jueves, 1 de septiembre de 2016

Un caballo


Comprendí muy bien lo que decían acerca de los azotes y del cristianismo. Pero quedó completamente oscura para mí, por aquel entonces, la palabra "su", por la que pude deducir que la gente establecía un vínculo entre el jefe de las caballerizas y yo. Entonces no pude comprender de modo alguno en qué consistía aquel vínculo. Solo mucho después, cuando me separaron de los demás caballos, me expliqué lo que significaba aquello. En esa época, no era capaz de entender lo que significaba el que yo fuera propiedad de un hombre. Las palabras mi caballo, que se refería a mí, a un caballo vivo, me resultaban tan extrañas como las palabras: mi tierra, mi aire, mi agua.

Sin embargo, ejercieron una enorme influencia sobre mí. Sin cesar, pensaba en ellas; y sólo después de un largo trato con los seres humanos me expliqué, por fin, la significación que les atribuyen. Quieren decir lo siguiente: los hombres no gobiernan en la vida con hechos, sino con palabras. No les preocupa tanto la posibilidad de hacer o dejar de hacer algo, como la de hablar de distintos objetos, mediante palabras convencionales. Tales palabras, que consideran muy importantes, son, sobre todo: mío o mía; tuyo o tuya. Las aplican a toda clase de cosas y de seres. Incluso a la tierra, a sus semejantes y a los caballos. Además, han convenido en que uno sólo puede decir mío a una cosa determinada. Y aquel que pueda aplicar el término mío a un número mayor de cosas, según el juego convenido, se considera la persona más feliz. No sé por qué las cosas son de este modo; pero me consta que son así. Durante mucho tiempo traté de explicarme esto suponiendo que redundaba en algún provecho directo: pero resultó inexacto.

Por ejemplo, muchas personas que me consideraban de su propiedad ni siquiera me montaban; lo hacían otros. No eran ellos quienes me daban de comer, sino otros. Tampoco eran ellos quienes me cuidaban, sino los cocheros, los albéitares y, en general, personas ajenas. Más tarde, cuando ensanché el círculo de mis observaciones, me convencí de que ese concepto de propiedad no tenía ningún otro fundamento que un bajo instinto animal que ellos llaman sentido o derecho de propiedad, y no sólo con respecto a nosotros, los caballos. El hombre dice «mi casa», pero nunca vive en ella; tan sólo se preocupa de su construcción y de su mantenimiento. El comerciante dice «mi tienda» o «mi pañería», por ejemplo, y el paño de sus prendas es peor que el que vende en la tienda. Hay gente que considera suya una parcela de tierra que nunca ha visto ni pisado. Hay gente que llama suyos a hombres que jamás ha visto; y toda su relación con ellos consiste en hacerles daño. Hay hombres que llaman suyas a algunas mujeres, pero esas mujeres viven con otros hombres. En la vida los hombres no se preocupan de hacer el bien, sino de poder llamar suyas al mayor número de cosas. Ahora estoy convencido de que ésa es la diferencia fundamental entre los hombres y nosotros. En suma, sin mencionar siquiera otras cualidades que nos hacen superiores a los hombres, sólo por eso podemos afirmar con toda seguridad que, en la escala de los seres vivos, nos encontramos por encima de ellos. El comportamiento de los hombres, al menos de aquellos a los que he tratado, se rige por las palabras; el nuestro, por los hechos.

León Tolstói  Historia de un caballo, 1886
Ed. MK Ediciones, 1979
Trad. Enrique Llovet

miércoles, 31 de agosto de 2016

Una oportunidad





No hay suficiente de nada mientras vivimos. Pero a intervalos aparece una dulzura y, si se le da una oportunidad, prevalece.


Tatiana Maliutina, 1936

Lejos


Un perro abandonado va por la carretera,
busca la esclavitud en el peligro.
Cuando anochece,
jadeante, le quedan aún fuerzas
para ladrar a los primeros faros,
que lo deslumbran.
La carretera pasa junto al mar
en una costa abrupta.
El mundo puede ser bellísimo,
pero tiene que incluir la humillación.
Soñar tan sólo es
buscar un amo.

Lejos

martes, 30 de agosto de 2016

Viajar


Viajar es una brutalidad. Te obliga a confiar en extraños y a perder de vista todo lo que te resulta familiar y confortable de tus amigos y tu casa. Estás todo el tiempo en desequilibrio. Nada es tuyo excepto lo más esencial: el aire, las horas de descanso, los sueños, el mar, el cielo; todas aquellas cosas que tienden hacia lo eterno o hacia lo que imaginamos como tal.

Cesare Pavese

John Bertolino
The Girl on the Bench, Italy, ca. 1950

Hoja muerta


Hoja muerta

La encarnada hoja muerta
que el viento arrastra,
el viento y el barrendero,

–bajo el fúlgido cielo cae, ensangrienta
con las otras la calle–

imitaría. Por náusea
de las palabras vanas,
de los rostros sin luz.

Pero tu voz, amable, me habla;
haz que no caiga aún.


Umberto Saba
Caffè Garibaldi
Piazza Unità d’Italia, Trieste

Anochecer


Pienso en ti a menudo. Especialmente al anochecer, cuando estoy en el balcón y es demasiado oscuro para escribir o hacer otra cosa que no sea esperar a las estrellas. Amo esos momentos. Uno se siente como fuera de su cuerpo, sentado como una sombra a la puerta de uno mismo, mientras sube la marea de la oscuridad. Después llega la luna, maravillosamente serena, y las pequeñas estrellas brillan como por una razón que solo ellas conocen. Es tan fácil pasar por alto y no darse cuenta, en la vida diaria, de estos milagros cotidianos.


Arvo Pärt
Spiegel im Spiegel

lunes, 29 de agosto de 2016

Saber


Y si alguien objeta que no vale la pena tanto esfuerzo, citaré a Cioran (que no es un clásico, al menos de momento, sino un pensador contemporáneo que sólo ahora se empieza a traducir en Italia): «Mientras le preparaban la cicuta, Sócrates aprendía un aria para flauta. “¿De qué te va a servir?”, le preguntaron. “Para saberla antes de morir”.

Italo Calvino  Por qué leer los clásicos
Ed. Siruela, 2009
Trad. Aurora Bernárdez
Nota prel. de Esther Calvino

Como las hojas


Como las hojas. Exactamente como las hojas. ¿No te gusta que caigan donde caen al menos un poco? ¿No le das la vuelta para ver lo que está escrito en el envés? A mí me gusta el texto sencillo que puede leerse o no, el texto que mora entre tus pies y los míos, leído o no. El que cae con la lluvia y el viento, aunque nadie lo coja para llevárselo a casa. La vida cayó a tus pies y tú la apartaste de una patada y ella sangró sobre tus zapatos y cuando llegaste a casa tu madre dijo: “Mírate, cubierto de hojas” .
Estabas cubierto de hojas. Te las quitaste una a una, dejando al descubierto la piel desnuda. Todos esos restos. Y cuando lo que tenía que caer cayó por fin, tú lo recogiste y leíste lo que había en el envés. No le encontraste ningún sentido. Lo arrugaste y lo metiste en el bolsillo donde ardió como un carbón encendido. Dime por qué te abandonaron, uno tras otro, quienes te querían .¿No les gustabas?¿No necesitaban, como tú, un corazón que fuera un libro sin la última página? Pasa las hojas.

El mundo y otros lugares
Ed. Lumen, 2016
Trad. Alejandro Palomas

Coin Plant
Pen, ink and gouache on white paper

domingo, 28 de agosto de 2016

Todo es temporal


Es necesario entender la temporalidad de todas las relaciones amorosas. Mientras más eternas se crean, más vulnerables serán. Este es también un principio de negociación. Las relaciones pueden durar días, meses, años. O toda la vida. Pero deben ser siempre consideradas como finitas y temporales y no como relaciones eternas que compramos hasta el fin de la vida.
Este giro en la visión del amor ayuda a concretarlo en hechos. El amor es para aquí y ahora.
Menos nostalgia y más actualidad. Menos utopía y más topía. Alarguemos el presente. Hagamos del presente un espacio de realización denso. El tiempo se hace denso y se extiende cuando tiene contenidos ricos. En el amor, el presente, lo vivible hoy, en esta época, en este tiempo, en este período, debe tener cada vez más fuerza.

Marcela Lagarde
Claves Feministas para las negociaciones en el amor
Ed. Puntos de encuentro, Managua, 2001

Fot. Fotograma de Le petit soldat, Jean-Luc Godard, 1960

Puesto que él es este silencio


Seguimos buscando las mismas palabras para retenerlo. El viento agita la cortina y su voz vuelve a sonar. Dice: No siempre soy yo / a veces soy un árbol un /  ruido en el aire un soplo un vuelo. Está en el castaño, que se alza más allá del cielo, en las dos muchachas que pasan, en el movimiento de las sombras, en el arrullo de las palomas. Está en todas partes. En lo que no es y sin embargo es. En una sonrisa, en una inflexión de la  voz. Regresa en lo que creemos decir. Creemos haberlo olvidado, pero quien habla es él. Las palabras que encontramos, son las suyas.

Jacques Ancet, Puesto que él es este silencio. Prosa para Henri Meschonnic.
Ed. Salto de página, 2013
Trad. Joséphine Cabello y Régulo Hernández.

sábado, 27 de agosto de 2016

La luz


El estado de ánimo de cualquier escena que representemos en nuestras vidas viene determinado, en gran parte, por la luz que se proyecta sobre nosotros desde arriba. El cielo, en calidad de maestro electricista, proporciona a nuestras acciones una infinita variedad de efectos lumínicos que contribuyen a moldear hasta las emociones que las acompañan. La luz menguante del crepúsculo sirve para el intercambio de intimidades; los chorros de luz de una mañana de primavera, para sentir un placer irracional; la oscuridad de la noche, cuando no cae del cielo ni una pizca de luz, para convertirse en víctima de las propias fantasías; el gris claro e indiferente del cielo encapotado de verano, para estimular la indolencia. ¿Cómo podemos saber en qué medida ha determinado nuestras acciones la luz que nos bañaba mientras las realizábamos?

Paul Bowles,
Desafío a la identidad
Ed. Galaxia Gutenberg, 2013
Trad. Rodrigo Rey Rosa

Fot. del autor, anónima

Derecho a soñar


Es necesario reivindicar el derecho de soñar. Quizá pueda parecer, a primera vista, un derecho de poca monta. Pero, si se reflexiona sobre ello, aparecerá como una gran prerrogativa. Si el hombre es capaz todavía de nutrir ilusiones, ese hombre es aún un hombre libre.

Antonio Tabucchi. El siglo XX, balance y perspectivas
Ed. Gobierno de Canarias, 1991

viernes, 26 de agosto de 2016

Cartas a Felice


21 de agosto de 1913. 
Kafka escribe a Felice Bauer: "Lo que te aguarda conmigo no es la vida de esa feliz pareja que ves pasar ante ti […], es una vida claustral junto a un hombre malhumorado, triste, taciturno, insatisfecho, enfermizo, que -lo que te parecerá un desvarío- se halla invisiblemente encadenado a una invisible literatura; un hombre que grita cuando alguien se le acerca porque, como él afirma, le toca las cadenas."

Franz Kafka, Cartas a Felice
Ed. Nórdica Libros, 2013
Trad. Pablo Sorozábal

Fot. Franz Kafka y Felice Bauer, anónima

Libros


miércoles, 24 de agosto de 2016

Quiero mirarte


Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde filoso de la noche.

Alejandra Pizarnik

Un dolor preciso


No te duele nada pero preferirías un dolor preciso antes que lo indecidible de la angustia.


South Limburg, 1978

martes, 23 de agosto de 2016

Hay mucho silencio


Hay mucho silencio, el viento llega discreto y fresco, como para recordar lo que podría ser la vida, vela tensa que deja tras de sí una estela de espuma; con este viento, quien disculpa o cede a la aridez se siente culpable, detrás del ritual de las pequeñas fobias con las que se protege como un soltero kafkiano. Hay como un velo ante las cosas, que las empaña e impide desearlas. En estos momentos de sequedad interior se teme el campo abierto, se preferiría una habitación cerrada y poco aireada, en la que atrincherase y organizar las propias y mezquinas defensas.

Claudio Magris, El Danubio
Ed. Anagrama, 2006
Trad. Joaquín Jordá

La soledad


La soledad hace madurar lo original, lo audaz e inquietantemente bello, el poema. Pero también engendra lo erróneo, desproporcionado, absurdo e ilícito

Thomas Mann