Untitled Study of Dutch girl Reading, 1906
jueves, 12 de mayo de 2016
miércoles, 11 de mayo de 2016
Rifa
¿Cuánto me dan por la estrella y la luna?
¿Cuánto me dan por el Niño y la cuna?
Éste es un Niño sin padre ni abuelo,
éste es un Niño nevado del cielo.
¿Cuánto me dan, que lo vendo barato,
cuánto me dan, que lo doy sin contrato?
Éste es el Niño que mamaba ahora.
Ríe despierto y en durmiendo llora.
Casi de balde la flor del mercado.
¿Cuánto me dan, que lo doy regalado?
Éste es el Niño verano en invierno.
Éste es el Niño que aniña lo eterno.
¿Cuánto me dan, que lo doy sin subasta?
¿Cuánto me dan por la fruta en canasta?
Éste es el Niño que viene a dar guerra,
viene a dar paz por amor de la tierra.
¿Cuánto me dan? Por moneda no quede.
Una lágrima sola que tiemble y que ruede.
Éste es el Niño de la rifa loca
que todos le juegan y a todos les toca.
¿Cuánto me dan por la buena fortuna?
¿Cuánto me dan por el Niño y la cuna?
Has de hacerle un árbol
Caminas por el desierto. Escuchas un pájaro que canta. Por más que sea increíble que un pájaro ondee en el desierto, tú, sin embargo, estás obligado a hacerle un árbol. Eso es el poema.
martes, 10 de mayo de 2016
Los días
Y las noches no están suficientemente llenas
y la vida se desliza como un ratón de campo
sin agitar la hierba.
And the days are not full enough
And the nights are not full enough
And life slips by like a field mouse
Not shaking the grass.
Días
Fot: Retrato de Ezra Pound, Venecia, 1963
Fot: Retrato de Ezra Pound, Venecia, 1963
Partida sin retorno
El Gran Kan ha soñado una ciudad; la describe a Marco Polo:
―El puerto está expuesto al septentrión, en la sombra. Los muelles son altos sobre el agua negra que golpea contra los cimientos; escaleras de piedra bajan, resbalosas de algas. Barcas embadurnadas de alquitrán esperan en el fondeadero a los viajeros que se demoran en el muelle diciendo adiós a las familias. Las despedidas se desenvuelven en silencio pero con lágrimas. Hace frío; todos llevan chales en la cabeza. Una llamada del barquero pone fin a la demora; el viajero se acurruca en la proa, se aleja mirando al grupo de los que se quedan; desde la orilla ya no se distinguen los contornos; hay neblina; la barca aborda una nave anclada; por la escalerilla sube una figura empequeñecida; desaparece; se oye alzar la cadena oxidada que raspa el escobén. Los que se quedan se asoman a las escarpas del muelle para seguir con los ojos al barco hasta que dobla el cabo; agitan por última vez un trapo blanco.
Sal de viaje, explora todas las costas y busca esa ciudad ―dice el Kan a Marco―. Después vuelve a decirme si mi sueño responde a la verdad.
―Perdóname, señor: no hay duda de que tarde o temprano me embarcaré en aquel muelle ―dice Marco―, pero no volveré para contártelo. La ciudad existe y tiene un simple secreto: sólo conoce partidas y no retornos.
Italo Calvino Las ciudades invisibles
Ed. Siruela, 2013
Traducción: Aurora Bernárdez
Fot: Retrato de Italo Calvino, anónimo
Fot: Retrato de Italo Calvino, anónimo
lunes, 9 de mayo de 2016
Serán ceniza
Serán ceniza
Cruzo un desierto y su secreta
desolación sin nombre.
El corazón
tiene la sequedad de la piedra
y los estallidos nocturnos
de su materia o su nada.
Hay una luz remota, sin embargo,
y sé que no estoy solo;
aunque después de tanto y tanto no haya
ni un solo pensamiento capaz contra la muerte,
no estoy solo.
Toco esa mano al fin que comparte mi vida
y en ella me confirmo
y tiento cuanto amo,
lo levanto hacia el cielo
y aunque sea ceniza lo proclamo: ceniza
Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora,
cuanto se me ha tendido a modo de esperanza.
A modo de esperanza (1953-1954)
Incluido en Poesía completa
Ed. Galaxia Gutenberg, 2014
Tres segundos
...Esto ocurre con el tiempo, los segundos pasan unos tras otros, entrecortados, es algo que no fluye, los segundos no pasan, llegan, pan, paf, pan, paf, os entran dentro, rebotan, ya no se mueven, cuando ya no se sabe qué decir se habla del tiempo, de los segundos, hay quienes los añaden unos a otros para componer con ellos una vida, yo no puedo, cada uno es el primero, no, el segundo, o el tercero, yo tengo tres segundos, y no todos los días.
Ed. Alianza Editorial, 2006
Traducción: Rafael Santos Torroella
Fot: Retrato de Samuel Beckett, sin datos
Fot: Retrato de Samuel Beckett, sin datos
domingo, 8 de mayo de 2016
Parranda
La mala noticia es que el placer también nos despedaza.
La eterna parranda
Ed. Aguilar, 2011
La ferocidad del juego
Consideró la crueldad de la necesidad de amar. Consideró la malignidad de nuestro deseo de ser feliz. Consideró la ferocidad con que queremos jugar. Y el número de veces en que mataremos por amor.
Clarice Lispector La mujer más pequeña del mundo
Incluido en: Clarice Lispector, Cuentos reunidos
Ed. Siruela, 2013
Traducción: Cristina Peri Rossi, Juan García Gayo, Marcelo Cohen y Mario Morales
sábado, 7 de mayo de 2016
Desasimiento
La felicidad o la desdicha era una simple cuestión de elasticidad de nuestra facultad de desasimiento. La vida transcurría en un equilibrio constante entre el toma y el deja. Y lo difícil no era tomar, sino dejar, desasirnos de las cosas que merecen nuestro aprecio. Aquí estribaban las posibilidades de felicidad de cada humano: en que su facultad de desasimiento fuese más o menos elástica, en que el hombre estuviese más o menos aferrado a las cosas materiales. Por ello tal vez el secreto básico estuviese contenido en el hecho de no tomar nunca para no tener que dejar nada. Era un remedio negativo, de renunciación, pero, con certeza, el adecuado a mi calidad humana, desprovista de reservas y de capacidad de sacrificio. Lo cuestionable consistía en saber si el hombre tiene alguna probabilidad de subsistir sin aprehender nada, desasido de todo, desconectado de los seres y las cosas que le rodean; si el individuo es capaz de desarrollar su individualidad propia y primitiva sin necesidad de echar mano de recursos extraños a sí.
La cabeza empezaba a calentárseme restregada por el decurso de los primeros razonamientos. Quise imaginarme a un grano de trigo aislado de los demás granos, sin rozarse con ninguno, dentro de un saco; deseé poder concebir un punto de arena en una playa sin conexión alguna con otros puntos; quise aislar una molécula de agua en el seno de la mar, y no me fue posible. La realidad se me imponía con las armas de la lógica. Nada puede existir en el mundo sin una relación de dependencia, de coordinación o de mando. Todo está incrustado en un orden preestablecido, sometido a leyes fatales o voluntarias, pero que por sí hablan ya de una coordinación y un nexo al menos relativos. Deseé imaginarme a un hombre autónomo, independiente de otros hombres y de las cosas en un grado absoluto. Voló mi imaginación a un peñasco solitario del mar mayor del universo. Allí situé a mi hombre imaginario. Le di por oficio el de torrero del faro. Al momento se me impuso de nuevo, implacable, la fuerza de la realidad. Ese hombre venía de algún punto; naturalmente, de otro hombre. El faro debería arder de noche para evitar el naufragio de otros hombres. Sobre esto el torrero había de atender a sus necesidades ineludibles: comer, vestir, cultivar su espíritu. Ya estaba mi hombre encadenado; sujeto a la ráfaga interminable de la dependencia, de la conexión, de la fatal coordinación a otros hombres y a otras cosas. El hombre absolutamente aislado era inconcebible. En ese equilibrio entre el toma y el deja, no era solución posible el no tomar nada para no tener que dejar nada. La encrucijada del desasimiento, en más o en menos, había de llegar forzosamente para todos.
Miguel Delibes La sombra del ciprés es alargada, 1947
Ed. Destino, 2003
viernes, 6 de mayo de 2016
Romper a hablar
Para mí la poesía fue sustitución de la danza y fruto del ritmo del cuerpo, del ritmo de los pasos. Esto lo tuve claro desde los 18 años. Mucho después encontré en unas palabras de María Zambrano la confirmación de mis intuiciones: "[El corazón] está a punto de romper a hablar."
Clara Janés
Joseph Beuys
Joseph Beuys, Torso, 1949
Joseph Beuys, Torso, 1949/51. Installation während der Zeitgeist-Ausstellung (1982-3) im Innenhof des Martin-Gropius-Bau, Berlin. Aus Joseph Beuys im Wilhelm-Lehmbruck-Museum, Duisburg.
An image of an installation that is completely submerged in death and sexuality in a city recovering from war. Imagine what it would have been like to be able to walk around this installation over and over in some kind of trance. This only makes sense in Berlin.
Joseph Beuys
Joseph Beuys: El arte de la liberación Artículo de culturacolectiva.com sobre el autor.
Joseph Beuys: El arte de la liberación Artículo de culturacolectiva.com sobre el autor.
jueves, 5 de mayo de 2016
Regreso
El regreso
Yo vuelvo
por mis alas.
¡Dejadme volver!
¡Quiero morirme siendo amanecer!
¡Quiero morirme siendo ayer!
Yo vuelvo por mis alas.
¡Dejadme retornar!
Quiero morirme siendo manantial.
Quiero morirme fuera de la mar.
Corriente
El que camina se enturbia.
El agua corriente no ve las estrellas.
El que camina se olvida.
Y el que se para sueña.
Hacia...
Vuelve,
¡corazón!;
vuelve.
Por las selvas del amor no verás gentes.
Tendrás claros manantiales.
En lo verde hallarás la rosa inmensa del siempre.
Y dirás ¡amor, amor!,
sin que tu herida se cierre.
Vuelve,
¡corazón mío!
Vuelve.
Fot. Fumadora de opio, anónima
La queja de las olas
Y desaparece velozmente, como esos etíopes carceleros de princesas en los castillos encantados. Yo, espoleado por la curiosidad, salgo tras él. Heme en el puente que ilumina la plácida claridad del plenilunio. Un negro colosal, con el traje de tela chorreando agua, se sacude como un gorila, en medio del corro que a su rededor han formado los pasajeros, y sonríe mostrando sus blancos dientes de animal familiar. A pocos pasos dos marineros encorvados sobre la borda de estribor halan un tiburón medio degollado, que se balancea fuera del agua al costado de la fragata. Mas he ahí que de pronto rompe el cable, y el tiburón desaparece en medio de un remolino de espumas. El negrazo musita apretando los labios elefancíacos…
(…)
El negro pareció dudar. Asomóse al barandal de estribor y observó un instante el fondo del mar, donde temblaban amortiguadas las estrellas. Veíanse cruzar argentados y fantásticos peces que dejaban tras si estela de fosforescentes chispas y desaparecían confundidos con los rieles de la luna. En la zona de sombra que sobre el azul de las olas proyectaba el costado de la fragata, esbozábase la informe mancha de una cuadrilla de tiburones. El marinero se apartó reflexionando. Todavía volvióse una o dos veces a mirar las dormidas olas, como penetrado de la queja que lanzaban en el silencio de la noche.
Ramón María del Valle-Inclán Sonata de estío (fragmento)
Ed. Espasa Libros (Colección Austral)
Fot. del autor, anónima
Fot. del autor, anónima
miércoles, 4 de mayo de 2016
Irse no es suficiente
Irte no es suficiente, debes marcharte. Entrena tu corazón como a un perro, cambia las cerraduras de tu casa, la que él nunca visitó. Eres afortunada, una chica afortunada. Tienes un apartamento a tu tamaño, una bañera llena de té, un corazón del tamaño de toda Arizona, pero aún no tan árido.
No reniegues de tu desafortunado pasado, tus problemas son marionetas de papel maché que hiciste o compraste porque el vendedor del mercado era tan terco que tuviste que comprarlas. Tuviste que tenerlo. Y lo tuviste. Y ahora derrumbas el puente entre tus casas, le haces llamadas antes de que venga, das por sentado tener un amante, uno que te mire como si fueras mágica. Haces de la primera botella que consumes una reliquia. Colócala en cualquier altar que construyas con un cuchillo y cinco arándanos. No pierdas demasiado peso. Las mujeres estúpidas siempre intentan desaparecer como venganza. Y tú no eres estúpida. Amaste a un hombre con más manos que un desfile de mendigos, y aquí permaneces. Corazón como una cama con dosel. Corazón como un lienzo. Corazón que gotea algo tan fuerte que pueden olerlo desde la calle.
martes, 3 de mayo de 2016
Memoria del pasado
Muchas centurias antes de nosotros, Herodoto descubre un importante -al tiempo que astuto y sofisticado- rasgo de la memoria: las personas recuerdan aquello que "quieren" recordar y no lo que en verdad ha sucedido. Pues cada individuo la tiñe del color que más le conviene y prepara en su crisol particular su propia mezcla: de ahí que sea imposible desentrañar el pasado tal como realmente fue, sólo podemos acceder a sus muchas variantes, a versiones más o menos verosímiles o que mejor se ajustan a nuestras expectativas. El pasado no existe. Sólo existen sus infinitas interpretaciones.
Ryszard Kapuściński
Viajes con Herodoto
Viajes con Herodoto
Ed. Anagrama
Agotamiento al atardecer
Agotamiento al atardecer
El corazón vacío regresa a casa después de un atareado día en la oficina. Y qué va a hacer un corazón vacío sino vaciarse de vaciedad. Borrar lo imborrable requiere un esfuerzo mental, el empleo inútil de facultades ya sobrecargadas. Pobre corazón vacío, envejeciendo antes de tiempo, cómo se esfuerza por hacer lo que la mente le dice que haga. Pero el esfuerzo acaba en nada. El corazón vacío no puede hacer lo que la mente le ordena. Se sienta en la oscuridad, sueña despierto y el vacío crece.
Ed. Visor de Poesía, 2012
Trad. Julio Trujillo
Fot. Sarah Shatz Mark Strand en New York, 2013
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