martes, 1 de noviembre de 2016

Leyendo


Deseo


Su vestido ligero y flotante estaba tan abierto por la espalda que cada vez que la ahuecaba por un movimiento de sus omóplatos prominentes, Van, que se había aproximado al taburete tanto como se lo permitía la prudencia, podía ver hasta el coxis su ensilladura marfileña y respirar todo el calor de su cuerpo. Con el corazón saltándole en el pecho, y la mano lamentablemente hundida en el bolsillo del pantalón, se inclinaba sobre ella, mientras ella se inclinaba sobre su obra, y permitía a sus labios sedientos que se deslizasen ingrávidamente desde la cabellera tibia a la ardiente nuca. Era la sensación más dulce, más poderosa, más misteriosa que nunca había experimentado. En la sórdida lujuria del invierno anterior nada podía haberle hecho presentir aquella ternura acariciadora, aquel desconsuelo del deseo. Hubiera querido permanecer indefinidamente sobre la redondez exquisita de la pequeña protuberancia ósea que destacaba por debajo de su nuca, si ella, indefinidamente, hubiera mantenido la cabeza inclinada, y si el pobre muchacho hubiese sido capaz de soportar por más tiempo el éxtasis de aquel contacto en su boca, convertida en cera inmóvil, sin apretujarse contra la chica en un loco abandono.


Vladimir Nabokov
Ada o el ardor
Ed. Anagrama, 2006
Trad. David Molinet

lunes, 31 de octubre de 2016

Sinceridad


La tercera dimensión

Quién me creería
si dijera, “Me agarraron y
me abrieron
del cráneo a la entrepierna, y
todavía estoy viva, y
me paseo complacida con
el sol y con toda
la generosidad del mundo.” 
La sinceridad
no es tan simple:
una sinceridad simple
no es más que una mentira.
¿Acaso los árboles
no esconden el viento
entre sus hojas y
murmuran?

La tercera dimensión
se esconde.
Si los obreros de la calle
parten las piedras,
las piedras son piedras:
a mí el amor
me partió en dos
y estoy
viva para
contar el cuento 
pero no sinceramente:
las palabras lo cambian.

Deja que sea
aquí bajo el dulce sol
una ficción, mientras yo
respiro, y cambio el paso.

domingo, 30 de octubre de 2016

Espera


Respiro este aire de tal modo –le explica a su compungido hijo– que me parece tener el mar en los labios, veo ponerse el sol, moverse las barcas silenciosamente, no pienso en nada; y mientras tanto, estoy a la espera de una emoción. ¿Qué más quieres? Si toda la vida fuera así…

Giani Stuparich  La isla
Ed. Minúscula, 2008
Posfacio de Claudio Magris
Traducción de J. A. González Sáinz

sábado, 29 de octubre de 2016

Futuros recuerdos


Es curioso, pero vivir consiste en construir futuros recuerdos de otros tiempos; ahora mismo, aquí frente al mar, sé que estoy preparando recuerdos minuciosos, que alguna vez me traerán la melancolía y la desesperanza.

Ernesto Sabato  El túnel
Ed. Seix Barral

Fotograma de  Les quatre cents coups
FrançoisTruffaut,1959

viernes, 28 de octubre de 2016

jueves, 27 de octubre de 2016

Reducción


Yo no tengo interior.
Ni pasión, ni calor;
Pronto me reduciré 
A mi estricto volumen.

Configuración de la última orilla.
Ed. Anagrama.
Trad. Altair Díez

miércoles, 26 de octubre de 2016

La blancura


La blancura alcanza al hombre o la mujer ordinarios cuando llegan al límite de sus recursos para continuar asumiendo su personaje; están cansados, fuera de los movimientos del vínculo social, pero lo saben, y un día u otro pueden volver a entrar en su antigua piel o acceder a una nueva tras ese momento de desaparición que necesitaban para continuar viviendo. Viven entonces un momento paradójico para recrearse, hacer el vacío, despojarse de lo que se les ha hecho demasiado pesado. Esa experiencia sigue estando bajo control. Pero a veces se convierte en un estado duradero que se impone cuando sueltan amarras y se abandonan al peso de los acontecimientos sin querer ya actuar sobre ellos.

La blancura es un entumecimiento, un dejar estar que nace de la dificultad para transformar las cosas. En este universo del control que se impone en el ambiente de nuestras sociedades neoliberales, es una paradójica voluntad de no poder. Dejar de querer controlar su propia existencia y permitir su propio hundimiento. Es una investigación deliberada de la penuria en el contexto social de la profusión de objetos; una pasión de la ausencia en un universo marcado por una búsqueda desenfrenada de sensaciones y de apariencias; un deseo de desposeerse allá donde el ambiente social está invadido por el poder de las tecnologías y la acumulación de bienes; una voluntad de supresión ante la obligación de individualizarse.

David Le Breton   Desaparecer de sí
Edit. Siruela.
Trad. Hugo Castignani

martes, 25 de octubre de 2016

Leyendo


Otoño


Otoño

Tarde otoñal.
No hay cerezos en flor.
No hay hojas encarnadas.
Tan sólo en la lejanía
una cabaña junto al mar.

Jaikus inmortales
Edit. Hiperión
Trad. Antonio Cabezas

Boat and hut, 1910's

lunes, 24 de octubre de 2016

Escribir

Es posible que escribir signifique rellenar los espacios blancos de la existencia, esa nada que se abre de repente en las horas y en los días, entre los objetos de la habitación, y los absorbe dejando una desolación y una insignificancia infinitas. El miedo, ha escrito Canetti, inventa nombres para distraerse; el viajero lee y anota el nombre en las estaciones que deja atrás con su tren, en las esquinas de las calles adonde le llevan sus pasos, y avanza un poco aliviado, satisfecho por ese orden y ese ritmo de la nada.

Claudio Magris,  El Danubio
Edit. Anagrama
Trad. Joaquín Jordá

Leyendo

Retrato de Polaire, anónimo

sábado, 22 de octubre de 2016

El año nuevo espera


Desde que el dorado octubre declinó en sombrío noviembre
y las manzanas fueron recogidas y guardadas, y
la tierra se volvió ramas de muerte, pardas 
y agudas, en un erial de agua y lodo,
el año nuevo espera, respira, espera, murmura en la sombra.

Asesinato en la catedral

Sehnsucht #25

viernes, 21 de octubre de 2016

El agrimensor


(...) En el antro oscuro y lleno de humo en el que dos hombres barbudos están metidos en una gran tina, donde una joven mujer de "cansados ojos azules", abandonada en un "alto sillón", tiene un bebé en el pecho, " inerte", y mira hacia lo alto, "hacia un lugar indefinido", como una Virgen de la melancolía, mientras que desde la única abertura en la pared del fondo una pálida luz de nieve da un "reflejo como de seda" a su vestido, en esta penumbra arcaica y tórpida donde la única ley reconocida podría ser la ley de la hospitalidad, escuchamos estas palabras brutales y firmes, que quizás no habían resonado jamás en una novela: "Entre nosotros no existe el hábito de la hospitalidad." Pero sobre todo: "No tenemos necesidad de huéspedes." Estas últimas palabras son las más duras que deberá oír K. Pero él pasa enseguida por encima de ellas: "Claro, ¿Para qué tendríais necesidad de huéspedes?." Frase que busca además establecer una complicidad, y que sirve a K. para introducir el asunto que más le interesa: hacer de sí mismo una excepción, un elegido. K. prosigue: "Pero, de vez en cuando, tendréis necesidad de alguien, por ejemplo de mí, del agrimensor." Así, K. se salta la ocasión de comprender. Una tiniebla todavía lo envuelve, lo protege, lo burla.

Roberto Calasso  K
Edit. Anagrama, 2005
Trad. Edgardo Dobry

Fot. Charles Corbet (1868-1936 Belgian)
Melancholia ca.1910

jueves, 20 de octubre de 2016

Lenguajes privados


Olvidar el lenguaje que se construyó con una mujer, un lenguaje privado que dura lo que dura el amor. Luego cae como una lengua muerta, es decir, un lenguaje en el interior del cual ya nadie vive.

Ricardo Piglia  Los diarios de Emilio Renzi
Ed. Anagrama, 2015

Leyendo


miércoles, 19 de octubre de 2016

Yo me resisto


Yo me resisto, 
en la calle de los ahorcados, 
a acatar la orden 
de ser tibia y cautelosa, 
de asirme a la seguridad, 
de acomodarme en la costumbre, 
de usar reloj y placidez, 
aventura a cuerda, 
palabra pálida y mortal 
y ojos con límites. 

Yo me resisto, 
entre las muelas del fracaso, 
a cumplir la ley de cansarme, 
de resignarme, 
de sentarme en lo fofo del mundo 
mortecina de una espada lánguida, 
esperando el marasmo. 

Yo me resisto, 
acosada por silbatos atroces, 
a la fatalidad 
de encerrarme y perder la llave 
o de arrojarme al pozo. 

Con toda la médula 
levanto, llevo, soy el miedo enorme, 
y avanzo, 
sin causa, cantando entre ausentes.

Yo me resisto

martes, 18 de octubre de 2016

A veces


A veces
soy la sedentaria.

Arqueóloga en mí hundiéndome,
excavo mi porción de ayer
busco en mi fosa descubriendo
lo que ya fue o no fue
soy predadora de mis restos.

Mientras me desentierro y me descifro
y recuento mi antigüedad,
pasa arriba mi presente y lo pierdo.

Otras veces
me desencorvo con olvido
pierdo el pasado y soy la nómada.

Exploradora del momento que me invade,
remo sobre mi canto suyo
rumbo al naufragio en rocas del callar,
o atravieso su repentino bosque mío
hacia el claro de muerte.

Y a extremas veces
mientras sobrecavándome
descubro al fondo mi
fulgor inmóvil ojo
de cerradura inmemorial,

soy avellave en el cenit
ejerciendo
mi remolino.

Cavante, andante.


Bla bla bla


lunes, 17 de octubre de 2016

Sumisión


Sumisión

Porque ataron mis huesos
unos con otros, soy.
Porque algún día los desatarán
ya no seré.
Soy y no soy solo a través
de este poco de cal y de artilugio.
Camino y no me aparto de una vida
hecha ya de antemano
para la eterna inmovilidad,
de una muerte
enderezada brevemente.
Camino todavía,
pero mi propia muerte me cabalga:
Soy el corcel de mi esqueleto.

Para el que sabe ver la sombra es solo tránsito de luz a luz.

¿Te deshilaron de las neblinas boreales,
o te hicieron con zumo de violetas en una concha de nácar?…