viernes, 22 de abril de 2016

Sombra y color


Otro ejemplo: resulta inconcebible que en la vida cotidiana los labios de un hombre corriente nos atraigan; pues bien, en el escenario del "nò", su color rojizo oscuro, su piel ligeramente húmeda, sugieren una elasticidad carnal superior a la de los labios de una mujer pintados rojos. Eso se puede deber al hecho de que el actor, para cantar, humedece continuamente sus labios con saliva, pero no puedo creer que sea ésta la única razón. Ocurre lo mismo con el niño actor, cuyas excelentes mejillas enrojecidas adoptan colores más frescos. Mi experiencia personal me dice que este efecto es más visible si lleva trajes en los que predomina el color verde; en tal caso, la rojez, que en un niño de tez clara es ya evidente, se realza aún más en el niño de piel oscura. Porque en el niño de tez clara el contraste entre su palidez y ese rojo es demasiado tajante y el efecto de los colores oscuros del traje demasiado fuerte, mientras que en el niño de tez oscura, de mejillas morenas, el rojo sobresale menos, de manera que el traje y el rostro se iluminan mutuamente. El verde sobrio y el marrón mate, ambos colores neutros, destacan mucho entre sí y la piel del hombre amarillo se ve tan favorecida que llama la atención.

Junichiro Tanizaki, El elogio de la sombra
Ed. Siruela, 2016
Traducción: Julia Escobar

Magenta, negro, verde sobre naranja, 1949
Óleo sobre lienzo, 216,5 x 164,8 cm

El oficio de soñar


Alguien dijo que había ciudades para soñar
al otro lado de las montañas.
No dijo si estaban suspendidas en el aire,
sumergidas en las lagunas,
o perdidas en el corazón del bosque.
Los que allá fueron nada encontraron,
ni altas torres ni jardines
ni mujeres hilando en el atrio,
ni un muchacho aprendiendo a tocar la gaita.
Solo yo traje algo para seguir soñando
algo visto y no visto en la niebla de la mañana,
algo que era una flor o un mirlo de oro
o un pie descalzo de mujer,
un sueño de otro que se ponía a dormir en mi,
echado en mis ojos,
pidiéndome que lo soñase mas allá de las montañas,
donde no hay ciudades para soñar.
Y ahora mi oficio es soñar, y no se
si soy yo quien sueño, o es que por mi sueñan
campos, miradas azules, palomas que juegan con un niño,
o una mano pequeña y fría que me acaricia el corazón.

Al otro lado de las montañas
de Poemas do si e non, 1933

Fot. “Karakoram and western Himalaya 1909,
account of the expedition of H. R. H. Prince Luigi Amadeo of Savoy,
duke of the Abruzzi” (1912)

jueves, 21 de abril de 2016

El ingenio de la arcilla


Con tus dedos polvorientos rozaste lo indecible.
Extrajiste el ingenio de la arcilla,
la pureza del yeso y la caliza.
Esculpiste en la piedra su cisura
para atisbar en su corte los cimientos.
Tallaste el enigma del lento amanecer.
Robaste al sueño su desvelo
para moldear la transparencia.
Arrancaste del mármol su irisada nobleza
y del herrumbroso fósil la raíz.
Hoy tu rictus es polvo del granito.

Marga Clark
dedicado a su tía Margarita Gil Roësset
El olor de tu nombre
Huerga y Fierro editores, 2007

Fot. Margarita Gil Roësset, anónima

Un mar subterráneo


En la oscura neblina de París,
Quizás otra vez Modigliani
Camine imperceptible tras de mí.

Su triste naturaleza
Incluso en el sueño me inquieta
De ser culpable de muchas desdichas.

Pero para mí –su mujer egipcia– él es
La música que toca el viejo en el organillo.

Todo el rumor de París se esconde bajo esa música,
Como el rumor de un mar subterráneo
Que ha bebido del dolor
El mal y la vergüenza.

Variante de un borrador de Poema sin héroe

Nathan Altman
Retrato de Anna Ajmátova, 1914

miércoles, 20 de abril de 2016

Violencias


La muerte está asociada a las lágrimas y a veces el deseo sexual a la risa. Pero la risa no es, en la medida en que parece serlo, lo contrario de las lágrimas: tanto el objeto de la risa como el de las lágrimas se vinculan a una especie de violencia que interrumpe el curso regular, el curso habitual de las cosas. Las lágrimas se vinculan habitualmente a acontecimientos inesperados, que nos desolan, pero por otra parte un resultado feliz e inesperado nos conmueve hasta tal punto que en ciertas oportunidades lloramos. Es evidente que el desorden sexual no nos produce lágrimas, pero siempre nos trastorna, a veces nos devasta y, una de dos: o nos hace reír o nos compromete en la violencia del abrazo.

George Bataille
Breve historia del erotismo
Ediciones Calden, Uruguay, 1970
Trad: Alberto Drazul

Gritar


antiguamente
decían: cuidado,
las paredes tienen oídos
entonces
hablábamos bajo
nos vigilábamos
hoy
las cosas han cambiado:
los oídos tienen paredes
de nada
sirve
gritar


antigamente
diziam: cuidado,
as paredes têm ouvidos
então
falávamos baixo
nos policiávamos
hoje
as coisas mudaram:
os ouvidos têm paredes
de nada
adianta
gritar


Ruy Proença
Tiranías

Fot. Mikhail Kalatozov
The Cranes are Flying, 1957

martes, 19 de abril de 2016

Amor y vino


Hay que admitir que el arte de beber no tiene su propia Musa, pero a pesar de ello sólo pueden apreciar un buen vino las personas que se dedican a cultivar las musas, que leen poesía y que son capaces de disfrutar de la música aunque no sean músicos y de apreciar la pintura. Estas personas también saben escoger el momento oportuno para trabajar, para pasear, para dormir, para conversar y para leer; sólo ellas saben que el amor y el vino…, en cualquier momento, en cualquier lugar, de cualquier manera.

Béla Hamvas  La filosofía del vino
Ed. Acantilado

Gesto de amor


El movimiento repetitivo de una línea, la caricia de un objeto, lamerse las heridas, el ir y venir de una lanzadera, la interminable repetición de las olas, mecer a una persona para que se duerma, lavar a alguien que quieres, un infinito gesto de amor.

Louise Bourgeois  Apuntes, 1988


Fot. Christopher Burke, 
Louise Bourgeois, 10 AM Is When You Come to Me
© The Easton Foundation/BUS 2015. 

lunes, 18 de abril de 2016

La aventura de la muerte


(…) Diciendo esto, él había atado ya la cola de la cometa en torno de la niña. Ella se agarraba a él y se negaba a irse sola, pero Peter Pan, diciendo un “Adiós, Wendy”, la empujó fuera de la roca, y unos minutos después la niña y la cometa se perdieron de vista. Peter se quedó solo en la laguna.
Ahora la roca era muy pequeña y pronto quedaría sumergida. Pálidos rayos de luz avanzaban sobre la laguna; poco después se oyó un sonido, el más musical y el más melancólico del mundo. Eran las sirenas llamando a la luna.
Peter Pan, aunque no se parecía a los demás niños, se asustó. Un temblor lo sacudió, como el estremecimiento con que el viento azota las aguas del mar; pero los estremecimientos del viento en el mar se suceden unos a otros hasta sumar cientos de ellos, y Peter tembló sólo una vez. Un momento después se hallaba de nuevo erguido sobre la roca, con aquella sonrisa en su rostro y un repique de tambor en su alma . Aquel repiquetear decía: “ La muerte debe ser una gran aventura! ”

James Matthew Barrie, Peter Pan

Fot. Nicholas Rougeux La puntuación de Peter Pan, sin palabras

Ojos cerrados


…Yo estoy sola. No tengo más que cerrar los ojos para darme cuenta. Cuando se quiere saber donde se está, se cierran los ojos. Estamos donde nos encontramos cuando tenemos los ojos cerrados: estamos en la oscuridad y en el vacío…

Rejéan Ducharme, El valle de los avasallados
Ed. Domaverso
Trad: Miguel Rei

domingo, 17 de abril de 2016

Un pájaro cansado



Era
un
pájaro
cansado
y
tú
estabas
casualmente
allí
de
pie
con
un
cuchillo

y una bolsa, vacía de alas.

Matilda Södergran

Fot. Retrato de Matilda Södergran, anónimo

Éxtasis


El éxtasis

Estoy ante este paisaje femenino
Como un niño ante el fuego
Sonriendo vagamente con lágrimas en los ojos
Ante este paisaje en que todo me emociona
Donde espejos se empañan donde espejos se limpian
Reflejando dos cuerpos desnudos estación a estación

Tengo tantas razones para perderme
En esta tierra sin caminos bajo este cielo sin horizonte
hermosas razones que ayer ignoraba
Y que ya nunca olvidaré
Hermosas llaves de miradas claves hijas de sí mismas
Ante este paisaje donde la naturaleza es mía

Ante el fuego el primer fuego
Buena razón maestra

Estrella identificada
Y en la tierra y bajo el cielo fuera de mi corazón y en él
Segundo brote primera hoja verde
Que el mar cubre con sus alas
Y el sol al fondo de todo que viene de nosotros

Estoy ante este paisaje femenino
Como rama en el fuego.

Paul Éluard


Fot. Le temps déborde
Ed. Les Cahiers d’Art, Paris, 1947
par Paul Éluard, Dora Maar et Man Ray

sábado, 16 de abril de 2016

Saciedad


En todas las pasiones hay un momento de saciedad espantoso.

Pascal Quignard Vida Secreta
Ed. Espasa Calpe, 2004
Trad. Encarna Castejón

Tan pronto como nacido muere


Regreso muchos inviernos más tarde. En este invierno sin fin mucho más tarde. Este corazón sin fin de invierno. Demasiado pronto. Hela ahí tal como fue dejada. Allí donde. Siempre o regresada. Ojos cerrados en la oscuridad. A la oscuridad. En su propia oscuridad. En los labios misma millonésima parte de sonrisa si hay una. Concisamente con vida como ella sola sabe estarlo ni más ni menos. ¡Menos! En relación con la verdadera piedra. No menos tristemente en buen estado los lugares mal vueltos a ver a primera vista. Con la feliz excepción de las claraboyas más opacas. La luz ya no pasaría sino aun cuando regresara. En el exterior en cambio progreso. Hacia la noche continua. Piedra por todas partes. El día tan pronto como nacido muere. Desechado todo lo mal visto mal dicho. El ojo ha cambiado. Y su estúpida leyenda. La ausencia los ha cambiado. No lo suficiente. Hora de volver a partir. O de cambiar otra vez. De donde regresados demasiado pronto. Cambiados no lo suficiente. Extraños no lo suficiente. Para todo lo mal visto mal dicho. Luego regresar otra vez. Débiles de lo que hace falta para acabar con ello finalmente. Con ella sus cielos y lugares. Y si aún demasiado pronto volver a partir otra vez. Cambiar otra vez. Regresar de nuevo. Salvo impedimento. Ah. Así sucesivamente. Hasta poder acabar con ello finalmente. Con todo este fárrago. En la noche continua. Piedra por todas partes. Primero pues partir. Pero primero volver a verla. Tal como fue dejada. Y el refugio. Bajo el ojo cambiado que también allí eso cambia. Trabaja en ello. Sólo un adiós. Luego volver a partir. Salvo impedimento. Ah.

Samuel Beckett  Mal visto mal dicho
Incluido en Relatos
Ed: Tusquets Editores
Trad. Félix de Azúa, Ana Maria Moix y Jenaro Talens

Fot. Anselm Kiefer

viernes, 15 de abril de 2016

La ordenación del mundo


A veces (y no trates
de restarle importancia
diciendo que no ocurre con frecuencia)
se te quiebra la vara con que mides,
se te extravía la brújula
y ya no entiendes nada.

El día se convierte en una sucesión
de hechos incoherentes, de funciones
que vas desempeñando por inercia y por hábito.

Y lo vives. Y dictas el oficio
a quienes corresponde. Y das la clase
lo mismo a los alumnos inscritos que al oyente.
Y en la noche redactas el texto que la imprenta
devorará mañana.

Y vigilas (oh, sólo por encima)
la marcha de la casa, la perfecta
coordinación de múltiples programas
—porque el hijo mayor ya viste de etiqueta
para ir de chambelán a un baile de quince años
y el menor quiere ser futbolista y el de en medio
tiene un póster del Che junto a su tocadiscos.

Y repasas las cuentas del gasto y reflexionas,
junto a la cocinera, sobre el costo
de la vida y el ars magna combinatoria
del que surge el menú posible y cotidiano.

Y aún tienes voluntad para desmaquillarte
y ponerte la crema nutritiva y aún leer
algunas líneas antes de consumir la lámpara.

Y ya en la oscuridad, en el umbral del sueño,
echas de menos lo que se ha perdido:
el diamante de más precio, la carta
de marear, el libro
con cien preguntas básicas (y sus correspondientes
respuestas) para un diálogo
elemental siquiera con la Esfinge.

Y tienes la penosa sensación
de que en el crucigrama se deslizó una errata
que lo hace irresoluble.

Y deletreas el nombre del Caos. Y no puedes
dormir si no destapas
el frasco de pastillas y si no tragas una
en la que se condensa,
químicamente pura, la ordenación del mundo.

En la Tierra de enmedio, 1972

Lo bello



Pues lo bello no es nada
sino el principio de lo terrible, lo que somos apenas capaces de soportar,
lo que sólo admiramos porque serenamente
desdeña destrozarnos.
Denn das Schöne ist nichts
als des Schrecklichen Anfang, den wir noch gerade ertragen,
und wir bewundern es so, weil es gelassen verschmäht,
uns zu zerstören.

La Primera Elegía (frag.)
Las Elegías de Duino, 1922

jueves, 14 de abril de 2016

Inconsciencia


Pasar toda la vida durmiendo con un sueño agradable, ¡qué felicidad! ¡Y si el sueño no tuviera ensueños! Entonces, aún felicidad mayor. Pero el sueño está preñado de vida, porque en las honduras de esa muerte diaria se vive sin conciencia de que se vive.

Pío Baroja  Camino de perfección, 1902
Ed. Alianza, 2005

Fot. anónima de Pío Baroja

Un momento puro


Sin que nadie lo supiera
hubo un momento puro
en el que nada hubo.

miércoles, 13 de abril de 2016

Orígenes del cine

La mirada de quien ama


A lo largo del golfo, por encima de la costa, esos frescos antiguos en las paredes o en las entradas de las cuevas de piedra, solemnes, sonando con el amor, aterrorizados, de un rojo y un amarillo intensos, esperaban también. Esperaban absolutamente. Esperaban sin indignarse representar su deseo. Todos estaban inmóviles poco antes del acontecimiento inevitable que iba a producirse y que nunca manifestaban en la pared desnuda que se ofrecía a la mano del pintor. Los héroes miraban eternamente a su propio pintor, que antes los había visto dentro de sí mismo, en la noche detrás de sus parpados, antes de grabar su reflejo en la pared. Reconocemos a quienes se aman por la mirada.

Pascal Quignard Vida Secreta
Ed. Espasa Calpe, 2004
Traducción: Encarna Castejón

Fot. Jaromir Funke