lunes, 9 de mayo de 2016

Serán ceniza


Serán ceniza

Cruzo un desierto y su secreta 
desolación sin nombre.
El corazón
tiene la sequedad de la piedra
y los estallidos nocturnos
de su materia o su nada.

Hay una luz remota, sin embargo, 
y sé que no estoy solo; 
aunque después de tanto y tanto no haya
ni un solo pensamiento capaz contra la muerte,
no estoy solo.

Toco esa mano al fin que comparte mi vida
y en ella me confirmo
y tiento cuanto amo,
lo levanto hacia el cielo
y aunque sea ceniza lo proclamo: ceniza

Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora,
cuanto se me ha tendido a modo de esperanza.


A modo de esperanza (1953-1954)
Incluido en Poesía completa
Ed. Galaxia Gutenberg, 2014

Tres segundos


...Esto ocurre con el tiempo, los segundos pasan unos tras otros, entrecortados, es algo que no fluye, los segundos no pasan, llegan, pan, paf, pan, paf, os entran dentro, rebotan, ya no se mueven, cuando ya no se sabe qué decir se habla del tiempo, de los segundos, hay quienes los añaden unos a otros para componer con ellos una vida, yo no puedo, cada uno es el primero, no, el segundo, o el tercero, yo tengo tres segundos, y no todos los días.

Ed. Alianza Editorial, 2006
Traducción: Rafael Santos Torroella

Fot: Retrato de Samuel Beckett, sin datos

domingo, 8 de mayo de 2016

Parranda


La mala noticia es que el placer también nos despedaza.

La eterna parranda
Ed. Aguilar, 2011

La ferocidad del juego


Consideró la crueldad de la necesidad de amar. Consideró la malignidad de nuestro deseo de ser feliz. Consideró la ferocidad con que queremos jugar. Y el número de veces en que mataremos por amor.

Clarice Lispector  La mujer más pequeña del mundo
Incluido en: Clarice Lispector, Cuentos reunidos
Ed. Siruela, 2013
Traducción: Cristina Peri Rossi, Juan García Gayo, Marcelo Cohen y Mario Morales

sábado, 7 de mayo de 2016

Desasimiento


La felicidad o la desdicha era una simple cuestión de elasticidad de nuestra facultad de desasimiento. La vida transcurría en un equilibrio constante entre el toma y el deja. Y lo difícil no era tomar, sino dejar, desasirnos de las cosas que merecen nuestro aprecio. Aquí estribaban las posibilidades de felicidad de cada humano: en que su facultad de desasimiento fuese más o menos elástica, en que el hombre estuviese más o menos aferrado a las cosas materiales. Por ello tal vez el secreto básico estuviese contenido en el hecho de no tomar nunca para no tener que dejar nada. Era un remedio negativo, de renunciación, pero, con certeza, el adecuado a mi calidad humana, desprovista de reservas y de capacidad de sacrificio. Lo cuestionable consistía en saber si el hombre tiene alguna probabilidad de subsistir sin aprehender nada, desasido de todo, desconectado de los seres y las cosas que le rodean; si el individuo es capaz de desarrollar su individualidad propia y primitiva sin necesidad de echar mano de recursos extraños a sí. 

La cabeza empezaba a calentárseme restregada por el decurso de los primeros razonamientos. Quise imaginarme a un grano de trigo aislado de los demás granos, sin rozarse con ninguno, dentro de un saco; deseé poder concebir un punto de arena en una playa sin conexión alguna con otros puntos; quise aislar una molécula de agua en el seno de la mar, y no me fue posible. La realidad se me imponía con las armas de la lógica. Nada puede existir en el mundo sin una relación de dependencia, de coordinación o de mando. Todo está incrustado en un orden preestablecido, sometido a leyes fatales o voluntarias, pero que por sí hablan ya de una coordinación y un nexo al menos relativos. Deseé imaginarme a un hombre autónomo, independiente de otros hombres y de las cosas en un grado absoluto. Voló mi imaginación a un peñasco solitario del mar mayor del universo. Allí situé a mi hombre imaginario. Le di por oficio el de torrero del faro. Al momento se me impuso de nuevo, implacable, la fuerza de la realidad. Ese hombre venía de algún punto; naturalmente, de otro hombre. El faro debería arder de noche para evitar el naufragio de otros hombres. Sobre esto el torrero había de atender a sus necesidades ineludibles: comer, vestir, cultivar su espíritu. Ya estaba mi hombre encadenado; sujeto a la ráfaga interminable de la dependencia, de la conexión, de la fatal coordinación a otros hombres y a otras cosas. El hombre absolutamente aislado era inconcebible. En ese equilibrio entre el toma y el deja, no era solución posible el no tomar nada para no tener que dejar nada. La encrucijada del desasimiento, en más o en menos, había de llegar forzosamente para todos.

Miguel Delibes  La sombra del ciprés es alargada, 1947
Ed. Destino, 2003

Sé muy bien


Collage con texto de Julio Cortázar

viernes, 6 de mayo de 2016

Romper a hablar


Para mí la poesía fue sustitución de la danza y fruto del ritmo del cuerpo, del ritmo de los pasos. Esto lo tuve claro desde los 18 años. Mucho después encontré en unas palabras de María Zambrano la confirmación de mis intuiciones: "[El corazón] está a punto de romper a hablar."

Clara Janés

Joseph Beuys

Joseph Beuys, Torso, 1949

Joseph Beuys, Torso, 1949/51. Installation während der Zeitgeist-Ausstellung (1982-3) im Innenhof des Martin-Gropius-Bau, Berlin. Aus Joseph Beuys im Wilhelm-Lehmbruck-Museum, Duisburg.

An image of an installation that is completely submerged in death and sexuality in a city recovering from war.  Imagine what it would have been like to be able to walk around this installation over and over in some kind of trance.  This only makes sense in Berlin.

Joseph Beuys
Joseph Beuys: El arte de la liberación Artículo de culturacolectiva.com sobre el autor.

jueves, 5 de mayo de 2016

Regreso


El regreso
Yo vuelvo
por mis alas.
¡Dejadme volver!
¡Quiero morirme siendo amanecer!
¡Quiero morirme siendo ayer!

Yo vuelvo por mis alas.
¡Dejadme retornar!
Quiero morirme siendo manantial.
Quiero morirme fuera de la mar.

Corriente
El que camina se enturbia.
El agua corriente no ve las estrellas.
El que camina se olvida.
Y el que se para sueña.

Hacia...
Vuelve, 
¡corazón!;
vuelve.

Por las selvas del amor no verás gentes.
Tendrás claros manantiales.
En lo verde hallarás la rosa inmensa del siempre.
Y dirás ¡amor, amor!,
sin que tu herida se cierre.

Vuelve,
¡corazón mío!
Vuelve.


Fot. Fumadora de opio, anónima

La queja de las olas


Y desaparece velozmente, como esos etíopes carceleros de princesas en los castillos encantados. Yo, espoleado por la curiosidad, salgo tras él. Heme en el puente que ilumina la plácida claridad del plenilunio. Un negro colosal, con el traje de tela chorreando agua, se sacude como un gorila, en medio del corro que a su rededor han formado los pasajeros, y sonríe mostrando sus blancos dientes de animal familiar. A pocos pasos dos marineros encorvados sobre la borda de estribor halan un tiburón medio degollado, que se balancea fuera del agua al costado de la fragata. Mas he ahí que de pronto rompe el cable, y el tiburón desaparece en medio de un remolino de espumas. El negrazo musita apretando los labios elefancíacos… 
(…)
El negro pareció dudar. Asomóse al barandal de estribor y observó un instante el fondo del mar, donde temblaban amortiguadas las estrellas. Veíanse cruzar argentados y fantásticos peces que dejaban tras si estela de fosforescentes chispas y desaparecían confundidos con los rieles de la luna. En la zona de sombra que sobre el azul de las olas proyectaba el costado de la fragata, esbozábase la informe mancha de una cuadrilla de tiburones. El marinero se apartó reflexionando. Todavía volvióse una o dos veces a mirar las dormidas olas, como penetrado de la queja que lanzaban en el silencio de la noche.

Ramón María del Valle-Inclán  Sonata de estío (fragmento)
Ed. Espasa Libros (Colección Austral)

Fot. del autor, anónima

miércoles, 4 de mayo de 2016

Leyendo


Leyendo en New York © Michael Lehrman

Irse no es suficiente


Irte no es suficiente, debes marcharte. Entrena tu corazón como a un perro, cambia las cerraduras de tu casa, la que él nunca visitó. Eres afortunada, una chica afortunada. Tienes un apartamento a tu tamaño, una bañera llena de té, un corazón del tamaño de toda Arizona, pero aún no tan árido.
No reniegues de tu desafortunado pasado, tus problemas son marionetas de papel maché que hiciste o compraste porque el vendedor del mercado era tan terco que tuviste que comprarlas. Tuviste que tenerlo. Y lo tuviste. Y ahora derrumbas el puente entre tus casas, le haces llamadas antes de que venga, das por sentado tener un amante, uno que te mire como si fueras mágica. Haces de la primera botella que consumes una reliquia. Colócala en cualquier altar que construyas con un cuchillo y cinco arándanos. No pierdas demasiado peso. Las mujeres estúpidas siempre intentan desaparecer como venganza. Y tú no eres estúpida. Amaste a un hombre con más manos que un desfile de mendigos, y aquí permaneces. Corazón como una cama con dosel. Corazón como un lienzo. Corazón que gotea algo tan fuerte que pueden olerlo desde la calle.

Frida Kahlo

Fot. de la autora, anónima

martes, 3 de mayo de 2016

Memoria del pasado


Muchas centurias antes de nosotros, Herodoto descubre un importante -al tiempo que astuto y sofisticado- rasgo de la memoria: las personas recuerdan aquello que "quieren" recordar y no lo que en verdad ha sucedido. Pues cada individuo la tiñe del color que más le conviene y prepara en su crisol particular su propia mezcla: de ahí que sea imposible desentrañar el pasado tal como realmente fue, sólo podemos acceder a sus muchas variantes, a versiones más o menos verosímiles o que mejor se ajustan a nuestras expectativas. El pasado no existe. Sólo existen sus infinitas interpretaciones.

Ryszard Kapuściński 
Viajes con Herodoto
Ed. Anagrama
Traducción: Ágata Orzeszek Sujak

Dreaming, Otwock, Pologne, 1948

Agotamiento al atardecer


Agotamiento al atardecer

El corazón vacío regresa a casa después de un atareado día en la oficina. Y qué va a hacer un corazón vacío sino vaciarse de vaciedad. Borrar lo imborrable requiere un esfuerzo mental, el empleo inútil de facultades ya sobrecargadas. Pobre corazón vacío, envejeciendo antes de tiempo, cómo se esfuerza por hacer lo que la mente le dice que haga. Pero el esfuerzo acaba en nada. El corazón vacío no puede hacer lo que la mente le ordena. Se sienta en la oscuridad, sueña despierto y el vacío crece.

Mark Strand Casi invisible
Ed. Visor de Poesía, 2012
Trad. Julio Trujillo

Fot. Sarah Shatz Mark Strand en New York, 2013

lunes, 2 de mayo de 2016

El naufragio como salvación



Un día, en la época de los generales, la muchacha desapareció para siempre. Una vez más la poesía dice la ausencia, algo o alguién que ya no está. Poca cosa, una poesía, un cartelito puesto sobre un sitio vacío. Un poeta lo sabe y no le da demasiado crédito, pero le da aún menos al mundo que lo celebra o lo ignora.(-) No está mal llenar folios bajo las máscaras que se ríen burlonas y entre la indiferencia de la gente que está sentada en torno: Ese bondadoso desinterés corrige el delirio de omnipotencia latente en la escritura que pretende ordenar el mundo con algunos trozos de papel y pontificar sobre la vida y la muerte. Así la pluma se sumerge, se quiera o no, en una tinta desleída con humildad e ironía. El café es un lugar de la escritura. Se está a solas, con papel y pluma y todo lo más dos o tres libros, aferrado a la mesa como un náufrago batido por las olas. pocos centímetros de madera separan al marinero del abismo que puede tragárselo, basta una pequeña vía de agua y las aguas negras irrumpen calamitosas, se te llevan abajo. La pluma es una lanza que hiere y sana; traspasa la madera fluctuante y la pone a merced de las olas, pero también la recompone y le devuelve de nuevo la capacidad de navegar y mantener el rumbo.

Agarrarse a la madera, sin miedo, porque el naufragio puede ser también la salvación. ¿Cómo dice la vieja historia? El miedo llama a la puerta, la fe la va a abrir; fuera no hay nadie.¿Pero quién enseña a abrir? Desde hace tiempo no se hace otra cosa que cerrar puertas, es un verdadero tic; durante un momento se le da un suspiro de alivio, luego el ansia vuelve a aferrarse al corazón y uno quisiera atrancarlo todo, incluso las ventanas, sin darse cuenta de que de ese modo falta el aire y la migraña, en ese ahogo, martillea cada vez más las sienes, poco a poco se acaba por oír sólo el ruido del propio dolor de cabeza.

Claudio Magris  Microcosmos
Ed. Anagrama
Traducción: José Ángel González Sainz

Fot. Alberto Bevilacqua
Claudio Magris en El Antico Caffè San Marco, Trieste, Marzo 2009

Soledad y miedo


Busco sin cesar la soledad para entregarme al miedo.

Pierre Drieu La Rochelle

Fot. del autor, anónima

domingo, 1 de mayo de 2016

Viajar


El viajero frecuente debe enfrentarse hasta el hastío con la pregunta de si está huyendo de algo. No, no huye. Lo que busca es desaparecer estando presente. El viaje te permite desaparecer mientras sigues llevando tu vida- puedes llamar a un número de teléfono y al otro lado de la línea , si todo va bien, siempre habrá alguien que te reconozca-. La gente te ve, y sin embargo tú eres invisible en tu propia identidad. Podrías ser cualquiera. Te has desprendido de la anécdota de tu propia existencia, te has convertido en un habitante de la Provenza o de Río de Janeiro o acabas de despegar con el avión de New Zealand Air rumbo a Samoa. Debajo de ti se extiende el océano salpicado por las islas, tan pequeñas de repente, donde has pasado los últimos días. La ilusión consiste en pensar que todos esos lugares a los que te diriges o a los que regresas tienes una segunda vida que discurre en sincronía con tu otra vida. Viajar es además, si se hace bien, una forma de meditación, algo que puede hacerse en Venecia, en las Zattene, como en Zagora, al borde del Sáhara. Al contrario de lo hoy suele decirse, el mundo sigue siendo infinitamente grande para quien viaja consigo mismo.

Cees Nooteboom  Lluvia roja
Ed. Siruela
Traducción: Isabel-Clara Lorda Vidal

El porvenir

 


No es la melancolía de las cosas en ruinas lo que oprime el corazón, sino el amor desesperado de lo que dura eternamente en la juventud eterna, el amor al porvenir.

Albert Camus Carnets III, Breviario de la dignidad humana
Ed: Plataforma
Traducción: Elisenda Julibert

Fot. Ruinas, 1912, anónima

sábado, 30 de abril de 2016

Cultura y simulacro



“El simulacro nunca es aquello que oculta la verdad, es la verdad lo que oculta que no hay verdad alguna. El simulacro es cierto”. Ecclesiastes 

Podemos tomar como la alegoría más adecuada de la simulación el cuento de Borges donde los cartógrafos del Imperio dibujan un mapa que acaba cubriendo exactamente el territorio: pero donde, con el declinar del Imperio, este mapa se vuelve raído y acaba arruinándose, unas pocas tiras aún discernibles en los desiertos. La belleza metafísica de esta abstracción arruinada, dando testimonio del orgullo imperial y pudriéndose como un cadáver, volviendo a la sustancia de la tierra, tal y como un doble que envejece acaba siendo confundido con la cosa real. La fábula habría llegado entonces como un círculo completo a nosotros, y ahora no tiene nada excepto el encanto discreto de un simulacro de segundo orden. La abstracción hoy no es ya la del mapa, el doble, el espejo o el concepto. La simulación no es ya la de un territorio, una existencia referencial o una sustancia. Se trata de la generación de modelos de algo real que no tiene origen ni realidad: un "hiperreal". El territorio ya no precede al mapa, ni lo sobrevive. De aquí en adelante, es el mapa el que precede al territorio, es el mapa el que engendra el territorio; y si reviviéramos la fábula hoy, serían las tiras de territorio las que lentamente se pudren a lo largo del mapa. Es lo real y no el mapa, cuyos escasos vestigios subsisten aquí y allí: en los desiertos que no son ya más del Imperio, sino nuestros. El desierto de lo real en sí mismo.

Jean Baudrillard  Cultura y simulacro, 1978
Ed. Kairós
Traducción: Antoni Vicens y Pedro Rovira

La experiencia del amor


Ante todo, el amor es una experiencia compartida por dos personas, pero esto no quiere decir que la experiencia sea la misma para las dos personas interesadas. Hay el amante y el amado, pero estos dos proceden de regiones distintas. Muchas veces la persona amada es sólo un estímulo para todo el amor dormido que se ha ido acumulando desde hace tiempo en el corazón del amante. Y de un modo u otro todo amante lo sabe. Siente en su alma que su amor es algo solitario. Conoce una nueva y extraña soledad, y este conocimiento le hace sufrir. Así que el amante apenas puede hacer una cosa: cobijar su amor en su corazón lo mejor posible; debe crearse un mundo interior completamente nuevo, un mundo intenso y extraño, completo en sí mismo.

Carson McCullers 
La balada del café triste
Ed. Seix Barral, 2011
Traducción: María Campuzano