas- de su retiro salvaje, grandes jardineros de su silencio. Estudiaban. No tuteaban a nadie.

Pascal Quignard
Sobre la idea de una comunidad de solitarios
Ed. Pre-Textos, 2018
Trad. Adalber Salas

Fot. Roman Vishniac
Cracow. Poland. 1937

Desaliño


...en el desaliño triste de mis emociones confusas...

Fernando Pessoa
El libro del desasosiego de Bernardo Soares
Ed. Seix Barral, 2010
Edición y traducción de Ángel Crespo

Fot. Diane Powers

martes, 27 de febrero de 2018

Déjame ciega


–¿No duermes?
–Hay demasiada luz.
–He cerrado las puertas. He apagado las lámparas.
–Hay todavía demasiada luz. Necesito tu sombra.
–Si te la doy, no verás nada.
–No quiero ver. Tiéndete sobre mí. Déjame ciega.

Encarna Castejón
de "Etimología"
Dilema Editorial, 2004

Fot. Germaine Krull
Hand Study, 1929

Un alto precio


En todo hombre dormita un profeta, y cuando se despierta hay un poco más de mal en el mundo… La locura de predicar está tan anclada en nosotros que emerge de profundidades desconocidas al instinto de conservación. Cada uno espera su momento para proponer algo: no importa el qué. Tiene una voz: eso basta. Pagamos caro no ser sordos ni mudos…

Emil Cioran
Breviario de podredumbre
Ed. Taurus, 2014
Trad. Fernando Savater

Fot. Carlo Dolci
Santa Caterina da Siena (detalle), 1665
Dulwich College Picture Gall., London

El espacio articulado


La realidad ha de ser buscada, no en lo concreto,
sino en el espacio articulado:
La costa, por ejemplo,
expandiéndose de muro a muro;
La voz del mar
rompiendo el silencio desde el silencio.

Versión de Marcelo Pellegrini

Fot. Photographing the visit of the French president
Amsterdam, 1911
National Archives of Netherlands

lunes, 26 de febrero de 2018

No detenerse


No detenerse. 
Y cuando ya parezca que has naufragado 
para siempre en los ciegos meandros de la luz, 
beber aún en la desposesión oscura, 
en donde sólo nace el sol radiante de la noche. 
Pues también está escrito que el que sube hacia ese sol 
no puede detenerse y va de comienzo en comienzo 
por comienzos que no tienen fin.


Lonely man in a Saloon,
Craigville, Minnesota, 1937

domingo, 25 de febrero de 2018

Espacio - Tiempo


Ella le confesó que al regresar a media noche había tomado en la biblioteca del hotel (el vigilante nocturno, lector impenitente, tenía la llave) y se había llevado a su habitación el volumen de la Enciclopedia Británica que contiene el artículo "Espacio-Tiempo".
-"El Espacio (dice este artículo, de modo algo equívoco) es la propiedad -tú eres mi propiedad- en virtud de la cual -tú eres mi virtud- los cuerpos rígidos pueden ocupar posiciones diferentes". ¿Bonito? Bonito.

Vladimir Nabokov
Ada o el ardor
Ed. Anagrama, 2006
Trad. David Molinet

Seguras sobre la firme roca


Seguras sobre la firme roca se alzan las casuchas:
¡venid a ver el brillante palacio que alcé sobre la arena!

Un palacio en la arena
Ed. Harpo Libros, 2017
Trad. Andrés Catalán

sábado, 24 de febrero de 2018

La calidad de cierto silencio


Pensaba en ellos dos, juntos, y podía sentir de nuevo algo de calor, o el tono de ciertos matices, incluso la calidad de cierto silencio. Una luz especial. Entonces le era dado encontrar otra vez lo que buscaba, en esa firme sensación de que existía un lugar donde el mundo no era admitido, y que coincidía con el perímetro dibujado por sus dos cuerpos, suscitado por su estar juntos y cuya anomalía lo convertía en inabordable. Si era capaz de acceder a esa sensación, todo volvía a ser inofensivo. Puesto que el desastre de toda vida alrededor, e incluso de la suya, ya no era una amenaza contra su felicidad, sino, en todo caso, el contrapunto que hacía aún más necesaria e inexpugnable la guarida que el Hijo y ella habían creado al amarse. Eran la demostración de un teorema que refutaba al mundo, y cuando lograba volver a esa convicción, todo miedo la abandonaba y una nueva seguridad, dulce, se apoderaba de ella. No había nada más delicioso en el mundo.

Alessandro Baricco
La esposa joven
Ed. Anagrama
Trad. Xavier González Rovira

Fot. Audrey Tautou & Mathieu Kassovitz en Amélie, 2001

El llamado


EL LLAMADO

La mirada recorre un mapa. 
Ojo viajero 
de ciudad en ciudad, de puerto en puerto 
a través del azul, verde, amarillo 
de países distantes. 
Y más lejos, más lejos. 
Y busca nombres raros en Islandia
en Australia, en islitas de Oceanía…
Pero no son lugares los que quiere
la mirada viajera:
son signos de lo lejos.
Un guiño fantasmal llama y espera
y da un salto hacia atrás si te aproximas.
La mano que llamaba retrocede.
¿Llamaría?
¿Esperaba?
No se sabe. Está lejos.


jueves, 22 de febrero de 2018

Poquita cosa


Hace unos día invité a Yulia Vasilievna, la institutriz de mis hijos, a que pasara a mi despacho. Teníamos que ajustar cuentas.

-Siéntese, Yulia Vasilievna -le dije-. Arreglemos nuestras cuentas. A usted seguramente le hará falta dinero, pero es usted tan ceremoniosa que no lo pedirá por sí misma… Veamos… Nos habíamos puesto de acuerdo en treinta rublos por mes…

-En cuarenta…

-No. En treinta… Lo tengo apuntado. Siempre le he pagado a las institutrices treinta rublos… Veamos… Ha estado usted con nosotros dos meses…

-Dos meses y cinco días…

-Dos meses redondos. Lo tengo apuntado. Le corresponden por lo tanto sesenta rublos… Pero hay que descontarle nueve domingos… pues los domingos usted no le ha dado clase a Kolia, sólo ha paseado… más tres días de fiesta…

A Yulia Vasilievna se le encendió el rostro y se puso a tironear el volante de su vestido, pero… ¡ni palabra!

-Tres días de fiesta… Por consiguiente descontamos doce rublos… Durante cuatro días Kolia estuvo enfermo y no tuvo clases… usted se las dio sólo a Varia… Hubo tres días que usted anduvo con dolor de muela y mi esposa le permitió descansar después de la comida… Doce y siete suman diecinueve. Al descontarlos queda un saldo de… hum… de cuarenta y un rublos… ¿no es cierto?

El ojo izquierdo de Yulia Vasilievna enrojeció y lo vi empañado de humedad. Su mentón se estremeció. Rompió a toser nerviosamente, se sonó la nariz, pero… ¡ni palabra!

-En víspera de Año Nuevo usted rompió una taza de té con platito. Descontamos dos rublos… Claro que la taza vale más… es una reliquia de la familia… pero ¡que Dios la perdone! ¡Hemos perdido tanto ya! Además, debido a su falta de atención, Kolia se subió a un árbol y se desgarró la chaquetita… Le descontamos diez… También por su descuido, la camarera le robó a Varia los botines… Usted es quien debe vigilarlo todo. Usted recibe sueldo… Así que le descontamos cinco más… El diez de enero usted tomó prestados diez rublos.

-No los tomé -musitó Yulia Vasilievna.

-¡Pero si lo tengo apuntado!

-Bueno, sea así, está bien.

-A cuarenta y uno le restamos veintisiete, nos queda un saldo de catorce…

Sus dos ojos se le llenaron de lágrimas…

Sobre la naricita larga, bonita, aparecieron gotas de sudor. ¡Pobre muchacha!

-Sólo una vez tomé -dijo con voz trémula-… le pedí prestados a su esposa tres rublos… Nunca más lo hice…

-¿Qué me dice? ¡Y yo que no los tenía apuntados! A catorce le restamos tres y nos queda un saldo de once… ¡He aquí su dinero, muchacha! Tres… tres… uno y uno… ¡sírvase!

Y le tendí once rublos… Ella los cogió con dedos temblorosos y se los metió en el bolsillo.

-Merci -murmuró.

Yo pegué un salto y me eché a caminar por el cuarto. No podía contener mi indignación.

-¿Por qué me da las gracias? -le pregunté.

-Por el dinero.

-¡Pero si la he desplumado! ¡Demonios! ¡La he asaltado! ¡La he robado! ¿Por qué merci?

-En otros sitios ni siquiera me daban…

-¿No le daban? ¡Pues no es extraño! Yo he bromeado con usted… le he dado una cruel lección… ¡Le daré sus ochenta rublos enteritos! ¡Ahí están preparados en un sobre para usted! ¿Pero es que se puede ser tan tímida? ¿Por qué no protesta usted? ¿Por qué calla? ¿Es que se puede vivir en este mundo sin mostrar los dientes? ¿Es que se puede ser tan poquita cosa?

Ella sonrió débilmente y en su rostro leí: “¡Se puede!”

Le pedí disculpas por la cruel lección y le entregué, para su gran asombro, los ochenta rublos. Tímidamente balbuceó su merci y salió… La seguí con la mirada y pensé: ¡Qué fácil es en este mundo ser fuerte!

Antón Chéjov
Poquita cosa

Amo la soledad


Amo la soledad, los caballos sin freno, sin bridas, sin riendas, sin sillas, sin herraduras. Amo su cuerpo magnífico. Amo el agua que pasa y donde uno se sumerge y de donde uno sale desnudo y nuevo como el primer día en que uno empieza a descubrir que siempre se está naciendo.

Pascal Quignard
Las lágrimas
Ed. El cuenco de plata, 2017
Trad. Silvio Mattoni

Fot. Andrea Torres

miércoles, 21 de febrero de 2018

El poema pulverizado


No dejes el cuidado de gobernar tu corazón a esas ternuras parientas del otoño del que ellas toman su plácido aspecto y su afable agonía. El ojo es precoz para plegarse. El sufrimiento conoce pocas palabras. Prefiere acostarse sin carga: soñarás con el mañana y tu lecho te será leve. Soñarás que tu casa ya no tiene vidrios. Estás impaciente por unirte al viento, al viento que recorre un año en una noche. Otros cantarán la incorporación melodiosa, las carnes que sólo personifican la hechicería del reloj de arena. Condenarás la gratitud que se repite. Más tarde, te identificarás con algún gigante disgregado, señor de lo imposible.

Sin embargo.

No has hecho más que aumentar el peso de tu noche. Has vuelto a la pesca en las murallas, a la canícula sin verano. Estás furioso contra tu amor en el centro de una comprensión que enloquece. Piensa en la casa perfecta que nunca verás elevarse. ¿Para cuándo la cosecha del abismo? Pero has vaciado los ojos del león. Crees ver pasar la belleza por encima de las lavandas negras.
¿Qué es lo que te ha izado, una vez más, un poco más arriba sin convencerte?
No hay sitio puro.

René Char
El poema pulverizado

Fot. Akio Jissoji

Acaso el corazón


Acaso el corazón.

Se hundirá el olor acre de los tilos
en la noche de lluvia. Será vano
el tiempo de la dicha, su furor,
aquel mordisco de rayo que explosiona.
Apenas queda abierta la indolencia,
el recuerdo de un gesto, de una sílaba,
pero como de un vuelo lento de aves
entre vapores de niebla. Y aún aguardas
no sé qué cosa, mi extraviada; quizá
una hora que decida, que recuerde
el principio o el fin; similar suerte,
ahora. Aquí negro el humo de los incendios
seca aún la garganta. Si puedes,
olvida aquel sabor de azufre
y el temor. Las palabras nos fatigan,
rebrotan de una lapidada agua;
acaso nos quede el corazón, acaso el corazón…