viernes, 12 de octubre de 2018

Cisne salvaje


Odio mis versos, cada línea, cada palabra.
Oh pálidos y frágiles lápices intentando siempre
la curvatura de una hoja de hierba o la garganta de un pájaro
que se suspende en la rama, erizado contra un blanco cielo.
Oh quebrados y crepusculares espejos siempre por atrapar
un color, un raudo destello del esplendor de las cosas.
Cazador desafortunado, oh balas de cera,
la belleza del león, las alas del cisne salvaje, la tormenta de las alas.
Este cisne salvaje del mundo no es presa de cazadores.
Mejores balas que las tuyas errarían al blanco pecho,
mejores espejos que los tuyos se quebrarían en la flama.
¿Acaso importa que te odies a ti mismo? 
Cuanto menos ama tus ojos que pueden ver, 
tu mente que puede oír la música, el trueno de las alas. 
Ama al cisne salvaje.

Robinson Jeffers
De Solstice (1933-1935)
versiones de Alberto López Fernández y Pablo Soler Frost

Fot. Robinson Jeffers delante de su casa en la bahía de Monterrey

jueves, 11 de octubre de 2018

Si


Si… 

Si puedes mantener la cabeza cuando todo a tu alrededor 
pierde la suya y te culpan por ello; 
Si puedes confiar en ti mismo cuando todos dudan de ti, 
pero admites también sus dudas; 
Si puedes esperar sin cansarte en la espera, 
o, siendo engañado, no pagar con mentiras, 
o, siendo odiado, no dar lugar al odio, 
y sin embargo no parecer demasiado bueno, ni hablar demasiado sabiamente;

Si puedes soñar -y no hacer de los sueños tu maestro; 
Si puedes pensar -y no hacer de los pensamientos tu objetivo; 
Si puedes encontrarte con el triunfo y el desastre 
y tratar a esos dos impostores exactamente igual, 
Si puedes soportar oír la verdad que has dicho 
retorcida por malvados para hacer una trampa para tontos, 
o ver rotas las cosas que has puesto en tu vida 
y agacharte y reconstruirlas con herramientas desgastadas;

Si puedes hacer un montón con todas tus ganancias
y arriesgarlo a un golpe de azar, 
y perder, y empezar de nuevo desde el principio 
y no decir nunca una palabra acerca de tu pérdida; 
Si puedes forzar tu corazón y nervios y tendones 
para jugar tu turno mucho tiempo después de que se hayan gastado 
y así mantenerte cuando no queda nada dentro de ti
excepto la Voluntad que les dice: “¡Resistid!”

Si puedes hablar con multitudes y mantener tu virtud
o pasear con reyes y no perder el sentido común; 
Si ni los enemigos ni los queridos amigos pueden herirte; 
Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado; 
Si puedes llenar el minuto inolvidable 
con un recorrido de sesenta valiosos segundos. 
Tuya es la Tierra y todo lo que contiene, 
y -lo que es más- ¡serás un Hombre, hijo mío!

miércoles, 10 de octubre de 2018

Pocas cosas


Pocas cosas
y sentido común
y la jarra de loza, grácil,
con el ramo
resplandeciente.

La difícil
extracción del sentido
es simple:

el acto claro
en el momento claro
y pocas cosas:
verde
sobre blanco.

Hugo Padeletti
Pocas cosas
a Haydée y Juan Grela

Fot. Constantin Brancusi
Lily, 1933

Los indolentes


LOS INDOLENTES
Dedicado a Ernst Balcke

Una vieja barca, que en el puerto en calma
al atardecer amarrada se mece.

Los amantes, que tras los besos duermen.

Una piedra, profunda en el pozo verde.

El descanso de la Pitia, como el reposo
de los grandes dioses tras un largo banquete.

El cirio blanco, que empalidece al muerto.

Las cabezas leoninas de las nubes en torno a un valle.

La sonrisa de un tonto convertida en piedra.

Jarrones polvorientos donde pervive una fragancia.

Violines rotos en el desorden de los suelos.

Antes del ímpetu de la tormenta, el aire inmóvil.

Una vela, que en el horizonte brilla.

La fragancia de los brezos, que guía a las abejas.

El dorado del otoño, que corona hojas y tallos.

El poeta, que percibe la maldad del necio.

Georg Heym
(Versión, mayo, 1910)

La vida


LA VIDA

A los umbrales del otoño,
en un ocaso
mudo,

descubres la onda del tiempo
y tu rendición
secreta,

como de rama en rama
ligero
un descender de pájaro
al que no le sostienen ya las alas.

lunes, 8 de octubre de 2018

Para la casa nueva


Para la casa nueva

Que esta casa se llene con olores de la cocina
y con sombras y juguetes y nidos de ratones
y rugidos de furia y cascadas de lágrimas
y hondos silencios sexuales y sonidos
de origen misterioso nunca explicados
y tesoros y regalos y miles de deshechos
y un flujo como un viento cálido pero más lento
soplando las hojas de los árboles y libros y años
de pez de la vida de un niño revoloteando plateados
rápido, rápido en la lenta ráfaga incesante
que ondula las cortinas un momento
todos esos años desde ahora, hacia atrás.
Que puedan los umbrales y los marcos bendecidos
bendecir a cada paso.
Que puedan los techos pero no los cuartos conocer la lluvia.
Que las ventanas conozcan claramente
la rama y la flor del manzano.
Y que podáis estar en esta casa
como la música está en el instrumento.

Versión de Diana Bellessi

Foto anónima de la autora, 1954

domingo, 7 de octubre de 2018

Funambulista


FUNAMBULISTA

Alineo mis pasos sobre la cuerda,
hablo para mí:
tiemblo durante el espacio vacío
entre el pie izquierdo y el derecho;
quedan sólo las huellas en el aire,
sólo el rastro ensangrentado
de las vocales y otros sonidos
que no transitan, 
huyen de mi latido lineal,
se despeñan, pierden el hilo
sin red que los rescate.
Sigo el camino
trazado de la mañana a la noche,
sembrado con señales luminosas:
no pises aquí, demórate, 
hunde el pie en la arena que se desmorona, 
salta ágil, avanza, galopa; 
ahora calla, espera. 
Ventisca de palabras turbias en lo alto,
aves ajenas: 
no me distraigan canoras,
no me distraigan
imágenes con sus reflejos,
imágenes de racimo variopinto,
no me deslumbren reflectores en lo alto de la carpa,
palomillas encantadas a su alrededor,
rostros expectantes y sus rubores:
que su respiración no tense mi cuerda ni la afloje,
que cada paso siga el compás idéntico a mi propia voz
no me enreden, listones multicolor, ramas
que se cruzan en mi corto vuelo,
no me hundan, estigias mentales,
huecos sin remedio:
cedan el paso a mi caminar suspendido, tarareado en línea recta.

Fot. Funambulista sobre las ruinas de Colonia. 1946

Somos los guardianes


SOMOS LOS GUARDIANES

Somos los guardianes de casas vacías,
La luna apoya su delgado cuerpo contra la puerta,
Pero el óxido hace chirriar la cerradura.
El sol mira a través de la ventana,
Pero los postigos cerrados son como ojos ciegos.
Nuestras almas están llenas de muerte y cosas maravillosas
Como cuencos llenos de objetos,
Un polvo de pétalos
Susurra entre los cansados dedos de un fantasma.

Versión de Jonio González

Dora Carrington (derecha) e Iris Tree, 1929

sábado, 6 de octubre de 2018

Abandonarse al tiempo


ABANDONARSE AL TIEMPO

Con el espíritu flotante y casi diría hechizado por esa actividad mental que me había transportado hacia el lado correcto de la habitación doble, me entregué al pasatiempo de crear listas, al vicio de ensartar en un hilo invisible las cosas en apariencia más variopintas. Con la torpeza de un orientalista diletante, con la tosquedad de un luchador de sumo que ingresa a un territorio de figuras de porcelana, me entregué al arte secreto y en desuso del "tsurezure" o "nagusamu", que en japonés significa "librarse de las horas muertas", expresión frecuente en tiempos de Sei Shônagon, cuando las damas de la corte del Japón, aisladas en habitaciones individuales, se enfrentaban a largos periodos de ensimismamiento y a veces pesadumbre, que algunas intentaban no padecer mediante la contemplación y la escritura de listas.
El arte secreto y en desuso del "tsurezure" o "nagusamu", que trescientos años más tarde daría pie al "Tsurezuregusa", el libro inestimable de Yoshida Kenko, consiste en librarse de las horas muertas por medio del gesto audaz de confiarse a ellas, de no oponerles resistencia, a la manera de las artes marciales del Oriente que se valen del impulso y de la fuerza del adversario para derrotarlo (en este caso, la falta de impulso). El arte secreto de aguzar la atención frente a lo que carece de relieve y sin embargo nos constituye; el arte de abandonarse al tiempo que parece vacío, inmóvil, y que en su flujo insensible nos transporta; llevar el registro, al estilo de Sei Shônagon en "El libro de la almohada", de lo ordinario y trivial, de los días que pasan, de lo apacible e íntimo y por fin uniforme, de aquello que ya no nos dice nada si no lo interrogamos. Descubrir las afinidades secretas.

Luigi Amara
La escuela del aburrimiento
Ed. SextoPiso, 2012

viernes, 5 de octubre de 2018

La propuesta


LA PROPUESTA

Esta tarde, mientras la luz recorre
con imposible lentitud el huerto
y yo me giro, inquisitiva,
mi mano entre tu mano,
mis ojos buscando un sentido
a las nubes que oprimen
el vasto escenario del cielo,
¿aceptarás conmigo ese sendero
que existe solo cuando lo pisamos,
esa casa que respira a la vida
solo cuando se la comparte,
esa jarra de vino
que se llena cuando bebemos?

Ed. Trea, 2018
Trad: Jordi Doce

Caballos

CABALLOS

Vi desde la ventana los caballos.

Fue en Berlín, en invierno. La luz
era sin luz, sin cielo el cielo.

El aire blanco como un pan mojado.

Y desde mi ventana un solitario circo
mordido por los dientes del invierno.

De pronto, conducidos por un hombre,
diez caballos salieron a la niebla.

Apenas ondularon al salir, como el fuego,
pero para mis ojos ocuparon el mundo
vacío hasta esa hora. Perfectos, encendidos,
eran como diez dioses de largas patas puras,
de crines parecidas al sueño de la sal.

Sus grupas eran mundos y naranjas.

Su color era miel, ámbar, incendio.

Sus cuellos eran torres
cortadas en la piedra del orgullo,
y a los ojos furiosos se asomaba
como una prisionera, la energía.

Y allí en silencio, en medio
del día, del invierno sucio y desordenado,
los caballos intensos eran la sangre,
el ritmo, el incitante tesoro de la vida.

Miré, miré y entonces reviví: sin saberlo
allí estaba la fuente, la danza de oro, el cielo,
el fuego que vivía en la belleza.

He olvidado el invierno de aquel Berlín oscuro.

No olvidaré la luz de los caballos.


Pint. Salvador Dalí
El caballo transparente

jueves, 4 de octubre de 2018

Allí donde el aliento


ALLÍ DONDE EL ALIENTO

Está solo en el escenario 
sin ningún instrumento. 

Se pone la mano en el pecho
allí donde nace el aliento
y donde se apaga.

No son las manos que cantan,
ni tampoco el pecho.

Canta lo que está callado 

Ed. Acantilado, 2005
Trad. Xavier Farré

miércoles, 3 de octubre de 2018

Oda a la inmortalidad


ODA A LA INMORTALIDAD

Aunque el resplandor 
que en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mis miradas.

Aunque mis ojos ya no
puedan ver ese puro destello
que en mi juventud me deslumbraba.

Aunque nada pueda hacer volver 
la hora del esplendor en la hierba,
de la gloria en las flores,

no debemos afligirnos
porqué la belleza subsiste siempre en el recuerdo.

En aquella primera
simpatía que habiendo sido una vez,
habrá de ser por siempre

en los consoladores pensamientos
que brotaron del humano sufrimiento,
y en la fe que mira 
a través de la muerte.

Gracias al corazón humano,
por el cual vivimos,
gracias a sus ternuras, 
a sus alegrías y a sus temores, 
la flor más humilde al florecer,
puede inspirarme ideas que, a menudo,
se muestran demasiado profundas
para las lágrimas.

Un viento de octubre


UN VIENTO DE OCTUBRE

Efímero como el aroma del clavel
un viento de octubre susurra en mis oídos 
melodías de la infancia, qué lejanía
percute suave en la memoria,
por un momento la vida se detiene,
su fastuoso y miserable ruído
desaparece en la caricia de este viento.

También maté mis dioses con una arquitectura
erguida sobre el solar de la ignorancia.
Mientras el sol temple los ventanales
y pueda aún partirse en dos la tristeza
como una nuez abierta por su exacta mitad,
y puedan todavía las palabras nombrar
un misterio efímero como el aroma de un clavel.

Sólo mientras, ni un antes ni un después,
con un libro en la mano y un amor
descorchando el tapón de la luna
para que brote toda la oscura soledad del Ser,
y conjurarla, bailar sobre su tumba,
llorar sobre sus huesos, sólo por un momento,
como este viento efímero de octubre.

martes, 2 de octubre de 2018

Todo está allí


Todo está allí, 
apretado en la cuenca 
donde, 
pájaro quieto, 
aguarda

La palabra de la tierra


LA PALABRA DE LA TIERRA

Sujétate
Agárrate como un árbol a la tierra
tenso entre sus raíces
fibra y cuerpo
para lo difícil
los vientos
la precariedad
el beso de lunas

Asiéntate con fervor
entre lo duro y lo rocoso
ama eso que te debate
pues te concentra
en el secreto
del íntimo horror
la palabra de la tierra.

de Cielo, tu arco grande, 1989

lunes, 1 de octubre de 2018

domingo, 30 de septiembre de 2018

Quisiera ser viento


Ambición

¡Quisiera ser viento!
Ráfaga tendida
que arrastra en su beso
el polvo y la nube,
la rosa, el lucero...

-No brisa apacible
que finge despechos
y siembra caricias-.

Yo quiero ser fuego,
volcán de aire rojo
que incendie el secreto
de todas las ramas
y todos los pechos;

aquilón desnudo,
huracán de acero,
fragua donde forjan
su actitud los cuerpos.

¡Cuando voy a ti,
quisiera ser viento
para arrebatarte
más allá del cielo!



Anhelo



En la noche despierto y veo:
junto a mí está tendido
aquello que he anhelado.
Sólo falta que le dé forma.


Trad. Jelena Rastović


sábado, 29 de septiembre de 2018

Siempre la misma cosa


¡Oh! Cómo será de inefable la vida, una especie de sombra. 
Mi sombra y yo, mi sombra es yo.
Siempre la misma cosa que insiste de manera cada vez más imperiosa, implacable, siempre la misma lengua que bebe a lengüetazos, la misma mandíbula que roe la palabra un poco más cada día, eso que se atraganta un poco más con cada frase.
Todo eso.
No hay final, si se parte de un hombre que quiere terminar solo, dice Derrida.
¿Solo? Pero no sin No. No sin Quién, no sin Qué y no sin Voz.

Hélène Cixous
El vecino de cero. Sam Beckett
Ed. Shangrila, 2018
Trad: Mariel Manrique

viernes, 28 de septiembre de 2018

Un sueño de celos



Un sueño de celos

Caminando contigo y otra dama
por un parque boscoso, la susurrante hierba
corría sus dedos a través de nuestro silencio sospechoso
y los árboles se abrían hacia un sombreado
e inesperado claro donde nos sentamos.
Creo que el candor de la luz nos desalentó.
Hablamos sobre deseo y ser celoso,
nuestra conversación una simple bata suelta
o un mantel de pic-nic blanco desplegado
como un libro de modales en el desierto.
«Muéstrame,» dije a nuestra compañera, «lo que
tanto he deseado, tu estrella malva del pecho.»
Y ella consintió. Oh, ni estos versos
ni mi prudencia, amor, pueden curar la herida de tus ojos.


De "Trabajo de campo" 1979
Versión de Vicente Forés y Jenaro Talens

Fot. Terry Magson
Distant noise

jueves, 27 de septiembre de 2018

Por qué viniste


Por qué viniste

¿Por qué viniste
a perturbar mi decadencia?
Soy vieja (era vieja hasta que llegaste);
la rosa más roja se abre
(qué ridículo,
en esta época, en este lugar,
imposible, impropio,
hasta ligeramente escandaloso),
la rosa más roja se abre;
(nadie puede detener,
ninguna amenaza inmanente del aire,
ni siquiera el clima,
que marchita nuestra fruta veraniega),
la rosa más roja se abre
(tienen que tomarlo en cuenta).

Fot. Man Ray
Retrato de Hilde, 1922

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Final


FINAL

Pero en la ventana el ángulo intacto de una espera
resuelve en sí al día liso.

de Coral, 1950

Fot. Sophia fotografiada por Fernando Lemos
en la casa de Travessa das Mónicas
 (en el barrio de Graça, Lisboa), años 50.


martes, 25 de septiembre de 2018

Blanco en lo blanco


Blanco en lo blanco

Haz una llave, aunque sea pequeña,
entra en la casa.
Consiente en la dulzura, ten piedad
de la materia de los sueños y de las aves.

Invoca el fuego, la claridad, la música
de los flancos.
No digas piedra, di ventana.
No seas como la sombra.

Di nombre, di niño, di estrella.
Repite las sílabas
donde la luz es feliz y se demora,

vuelve a decir: hombre, mujer, niño.
Donde la belleza es más nueva.

Versión de Aníbal Nuñez

domingo, 23 de septiembre de 2018

Hombres sin mujeres


Convertirse en un hombre sin mujer es muy sencillo: basta con amar locamente a una mujer y que luego ella se marche a alguna parte. En la mayoría de los casos (como bien sabrás), son taimados marineros quienes se las llevan. Las seducen con su labia y las embarcan deprisa hacia Marsella o Costa de Marfil. Prácticamente nada podemos hacer frente a ello. También es posible que ellas mismas acaben quitándose la vida, sin haberse relacionado con ningún marinero. Frente a eso tampoco podemos hacer nada. Ni siquiera los marineros pueden.
Sea como fuere, así es como te conviertes en un "hombre sin mujer". Todo sucede en un abrir y cerrar de ojos. Y una vez convertido en hombre sin mujer, el color de la soledad va tiñendo hasta lo más hondo de tu cuerpo. Como una mancha de vino que se derrama sobre una alfombra de tonos claros. No importa cuán amplios sean tus conocimientos en labores domésticas, porque eliminar esa mancha será una tarea terriblemente ardua. Quizá el color se vuelva desvaído con el tiempo, pero probablemente la mancha permanecerá hasta que exhales el último suspiro. Es una mancha cualificada y, como tal, también tendrá su derecho a manifestarse en público de vez en cuando. No te quedará más remedio que vivir con la suave transición de su color y su contorno polisémico.
En ese mundo, todo suena de distinta manera. La forma de tener sed es distinta. La manera de atender de los empleados de Starbucks es distinta. Los solos de Clifford Brown también suenan distintos. La puerta del metro se abre de manera distinta. Incluso la distancia que hay caminando desde Omotesandõ hasta Aomaya-itchõme es bastante distinta. Aunque más tarde conozcas a otra mujer, y por muy estupenda que ésta sea (de hecho, cuanto más estupenda, peor), empiezas a pensar que la perderás desde el mismo instante en que la conoces. La sombra evocadora de los marineros, el timbre de las lenguas extranjeras en sus bocas (¿griego?, ¿estonio?, ¿tagalo?) te pondrán nervioso. Todos los nombres exóticos de los puertos del mundo te harán temblar. Porque ya sabes que se siente al ser un hombre sin mujer. Tú eres la alfombra persa de tonos claros, y la soledad, la mancha del Burdeos que nunca se eliminará. La soledad la traen de Francia, y el dolor de la herida de Oriente. Para los hombres sin mujeres, el mundo es una mezcolanza vasta e intensa, es la otra cara de la Luna en su totalidad.

Haruki Murakami
Hombres sin mujeres
Ed. Tusquets, 2015
Trad: Gabriel Álvarez Martínez

Fot. Francis Bruguière
Woman with arm against wall, circa 1925
(George Eastman House, Rochester, NY)

Afecto


No todo asume un nombre. Algunas cosas van más allá de las palabras.

Uno nunca debe dirigir a las personas hacia la felicidad, porque la felicidad es también un ídolo del mercado. Uno debe dirigir hacia ellos el afecto mutuo.

Aleksandr Solzhenitsyn


viernes, 21 de septiembre de 2018

Sin miedo


...Y si queriendo alzarte
nada has alcanzado,
déjate caer sin parar
tu caída, sin miedo
al fondo de la sombra,
sin miedo al enigma
de ti mismo.


jueves, 20 de septiembre de 2018

Los abrazos perdidos


¿No están hechas las noches del espacio cruel 
de todos los abrazos que perdió el amante? 
Tú que amas sin límite, y quieres resistir: 
fluye como fuente y reclúyete en el laurel.

A Ellen Key 
Verano de 1909

El aroma del tiempo


La sensación de que el tiempo pasa mucho más rápido que antes tiene su origen en que la gente, hoy en día, ya no es capaz de demorarse, en que la experiencia de la duración es cada vez más insólita. Se considera, de manera equivocada, que el sentimiento de atolondramiento responde al miedo de perderse algo. Pero en realidad nos encontramos ante el caso contrario. Quien intenta vivir con más rapidez, también acaba muriendo más rápido. La experiencia de la duración, y no el número de vivencias, hace que una vida sea plena.

Byung-Chul Han
El aroma del tiempo
Ed. Herder, 2014
Trad. Paula Kuffer

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Otoño del '80


OTOÑO DEL ‘80

¿Dónde está aquella habitación, muchacha del otoño del ’80?
Cada viento llevaba el polvo de toba
sacudido por el terremoto y restregado en la cara.
¿Dónde está tu espalda en el techo, enrojecida
por las caricias de lija del joven amargo?
Después de ti cien años de paciencia.
Ahora entre nosotros se recita la edad,
asqueados de ser atrayentes.
Cualquier destino habría sido menor, perdido el mayor contigo.

Erri De Luca
de "El huésped empedernido"

Mientras tanto


MIENTRAS TANTO

La castidad de la piedra es el silencio.

Ora en el brocal de un pozo el eco
demudado de la brisa.

Somos


Nada tengo en contra de que la gente encadene su vida a un suceso en particular y le de cierta relevancia para que su vida tenga más sentido. Bien sabe Dios que necesitamos de todos los puntos de apoyo que podamos encontrar en la montaña de cristal de nuestra existencia. El problema radica en que por mucho que escalemos, al llegar a la madurez, descubrimos que nos hemos pasado la vida en el mismo lugar. Creíamos que seríamos alguien hasta que nos convertimos en el don nadie que somos. Os lo digo porque lo sé.


Jeanette Winterson
Travesía por el Atlántico
De El mundo y otros lugares
Ed. Lumen, 2015
Read. Alejandro Palomas

Fot. Helena Almeida
Montaje con un texto de Pedro Tamen

Disseste: o sol nasceu.
Foi verdadeiramente então que o sol nasceu
e que nos habituámos todos a dizer
que o sol nasceu.
Às vezes pensamos que acontece várias vezes
mas é uma ilusão de óptica que não nos deixa ver
o grande círculo azul em cujo centro
tu dizes eternamente: o sol nasceu.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Aun puedo verte


AUN PUEDO VERTE: un eco,
palpable con palabras
táctiles, en el filo
del adiós.

Tu cara se asusta suave,
si de pronto 
lámpadamente esclarece
en mí, en el lugar 
donde con el mayor dolor se dice Nunca.
De: “Compulsión de luz
Recogido en: “Paul Celan – Obras Completas”
Ed, Trotta, 1999
Traducción de José Luis Reina Palazón

Sheet series 2, 1974

domingo, 16 de septiembre de 2018

Luz


Expresión secular:
de la nada no sale nada:
algo -al menos de lejos, sombra, al menos,
de una sombra. Nada, es decir: esa hora
del día, esa casa -hasta un encarcelado y condenado 
a muerte, la memoria le ofrece: esa boca.
¿Fuimos en exceso concordes?
Con todo, nuestro fue nuestro mundo;
-y somos ahora sombras sólo de nosotros
mismos- el otro mundo todo, a cambio, es luz. Luz.

Fragmento de ¡Por el año nuevo!
en El canto y la ceniza
Ed. Galaxia Gutenberg
Antología poética. Anna Ajmátova, Marina Tsvetáyeva. 
Trad: Monica Zgustova y Olvido García Valdés

Fot. Jeanloup Sieff
Carolyn Carlson

Anhelo


Anhelo

Sin color, sin cuerpo 
este cariño que vaga 
disperso, apiñado, 
una y otra vez disperso, 
palpita sin embargo 
en el bocado de la manzana, 
en la incisión del higo,
en una cereza grana, 
en el grano de un racimo. 
Tanta Afrodita difusa por el aire 
dará sed y palidez 
a una boca y a otra boca 
sin color, sin cuerpo.

Poesía completa
Ed. Alianza, 1986
Versión de Pedro Bádenas de la Peña

sábado, 15 de septiembre de 2018

El día extraño


El paso del tiempo exaspera y condensa cualquier tormenta, aunque al principio no hubiera ni una nube minúscula en el horizonte. Uno ignora lo que el tiempo hará de nosotros con sus capas finas que se superponen indistinguibles, en qué es capaz de convertirnos. Avanza sigilosamente, día a día y hora a hora y paso a paso envenenado, no se hace notar en su subrepticia labor, tan respetuosa y mirada que nunca nos da un empujón ni un sobresalto. Cada mañana aparece con su semblante tranquilizador e invariable, y nos asegura lo contrario de lo que está sucediendo: que todo está bien y nada cambia, que todo es como ayer -el equilibrio de fuerzas-, que nada se gana y nada se pierde, que nuestro rostro es el mismo y también nuestro pelo y nuestro contorno, que quien nos odiaba nos sigue odiando y quien nos quería nos sigue queriendo. Y es todo lo contrario, en efecto, sólo que no nos permite advertirlo con sus traicioneros minutos y sus taimados segundos, hasta que llega un día extraño, impensable, en el que nada es como fue siempre.

Javier Marías
Los enamoramientos
Ed. Alfaguara, 2011

viernes, 14 de septiembre de 2018

Sexta elegía


Sexta elegía

Heme
permaneciendo en lo que soy,
con banderas de soledad, con escudos de frío,
atrás, hacia mí mismo corro,
arrancándome de todas partes,
arrancándome de mi delante,
de mi atrás, de la derecha, y
de la izquierda, de mi arriba, y
de mi abajo, partiendo
desde todas partes y regalando
a todas partes signos del recuerdo:
del cielo - estrellas,
de la tierra - aire,
de las sombras - ramas con sus hojas puestas.


Trad. Ioana Zlotescu y José María Bermejo


jueves, 13 de septiembre de 2018

La rebelión


La rebelión y sólo la rebelión es creadora de luz, y esa luz no puede tomar más que tres caminos: la poesía, la libertad y el amor.

André Breton

Albúm con fotos de Suzanne Muzard por André Breton

Elegía


Elegía

El alma vieja, amada, quieres que sea como las flores del verano
durante el invierno los pájaros están encerrados en sus jaulas

Te quiero como espera la colina el cuerpo del valle
o como la tierra espera la lluvia espesa y fértil

Te espero en todos los atardeceres en la ventana, deshilando abalorios
colocando los libros, leyendo mis versos

Y ahora me alegro cuando en el patio ladran los perros ladran los perros
y cuando llegas para quedarte conmigo hasta mañana hasta mañana

Mi alma feliz es como nuestro cuarto cálido
cuando sé que está nevado y las calles se visten de blanco.

Versión Darie Novácenau

The Collector of Coins, 1904
The National Museum of Art, Architecture and Design, Norway

martes, 11 de septiembre de 2018

Lugar de nacimiento


Lugar de nacimiento

I

La mesa de pino en que escribía, tan pequeña y simple,
la sencillez del lecho, verdadero sueño de disciplina.
Y una cocina adoquinada allá abajo, sus rayos oblicuos

de luz espesa: una imperturbada, confiable vida
fantasmal, sin necesidad de inventar nada.
Y altos árboles en torno de la casa, grato aroma,

día y noche, de vientos como carretas lentas
que llegan tarde del mercado, o la conmoción intensa
que un violín podría causar en su renuente corazón.

II

Aquel día, fuimos una de tantas
duplicidades atormentadas, sin habla
hasta que habló de ellos,

los perseguidores del silencio al mediodía,
en un carril profundo, sexual,
lleno de helechos y mariposas.

asustado por nuestra pena,
nudo en la garganta, dolor de corazón,
por entre el bosque de tierra húmeda

donde armamos todo un episodio
de nosotros mismos, inolvidable,
inmencionable,

y nos dispersamos de nuevo como ganado
entre los arbustos, mojados y escurridos
a unos metros de la casa.

III

Si todos los sitios no están en ninguno,
¿quién podrá probar la existencia
de un lugar cualquiera?

Regresamos vacíos
a alimentarnos y resistir
las palabras del descanso:

lugar de nacimiento, viga del techo,
cal y canto, hogar, losetas,
como pesas de acero sin apilar

flotando entre galaxias.
Y aún así, ¿acaso fue hace treinta años
que me quedé leyendo hasta el amanecer,

por primera vez, de principio a fin,
El retorno del nativo?
La codorniz entre la hierba

se hizo realidad, y yo escuché
el canto del gallo y a los perros
tal como si él los estuviera describiendo


lunes, 10 de septiembre de 2018

Azul como un desierto


AZUL COMO UN DESIERTO

Felices son los solitarios
Aquellos que siembran el cielo en la ávida arena
Aquellos que buscan lo viviente bajo las faldas del viento
Aquellos que corren jadeando detrás de un sueño evaporado
Porque ellos son la sal de la tierra
Felices son las atalayas sobre el océano del desierto
Aquellos que persiguen el fennec detrás del espejismo
El alado sol pierde sus plumas en el horizonte
El eterno verano se ríe de la tumba mojada
Y si un fuerte grito resuena en las postradas rocas
Nadie lo escucha nadie
El desierto siempre aúlla bajo un cielo impasible
El ojo inmóvil sobrevuela solo
Como el águila al alba
La muerte se traga el rocío
La serpiente sofoca a la rata
El nómada bajo su carpa oye el ulular del tiempo
Sobre la grava del insomnio
Todo está allí esperando por una palabra ya indicada
En otra parte


Fot. Joyce Mansour photographiée par Gilles Ehrmann