viernes, 27 de abril de 2018

Literatura en París


Mircea Eliade, Eugène Ionesco y Emil Cioran en París, 1980. 
Foto de Louis Monier

Jura


Jura cada cierto tiempo 
comenzar una vida mejor.
Pero cuando llega la noche 
con sus consejos,
con sus compromisos, 
con sus promesas...
cuando llega la noche 
con esa fuerza del cuerpo 
que necesita y pide,
hacia el mismo placer fatal, 
perdido, va de nuevo.

Jura
Versión J.M. Montefogo

100 portraits of Londoners

jueves, 26 de abril de 2018

Retrato de una sombra


Retrato de una sombra

Tus ojos, huellas de luz de mis pasos;
tu frente, temida por el brillo de las dagas;
tus cejas, travesía de las pérdidas;
tus pestañas, mensajeros de cartas largas;
tus rizos, cuervos, cuervos, cuervos;
tus mejillas, campo de armas de la mañana,
tus labios, huéspedes tardíos;
tus hombros, estatua del olvido;
tus pechos, amigos de mis serpientes;
tus brazos, árboles ante la puerta del castillo;
tus manos, tablas de juramentos muertos;
tus caderas, pan y esperanza;
tu sexo, ley del incendio del bosque;
tus muslos, alas en el abismo;
tus rodillas, máscaras de tu cortesía;
tus pies, campos de batalla de las ideas;
tus plantas, gruta del fuego;
la huella de tu pie, el ojo de nuestra despedida.

Versión de José María Pérez Gay

Fot. Tim Walker 
 “Portrait of a Lady” 
for Love Magazine, 2016

Encuentro en un ascensor


ENCUENTRO EN UN ASCENSOR

Entramos en la cabina y nos quedamos solos los dos.
nos miramos sin hacer nada más.
Dos vidas, un instante, la plenitud, la felicidad...
En el quinto piso ella salió, y yo, que iba más arriba, 
comprendí que nunca volvería a verla,
que nos habíamos encontrado una vez, para siempre,
que aun habiéndola seguido lo hubiera hecho como un muerto 
y que si ella hubiera vuelto a mí
no hubiera vuelto más que del otro mundo.

de "Hamlet y otros poemas"
Barral Editores
Versión de Josef Forbelsky

martes, 24 de abril de 2018

La vida


La vida es una larga preparación para algo que nunca sucede. Dijo Yeats.

David Markson
La Soledad del Lector
Ed. La bestia equilátera, 2012
Trad. Laura Wittner

La luz no está en la luz


«La luz no está en la luz, está en las cosas
que arden de luz tenaz bajo la lluvia.»

DÍAS DE OCTUBRE DE 1996

El amarillo, el verde, el encendido
rojo sólo para morir
bajo el tendido velo del otoño.

La luz no está en la luz, está en las cosas
que arden de luz tenaz bajo la lluvia.

Nada tiene más fuego en sus entrañas
que la melancolía ardiente de esta hora.

Nada tiene más fuego que la ausencia.

¿Llorar?
                                   Lloradme nunca.
                                                      Me he perdido
con el aire en las bóvedas tan bajas
de un cielo que, piadoso, me disuelve.

Ed. Galaxia Gutenberg, 2000

lunes, 23 de abril de 2018

En el año 9


En el año 9, Ovidio fue arrojado desde el puente Sublicius por Livio. Ha subido al puente del barco y mira la extensión blanca del mar, que brilla como el argentum brilla a los ojos de los mortales. Siente unas repentinas ganas de arrojarse desde el puente, como las mujeres hacían en mayo con los hombres sexagenarios. Busca con la mirada las maderas que flotan, los delfines, o el aspecto de una isla o de una roca. Ve a lo lejos, como un punto invisible, Tomis. Acaba allí el más personal de sus libros y morirá helado, cubierto de pieles, enfermo, como un náufrago en lo que ya no es sino gritos y luz. Ha sido ahogado. Se hunde y reaparece como un resto de ropa o un tallo de mimbre que las pequeñas olas acometen. El olvido es el océano. El olvido es más vasto que lo real porque los animales, las plantas y los astros lo conocen. El más bello de los libros de Ovidio son las "Tristes".

Pascal Quignard
Pequeños tratados II
Ed. Sexto Piso
Trad. Miguel Morey

Leyendo


Leyendo en el parque, bajo la lluvia.
URSS, 1950s

Colgando textos


El Señor Jordà les desea un feliz Día del Libro

domingo, 22 de abril de 2018

El hombre imaginario


EL HOMBRE IMAGINARIO

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario


sábado, 21 de abril de 2018

Hermosa


Pienso en esa hermosa flor que se enciende en mi cuerpo. La hermosa, esa violenta flor del ridículo.

Blanca Varela

Julie Cockburn
Connect the dots



viernes, 20 de abril de 2018

La melancolía


Homero puso en escena al primer melancólico con el personaje de Belerofonte. “Objeto de odio para los dioses, vagaba solo, sobre la llanura de Aleion, el corazón devorado por la pena, evitando las huellas de los hombres” (Ilíada, VI, 200). "Thymon katedon", comiendo su corazón, dice Homero. El epíteto homérico describe magníficamente la melancolía: la autofagia del cuerpo por el alma. El desdichado es un Narciso al que su reflejo devora.

Pascal Quignard
La melancolía romana
El sexo y el espanto
Ed. Minúscula, 2005
Trad. Ana Becciú

Fot. Eva Rubinstein

Se conocieron


Se conocieron en Florencia en 1880. Él tenía treinta y siete años, ella cuarenta. Ella era Constace Fenimore Woolson, una célebre escritora estadounidense de cuentos y ensayo. ¿Y él? Él era Henry James. Para su sorpresa, James se percató rápidamente de que ella era una mujer de gusto y buen juicio cuyas divisiones internas se asemejaban a las de él. Ella disfrutaba del prestigio, pero se guarecía en la oscuridad; temía la soledad, pero buscaba el aislamiento; deseaba abrir su corazón, pero acababa mostrándose esquiva. En una ocasión en que James estaba considerando alquilar un apartamento en Venecia, Constance le dijo: "No le imagino en el Gran Canal", y él replicó: "No. Mejor en algún lugar escondido. No importa demasiado dónde, siempre y cuando cueste encontrarlo y haya que recorrer muchos callejones sin salida para llegar". Hablaba por ella tanto como por él. Desde su primera juventud, Constance había estado construyendo una coraza de reservas defensivas; para cuando alcanzó la madurez, ya la tenía puesta; para cuando murió, la coraza la estaba asfixiando. 
Paseaban y hablaban; tomaban té y hablaban; iban a museos y hablaban. Hablaban de libros, hablaban de escritura, hablaban de la imaginación moral. El intercambio no era, huelga decirlo, personal en el sentido habitual del término, pero la honestidad intelectual que animaba su charla se traducía en una conversación que hacía que los dos se sintieran menos solos en el mundo. 
Sin duda, ella le dio más a él que él a ella. Constance se convirtió en su mejor lectora, en su interlocutora más inteligente, quien mejor entendía las cosas que no se decían ni se mencionaban. No podía decirse lo mismo de James, que se aprovechó flagrantemente de todo lo que no se habló entre ellos. Parece que él, casi por voluntad, nunca llegó a comprender la profundidad de la angustia de Constance; o, si lo hizo, escogió taparse los ojos con una mano para no mirarla de frente. Tal vez supiera que sí permitía que ese conocimiento penetrara en él, se vería obligado a rendir cuentas ante aquella amistad. Sobre todas las cosas, Henry James temía y odiaba verse obligado a rendir cuentas ante nada ni nadie.

Ed. Sexto Piso, 2018
Trad: Raquel Vicedo

jueves, 19 de abril de 2018

Caza en el tiempo


CAZA EN EL TIEMPO 

Siento que soy la presa
pero no sé de quién,
pues las alas y las garras que descienden
sobre mí,
y me encadenan a la sombra
mucho antes de alcanzarme
carecen de nombre.
Sólo la frescura del aire dibuja
la amenaza que se acerca
con cruda y voluptuosa lentitud.
Sé que no hay salvación, pero
tampoco sé qué sería la salvación.
Si intento huir, la sombra también cambia
amoldándose a mi horizonte como las nubes,
feroz y protectora en su cuidado
de no perderme, presa de otro.
En la espera, los sobresaltos se confunden,
el pavor se mezcla plácidamente en el misterio,
desentrañar su enigma será mi sino:
tengo que vivir hasta que encuentre la respuesta
un tiempo igual al tiempo de la caza
en el que, al menos, sé que soy la presa.

De Mi patria A4 
Ed. Pre-Textos
Traducción de Viorica Patea y Antonio Colinas

Ilustración: The Balance 1918. 
Original wood engraving by Frederick Carter

Interminable


La narración de lo que ocurre en cinco minutos podría ser interminable.

Thomas Mann
La montaña mágica
Ed. Edhasa, 2009
Trad. Isabel García Adánez

Fot. Isa Marcelli

Patria


Estocolmo, 21.12.1957
Bergsundstrand 23

Mi querido y estimado Poeta Paul Celan,
Su carta ha sido una de las mayores alegrías de mi vida. Usted sabe de mis cosas, las tiene consigo, así que tengo una patria.

Nelly Sachs
Correspondencia: Nelly Sachs - Paul Celan
Ed. Trotta, 2007
Edición de Barbara Wiedemann
Traducción de Antonio Javier Bueno Tubía

Fot. Claude Cahun, autorretrato, 1932

martes, 17 de abril de 2018

Brillante estrella


¡Brillante estrella!, si fuera tan constante como tú,
no viviría en solitario esplendor en lo alto de la noche
vigilando, con los párpados infinitamente abiertos,
como el ermitaño insomne y paciente de la naturaleza. 

Ni como las inquietas aguas en su labor sacerdotal 
de pura ablución de las humanas costas de la tierra,
ni mirando la nueva y suave máscara caída, 
de la nieve sobre las montañas y los páramos;

no,sin embargo, aún constante, aún inmutable ,
descansando en el maduro pecho del bello amor,
sintiendo para siempre su mullido aliento,

despierto para siempre con suave inquietud,
quieto, quieto para escuchar su tierna respiración,
y así vivir siempre o si no, desvanecerme en la muerte.

(Octubre y noviembre de 1819)

Ed. Visor de Poesía
Trad: José María Martín Triana

lunes, 16 de abril de 2018

Hay que leer siempre lápiz en mano


Hay que leer siempre lápiz en mano. En efecto. Y lo repito: casi es posible definir al judío como aquel que siempre lee lápiz en mano porque está convencido de ser capaz de escribir un libro mejor que el que está leyendo. Es una de las grandes arrogancias culturales de mi pequeño y trágico pueblo.
Hay que tomar notas, hay que subrayar, hay que luchar contra el texto, escribiendo al margen: “¡Qué estupideces! ¡Vaya ideas!”. No hay nada tan fascinante como las notas marginales de los grandes escritores. Es un diálogo vivo. Erasmo dijo: “El que no tiene libros destrozados es que no los ha leído”.

George Steiner
Un largo sábado. Conversaciones con Laure Adler
Ed. Siruela, 2018
Trad. Julio Baquero

Fot. The Metamorphosis, Franz Kafka, 1915
First page annotations by Vladimir Nabokov