domingo, 30 de abril de 2017

Por el tenue puente vinieras



Extrañeza, misterio y delicia…
como si de la negrura oscilante
de alguna mascarada en cámara lenta
por el tenue puente vinieras.

Y la noche fluía, y el silencio flotaba
en sus arroyos satinados
ese perfil de lobo en la negra máscara
y esos tiernos labios tuyos.

Y bajo el castaño, por el canal
pasaste tu anzuelo de reojo.
¿Qué comprendió mi corazón en ti,
cómo me moviste de esta forma?

En tu ternura momentánea
o en el contorno oscilante de tus hombros,
¿advertí un bosquejo pálido
de otros — irrevocables— encuentros?

¿Acaso una romántica piedad
te llevó a entender
lo que dejara temblando a esa flecha
que ahora se incrusta en mis palabras?

No sé nada. Curiosamente
el verso vibra, y en él, la flecha…
¿Tal vez tú, todavía sin nombre, eras
la genuina, la esperada?

Pero no bien apareció el dolor
logró perturbar nuestra hora estrellada.
Regresó a la noche la fisura gemela
de tus ojos, ojos sin alumbrar.

¿Por cuánto? ¿Por siempre? Por lo pronto
sigo andando, queriendo escuchar
la revolución de estrellas sobre nuestro encuentro
por si tú ya fueras mi destino…

Extrañeza, misterio y delicia,
como de una súplica distante.
Mi corazón debe seguir andando.
Excepto si tú ya fueras mi destino…

Vladimir Nabokov escribió este poema horas después de conocer a Vera, la que sería su mujer y editora durante 50 años.

Trad. Olga Voronina

sábado, 29 de abril de 2017

Árbol de Diana


Árbol de Diana

1
He dado el salto de mí al alba.
He dejado mi cuerpo junto a la luz
y he cantado la tristeza de lo que nace.

2
Estas son las versiones que nos propone:
un agujero, una pared que tiembla...

3
sólo la sed
el silencio
ningún encuentro
cuídate de mí amor mío
cuídate de la silenciosa en el desierto
de la viajera con el vaso vacío
y de la sombra de su sombra

4
Ahora bien:
Quién dejará de hundir su mano en busca
del tributo para la pequeña olvidada. El frío
pagará. Pagará el viento. La lluvia pagará.
Pagará el trueno.

5
por un minuto de vida breve
única de ojos abiertos
por un minuto de ver
en el cerebro flores pequeñas
danzando como palabras en la boca de un mudo

6
ella se desnuda en el paraíso
de su memoria
ella desconoce el feroz destino
de sus visiones
ella tiene miedo de no saber nombrar
lo que no existe

7
Salta con la camisa en llamas
de estrella a estrella,
de sombra en sombra.
Muere de muerte lejana
la que ama al viento.

8
Memoria iluminada, galería donde vaga
la sombra de lo que espero. No es verdad
que vendrá. No es verdad que no vendrá.



viernes, 28 de abril de 2017

La tumba de mi madre



Un domingo, ya hacia el atardecer, fui al cementerio, que está a pocos pasos del lugar donde vivo. Justo antes había llovido y todo estaba aún húmedo: el camino, los árboles. Entré en el camposanto, donde reposan las tumbas antiguas, calladas, sagradas, y, como si se tratara de un abrazo dulce, cariñoso, casto, fui recibido por el verde más bello y lozano que había visto hasta entonces. Avancé por el camino de gravilla con pasos sigilosos. El silencio era absoluto. No se movía ni una hoja, ninguna agitación, ni el más leve temblor. Era como si todo estuviera alerta. Como si el verdor percibiera la solemnidad que lo envolvía y estuviera inmerso en una larga y profunda meditación sobre el misterio, remoto y a la vez eternamente joven, de la vida y de la muerte; así flotaba y yacía con su belleza húmeda y maravillosa. Nunca he visto nada igual. Mucho me debió de afectar el sentir que el lugar del silencio y la implacable muerte fuera tan dulce, tan verde, tan cálido. No había nadie aparte de mí. No había nada aparte del verdor y de las lápidas. Apenas me atrevía a respirar en la quietud, y tenía la impresión de que mis pasos resultaban inoportunos y groseros en medio de aquel silencio sagrado, severo y delicado. El rico verdor de una acacia colgaba con bondad risueña e infinita por encima de una tumba ante la que me acababa de detener. Era la tumba de mi madre. Todo allí parecía murmurar y balbucir, conversar y comentar. La viva imagen de los seres queridos y adorados se elevaba con su propio rostro, un rostro de expresión noble, desde la inconcebible hondura de la verde y silenciosa tumba. Permanecí allí largo tiempo. Pero sin tristeza. También tú y yo, nosotros, todos nosotros llegaremos allí alguna vez, allí donde todo enmudece, donde todo ha concluido ya, donde todo culmina y se disuelve hasta convertirse en silencio.

Robert Walser   La tumba de mi madre, 1914
En “ La eternidad de un día ”
Clásicos del periodismo literario alemán (1823-1934) a cargo de Francisco Uzcanga Meinecke.
Edit. Acantilado

jueves, 27 de abril de 2017

Algo tira del hilo



SIDERMITAS

Algo tira del hilo. Lo tensa.
Lo corta.

Disociación. Retirada. Dis
locución 

Entonces 
una chispa un 
ardor un nuevo impulso y
luego la caída y

un tumulto de voces ecos
de inalcanzables proporciones.

(....) 

Un hilo se soltó 
allá lejos
Y una inquietante disonancia 
golpeó el espacio.

Y era túnel luego gruta y túnel
otra vez y 
penetraste en aquella oscuridad.

La herida en la lengua
Fragmentos

miércoles, 26 de abril de 2017

De pronto


Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra traspasado por un rayo de sol: y de pronto anochece.

Salvatore Quasimodo

Foto del autor, de Ugo Mulas, 1962

martes, 25 de abril de 2017

Decía



Decía: no se piensa ni para gustar ni para disgustar, sino para inventarse en el pensamiento. Decía: no soy yo / no eres tú / es la vida / la que camina / en ti en mí. Por eso tenía, como el día, siempre la misma luz, siempre otra luz.

Jacques Ancet
Puesto que él es este silencio, Prosa para Henri Meschonnic.
Ed. Salto de Página.
Trad. Josephine Cabello y Régulo Hernández

domingo, 23 de abril de 2017

Objetivo


A veces, como sucede con un cohete teledirigido, la obra de arte se dirige justamente a ese objetivo en tu interior que alberga un enigma semejante al expresado por la propia obra. Sabes de qué va ese enigma, platónicamente existe la posibilidad de que alguna vez encuentres la fórmula para expresarlo, pero tendrás que seguir buscándola, y, mientras no la hayas encontrado aún, no se te ocurra desvelar el enigma ni menos aún ofenderlo mediante la invención de una fórmula zafia. Obsevar, escuchar, leer, eso siempre funciona.

Cees Nooteboom
El enigma de la luz

sábado, 22 de abril de 2017

Lobotomía


—Oh, el amor, ¿sabes…? El cuerpo, el amor, la muerte, esas tres cosas no hacen más que una. Pues el cuerpo es la enfermedad y la voluptuosidad, y es el que hace la muerte; sí, son carnales ambos, el amor y la muerte, ¡y ése es su terror y su enorme sortilegio! Pero la muerte, ¿comprendes?, es, por una parte, una cosa de mala fama, impúdica, que hace enrojecer de vergüenza; y por otra parte es una potencia muy solemne y majestuosa (mucho más alta que la vida risueña que gana dinero y se llena la panza; mucho más venerable que el progreso que fanfarronea por los tiempos) porque es la historia y la nobleza, la piedad y lo eterno, lo sagrado, que hace que nos quitemos el sombrero y marchemos sobre la punta de los pies… De la misma manera, el cuerpo también, y el amor del cuerpo, son un asunto indecente y desagradable, y el cuerpo enrojece y palidece en la superficie por espasmo y vergüenza de sí mismo. ¡Pero también es una gran gloria adorable, imagen milagrosa de la vida orgánica, santa maravilla de la forma y la belleza, y el amor por él, por el cuerpo humano, es también un interés extremadamente humanitario y una potencia más educadora que toda la pedagogía del mundo…! ¡Oh, encantadora belleza orgánica que no se compone de pintura al óleo ni de piedra, sino de materia viva y corruptible, llena del secreto febril y de la podredumbre! ¡Mira la simetría maravillosa del edificio humano, los hombros y las caderas y los senos floridos a ambos lados del pecho, y las costillas alineadas por parejas y el ombligo en el centro, en la blandura del vientre, y el sexo oscuro entre los muslos! Mira los omóplatos, cómo se mueven bajo la piel sedosa de la espalda, y la columna vertebral que desciende hacia la doble lujuria fresca de las nalgas, y las grandes ramas de los vasos y de los nervios que pasan del tronco a las extremidades por las axilas, y como la estructura de los brazos corresponde a la de las piernas. ¡Oh, las dulces regiones de la juntura interior del codo y del tobillo, con su abundancia de delicadezas orgánicas, bajo sus almohadillas de carne! ¡Qué fiesta más inmensa al acariciar esos lugares deliciosos del cuerpo humano! ¡Fiesta para morir luego sin un solo lamento! ¡Sí, Dios mío, déjame sentir el olor de la piel de tu rótula, bajo la cual la ingeniosa cápsula articular segrega su aceite resbaladizo! ¡Déjame tocar devotamente con mi boca la “Arteria femoralis” que late en el fondo del muslo y que se divide, más abajo, en las dos arterias de la tibia! ¡Déjame sentir la exhalación de tus poros y palpar tu vello, imagen humana de agua y de albúmina, destinada a la anatomía de la tumba, y déjame morir con mis labios pegados a los tuyos!

Thomas Mann  "La montaña mágica"
Ed. Edhasa.
Trad. Mario Verdaguer.

jueves, 20 de abril de 2017

Unos van por un sendero recto



Unos van por un sendero recto, 
Otros caminan en círculo, 
Añoran el regreso a la casa paterna 
Y esperan a la amiga de otros tiempos. 
Mi camino, en cambio, no es ni recto, ni curvo, 
Llevo conmigo el infortunio, 
Voy hacia nunca, hacia ninguna parte, 
Como un tren sobre el abismo.


miércoles, 19 de abril de 2017

Soledad



Sólo una cosa es necesaria: la soledad. La gran soledad interior. Ir hacia sí mismo y no encontrar a nadie durante horas, eso es lo que hay que lograr.

Rainer Maria Rilke
Cartas a un joven poeta

martes, 18 de abril de 2017

Tarde


TARDE

Tal por las estaciones del discurso se aquietan las palabras 
con los picos entreabiertos, una a una, 
la sensitiva unánime del bosque tocada por la hoguera 
se agazapa taciturna soñando nubarrones presentes. 
Los helechos impávidos, 
las corolas que gimieran acaso al menor roce, 
mustias de savia pegajosa que se adensa y se angosta: 

es un caer de ángeles la hora, un cegar con resina los sentidos; 
y el déspota verano de vapores y plomo 
reverbera en los ojos rasgados de la tarde 
y el pasmo en la piel es como el limbo 
doloroso y tierno de esas hojas tan grandes 
—oh ineptos, 
tacto sin yemas, nariz sin alas, 
al vislumbrar las hijas de los hombres. 

Como pájaros tristes en el calor del día.

lunes, 17 de abril de 2017

domingo, 16 de abril de 2017

Mariposas



Te acuerdas de lo que te dije, después de tantos años de no vernos, las frívolas palabras, con que aquella mañana inopinadamente volvimos a encontrarnos. 

"Colecciono amores antiguos, como quien colecciona mariposas, pero algunas veces cuando intento clavarles un alfiler, se deshacen, y sólo queda un poco de polvo". 

¿Quieres enriquecer mi colección? Te decía riendo mientras te miraba con algo de tristeza pensando si tú serías de los que nada queda, de los que ya es inútil clavarles el alfiler. 

Felicidad Blanc
Carta a Luis Cernuda

Foto: Annemarie Kahlert
Am Rand Der Strasse, 1956


sábado, 15 de abril de 2017

Un caldero cascado



…como si la plenitud del alma no se desbordara a veces por las metáforas más vacías, puesto que nadie puede jamás dar la exacta medida de sus necesidades, ni de sus conceptos, ni de sus dolores, y la palabra humana es como un caldero cascado en el que tocamos melodías para hacer bailar a los osos, cuando quisiéramos conmover a las estrellas.

Gustave Flaubert
Madame Bovary

Fot. de Elsie Ferguson, anónima

viernes, 14 de abril de 2017

Poema en blanco


Con la puerta cerrada y la seguridad de estar solo, sacaba un viejo cuaderno, cosido con una seda robada del costurero de su madre, y rotulado con letra redonda de colegial: "La Encina, Poema." Escribía en él hasta mucho después de la medianoche. Pero como por cada verso que agregaba borraba otro, el total, a fin de año, solía ser menos que al principio, y era como si, a fuerza de escribirlo, el poema se fuera convirtiendo en un poema en blanco.


Collage: John Stezaker
Fall X, 2009

Silencio



Se dice que cada persona es una isla, y no es cierto, cada persona es un silencio, eso, un silencio, cada una con su silencio, cada una con el silencio que es.

José Saramago
La Caverna

jueves, 13 de abril de 2017

También yo


también yo
tenso mi voz
hacia tu luz
estoy en mi lugar
cada vez
más lejos
vuelvo
sin palabras
conmigo contigo
para ser
nuestro lenguaje


Versión de Hugo Savino
Puesto que soy esa zarza
Ed. Leviatán, 2008

miércoles, 12 de abril de 2017

Me iré y no sabré volver


Simplemente no soy de este mundo... yo habito con frenesí la luna. No tengo miedo de morir; tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva... no puedo pensar en cosas concretas; no me interesan. Yo no sé hablar como todos. Mis palabras son extrañas y vienen de lejos, de donde no es, de los encuentros con nadie... ¿qué haré cuando me sumerja en mis fantásticos sueños y no pueda ascender? Porque alguna vez va a tener que suceder. Me iré y no sabré volver. Es más, no sabré siquiera que hay un “saber volver”. No lo querré acaso.

Alejandra Pizarnik