jueves, 11 de agosto de 2016

Volver



La cuerda cortada puede volver a anudarse,
vuelve a aguantar, 
pero está cortada.

Quizá volvamos a tropezar, 
pero allí donde me abandonaste
no volverás a encontrarme.

Cuerda cortada

miércoles, 10 de agosto de 2016

Pudor


El pudor era un meteoro
el pudor era un meteoro como la lluvia y el viento
el pudor era un meteoro como la lluvia y el viento y el fuego de santelmo
el pudor era un meteoro como la lluvia y el viento y el fuego de santelmo y la nieve y el rayo
el pudor era impredecible más que todos los meteoros juntos
porque no hay cabañuelas para el pudor,
sabes que va a llegar,
no dónde, cuándo,
si con la furia de la tormenta,
si en el agua sumisa de las lágrimas.

… Y la tarde pasaba larga larga,
jugando a un botón más, oh riesgo hermoso.

Antonio Pereira  Sesenta y cuatro caballos
Ed. Calambur, 2011

Palabras


Las palabras que un día escribiste, las que han perdido ya su sentido y las que son antiguas y a la vez son bellísimas. Las palabras que merecen ser olvidadas y las bocas que tan bien pronunciaban aquel ritmo monocorde, ya - nadie - más - te - espera. Las palabras más sucias, las que aún ignoro cuando estoy desvelado, y las palabras que traicionan con su ternura y su pánico. Las que tendrás que callar porque alguien va a salir martirizado de esta queja. Las tremendas palabras, las que no están.

Luis Miguel Rabanal

martes, 9 de agosto de 2016

Sin fe



A Idea Vilariño

Quisiera no haber visto del hombre, la primera vez que entró en el almacén, nada más que las manos;
lentas, intimidadas y torpes, moviéndose sin fe, largas y todavía sin tostar, disculpándose por su actuación desinteresada. 

Juan Carlos Onetti, De los adioses
Ed. Seix Barral, 2003

lunes, 8 de agosto de 2016

Límites


Tarde o temprano en la vida cada uno descubre que la felicidad perfecta es irrealizable, pero pocos son los que nos detenemos a considerar la antítesis: que la infelicidad perfecta es igual de inalcanzable. Los obstáculos que impiden la realización de estos dos estados extremos son de la misma naturaleza: derivan de nuestra condición humana, que se opone a todo lo infinito. Nuestro cada vez más insuficiente conocimiento del futuro se opone a ello: y esto se llama, en un caso, esperanza y en el otro caso, la incertidumbre del día siguiente. La certeza de la muerte se opone a ello: porque establece un límite en cada alegría, pero también en cada duelo.

Ed. El Aleph, 2013
Trad. Pilar Gómez Bedate

Errar


Es verdad que el mar favorece mi ensoñación, porque asegura la distancia, y significa, para los sentidos, la plenitud vacante; pero ocurre de una forma no específica, y veo que los grandes desiertos, o la trama, desierta también, de las rutas de un continente, pueden ocupar la misma función, que es la de permitirnos errar, aplazando por mucho tiempo la mirada que a todo abraza, y renuncia. (...) Pero es así como olvidamos los límites, que son la potencia, sin embargo, de nuestro ser en el mundo.

Yves Bonnefoy, El territorio interior
Ed. Sexto piso, 2014
Trad. Ernesto Kavi

domingo, 7 de agosto de 2016

El peso de la sombra


... ¿Quién soy yo para saber cual es el peso de sombra necesario para construir la claridad de un verso?

Dinis Machado  Lo que dijo Molero

sábado, 6 de agosto de 2016

Adiós


En medio de las frases, de las palabras, de la algarabía, se le oye, no hay duda. Con voz ahogada pero insistente. Dice -incluso se entiende- : tengo una cita. ¿Con qué? Tendemos las manos como para recibirlo pero nada viene a llenarlas. Se ha levantado un viento ligero, el color rojo de los alhelíes vacila. Nos decimos, sí, ¿con qué? El calendario ordena sus fechas: el pasado y el futuro son, en él, cifras inmóviles. Es el presente el inasible. Está en la boca como una iluminación repentina. Como esa voz que, a punto de decir adiós, murmura - se puede oír claramente- : Esto no es serio. No se le dice adiós a nada.

Jacques Ancet  Puesto que él es este silencio, Prosa para Henri Meschonnic
Ed. Salto de página
Trad. Joséphine Cabello y Régulo Hernández.

La mujer de la foto



Un fotógrafo, pensó. Recordó que había conocido a Zita en una exposición de fotografías; ella estaba contemplando una foto de sí misma. Inni vio primero la foto y luego a Zita, y de momento no supo quién traicionaba a quién, si la mujer de la foto a la persona que la estaba contemplando o al revés. Hay fotos tan perfectas, como esa de Virginia Woolf a los veinte años, que el ser vivo que representado en ellas parece una invención, algo creado exclusivamente para hacer una foto. Sin embargo Inni no tardó en comprender que, si quería conocer a la mujer de la foto, tendría que abordar a la que estaba delante, y así lo hizo.

Cees Nooteboom   Rituales, Alter Ego II
Ed. Siruela, 2009
Trad. Francisco Carrasquer

Fot. George Charles Beresford, Virginia Woolf, 1902

viernes, 5 de agosto de 2016

Cuando llegue la luz


Nos acostamos bajo la alfombra de la noche, la alfombra estrellada, con la Luna como linterna, con el hombre en la Luna vigilandonos desde lo alto y Sirio a sus pies.
Los planetas son cuerpos del sistema solar. Nosotros también. Tú y yo somos esferas elípticas que gravitan alrededor de la vida. Es la vida lo que queremos, pero no osamos acercarnos demasiado a ella por miedo a que nos abrase, esta vida en toda su intensidad. La llamamos fuerza vital, y lo es: es una fuerza capaz de hacer que salga el brote del fango. Capaz de empujar al bebé para que salga a la luz desde la nada.
Cuando te abrazo en este lecho empapado de noche es el valor para enfrentarme al día lo que busco. Valor para que cuando llegue la luz me vuelva hacia ella. No podría ser más sencillo. No podría ser más difícil. En este pequeño mundo cubierto de noche que comparto contigo, espero encontrar lo que anhelo: una pista, un mapa, un pájaro que vuela hacia el sur, y luego, cuando llegue la luz, nos vestiremos juntos y nos iremos.

Jeanette Winterson
El mundo y otros lugares
Ed. Lumen 2015
Trad. Alejandro Palomas

La caravana


Adela vino a mi encuentro desde las brumosas profundidades del jardín, envuelta en una prenda de lana, en cuyo borde finamente rizado se formaban en torno a ella millones de diminutas gotas de agua, de una especie de resplandor plateado. En el brazo derecho llevaba un gran ramo de crisantemos de color herrumbre y, cuando sin decir palabra, habíamos atravesado el patio y estábamos en el umbral, levantó la mano libre y me apartó el cabello de la frente, como si, con aquel gesto, supiera que tenía el don de ser recordada. Sí, todavía veo a Adela, dijo Austerlitz; tan bella como era entonces ha seguido siendo para mí, inalterada. No pocas veces, al final de los largos días verano, jugábamos juntos al bádminton en la sala de baile, desde la guerra vacía, de Andromeda Lodge, mientras Gerald se ocupaba de sus palomas para la noche. Golpe a golpe volaba de un lado a otro el emplumado proyectil. La trayectoria que seguía y durante la cual giraba sobre sí mismo, sin que supiera cómo, era como una cinta blanca tendida en la hora del atardecer, y Adela flotaba en el aire, lo hubiera podido jurar, mucho más tiempo del que la fuerza de la gravedad permitía, a unos pasos del parqué. Después del bádminton, nos quedábamos casi siempre un rato aún en la sala, mirando, hasta que se extinguían, las imágenes que arrojaban los últimos rayos de sol, al atravesar horizontalmente las ramas en movimiento de un espino albar, sobre la pared que había frente a las altas ventanas ojivales. Aquellos escasos dibujos que, en continúa sucesión, aparecían en la superficie iluminada, tenían algo de fugaz, de evanescente, que por decirlo así nunca sobrepasaba el momento de su aparición, y sin embargo allí, en aquel entrelazamiento de sol y sombra que continuamente se renovaba, podían verse paisajes de montaña con glaciares y campos de hielo, mesetas, estepas, desiertos, campos de flores, islas marinas, arrecifes de coral, archipiélagos y atolones, bosques doblados por la tormenta, hierba tembladera y humo a la deriva. Y una vez, todavía lo recuerdo, Adela me preguntó, inclinándose hacia mí: ¿ves las copas de las palmeras y ves la caravana que atraviesa las dunas?

Ed. Anagrama 2002
Trad. Miguel Sáenz

jueves, 4 de agosto de 2016

Señal de Stop


SEÑAL DE STOP, CERCA DE HORSLEY

Humo en el bosque
igual que un personaje de película muda
que caminara junto a los raíles.

Una forma que reconozco; no es humo, o no es sólo el humo,
y tampoco es la nieve sobre los avellanos
o las huellas de un zorro entre el andén y los árboles,

sino el invierno, ni amigo
ni extraño, como la niña que a veces vislumbro

al alba, cerca de la barrera, con un vestido
de bayas y aguanieve, viendo pasar el tren.

Conjeturas y esperanza
(Antología 1988-2008)
Edición de Jordi Doce
Colección La Cruz del Sur, Ed. Pre-Textos, 2012

Yo estaré en tu pensamiento


Yo estaré en tu pensamiento, no seré más que una sombra imprecisa;
habré existido en un instante en que la alegría y la piedad ardían en tus ojos.
Pero también quiero permanecer desconocido en ti.
Desconocido. Simplemente envuelto en tu felicidad.
Tú distraída en tu luz y yo apenas viviente en ella,
y así, imperceptiblemente amado, esperar la desaparición.
Aunque quizá estamos ya separados por un hilo de sombra
y cada uno está en su propia luz
y la mía es la que tú vas abandonando.

Yo estaré en tu pensamiento

I Do Not Want to Disappear Silently into The Night

miércoles, 3 de agosto de 2016

Un instante


Todo tiende a hacer de nosotros los expulsados de la vida, todo también nos empuja a volver, a descender al seno creador de donde fuimos arrancados. Y le pedimos al amor –que, siendo deseo es hambre de comunión, hambre de caer y morir tanto como de renacer– que nos dé un pedazo de vida verdadera, de muerte verdadera. No le pedimos la felicidad, ni el reposo, sino un instante, sólo un instante, de vida plena, en la que se fundan los contrarios y vida y muerte, tiempo y eternidad, pacten. Oscuramente sabemos que vida y muerte no son sino dos movimientos, antagónicos pero complementarios, de una misma realidad. Creación y destrucción se funden en el acto amoroso; y durante una fracción de segundo el hombre entrevé un estado más perfecto.

Octavio Paz  El laberinto de la soledad
Ed Cátedra, 2004

Fot. Valie Export Invisible adversaries

Aullar sin ruido


Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido.

Marguerite Duras  Escribir, 1993
Ed. Tusquets, 2000
Trad. Ana María Moix

Fot. Retrato de Marguerite Duras, anónimo

martes, 2 de agosto de 2016

Los recuerdos


Los recuerdos son como perros abandonados, vagabundos, nos rodean, nos miran, jadean, aúllan alzando la vista a la luna; querrías ahuyentarlos, pero no se marchan, te lamen ávidamente la mano, y cuando les das la espalda, te muerden…

Ed. Acantilado, 2010
Trad. Adan Kovacsics

Colofón


Luz… 
Cuando mis lágrimas te alcancen 
la función de mis ojos 
ya no será llorar, 
sino ver.

Colofón

Conchita, Montenegro, 1930

lunes, 1 de agosto de 2016

Árboles castrados


Árboles castrados. Conmueven. Parecen tan humildes, tan inocentes. Su postura es la misma que antes, cuando cada brazo refulgía de verdes dorados. Árboles cortados. Erguidos a pesar de todo. Dulce espera de la primavera. Recuerdan las hojas caídas. Recuerdan las sombras gigantescas. Esperan y Esperan. Nada se reemplaza. Ya vendrán grandes ramas que , a lo mejor, serán más bellas que las anteriores ¿Por qué no podrá sucedernos lo mismo? Florecer. Un golpe de hacha. Desnudez impúdica y digna. Espera. Nuevos brotes. Otro florecimiento. Y luego lo mismo y lo mismo. Es decir que anhelo un golpe de hacha que quiebre mis ramas actuales. Quedarme desnuda y esperar sonriente.

Alejandra Pizarnik  Diarios
Ed. Lumen, 2003

Hasta que se disuelve en mi


Hace treinta y cinco años que trabajo con papel viejo y ésta es mi love story. Hace treinta y cinco años que prenso libros y papel viejo, treinta y cinco años que me embadurno con letras, hasta el punto de parecer una enciclopedia, una más entre las muchas de las cuales, durante todo este tiempo, habré comprimido alrededor de treinta toneladas. Soy una jarra llena de agua viva y agua muerta, basta que me incline un poco para que me rebosen los más bellos pensamientos, soy culto a pesar de mí mismo y ya no sé qué ideas son mías, surgidas propiamente de mí, y cuáles he adquirido leyendo, y es que durante estos treinta y cinco años me he amalgamado con el mundo que me rodea porque yo, cuando leo, de hecho no leo, sino que tomo una frase bella en el pico y la chupo como un caramelo, la sorbo como una copita de licor, la saboreo hasta que, como el alcohol, se disuelve en mí, la saboreo durante tanto tiempo que acaba no sólo penetrando mi cerebro y mi corazón, sino que circula por mis venas hasta las raíces mismas de los vasos sanguíneos.

Bohumil Hrabal  Una soledad demasiado ruidosa
Ed. Galaxia Gutenberg, 2012
Trad. Monika Zgustova

Fot. Retrato de Bohumil Hrabal, anónimo

domingo, 31 de julio de 2016

Eras tan raro


Mañana, en cuanto amanezca, iré a visitar tu tumba, papá. Me han dicho que la hierba crece salvaje entre sus grietas y que jamás lucen flores frescas sobre ella. Nadie te visita. Mamá se marchó a su tierra y tú no tenías amigos. Decían que eras tan raro... Pero a mí nunca me extrañó. Pensaba que entonces tú eras un mago y que los magos eran siempre grandes solitarios.

Adelaida García Morales  El Sur
Ed. Anagrama, 2003

Fot. Retrato de Adelaida García Morales, anónima