viernes, 23 de junio de 2017

Sima de amor


Resbalando por esta sima umbrosa, 
yendo sin freno el pie tras la mirada, 
la mano tanteando en piedra helada, 
y presa la mirada en lumbre hermosa,

por esta sima voy. ¿Qué luz undosa 
de antorchas te me muestra, mi ignorada? 
¡Oh inofensiva unión y peligrosa 
la de la llama a la pupila atada!

Todo al revés se ve, y a la deriva, 
por esta oscuridad que luz trasciende 
donde el misterio del amor estriba.

Y si la muerte siento que en mí prende, 
también me gozo al verla ardiendo viva 
si los caminos de tu alma enciende

Sima de amor

Los ingredientes secretos


Cómo deseé ser aquella inocente pieza de acero inoxidable cuando se llevó la cucharada de sopa a los labios. Habría cambiado toda la sangre de mi cuerpo por medio litro de caldo vegetal. Déjame ser un taco de zanahoria o un fideo para que me metas en tu boca. Tuve envidia del panecillo. La miré partir y untar cada trocito con mantequilla, empaparlo lentamente en el tazón, dejar que se volviera grueso y grávido, que se hundiese bajo el peso rojo oscuro y que resucitara al glorioso placer de sus dientes.
(...)
Las patatas, el apio, los tomates, todo había pasado por sus manos. Cuando me tomé la sopa la filtré para saborear su piel. Había estado allí, debía quedar algo de ella. La encontraría en el aceite y las cebollas, la detectaría a través del ajo. Sabía que había escupido en la sartén para ver si el aceite estaba a punto. Es un viejo truco, todos los chefs lo hacen, o lo hacían. Y supe, cuando le pregunté qué había en la sopa, que había suprimido el ingrediente fundamental. Te saborearé, aunque sea a través de tu cocina.

Jeanette Winterson
Escrito en el cuerpo
Ed. Lumen, 2017

jueves, 22 de junio de 2017

Fantasmas


El hombre que amé se ha convertido en un fantasma. Me gusta ponerle mucho suavizante, plancharlo al vapor y usarlo como sábana bajera las noches que tengo una cita prometedora.

Patricia Esteban Erlés
“Por favor, sea breve 2”. 
Antología de relatos hiperbreves. 
Antóloga: Clara Obligado.
Ed. Páginas de Espuma, 2009

Fot. Daisuke Yokota

Esa sensación


Pero "felicidad" no es una palabra que baste aquí. Intentaré explicar de otra manera la poesía que vivía en ese cuarto de atrás, la profunda satisfacción que me proporcionaban esos cuatro o cinco minutos: era la sensación de que el tiempo se detenía y que todo sería igual para siempre. Junto a dicha sensación estaban los deleites del amparo, de la continuidad y de encontrarme en casa. Por otro lado me aligeraba el corazón la creencia, o, por decirlo con palabras más elegantes, la visión global, de que el mundo y el universo eran simples y buenos. Aquella sensación de paz espiritual se alimentaba, por supuesto del rostro de Füsun, de su delicada belleza y del amor que sentía por ella. Poder hablar con ella cuatro o cinco minutos en el cuarto de atrás era una felicidad en sí misma. Pero esa felicidad en parte era resultado del entorno en el que nos encontrábamos, del cuarto. (Si hubiera podido cenar con ella en el Vestíbulo también habría sido muy feliz, pero con otro tipo de felicidad.) Aquella profunda paz dependiente del lugar, del entorno y de mi estado espiritual se mezclaba en mi mente con todo lo que veía a mi alrededor, los cuadros de pájaros de Füsum avanzando lentamente, el color teja de la alfombra de Usak del suelo, los retales, los botones, los periódicos atrasados, las gafas de lectura de Tarik Bey, los ceniceros y los útiles de costura de la tía Nesibe. Además aspiraba el olor del cuarto y cualquier dedal, botón o bobina de hilo que me echara al bolsillo antes de salir me recordaba después todo aquello el dormitorio del piso del edificio Compasión y prolongaba mi felicidad.

Orhan Pamuk
El museo de la Inocencia

Foto: Daido Moriyama

miércoles, 21 de junio de 2017

Adorable


Encuentro en mi vida millones de cuerpos; de esos millones puedo desear centenares; pero, de esos centenares, no amo sino uno. El otro del que estoy enamorado me designa la especificidad de mi deseo. Esta elección, tan rigurosa que no retiene más que lo único, constituye, digamos, la diferencia entre la transferencia analítica y la transferencia amorosa; una es universal, la otra específica. Han sido necesarias muchas casualidades, muchas coincidencias sorprendentes (y tal vez muchas búsquedas), para que encuentre la Imagen que, entre mil, conviene a mi deseo. Hay allí un gran enigma del que jamás sabré la clave: ¿por qué deseo a Tal? ¿Por qué lo deseo perdurablemente, lánguidamente? ¿Es todo él lo que deseo (una silueta, una forma, un aire)? ¿O no es sólo más que una parte de su cuerpo? Y, en ese caso, ¿qué es lo que, en ese cuerpo amado, tiene vocación de fetiche para mí? ¿Qué porción, tal vez increíblemente tenue, qué accidente? ¿El corte de una uña, un diente un poco rajado, un mechón, una manera de mover los dedos al hablar, al fumar? De todos estos pliegues del cuerpo tengo ganas de decir que son adorables. Adorable quiere decir: éste es mi deseo, en tanto que es único: «¡Es eso! ¡Es exactamente eso (lo que yo amo)!». Sin embargo, cuanto más experimento la especificidad de mi deseo, menos puedo nombrarla; a la precisión del enfoque corresponde un temblor del nombre; la propiedad del deseo no puede producir sino una impropiedad del enunciado. De este fracaso del lenguaje no queda más que un rastro: la palabra «adorable» (la correcta traducción de «adorable» sería el ipse latino: es él, es precisamente él en persona).


Adorable es la huella fútil de una fatiga, que es la fatiga del lenguaje. De palabra en palabra, me canso de decir de otro modo lo que es propio de mi Imagen, impropiamente lo propio de mi deseo: viaje al término del cual mi última filosofía no puede sino ser la de reconocer —y la de practicar— la tautología. Es adorable lo que es adorable. O también: te adoro porque eres adorable, te amo porque te amo. Lo que clausura así el lenguaje amoroso es aquello mismo que lo ha instituido: la fascinación. Puesto que describir la fascinación no puede jamás, en resumidas cuentas, exceder este enunciado: «estoy fascinado». Habiendo alcanzado el fin del lenguaje, allí donde éste no puede sino repetir su última palabra, a la manera de un disco rayado, me embriago con su afirmación.

Roland Barthes
Fragmentos de un discurso amoroso
Ed. Siglo XXI, 2004
Trad. Eduardo Molina

Fot. anónima de Miriam Cooper

Sueños


Para hacer una pradera
se necesitan
un trébol
una abeja
y un sueño.
Si nos falta la abeja
alcanzará con el sueño.

Sueños

Fot. Jogoraz

Topatumba


Ay mi más mimo mío
mi bisvidita te ando
sí toda
así
te tato y topo tumbo y te arpo
y libo y libo tu halo
ah la piel cal de luna de tu trascielo mío que me levitabisma
mi tan todita lumbre
cátame tu evapulpo
sé sed sé sed
sé liana
anuda más
más nudo de musgo de entremuslos de seda que me ceden
tu muy corola mía
oh su rocío
qué limbo
ízala tú mi tumba
así

ya en ti mi tea
toda mi llama tuya
destiérrame
aletea
lava ya emana el alma
te hisopo
toda mía
ay
entremuero
vida
me cremas
te edenizo.

Topatumba


martes, 20 de junio de 2017

Leyendo


Fot. anónima de (probablemente) Dolores del Río

Los pájaros me despertaron


Esta mañana los pájaros me despertaron tan temprano que apenas si era de día:
Diez gorriones en la lila, un mirlo en el espino,
Un estornino en algún lugar de las caballerizas, un tordo sobre un sombrero roto,
Abajo, en el patio que usan los tenderos, gritaron: ”¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡El gato!”
Nunca estuve con ánimo para escribir versos este año: siempre desperté triste,
Y tarde, cuando era posible, así el tiempo sería más breve; pero me he sentido alegre,
Con una insensata alegría, hoy, que es el dia más largo de junio.
(El mirlo anida en el espino.) Fue apenas ayer al mediodía
Cuando en la larga hierba de Holland Park me pareció –sólo me pareció- oír una alondra...
Oí tu voz, vi tu rostro de nuevo... (Sobre aquel cajón de embalaje
El estornino me despertó antes de que amaneciera imitando el dulce canto del tordo.)

"Selected Poems", Routlege, Nueva York, 2003
Versión de Jonio González

Fot, Palace of the Governors Photo Archive

Barato


Feliz como algo sin importancia
y libre como una cosa sin importancia.
Como algo que nadie admira
y que no se admira a sí mismo.
Como algo de lo que todos se burlan
y que se burla de sus burlas.
Como carcajada sin una razón seria.
Un grito más fuerte que el grito.
Feliz como pase lo que pase
como cualquier pase lo que pase

Feliz
como cola de perro.

lunes, 19 de junio de 2017

La lógica del amor


El amor es tan lógico:
Todas las contradicciones se vuelven condiciones
y las proposiciones llegan antes
que la lógica: Te quiero porque es así.

De “Nuestro amor es como Bizancio
Oda al pulpo y otros poemas de amor” 1975
Versión de Francisco Uriz
Editorial Lumen

The Byron and Moore gallery 
Zuleika
a series of characteristic illustrations, 1871

Al abrigo de las palabras



El escritor esforzado se escondía tras la bella retórica de las palabras. Así, en lugar de decir "ese día el sol brillaba como nunca", optaba por "los rayos esplendorosos bañaban el ínclito día como si fuera la primera vez". Estaba convencido de embellecer con ello la realidad. De igual modo, creía que cuanto más adornados aparecieran sus escritos, mayores éxitos literarios obtendrían.

Por su parte, el lector cursi era un gran admirador del escritor mencionado. En esencia, no sólo se refugiaba en los textos de su autor preferido como una forma de hallar consuelo, sino que además los creía capaces de mejorar el mundo circundante, de perfeccionar al mismo ser humano. Acaso no sea preciso decir que amaba la oratoria, la dialéctica y los versos esdrújulos.

Un buen día el azar quiso que los pasos del animoso escritor se encontraran con los del lector trasnochado. No lograron reconocerse sin embargo. La coincidencia de pasear por la misma calle, a la misma hora, les pareció un dato demasiado vulgar para ser tenido en cuenta. Por otro lado, que pudiera existir una correspondencia perfecta como la que les unía iba a servirles de bien poco. Cuando tuvo lugar el tropiezo, y antes de seguir su camino como si tal cosa, ambos intercambiaron unas breves palabras:
-Imbécil, le dijo el poeta.
-Desgraciado, le contestó su lector más fiel.

Gemma Pellicer

Fot. Vivian Maier

domingo, 18 de junio de 2017

Tentaciones e indulgencias


Empecemos diciéndonos para nuestro fuero interno, y convenciéndonos bien, que no tenemos nada que hacer en este mundo, sino procurarnos sensaciones y sentimientos agradables. Los moralistas que dicen a los hombres: reprimid vuestras pasiones y domeñad vuestros deseos si queréis ser felices , no conocen el camino de la felicidad. Sólo somos felices gracias a las inclinaciones y a las pasiones satisfechas; digo inclinaciones porque no siempre somos lo bastante felices como para tener pasiones, y a falta de pasiones, bien está contentarse con las inclinaciones. Pasiones tendríamos que pedirle a Dios si nos atreviéramos a pedirle alguna cosa, y Le Nôtre tenía mucha razón al pedirle al Papa tentaciones en lugar de indulgencias.

Madame Du Châtelet

Fot. Paolo Gioli
Quando l'occhio trema, 1989

Partículas


No vengas a mí con toda la verdad.
No me des el océano si siento sed,
ni tampoco el cielo si pido luz;
dame un indicio, un poco de rocío, una partícula,
al modo de los pájaros
que sólo se llevan del agua unas gotas,
o el viento un grano de sal.


Plato vacío en bandeja lacada

Nadando, yollando


Eh vos
tatacombo
soy yo
no me oyes
tataconco
soy yo sin vos
sin voz
aquí yollando
con mi yo sólo solo que yolla y yolla y yolla
entre mis subyollitos tan nimios micropsíquicos
lo sé
lo sé y tanto
desde el yo mero mínimo al verme yo harto en todo
junto a mis ya muertos y revivos yoes siempre siempre yollando y yoyollando siempre
por qué
si sos
por qué dí
eh vos
no me oyes
tatatodo
por qué tanto yollar
responde
y hasta cuándo.


sábado, 17 de junio de 2017

Desde el altar en la sombra


Desde el altar en la sombra

Aguzo el oído: ¿será
posible? el silbido agrio, desgarrado
de mi madre que muere... y ronroneos, chasquidos
de almidón, relámpagos de plata del altar
de las lilas, en la sombra... Pero no,
es mi gata que duerme, es su respiración
pesada, pastosa, de mujer, y yo
querría entregarle todo, hurgar
en la sombra, derribar
del camuflado altar de palisandro
las cajitas una por una,
ah, todo, los lindos corales
rosa, los cuellos de encaje, la boîte
de laca con las golondrinas,
con largos guantes cubrir sus patas peludas
si solo (memoria, memoria, cómo
me haces trampa) recordase el nombre
de la calle, el
número, el piso y el lugar en la casa
en la sombra, en la penumbra, de la
puerta, la puerta, la ventana, el agujero...

Nel grave sogno,
Ed. Mondadori, 1982
Versión de Jorge Aulicino

Darse cuerda


Darse cuerda

Vivo en el agua,
solo. Sin mujer ni hijos,
he rodeado cada posibilidad
para llegar a esto:

una casa baja junto al agua gris,
con ventanas siempre abiertas
al mar estancado. No elegimos estas cosas,

pero somos lo que hemos hecho.
Sufrimos, pasan los años,
evacuamos carga pero no nuestra necesidad

de lastre. El amor es una piedra
que se asentó en el fondo del mar
bajo el agua gris. Ahora, no quiero nada

de la poesía salvo intuición verdadera:
ni pena, ni fama, ni curación. Callada esposa,
podemos sentarnos a mirar el agua gris,

y en una vida inundada
de mediocridad y despojos
vivir como rocas.

Olvidaré la intuición,
olvidaré mi don. Eso es más grande
y difícil que lo que hacen pasar por vida.


Versión de Inwitty
Collected Poems 1948-1984 
Ed. Farrar, Straus & Giroux, 1986


viernes, 16 de junio de 2017

La taza


Francia, sus viajes por el mar, el perfume de las moreras en Lavilledieu, los trenes de vapor, la voz de Hèlene. Hervé Joncour continuó contando su vida como nunca en la vida lo había hecho. Aquella muchacha continuaba mirándolo con una violencia que imponía a cada una de sus palabras la obligación de sonar memorables. La habitación parecía ahora haber caído en una inmovilidad sin retorno cuando de improviso, y de forma absolutamente silenciosa, la joven sacó una mano de debajo del vestido, deslizándola sobre la estera ante ella. Hervé Joncour vio aparecer aquella mancha pálida en los límites de su campo visual, la vio rozar la taza de té de Hará Kei y después, absurdamente , continuar deslizándose hasta asir sin titubeos la otra taza, que era inexorablemente la taza en la que él había bebido, alzarla ligeramente y llevarla hacia ella. Hará Kei no había dejado ni por un instante de mirar inexpresivamente los labios de Hervé Joncour.
La muchacha levantó ligeramente la cabeza.
Por primera vez apartó los ojos de Hervé Joncour y los posó sobre la taza.
Lentamente, le dio la vuelta hasta tener sobre los labios el punto exacto en el que él había bebido.
Entrecerrando los ojos, bebió un sorbo de té.
Alejó la taza de los labios.
La deslizó hasta el lugar de donde la había cogido.
Hizo desaparecer la mano bajo el vestido.
Volvió a apoyar la cabeza en el regazo de Hará Kei.
Los ojos abiertos, fijos en los de Hervé Joncour.

Alessandro Baricco
Seda
Ed. Anagrama
Trad. Xavier González y Carlos Gimpert.

Fot. Autocrome de Etheldreda Janet Laing, 1908

La conversación y el discurso


La conversación.

Propensión del sujeto amoroso a conversar abundantemente, con una emoción contenida, con el ser amado, acerca de su amor, de él, de sí mismo, de ellos: la declaración no versa sobre la confesión de amor, sino sobre la forma, infinitamente comentada, de la relación amorosa.
(Ese otro -amado- puede ser real y presente -conversación propiamente dicha- o real pero ausente, o imaginario, en cuyo caso esa conversación es más un discurso -escrito, poema-).

El lenguaje es una piel: yo froto mi lenguaje contra el otro. Es como si tuviera palabras a guisa de dedos, o dedos en la punta de mis palabras. Mi lenguaje tiembla de deseo. La emoción proviene de un doble contacto: por una parte, toda una actividad discursiva viene a realzar discretamente, indirectamente, un significado único, que es «yo te deseo», y lo libera, lo alimenta, lo ramifica, lo hace estallar (el lenguaje goza tocándose a sí mismo); por otra parte, envuelvo al otro en mis palabras, lo acaricio, lo mimo, converso acerca de estos mimos, me desvivo por hacer durar el comentario al que someto la relación. (Hablar amorosamente es desvivirse sin término, sin crisis; es practicar una relación sin orgasmo. Existe tal vez una forma literaria de este coitus reservatus: es el galanteo).

Se podrá decir que todo discurso que tiene por objeto al amor (sea cual fuere el sesgo destacado) implica fatalmente una alocución secreta (me dirijo a alguien que ustedes no conocen pero que está ahí al final de mis máximas). (...) En última instancia no es posible hablar de amor más que según una estricta determinación alocutoria; sea filosófico, gnómico, lírico o novelesco, hay siempre, en el discurso sobre el amor, alguien a quien nos dirigimos. Este alguien, si no está presente, es que pasó al estado de fantasma o de criatura venidera. Nadie tiene deseos de hablar del amor si no es por alguien.

Fragmentos de un discurso amoroso
Ed. Siglo XXI, 2004
Trad. Eduardo Molina

Elizabeth and me, Montparnasse Cafe, 1931

jueves, 15 de junio de 2017

La herida oculta


Al poseerse, los amantes dudan.
No saben ordenar sus deseos.
Se estrechan con violencia,
se hacen sufrir, se muerden
con los dientes los labios,
se martirizan con caricias y besos.
Y ello porque no es puro su placer,
porque secretos aguijones los impulsan
a herir al ser amado, a destruir
la causa de su dolorosa pasión.
Y es que el amor espera siempre
que el mismo objeto que encendió la llama
que lo devora, sea capaz de sofocarla.
(...)
Y después, cuando ya el deseo, condensado
en sus venas, ha desaparecido, su fuego
interrumpe su llama por un instante,
y luego vuelve un nuevo acceso de furor
y renace la hoguera con más vigor que antes.
Y es que ellos mismos saben que no saben
lo que desean y, al mismo tiempo, buscan
cómo saciar ese deseo que los consume,
sin que puedan hallar remedio
para su enfermedad mortal:
hasta tal punto ignoran dónde se oculta
la secreta herida que los corroe.

La herida oculta
Antología de la poesía latina
Ed. Alianza
Antólogos y traduc. Luis Alberto de Cuenca y Antonio Alvar

Adonde quiera que vayamos


Adonde quiera que vayamos 

Adonde quiera que vayamos siempre llegamos demasiado tarde 
a aquello que una vez salimos a buscar. 
Y en cualquier ciudad en que nos quedamos 
están las casas a las que es demasiado tarde para volver 
los jardines en los que es demasiado tarde para pasar una noche de luna 
y las mujeres a las que es demasiado tarde para amar 
lo que nos tortura con su intangible presencia. 

Y sean cualesquiera las calles que creemos conocer 
nos llevan más allá de los jardines floridos que andamos buscando 
y que difunden por toda la vecindad sus pesadas fragancias. 
Y cualesquiera que sean las casas a las que volvemos 
llegamos demasiado tarde por la noche para ser reconocidos. 
Y cualesquiera que sean los ríos en que nos reflejamos 
no nos vemos hasta que les hemos dado la espalda.

De "Nuestro amor es como Bizancio"
("Partidas y llegadas" 1974)
Versión de Francisco Uriz
Editorial Lumen

Pulsaciones


Grave
es no saber
amar lo fortuito,
lo trivial, un río
que despierta, la cinta
que los amantes olvidan
o la hoja yerta
de periódico
a la que el viento
arranca astral belleza
en una calle crepuscular.

Difícil
se torna tolerar
(desde los siete años
aproximadamente) la voz
de un cuerpo, su pavor,
las caídas,
el insensato rumor
que día
tras día
susurra que hemos de morir
en el trémulo oído
de nuestra alma inmortal.

Y también
en medio del poema
(que otros ven
como vida, cometa errante
o camino que se busca
y no se encuentra)
todo se detiene
repentinamente,
de abominación se cubre
la íntegra esfera,
calla la pluma, vacila
sobre el poetizar, pez
que sus huevos siembra
en las aguas envenenadas
de una época sin piedad.

Pero
hay momentos
como aquellos, por ejemplo,
en que de improviso alguien
con un nombre que no es nuestro
nos llama
y nos desnuda,
nos da un atisbo
de inenarrables dimensiones,
de nosotros mismos nos separa
y cada cual se pregunta
entonces
qué es
quién lo forjó,
para qué le infundieron
el latido de estrella
con que sobresale
en un caos gastado
y oscuro.

Pulsaciones
De "Relámpago de la duración"


miércoles, 14 de junio de 2017

Vilette


Soy consciente de que mi temperamento no es artístico, pero debo poseer algo de la facultad del artista para gozar al máximo de cada momento; es decir, cuando es de mi gusto. Disfruté de aquel día, aunque viajamos lentamente, hacia mucho frío y llovía. Durante el trayecto, recorrimos un paisaje pelado, llano y sin árboles; unos canales cenagosos se deslizaban, cual verdes serpientes aletargadas, junto a la carretera; e hileras de sauces desmochados bordeaban los campos, labrados como huertos. El cielo era también de un gris monótono; la atmósfera, cargada y húmeda; y, a pesar de tan lúgubres influencias, mi imaginación volaba y en mi corazón brillaba el sol. Estos sentimientos, sin embargo, se veían contrarrestados por la secreta e incesante inquietud que acechaba constantemente mi alegría, como un tigre agazapado en la jungla. Tenía siempre en mis oídos el aliento de ese animal de presa; su fiero corazón latía junto al mío; jamás se movía de su guarida, pero yo sentía su presencia: sabía que sólo aguardaba la puesta del sol para saltar con voracidad sobre su víctima.

Charlotte Brontë
Villette
Ed.. Alba
Trad. Marta Salís

La luz impronunciable



Hablé con mi corazón y dije
mira la alegría
mira
la felicidad

todo es viento

descubrí 
el bien de los hombres
las obras que construyen bajo el cielo
la cuenta de los días de la vida

bajo el sol

miré a lo alto
construí un palacios
planté viñas
jardines
parques
árboles de todo fruto
fuentes
de agua para irrigar
la encina la higuera
la ley y la alianza
que nace entre nosotros

nunca negué a mis ojos
lo que desearon nunca
la alegría
a mi corazón mi trabajo
fue su fortuna su felicidad
la herencia de mi pena

y admiré
las obras
que obtuve
de mis manos

Hablé con mi corazón
y dije
bajo el sol 
nada perdura

una eternidad sin memoria nos devora.


La luz impronunciable
Ed. Sexto Piso, 2016

A Line of Sticks in Somerset, 1974

Leyendo


Mercat de llibres de Sant Antoni, 1955

martes, 13 de junio de 2017

Ni más ni menos


Son tus pechos pequeños,
son tus ojos confusos,
lo que no tiene nombre
y no comprendo, adoro.

Son tus muslos largos
y es tu cabello corto;
lo que siempre me escapa
y no comprendo, adoro.

Tu cintura, tu risa,
tus equívocos locos,
tu mirada que burla
y no comprendo, adoro.

¡Tú que estás tan cerca!
¡Tú que estás tan lejos!
Lo que beso, y no tengo,
y no comprendo, adoro.

Ni más ni menos

Fot. Kansuke Yamamoto, 1955

Memoria


Es ese latido en las encías.
Cuanto más aprietas la carne que late, menos duele.
Y sueltas 
y aprietas.
Y deseas aflojar para que duela.
Y vuelves a presionar.
Y no sabes ya
si deseas más el dolor
o su alivio.

Dentro de un corazón

Nunca se entra, por la violencia, dentro de un corazón.


lunes, 12 de junio de 2017

Amamos


Amamos por una sonrisa, por una mirada, por un hombro; entonces, en las largas horas de espera o de tristeza, fabricamos una persona y componemos su forma de ser. Y cuando, más adelante, tratamos a la persona amada, no podemos ya, por mucho que nos veamos ante una cruda realidad, quitarle esa forma de ser bondadosa, (...) como tampoco podemos, cuando envejece, quitarle a alguien la primera cara que llevamos conociendo desde que era joven.

Marcel ProustEn busca del tiempo perdido
Ed. Alianza, 2011
Trad. Pedro y Jaime Salinas

Autochrome of painter Henri-Ernest Rioux & his wife
Marseille, France, 1908

Bajo tu Clara Sombra


Un cuerpo, un cuerpo solo, un sólo cuerpo 
un cuerpo como día derramado 
y noche devorada; 
la luz de unos cabellos 
que no apaciguan nunca 
la sombra de mi tacto; 
una garganta, un vientre que amanece 
como el mar que se enciende 
cuando toca la frente de la aurora; 
unos tobillos, puentes del verano; 
unos muslos nocturnos que se hunden 
en la música verde de la tarde; 
un pecho que se alza 
y arrasa las espumas; 
un cuello, sólo un cuello, 
unas manos tan sólo, 
unas palabras lentas que descienden 
como arena caída en otra arena.... 

Esto que se me escapa, 
agua y delicia obscura, 
mar naciendo o muriendo; 
estos labios y dientes, 
estos ojos hambrientos, 
me desnudan de mí 
y su furiosa gracia me levanta 
hasta los quietos cielos 
donde vibra el instante; 
la cima de los besos, 
la plenitud del mundo y de sus formas. 

Bajo tu Clara Sombra

Paz no encuentro


Paz no encuentro ni puedo hacer la guerra,
y ardo y soy hielo; y temo y todo aplazo;
y vuelo sobre el cielo y yazgo en tierra;
y nada aprieto y todo el mundo abrazo.

Quien me tiene en prisión, ni abre ni cierra,
ni me retiene ni me suelta el lazo;
y no me mata Amor ni me deshierra,
ni me quiere ni quita mi embarazo.

Veo sin ojos y sin lengua grito;
y pido ayuda y parecer anhelo;
a otros amo y por mí me siento odiado.

Llorando grito y el dolor transito;
muerte y vida me dan igual desvelo;
por vos estoy, Señora, en este estado. 

Soneto a Laura

Seraphim

domingo, 11 de junio de 2017

Sueños


Anoche soñé contigo. No recuerdo los detalles, sólo sé que nos convertíamos continuamente el uno en el otro, yo era tú, tú eras yo. Empezabas a arder, no sé cómo. Yo recordaba que el fuego se apaga con ropas, cogía un abrigo y te sacudía con él. Pero entonces empezaban de nuevo las metamorfosis y tú ya no estabas allí, ahora era yo el que ardía, y también era yo el que sacudía con el abrigo. Los golpes eran inútiles y no hacían más que confirmar mi antigua sospecha de que así no se puede apagar un fuego. Mientras tanto, los bomberos habían llegado y te habían salvado. Pero ahora eras distinta, espectral, como dibujada con tiza en la obscuridad, y caías en mis brazos inerte o quizás tan sólo inconsciente de felicidad por estar a salvo. Pero también aquí operaba la incertidumbre de la metamorfosis, tal vez era yo quien caía en brazos de alguien.

Franz Kafka
Sueños
Ed. Errata Naturae, 2010
Trad. Iván de los Ríos

Fot. Egon Schiele
Freundschaft,1913

La mujer


Un hombre sueña que ama a una mujer. La mujer huye. El hombre envía en su persecución los perros de su deseo. La mujer cruza un puente sobre un río, atraviesa un muro, se eleva sobre una montaña. Los perros atraviesan el río a nado, saltan el muro y al pie de la montaña se detienen jadeando. El hombre sabe, en su sueño, que jamás podrá alcanzarla. Cuando despierta, la mujer está a su lado y el hombre descubre, decepcionado, que ya es suya.

Ana María Shua
La mujer
Recogido en Cazadores de letras
Ed. Páginas de espuma, 2009

Fot. Daisuke Yokota

Las peras de Dios


Sucedió, entonces, que las peras empezaron a ser más que peras. Sucedió el verano de las tetas, ya no sé si estas eran un símbolo de las peras o las peras una metáfora de las tetas. "Las blanquillas son un fruto deleitoso, algo alargado y con la piel muy suave y perfumada alrededor del pezón.” “La mantecosa francesa es en disminución hacia el pezón y allí se termina en punta, no así el pezón de la mantecosa dorada que es grueso y protuberante…” Yo no creo que muchos adolescentes en el mundo se hayan escondido con el catálogo de unos viveros entre las manos pecadoras. Y era imposible tropezarse con una mujer sin entrar en las equivalencias. A las primas les vigilábamos el escote. Yo había calculado por mi cuenta que deben ser muy hermosos los pechos de las primas temblando en los desvanes, pero el primo Carlos aleccionó que nunca puede adivinarse cómo los tienen y que mejor aún que la realidad era la duda. Hay peras de Dondingo en troncos de cono y, según mostraban las ilustraciones del catálogo, “con el pezón graciosamente salido”. Justo como la profesorita que venía de ayuda para los suspensos en junio, cuando le orientábamos el ventilador hacia la blusa sin que ella se maliciase de nada. Pero la Gran Duquesa de invierno. La Gran Duquesa de invierno a una doble página del catálogo era muy ofrecida por su fruto voluminoso. El pezón de la gran Duquesa bajo los viveros de Aranjuez, con medalla en varias exposiciones, es “delicadamente moreno”…

Antonio Pereira
Las peras de Dios
Todos los cuentos
Ed. Siruela.

Fot. Masao Yamamoto

sábado, 10 de junio de 2017

Papel de regalo



Con el tiempo, sobre todo en los últimos años, perdí mi don de gentes. No sé ya cómo es. Y una especie completamente nueva de “soledad de no pertenecer” empezó a invadirme como hiedras a un muro. Si mi deseo más antiguo es el de pertenecer, ¿por qué entonces nunca formé parte de clubes o de asociaciones? Porque no es eso a lo que yo llamo pertenecer. Lo que yo quería, y no puedo es, por ejemplo, que todo lo que viniera de bueno desde mi adentro pudiera darlo a aquello a lo que perteneciera. Incluso mis alegrías, qué solitarias son a veces. Y una alegría solitaria puede tornarse patética. Es como quedarse con un presente todo envuelto con papel de regalo en las manos y no tener a quién decirle: tome, es suyo, ábralo. No queriendo verme en situaciones patéticas y, por una especie de contención que evita el tono de tragedia, raramente envuelvo con papel de regalo mis sentimientos.

Clarice Lispector
Revelación de un mundo
Ed. Adriana Hidalgo, 2004

Leyendo


Fot. Leo Fuchs

Veinte años & Temps perdut


Veinte años & Temps perdut

viernes, 9 de junio de 2017

Oídme



Oídme. Hablo
de cosas muy concretas.

Hace tiempo me atrajo la eufonía
confortante de las palabras su
cadencia y el brillo
impertinente del espíritu -¿espíritu?-
en la cuerda floja de la nada. 
Fui de aquéllos.
Fortalecí el ansia de saber porque el yo
se refuerza sabiendo y 
quería ser más.
Pero al fin sigue siendo nada
el yo bajo el decir.

Os hablo de cosas muy concretas.
Quien habla es lo de menos.

Chantal Maillard
"La herida en la lengua"
Ed. Tusquets

Fot. Anónima
Polaire reading in bed

Habla más suave


Habla más suave: eres mayor que aquel
que fuiste tanto tiempo; eres mayor
que tú mismo y sigues sin saber
qué es la ausencia, el oro, la poesía.

El agua sucia anegó la calle; una tormenta breve
sacudió esta ciudad plana, adormecida.
Cada tormenta es un adiós, cientos de fotógrafos
parecen sobrevolarnos, inmortalizar con flash
segundos de miedo y pánico.

Sabes qué es el duelo, la desesperación
violenta que ahoga el ritmo cardiaco y el futuro.
Entre extraños llorabas, en un moderno almacén
donde el dinero, ágil, sin cesar, circulaba.

Has visto Venecia, y Siena, y en los lienzos, en la calle,
jovencísimas, tristes Madonnas que ansiaban ser
muchachas normales y bailar en carnaval.

Has visto incluso pequeñas urbes, nada bonitas,
gente vieja extenuada por el sufrimiento y el tiempo.
Ojos de santos morenos brillando en iconos
medievales, ojos ardientes de bestias salvajes.

Entre los dedos cogías guijarros de la playa La Galere,
y de pronto sentías por ellos una inmensa ternura,
por ellos y por el pino frágil, por todos los que allí
estuvieron contigo y por el mar,
que aunque potente, es tan solitario.

Una ternura inmensa, como si fuésemos huérfanos
de la misma casa, para siempre apartados los unos de los otros,
condenados a breves momentos de visitas
en las frías cárceles de la actualidad.

Habla más suave: ya no eres joven,
el éxtasis ha de pactar con semanas de ayuno,
has de elegir y abandonar, dar largas

y hablar extensamente con embajadores de secos países
y labios cuarteados, has de esperar,
escribir cartas, leer libros de quinientas páginas.
Habla más suave. No abandones la poesía.

Habla más suave
Versión de Elzbieta Bortkiewicz

Mesa para seis


Puse la mesa para seis...

No dejo de repetir el primer verso
y corregir la palabra:
-" Puse la mesa para seis"...
Te olvidaste de uno, el séptimo.

Estáis tristes los seis.
Ráfagas de lluvias cubren vuestros rostros.
Cómo pudiste, en esa mesa,
olvidar el séptimo, la séptima...

Están tristes tus huéspedes,
aburrida la garrafa de cristal. 
Desconsolados ellos, desconsolada tú,
y, la más desconsolada, la que olvidaste invitar.

Sin alegría, sin brillo, 
ah, no coméis, ni bebéis.
¿Cómo pudiste olvidar el número?
¿Cómo te confundiste en el calculo?

¿Cómo pudiste, cómo osaste no entender
que seis (dos hermanos, el tercero,
-tú mismo- con tu mujer, y los padres)
eran siete- puesto que yo existo.

Pusiste le mesa para seis,
pero no se reduce el mundo a seis.
Para ser un espantajo entre los vivos, 
prefiero ser un fantasma, con los tuyos,
(los míos...)
tímida como un ladrón.
¡sin rozar un alma siquiera!
Me siento en el lugar -la séptima-
delante del cubierto que no has puesto.

¡Por fin! ¡Volqué mi vaso!
Y todo lo que era preciso derramar, 
-la sal toda de mis ojos, toda la sangre de las heridas-
desde el mantel al parqué.

Y ningún féretro, ninguna separación.
La mesa exorcizada, la casa despierta.
Como la muerte a un banquete de boda,
yo, la vida, presente en esa cena.

Nadie: ni hermano, ni hijos, ni esposo,
ni amigos; y un reproche, pese a todo:
tú, que pusiste la mesa para seis almas,
ni siquiera me pusiste en un rincón.

6 de marzo de 1941
Otros poemas

Ed. Galaxia Gutemberg.
Trad. y selec. Monika Zgustova y Olvido García Valdés.

Adele Boke 1951