viernes, 21 de julio de 2017

Granada


Nunca era tan bella como al fin de un día caluroso de estío o primavera a la hora de la fresca, sentada en el pretil de uno de esos jardines de España, que dominaban un vasto horizonte. Así fue Granada para ella la ciudad de sus noches de amor. Yo no le podría dar más que en Granada, ella no podría dar nunca más que en Granada. Entonces comprendí hasta qué punto ella era una especie de odalisca cristiana. La presentía puesta en versos árabes. El delirio, el desmayo y la dulzura trágica de su entrega estaban bien con el secreto de embriaguez y de melancolía de los jardines andaluces. Ella podía haberme abierto un mundo con esto pero aquel mundo no era el mío. No sabía yo vivir en él. No fue ella a Granada porque la agudeza del instinto la condujera al escenario aquel de sus jardines, sino porque sentía hacia la Alhambra una cándida admiración, como ante una obra colosal de paciente ganchillo hecha arquitectura de colores.

Rafael Sánchez-Mazas
Rosa Kruger
Ed..Trieste

Foto: Karl Blossfeldt

Escribir


Alguien puede haber leído todos los libros del mundo y no llegar a ser escritor, porque el autor no puede brotar fuera de la existencia de una herida interna, del mismo modo que la perla surge a partir de un granito de arena que está lastimando a la concha

Mircea Cãrtãrescu
El ojo castaño de nuestro amor
Ed. Impedimenta
Trad. Marian Ochoa de Eribe

Yo


Yo, este cuerpo animado tan ligero para sí mismo
.....
Algún éter secreto en mis huesos
me aligera lo mismo que un pájaro.

"Jeux cosmiques. Sensation de soi".

Collage: Francisca Pageo

Dame


Dame algo más que silencio o dulzura
Algo que tengas y no sepas
No quiero regalos exquisitos
Dame una piedra

No te quedes quieto mirándome
como si quisieras decirme
que hay demasiadas cosas mudas
debajo de lo que se dice

Dame algo lento y delgado
como un cuchillo por la espalda
Y si no tienes nada que darme
¡dame todo lo que te falta!

Dame

Ciudades


Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la economía, pero estos trueques no lo son sólo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos.

Italo Calvino
Las ciudades invisibles
Ed. Siruela, 2013
Trad. Aurora Bernárdez

La celda


III
La Celda con la figura arco de la histeria trata sobre el dolor emocional y psicológico. Aquí, el arco de la historia, placer y dolor se funden en un estado de felicidad. El arco de ella -la escalada de la tensión y su liberación- es sexual. Es un sustituto del orgasmo sin acceso al sexo. Ella crea su propio mundo y es muy feliz. En ningún lugar está escrito que una persona en tal estado sufra. Ella funciona en una celda fabricada por sí misma dónde las reglas de la felicidad y la tensión nos son desconocidas al resto.
La tabla de planchar representa el alisamiento de las arrugas, la disminución de la tensión camino del sueño. Está el gran sueño, que es la muerte, y el pequeño sueño que sigue al orgasmo.

Louise Bourgeois
Sobre las Celdas

Fot. Celda (Arco de histeria), 1992-93
Louise Bourgeois

miércoles, 19 de julio de 2017

Afán para no separarme de ti


Afán para no separarme de ti,
por tu belleza, lucha por no quedar en dónde quieres tú,
aquí en los alfabetos, en las auroras, en los labios.
Ansia de irse dejando atrás anécdotas, vestidos, caricias,
de llegar atravesando todo lo que en ti cambia,
a lo desnudo y a lo perdurable.
Y mientras siguen dando vueltas y vueltas, entregándose,
engañándose, tus rostros, tus caprichos y tus besos,
tus delicias volubles, tus contactos rápidos con el mundo,
haber llegado yo al centro puro, inmóvil, de ti misma,
y verte cómo cambias, y lo llamas vivir,
en todo, en todo si, menos en mí, dónde te sobrevives.

Afán para no separarme de ti


La mujer transparente


La mujer transparente

Tu voz era una bebida que yo sorbía silencioso
ante las miradas asombradas
un pájaro de luz
salió de tu cuerpo transparente
pájaro de luz
instante que revolotea
a una velocidad vertiginosa
atravesando calles y calles
persiguen tu cuerpo que huye
¿cuándo podrás alejar a la jauría enloquecida?
desamparada
te has destrozado al caer
los restos de tu cuerpo se arrastran por todos los rincones
del mundo
ah un día renacerás tú
la transparente
única, inconfundible
levemente inclinada , nunca caída
rodeada de impenetrable silencio
avanzando tu pie frágil entre la vacilante monotonía
ah un día renacerá tu risa
tu risa de pájaro transparente
tu risa herida.


Foto: Jo Ann Callis,1970's

Final


Toda experiencia tiene un final.
La mayoría de las veces
antes de que empiece.

Jmms

Fot. Fudzisan on Tagonoura, Japan, 1881

Leyendo


El museo de la inocencia


(...) Dejó a un lado la pintura que había levantado para mostrárnosla. Miré los juegos de pintura, los pinceles, los botes y los trapos con manchas multicolores que tan atractivos me parecían. Todo estaba muy ordenado, como en los cuadros de los pájaros. Más allá estaban las telas y los dedales de la tía Nesibe. Me eché al bolsillo un dedal de colores de porcelana y una barrita naranja de pastel con la que Füsun había jugueteado nerviosa poco antes. Aquellos meses oscuros de 1979, los peores que vivimos, se corresponden con la época que más objetos hurte de casa de los Keskin. Entonces, dichos objetos, más que simples signos del momento vivido, más que algo que me recordaba aquel bello instante, eran también para mí una parte del momento en sí. Por ejemplo, las cajas de cerillas que expongo en el Museo de la Inocencia... Cada una de estas cajas de cerillas fue tocada por la mano de Füsun, se han impregnado del olor de su mano y de su casi imperceptible aroma a agua de rosas. Cada una de las cajas de cerillas, como todas las demás cosas que expongo en mi museo, cuando luego las cogía entre mis manos en el piso del edificio Compasión me servía para volver a vivir el placer de haber estado sentado a la misma mesa que Füsun y de haberla mirado a los ojos, por supuesto. Pero la felicidad que sentía en mi corazón cuando cogía las cerillas de la mesa y me las echaba al bolsillo como quien no quiere la cosa tenía otro aspecto: era la felicidad de arrancar un pedazo, por pequeño que fuera, de alguien a quien amaba obsesivamente pero a quien no podía "poseer".

Orhan Pamuk
El museo de la Inocencia
Ed. Random House
Trad. Rafael Carpintero

Leyendo


martes, 18 de julio de 2017

lunes, 17 de julio de 2017

Yuxtaposición


Algunos dirán que la falaz belleza creada por la penumbra no es la belleza auténtica. No obstante, como decía anteriormente, nosotros los orientales creamos belleza haciendo nacer sombras en lugares que en sí mismos son insignificantes. Hay una vieja canción que dice:

Ramajes
reunidlos y anudadlos
una choza
desatadlos
la llanura de nuevo
   
Nuestro pensamiento, en definitiva, procede análogamente: creo que lo bello no es una sustancia en sí sino tan solo un dibujo de sombras, un juego de claroscuros producido por la yuxtaposición de diferentes sustancias. Así como una piedra fosforescente, colocada en la oscuridad, emite una irradiación y expuesta a plena luz pierde toda su fascinación de joya preciosa, de igual manera que la belleza pierde su existencia si se le suprimen los efectos de la sombra.


Ed. Siruela, 2016
Traducción: Julia Escobar

Fot. František Drtikol

El silencio


En la septingentésima trigésimo octava de “Las Mil y una noches”, la prohibición es más impresionante todavía: el silencio no puede ser requerido por la palabra. Sólo el silencio puede requerirse a sí mismo: de modo silencioso. Gulnara, hija del rey del mar, permanecía sola en su habitación, apoyada en una de las ventanas que daba al mar.
Ella calla.
El rey se acerca: ella lo reconoció pero “sin manifestar la menor sorpresa, sin ni siquiera levantarse por educación y para recibirlo, como si se tratara de la persona más indiferente del mundo, se giró hacia la ventana como antes”.
Se aman apasionadamente. Gozan el uno del otro. El rey no comprende. “¿Por qué mantenéis este gran silencio que me hiela? ¿De dónde viene esta seriedad, o más bien esta tristeza que me aflige? ¿Añoráis vuestro país, a vuestros amigos? ¡Pero qué! Un rey de Persia que os ama, que os adora, ¿no es capaz de consolaros y de ocupar el lugar de toda cosa en el mundo?”.
Pero es por ello que Gulnara continua callando. ¿Qué necesidad hay de lenguaje entre ella y él? Por más protestas que el rey le haga, por más que le diga para obligarla a abrir la boca y a hablar, ella mantiene los grandes ojos abiertos y lo mira profundamente; no profiere una palabra.
El lenguaje es para la familia, o para la sociedad, o para la ciudad. El sexo y la muerte -que son los otros dones que la vida nos concede- deben preservarse del contacto con el lenguaje. La pasión y el goce reposan sobre la exclusividad y el respeto del silencio. El rey poco a poco comprende; entra en este silencio.

Pascal Quignard
Pequeños tratados II
Edit. Sexto Piso/Kurimanzutto
Trad. Miguel Morey

Gif. Anna Karina

domingo, 16 de julio de 2017

Leyendo


Lecturas escogidas

Todo se olvida


Todo se olvida.
El rumor es un puente.
El color es un puente.
La mirada de un ciervo que olfatea un tesoro,
es un puente,
y vuela con el ave que se aleja del invierno natal.
Vuelan todos los puentes.
Las comunicaciones estallan en fuego y transparencia.
Solo nos queda el puente del olor del infinito.,
la pasarela para el tigre de los sueños.


Libro de las horas


LIBRO DE LAS HORAS
1
No hay orden alguno en mis pensamientos.
Acabada la catedral, compongo la sinfonía.
Luego estudio y torturo. envío los regimientos y proyecto el puente.
También escribo en chino, y deseco la ciénaga.
Más tarde bailo el tango, reúno la flota,
pinto la manzana de las mil maneras,
pero por más que me acueste contigo
el tiempo permanece invisible.
Está y no está.
4
En esta hora me voy conociendo.
Cada vez menos:
¡tenía mil vidas
y elegí una sola!
Lentamente bajo flotando sobre los espejos
en los que me fundiré.
Solo cuando alcanzo la esfera
exploto suavemente:
dos que son uno solo 
se vuelven ninguno.
Así que ni siquiera he escrito estas palabras.
¿Cómo es posible entonces que tú puedas leerlas?
Cuanto más se agranda el ojo
tanto menos hay
que ver.

Tenía mil vidas y elegí una sola
Ed. Siruela

Xanti Schawinsky on a Bauhaus balcony

Ostinato


El gris plata de la mañana, la arquitectura de los árboles perdidos en el enjambre de sus hojas.
El recorrido del sol, su apogeo, su declinación triunfal.
La furia de las tempestades, la lluvia cálida que salta de piedra en piedra y perfuma las praderas.
La risa de los niños que se revuelcan sobre los almiares o que jugaban al caer la tarde alrededor de una vela sosteniendo durante mucho tiempo la palma de la mano sobre la llama.[…]

Louis-René des Forêts
Ostinato
Libros del último hombre, 27
Trad. Hugo Savino

El pájaro que se pierde


El pájaro que se pierde

Aquel está en el día en que aparece, en el día más blanco. Pájaro.

Aletea, se vuela. Aletea, se pierde.

Aletea, reaparece.

Se posa. Y después no está más. Con un batir de alas se ha perdido en el espacio blanco.

Así es mi pájaro familiar, el pájaro que acude a poblar el cielo de mi pequeño patio. ¿Poblar? Ya se advierte cómo…

Pero me quedo en el lugar, contemplándolo, fascinado por su aparición, fascinado por su desaparición.

La vida en los pliegues (1949)
en Antología poética 1927-1986 
Trad. Silvio Mattoni,
Adriana Hidalgo Editora, Buenos Aires,

Diario


Escribe tu diario en la noche
entonces verás más claro
lo que sobrevivió, lo que quedó
lo que te importaba del día
lo que en la vida fue más vivo.
En el espejo del salón apagado
se abre el ojo interior.
Es la suma de las miradas.
Escribe tu diario en la noche
cuando todos se hayan acostado.
Habla cuando todo se silencie,
es cuando eres necesario.
Interpreta el fuego apagado.
Lee el libro cerrado.
Ama el amor extraviado.

Diario

Entrar hacia afuera


Salir hasta la casa, entrar
hacia afuera, a la luz, hasta las aguas
en la espesura adentro en las arenas
de adentro de esta casa en que morir.

De "Fuego Blanco"

De la série Continuités 1982-1985

Falta de amor


La primera nota que me escribiste, la que deslizaste con disimulo dentro del bolsillo de mi abrigo, fue la que produjo el chispazo. Yámame, rezaban unas letras anónimas, escritas con carmín y prisa debajo de un número de teléfono. Te llamé, claro está, no pude resistirme, y al poco ya vivíamos juntos. Desde entonces, lo primero que hago cada mañana al despertar es buscar el mensaje garabateado en un papel que sueles dejarme, apoyado en la cafetera, antes de marcharte a trabajar. Me estremecen tus confusiones sinuosas de bes y uves. Me excitan tus acentos inventados, que se clavan, placenteros, en mis ojos. Me pierden las haches intercaladas a tu antojo, entrometidas, y me encienden las olvidadas, que dejan desnudas las palabras, indefensas. Por eso, cuando no encuentro tus buenos días repletos de errores, revuelvo el piso en busca de cualquier cosa que hayas escrito, en la lista de la compra, en la agenda de teléfonos, en el calendario que cuelga de la cocina o en un papel de tu billetera. Más que lo que me dices, me encanta cómo te equivocas, aunque jamás te lo he confesado. De todos modos, supongo que ya te habrás dado cuenta porque la nota que dejaste esta mañana, mucho más larga que de costumbre, estaba correctamente escrita. Decía que te marchas para siempre y sólo tenía una falta de ortografía. En mi nombre.

Víctor Lorenzo
Falta de amor

Fot. Stanisław Ignacy Witkiewicz

Leyendo


Fot. Eduard Pavlačka, Dvaja, 1967

viernes, 14 de julio de 2017

Felicidad


Cuando hemos visto una sola vez resplandecer la felicidad en el rostro de un ser querido, descubrimos que no puede existir para el hombre otra vocación que la de originar esa luz en los rostros que nos rodean [...]

Albert Camus
Carnets II

Fot. anónima de Albert Camus joven

La profundidad del tiempo


La profundidad del tiempo es una reciente conquista mía. En el silencio de la casa, cuando durante la mañana me quedo sola, reencuentro la felicidad de pensar, de recorrer el pasado adelante y atrás, de escuchar el fluir del presente. Es algo que pocas veces me había pasado antes. Después de una infancia insatisfecha y sin problemas inmediatos, una adolescencia pobre e introvertida y una juventud empecinada, he llegado a una madurez en la que las cosas y los acontecimientos parecen tener un ritmo más lento, que permite la reflexión. Del mundo del trabajo, con los chicos ya bastante crecidos, he sido devuelta a la libertad de mi casa y de mis días. En el humilde y variado trabajo cotidiano, los pensamientos pueden aflorar, organizarse, clarificarse. El tiempo, antes sin casi sin dimensiones, reducido a un mero presente debido a una vida apresurada, acosada por un turbión de obligaciones, de alegrías robadas, y de preocupaciones, ahora se despliega en horas livianas, se dilata y se arrellana, se puebla de resonancias y recuerdos que poco a poco se recomponen en forma de mosaico, emergiendo en pequeños remolinos de un magma indistinto que, durante largos años, se ha ido acumulando en un fondo oscuro y desatendido.

Marisa Madieri
"Verde Agua"
Ed. Minúscula
Trad. Valeria Bergalli.

Fot. Aram Alban
Modèle à la poupée, ca. 1930

jueves, 13 de julio de 2017

Variaciones sobre la palabra sueño


Variaciones sobre la palabra sueño

Me gustaría verte dormir,
algo que tal vez no suceda.
Me gustaría observarte, durmiendo. 
Me gustaría dormir contigo, 
penetrar en tu sueño 
mientras su ola oscura y suave
se desliza sobre mi cabeza
y caminar contigo por ese bosque
ondulante y radiante, de hojas verde mar,
con su sol acuoso y sus tres lunas,
hacia la gruta donde debes descender,
hacia tu peor miedo.

Me gustaría darte la rama plateada, 
la florecilla blanca, la única palabra 
que te protegiera del dolor 
de las entrañas de tu sueño, 
del dolor de tus entrañas

Me gustaría seguirte
al subir la larga escalera otra vez 
y convertirme en la barca 
que te llevara de vuelta con cautela; 
una llama protegida por dos manos ahuecadas
donde reposara tu cuerpo a mi lado, 
y mientras entraras
en ella con tranquilidad,
me gustaría ser el aire que te habita,
solo por un momento.

Me gustaría pasar así de inadvertida
y ser tan necesaria.

Margaret Atwood
Variaciones sobre la palabra sueño
De “Historias reales”, 1990

Fot. Saul Leiter

miércoles, 12 de julio de 2017

Pasar


Pasar

Será un breve pasar entre la ceniza y el viento.
Una suave tentativa, un tenue soplo
a las puertas del silencio. Una pérdida
de todo, del propio sentido y del deseo.
Ser nada pero habitar el instante y sus murmullos
en la infinita dispersión. Entre ruinas,
en los confines de una tierra cenicienta
donde las nubes y los árboles se confunden,
todo tiene sabor a destino y a principio,
a plenitud o nada. Y la palabra vibra
silenciosa, unánime, casi ebria
de un dios vegetal entre cigarras.
El mar ya centellea. El exilio casi cesa.
Lo que es breve perdura en grávida levedad.

Facilidad del aire
Ed. del Oriente y del Mediterráneo
Trad. de Clara Janés

Instante


Instante

Déjame limpio
El aire de los cuartos
Y liso
El blanco de las paredes
Déjame con las cosas
Fundadas en el silencio


martes, 11 de julio de 2017

Renacimiento



Debemos estar preparados para arder en nuestro propio fuego. ¿Cómo podrías renacer sin habernos antes convertido en cenizas?

Friedrich Nietzsche

Indiferencia



El privilegio de la indiferencia es el más preciado que poseemos, y sostengo que reconocemos a las personas inteligentes por el uso que hacen de él. 


Henry James
El punto de vista

El pabellón junto al lago


Sentado en barca ligera
salgo a recibir al huésped
que desde tierras lejanas
viene a verme por el lago.
Y después, en la veranda,
frente a los vasos de vino,
se abren por todas partes
las flores de hibisco.

El pabellón junto al lago
“Poemas del río Wang”

Tulips, Oyster Bay, New York, 1989

Cuando antaño


Cuando antaño el verano persistía,
antes de que muriesen las margaritas,
no tenías más que levantar un dedo
y yo a tu lado acudía.
Y, oh, la vida se me acababa;
habría sido tuya;

«Y ahora vete», me dijiste.

Los poemas perdidos

Emily

domingo, 9 de julio de 2017

Destino



Estoy desnudo ante el agua inmóvil. 
He dejado mi ropa en el silencio de las últimas ramas.

Esto era el destino:
llegar al borde y tener miedo de la quietud del agua.


Pareja


Pareja.
El amor humano, la confianza humana, son siempre peligrosos, pues se rompen. Cuanto mayor es el amor, mayor es la confianza, y mayor el peligro, mayor el desastre. En efecto, depositar confianza absoluta en otro ser humano es de por sí un desastre para ambas partes, puesto que cada persona es un navío que debe seguir su propia ruta, incluso cuando está en compañía de otro barco. Dos embarcaciones pueden navegar juntas hasta el fin del mundo. Pero si se amarran una a la otra en medio del mar e intentan que las gobierne un solo timón, chocarán entre ellas hasta hacerse trizas. Lo mismo sucede cuando un individuo pretende amar a alguien o confiar en alguien de manera absoluta. Los amantes absolutos siempre se hacen trizas entre ellos.

Canguro
Ed. Bruguera, 1981

Fot. František Drtikol

La tragedia


Nuestra época es esencialmente trágica, y precisamente por eso nos negamos a tomarla trágicamente. El cataclismo ya ha ocurrido, nos encontramos entre ruinas, empezamos a construir nuevos y pequeños lugares en que vivir, comenzamos a tener nuevas y pequeñas esperanzas. No es un trabajo fácil. No tenemos ante nosotros un camino llano que conduzca al futuro. Pero rodeamos o superamos los obstáculos. Tenemos que vivir, por muchos que sean los cielos que hayan caído sobre nosotros.

D. H. Lawrence.
El amante de Lady Chatterley

El cercado de magnolias


El cielo se pone, oscurece,
el sol se pone,
la voz de los pájaros
se une a la del arroyo,
la verde senda del agua
en la espesura se pierde.
Gozo de la soledad,
¿tendrás algún día fin?

El cercado de magnolias
 "Poemas del río Wang"
Traducción, Juan Ignacio Preciado.

"Moon and Wind", 2016
Chinese ink on yuan paper

La cuestión del estilo


El estilo es una cuestión muy simple; todo radica en el ritmo. Una vez que se lo encuentra, es imposible equivocarse con las palabras. Por lo demás, estoy aquí sentada, después de media mañana, atiborrada de ideas y visiones y demás, no puedo sacarlas de mí por falta del ritmo adecuado. El ritmo es algo más profundo que las palabras.

Virginia Woolf

Una imagen


Se dice que en el principio fue el verbo (la palabra), pero para mí el principio es siempre una imagen. Cuando pienso en una conversación, siempre empieza con imágenes. Y lo que me gusta de la fotografía es la inscripción de ese momento único: totalmente efímero. Haces la fotografía, y un segundo después, todo ha cambiado.
Cuando arrancas un árbol que tiene sus raíces en la tierra, y lo llevas a otro lugar, el árbol ya no da sus frutos. Y si lo hace, la fruta no será tan buena como lo era en su lugar original. Esta es una regla de la naturaleza. Creo que si hubiera dejado mi país, me hubiera pasado como al árbol.
Ahora mismo estoy trabajando en una película en Italia. Cuando hayamos terminado de filmar, cogeré mi cámara y me iré caminando, haciendo fotos de las colinas y la luz.

Abbas Kiarostami

Fot  Abbas Kiarostami

sábado, 8 de julio de 2017

Crezco como el musgo


Crezco en estas montañas como el musgo. Estoy hechizado. Los cegadores picos nevados y el aire sonoro, el ruido de la Tierra y los cielos en silencio, las aves sepultureras, los animales míticos, los estandartes, los grandes cuernos y las antiguas piedras labradas, los tártaros toscamente tallados, con sus trenzas y sus botas de fabricación casera, el hielo plateado en el Río Negro, el Kang, la Montaña de Cristal. También estoy enamorado de los milagros corrientes: el murmullo de mis amigos al llegar la noche, los fuegos de enebro humeante en hornos de barro, los alimentos toscos e insípidos, las privaciones y la sencillez, la satisfacción de no hacer más que una cosa en cada momento: cuando cojo la taza azul de estaño, eso es todo lo que hago. No hemos tenido noticias de lo que pasa en el mundo desde finales de septiembre, seguiremos sin tenerlas hasta diciembre y, poco a poco, la mente se me ha ido aclarando y el viento y el sol me pasan por la cabeza como si fuese una campana. Aunque aquí hablamos poco, nunca estoy solo; he vuelto a mí mismo.

Peter Matthiessen
El leopardo de las nieves

Fot. Louis Désiré Blanquart-Evrard

Una muchacha que cae


Con despecho se dio cuenta que una treintena de metros más abajo otra muchacha estaba cayendo. Era decididamente más bella que ella y portaba un vestido de media tarde con mucha clase. Quién sabe por qué, la otra descendía a una velocidad muy superior a la suya, hasta el punto que en pocos instantes la distanció y desapareció allá abajo, a pesar de los llamados de Marta. Sin duda iba a llegar a la fiesta antes que ella; tal vez era un plan calculado de antemano para suplantarla. 
Luego Marta se dio cuenta que ellas dos no eran las únicas que caían. A todo el largo de los flancos del rascacielos, otras mujeres jóvenes se deslizaban en el vacío, las caras tensas por la excitación del vuelo, agitando festivamente las manos como para decir: aquí estamos, aquí venimos, es nuestra hora, festéjennos, ¿no es verdad que el mundo es nuestro?

Dino Buzzati
Una muchacha que cae
Traducción Bartolomé Leal

viernes, 7 de julio de 2017

Los regresos


Las despedidas suelen ser demoledoras, pero los regresos sin duda son peores. La carne sólida nunca puede compararse con la sombra brillante que proyecta su ausencia. El tiempo y la distancia difuminan los bordes; entonces, de pronto, llega el amado, y es el mediodía, con su luz implacable, y cada punto, cada poro, cada arruga y cada pelo se ven con toda claridad.

Margaret Atwood
El asesino ciego

Fot. Vertov Dziga, 1929

Leyendo


Fot. Ferdinando Scianna, 1990

jueves, 6 de julio de 2017

Atardece


Atardece.
La luz te viste
hasta apagarse.

¿Recuerdas la playa?


¿Recuerdas la playa
Revestida de cristales amargos
Sobre los que
No podíamos caminar descalzos?
¿El modo en que
Mirabas el mar
Y decías que me escuchabas?
¿Recuerdas
Las gaviotas histéricas
Girando en el tañido
De campanas de iglesias invisibles
Y los peces como santos patrones,
El modo en que
Corriendo, te alejabas
Hacia el mar
Y me gritabas que te hacía falta
Distancia
Para contemplarme?
La nieve
Se apagaba
Enredada entre las aves
En el mar;
Con una desesperanza casi alegre
Yo miraba
Tus huellas en el mar
Y el mar se cerraba como un párpado
Sobre el ojo, dentro del cual yo esperaba.

¿Recuerdas la playa?

Del engaño y renuncia


Del engaño y renuncia.

No eres tú la misma que siempre me ha rodeado ocultándome el camino más claro para llegar al fondo. No eres tampoco la emancipación a la que asirse, cuando pasan las brumas en viaje lento de superficie, rozando las mejillas como una confesión de pereza, entre falsos terciopelos y sonrisas ocultas de desfallecimiento. No pretendas envolverme en tus sutiles perfidias mostrándome la mano ensortijada en vedijas de viento, mientras tus ojos fulguran sin sueño, descubriendo el esqueleto seco y frío de su cielo profundo ennegrecido. En el fondo de ti misma los pensamientos yacen como bajo las piedras, ocultos como vidrios de color ignorados, y yo siento sobre mi piel sus destellos como aparentes confesiones de un mañana vecino, del hallazgo precioso que me hará romper en sollozos muy fuertes, sobre la tierra abierta a mis culpas más claras. (...)

Vicente Aleixandre
de ¨Pasión de la tierra"

Fot. Charlotte Perriand
colaboradora de Le Corbusier

Nostalgia, deseos, vida


Ésta es la nostalgia: morar en la onda 
y no tener patria en el tiempo. 
Y éstos son los deseos: quedos diálogos 
de las horas cotidianas con la eternidad. 

Y eso es la vida. Hasta que de un ayer 
suba la hora más solitaria de todas, 
la que sonriendo, distinta a sus hermanas, 
guarde silencio en presencia de lo eterno. 

Berlín-Wilmersdorf, 3 de noviembre de 1897

Fot. G. L. Steinman