lunes, 12 de febrero de 2018

¿De quién soy?


¿De quién soy?

Soy de los chubascos y los setos
y de las yerbas inclinadas por la lluvia,
y de las claras canciones que no gorjean
y del deseo, que estas albergan.

¿De quién soy?

Soy de las cosas pequeñas y redondas
que jamás conocieron las aristas,
de los animales que agachan la cabeza
y de la nube desgarrada.

¿De quién soy?

Soy del miedo, que me atrapa
con sus dedos transparentes,
del conejito que en el jardín de sombra
ejercita el olfato.

¿De quién soy?

Soy del invierno hostil al fruto
y de la muerte, si el tiempo lo desea;
soy del amor, con quien me cruzo sin saberlo,
en lugar de una manzana entregado a los gusanos.

Versión de Clara Janés

Fot. Eugène Trutat

domingo, 11 de febrero de 2018

Miedo a hablar


Me explicó que no hay que tener miedo de hablar, haciendo el amor, porque la voz que tenemos mientras amamos es lo más secreto que hay en nosotros, y las palabras de las que somos capaces, la única desnudez total, escandalosa, final, de que disponemos.

Alessandro Baricco
La esposa joven
Ed. Anagrama
Trad. Xavier González Rovira

Fot. Carolle Bénitah

Leyendo

Fot. André Kertész
Colette, París, 1930

sábado, 10 de febrero de 2018

Certezas


No quiero hablar de exotismos; los niños son absolutamente ajenos a este vicio. No porque vean a través de los seres y de las cosas, sino porque, justamente, sólo ven eso; un árbol, un hueco en la tierra, una colonia de hormigas constructoras, una banda de chicos turbulentos en busca de un juego, un viejo de ojos nublados que tiende una mano descarnada, una calle en un pueblo africano un día de mercado, eran todas las calles de todos los pueblos, todos los chicos, todos los árboles y todas las hormigas. Ese tesoro está siempre vivo en el fondo de mí y no puede ser extirpado. Mucho más que de simples recuerdos, está hecho de certezas.

Jean-Marie Gustave Le Clézio
El africano
Ed. Adriana Hidalgo, 2007

Lunes de Carnaval


¡Qué guapo está hoy Platero! Es lunes de Carnaval, y los niños, que se han disfrazado vistosamente de toreros, de payasos y de majos, le han puesto el aparejo moruno, todo bordado, en rojo, verde, blanco y amarillo, de recargados arabescos.

Agua, sol y frío. Los redondos papelillos de colores van rodando paralelamente por la acera, al viento agudo de la tarde, y las máscaras, ateridas, hacen bolsillos de cualquier cosa para las manos azules.

Cuando hemos llegado a la plaza, unas mujeres vestidas de locas, con largas camisas blancas, coronados los negros y sueltos cabellos con guirnaldas de hojas verdes, han cogido a Platero en medio de su coro bullanguero y, unidas por las manos, han girado alegremente en torno de él.

Platero, indeciso, yergue las orejas, alza la cabeza y, como un alacrán cercado por el fuego, intenta, nervioso, huir por doquiera. Pero, como es tan pequeño, las locas no lo temen y siguen girando, cantando y riendo a su alrededor. Los chiquillos, viéndolo cautivo, rebuznan para que él rebuzne. Toda la plaza es ya un concierto altivo de metal amarillo, de rebuznos, de risas, de coplas, de panderetas y almireces...

Por fin, Platero, decidido igual que un hombre, rompe el corro y se viene a mí trotando y llorando, caído el lujoso aparejo. Como yo, no quiere nada con los Carnavales... No servimos para estas cosas...

Juan Ramón Jiménez
Platero y yo

Fot. anónima de Juan Ramón Jiménez y su madre

Escapar


Me obligó a escaparme. Necesitaba escaparme, transformarme en una escurridiza serpiente. Huir. Pero si yo quería escaparme de usted, padre, también tenía que escaparme de la familia. Y me escapé. De todos. Pero en especial de usted. Abandoné todo (su autoridad, su dinero, sus ideas, hasta su religión) y viajé hacia la única cueva donde me sentía protegido, donde sabía poder estar completamente aislado de usted. Al lenguaje. Era imperativo escaparme a un mundo sobre el cual usted jamás pisaría. Al mundo de la madre: el lenguaje, las palabras, la literatura. Un mundo inaccesible para gigantes como usted.
Huyo escribiendo, padre.

Eduardo Halfon
Saturno
Ed. Jekyll & Jill

Fot. Varsovia, depués de la II GM

viernes, 9 de febrero de 2018

jueves, 8 de febrero de 2018

Perdido por el mar


Me he perdido muchas veces por el mar
con el oído lleno de flores recién cortadas,
con la lengua llena de amor y de agonía.

de "Gacela de la huida"

Una copa de sombra


¿Cómo ascender si antes no hemos descendido? Solo por eso, puedo ahora, arriba, en la plenitud celeste, convocar el universo, llamar a los vivos y a los muertos, es decir, apurar mi luminosa copa de sombra.

José Ángel Valente

Fot. Adam Fuss

miércoles, 7 de febrero de 2018

Presencia muda


El verdadero contacto entre los seres sólo se establece en la presencia muda, en la aparente no–comunicación, en el intercambio misterioso y sin palabras que se asemeja a la plegaria interior.

Emil Cioran
Del inconveniente de haber nacido
Ed. Taurus, 2014
Trad. Esther Seligson

Fot. Jean Marquis
Dockers. Liverpool (England), 1955

martes, 6 de febrero de 2018

Leyendo


Luz en las tinieblas


Fue la sangre la que cubrió la tierra, y sólo aquellos que conservaban el deseo, que anhelaban más de lo que era posible, vieron el lucero del alba, cómo se alza en su belleza; lo vieron, pero no como si fuera la primera vez, aquel cielo nuevo y aquella tierra nueva de la que se habla en la Escritura, pues no hay palabra humana que no tenga en algún lugar su imagen y no hay amor que en algún lugar no se una con sus manos de alabastro. Y no hay sufrimiento que en algún lugar no llegue a las lágrimas liberadoras. Sea la desesperación o la fe lo que une nuestros días, los ojos demasiado tiempo acostumbrados a las tinieblas de nuevo verán, aunque sea una visión en la oscuridad, y si la reconocen, porque la oscuridad es negra, y si gritan su testimonio sobre la oscuridad, y si hablan con los ojos y con las manos, con todo lo que hay sobre el sabor de esta oscuridad, la oscuridad será negada. Pues si no hay más que tinieblas, cómo no iba a estar la luz en ellas. De ella se trata. 

Jiří Orten
Solo al atardecer
Ed. Pre-Textos, 1996
Trad: Clara Janés

Fot. Hans Malmberg
Tantolunden, Estocolmo, 1953

Leyendo


Budapest, June, 1971

La hora del plomo


Es la Hora del Plomo.
Si se la sobrevive, es recordada
como quien soportó nieves glaciales.
Frío -al principio- luego estupor.
Después dejarse ir.


Fot. Michael Nash
Warsaw, Poland, 1946


lunes, 5 de febrero de 2018

Déjame entrar


Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impulso. Yo describo, y defino, y deseo esos ríos, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden, que es su orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y del alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su vida no es desorden más que para mí, enterrado en prejuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo. Yo, condenado a ser absuelto irremediablemente por la Maga que me juzga sin saberlo. Ah, déjame entrar, déjame ver algún día como ven tus ojos.

Julio Cortázar
Rayuela, Capítulo 21
Ed. Cátedra, 2008

domingo, 4 de febrero de 2018

Labios, tejidos turgentes


Labios, tejidos turgentes de la noche-tú:

Miradas de curvas escarpadas llegan escalando,
descubren la comisura,
se suturan en ella:
prohibiciones de entrada, peaje negro. 

Aún tendría que haber luciérnagas. 

de “Soles filamentos”
Edit. Trotta
Trad. José Luis Reina Palazón.

All seeing eye


Leyendo

Libros


   Yo necesito libros. Es un deseo que me supera, que no puedo controlar. Necesito tener estanterías llenas y pilas de libros en todas las estancias de la casa. Algunos, de manera inevitable, se convertirán en lo que en japonés se denomina tsundoku: libros comprados que no se leen nunca, sentenciados a pasar la eternidad en una estantería o en un montón; pero la adicción escapa a la lógica.
   Necesito llevarme libros de vacaciones. Necesito llevarme un libro en cualquier viaje, tanto si voy en autobús a la ciudad como si atravieso el país en tren. Necesito uno o dos libros conmigo en el trayecto, y necesito saber cuál será mi próxima lectura. Necesito tener libros sin leer en la mesilla de noche, y libros amados y leídos hace ya tiempo al alcance de la mano, para comprobar detalles o para abrazarlos como a una vieja mascota resucitada. Los narcóticos no surten efecto con esta adicción. Empezó en una biblioteca ambulante y cada año se vuelve más aguda.
   Los libros son mi muleta. Me sostienen, me hacen inmensamente feliz y me ponen profundamente triste. Nunca estoy lejos de mi siguiente compra, ya sea entrada la noche, cuando la bebida me persuade de que debo «Completar el pedido», o en una tienda de segunda mano con fines benéficos, donde me hago con un volumen que no me interesó en el momento de su publicación, pero que de repente necesito. «¿Otro libro?», me preguntan mientras subo a hurtadillas por las escaleras de casa, como un adolescente que llega bastante pasada la medianoche o un caco de dibujos animados que camina de puntillas. Como sucede con todos los adictos, tengo mis excusas: «Sólo costaba cinco libras», «Este no lo tengo», «Me encantaba de pequeño» o «Lo tenía, pero se lo presté a John y no me lo devolvió»
   No es culpa mía. Lo único que hago es darles a unos cuantos centenares de amigos un lugar donde alojarse.

Daniel Gray
Este libro te alegrará la vida
(50 placeres íntimos de la lectura)
Ed. Ariel, 2017
Trad. Gemma Deza

Fot. Adrienne Monnier frente a su librería LA MAISON DES AMIS DES LIVRES, 7 rue de l’Odéon, Paris.

sábado, 3 de febrero de 2018

Ya habían tenido lugar


53

En este pueblo cercano a las ruinas de Berenice, a la hora de despedirme de la amable y bondadosa gente del lugar, me ha ocurrido algo muy parecido a lo que cuenta Stevenson que le pasó con los habitantes de una de las islas Gilbert, donde desembarcó procedente de Honolulú y camino de la rada de Apia, en Samoa.
Yo he pasado aquí en Berenice varios días conviviendo con los pescadores y narrándoles, con una considerable variedad de voces, los avatares más importantes de mi vida o, lo que viene a ser lo mismo, las historias que he oído contar a otros y que, a lo largo del viaje, me he ido apropiando. A la hora de la despedida, tras haber intercambiado abrazos con toda esa gente tan entrañable, me he visto obligado, por falta de viento, a esperar unas horas en el pequeño puerto. Durante todo ese tiempo, los isleños han permanecido escondidos detrás de los árboles y sin dar señales de vida, "porque los adioses ya habían tenido lugar".

Enrique Vila-Matas
Mac y su contratiempo
Ed. Seix Barral, 2017

Fot. Félix Bonfils
The Dead Sea, Palestine, 1894

La gata


Como en un juego apagó la lámpara del techo para que sintiera deseos de besarla. La única lámpara encendida, encima de una mesa, proyectó detrás de la joven una sombra neta y alargada. Camille, con los brazos en alto, dispuestos en arco detrás de la nuca, le llamaba con la mirada; mas él sólo tenía ojos para la sombra.
«¡Qué hermosa está en la pared! Lo bastante esbelta, justo como me gustaría…»
Se sentó a comparar una con otra. Camille, halagada, se arqueó hacia atrás, sacó hacia afuera los senos y marcó unos pasos de bayadera; pero la sombra conocía el juego mejor que ella. Desenlazando las manos, la joven echó a andar, precedida de la sombra ejemplar, y, al llegar a la abierta ventana, la sombra saltó a una alameda, abrazando al pasar, con sus dos largos brazos, el álamo cubierto de gotas de luna… «¡Qué lástima!», suspiró Alain. Luego se reprochó blandamente su inclinación a amar en Camille una perfeccionada o inmóvil forma de ella misma, esa sombra, por ejemplo, o un retrato, o el vivo recuerdo que le dejaba de ciertas horas, de ciertos vestidos.

Colette
La gata
Ed. Nortesur, 2008

Tu peso en lo leve


Ahora aumenta tu peso
en todo lo leve,

ahora desenmascaras
lo ya nombrado
sin nombre,

ahora envías tú los
martinetes burilantes de sílabas
bajo la espuela
de aquel que
ha pasado por alto
el espinoso seto de la astucia,

ahora
escribes tú.


viernes, 2 de febrero de 2018

Quemaduras


Con frecuencia se mencionaban ciertas "quemaduras" (...) que el mundo solía causar a quien intimaba más de la cuenta con él. (...) No sé por qué, pero cuando se hablaba de las quemaduras, las miradas y las voces solían dirigirse más a mí, como si una inteligente e iluminada previsión avisara que yo estaba más expuesta que las otras a esos percances.

Dolores Prato
Quemaduras
Ed. Minúscula, 2017
Trad: César Palma

Dorothea Lange, 1938

Tú supiste llorar


Poema

Tú supiste llorar
Como llora el musgo al musgo,
Tú que habitas en las aguas
Y gobiernas el llamado
De los líquenes.
No que el sol quiebre a tu paso sus espigas
El reposo por tu océano de espejos
Sin embargo se demora en tus ojos la Belleza
Y reposa la noche entre tus hilos
Como el ciervo.
Como el ave que adviene del Verano
Has gustado del fruto de la bruma

de "Gran Jefe Un Lado del Cielo"
Ed. Esto no es Berlín, 2017


Debe existir alguien


Debe existir alguien... alguien que no deje pasar la frase inexacta o floja que no cambiamos por pereza; alguien que tome por nosotros los gruesos volúmenes de los anaqueles de una biblioteca para que encontremos alguna indicación útil y que se obstine en seguir consultándolos cuando ya hayamos renunciado a ello; alguien que nos apoye, nos aliente, a veces que nos oponga a algo; alguien que comparta con nosotros, con igual fervor, los goces del arte y de la vida, sus tareas siempre pesadas, jamás fáciles; alguien que no sea ni nuestra sombra ni nuestro reflejo, ni siquiera nuestro complemento, sino alguien por sí mismo; alguien que nos deje en completa libertad y que nos obligue, sin embargo, a ser plenamente lo que somos.

Marguerite Yourcenar
Memorias de Adriano (Cuaderno de notas)
Ed. Edhasa, 2005
Trad. Julio Cortázar

Fot. eyelove collection

Nada dos veces


Nada ocurre dos veces 
y nunca ocurrirá. 
Nacimos sin experiencia, 
moriremos sin rutina.

Aunque fuéramos los alumnos 
más torpes en la escuela del mundo, 
nunca más repasaremos 
ningún verano o invierno.

Ningún día se repite, 
no hay dos noches iguales, 
dos besos que dieran lo mismo, 
dos miradas en los mismos ojos.

Ayer alguien pronunciaba 
tu nombre en mi presencia, 
como si de repente cayera 
una rosa por la ventana abierta.

Hoy, cuando estamos juntos, 
vuelvo la cara hacia el muro. 
¿Rosa? ¿Cómo es la rosa? 
¿Es flor? ¿O tal vez piedra?

¿Y por qué tú, mala hora, 
te enredas en un miedo inútil? 
Eres, pues estás pasando, 
pasarás —es bello esto.

Sonrientes, abrazados, 
intentemos encontrarnos, 
aunque seamos distintos 
como dos gotas de agua.

Nada dos veces

Serie Medios de reproducción
Una reflexión acerca de las semillas

jueves, 1 de febrero de 2018

El aire y los sueños


(...) Shelley es verdaderamente el feliz poeta del aire y de la altura. La poesía de Shelley es "el romanticismo del vuelo".
Ese romanticismo aéreo y volador presta alas a todas las cosas de la tierra. El misterio pasa de la sustancia a su atmósfera. Todo conspira para dar al ser aislado una vida universal. Cuando yo escuchaba madurar las ciruelas, veía al sol acariciando todas las frutas, dorando todas las redondeces, puliendo todas las riquezas. El verde arroyo, en su leve cascada estremecía las campanas de la aguileña. Volaba un sonido azul. El racimo de flores lanzaba trinos sin fin en el cielo azul. Comprendía a Shelley (Epipsychidion): "y de sus labios, como de un jacinto lleno de rocío de miel, cae gota a gota un murmullo líquido, que hace morir de pasiones los sentidos, tan dulce como las pausas de la música planetaria oída en el éxtasis". Cuando una flor murmura así, cuando la campanilla de las flores resuena en la cima de las umbelas, toda la tierra calla, todo el cielo habla. El universo aéreo se colma de una armonía de colores. Las anémonas de tan diverso colorido pintan los cuatro vientos del cielo... El color se mezclaba a la voz, a los aromas, del tiempo en que las flores hablaban...

Gaston Bachelard
El aire y los sueños
Breviarios del Fondo de Cultura Económica.
Trad: Ernestina de Champourcín

La mitad no quiero de nada


¡La mitad no quiero de nada!

¡La mitad no quiero de nada!
¡Que sea mío el cielo todo!
¡La tierra toda, mía!
Mares y ríos, el torrente de la montaña,
¡míos! No los comparto.

No me seducirás, vida, con una parte. 
¡Será todo o nada! ¡Yo podré con todo!
No quiero ni la felicidad 
ni el dolor a medias.

Quiero, sí, la mitad de la almohada 
donde, pegado a tu mejilla,
como una pobre estrella fugaz,
fulgure el anillo de tu dedo...


Versión de Rafael Alberti y María Teresa León

martes, 30 de enero de 2018

El cuerpo: un ensayo


[100] Antes de dejarse llevar por la empatía, el lector debe tener en cuenta que la noche no duró mucho; además, exigía que ella devolviera todo lo que había robado. 

n. A la mañana, las palomas arrullaban sus fuck-yous. Y ella se fue, con el bolso equivocado, por la escalera equivocada. 
El viento desviado sobre la escalera de emergencia sacudía el vestido. Porque él nunca lo dijo, ella y sus cositas: lápiz de labios y pétalos de rosa, cucharas de azúcar y sobres rosas, terminaron en los bolsillos equivocados. Y si nadie lo hace que todo se vaya a la mierda, durante la noche, sacar las señales de tránsito de todas las intersecciones importantes y volverlas a poner en el lugar equivocado. En la catedral, la fuente nunca fue tan lasciva, sin embargo, le gustaba ese meter dedos una y otra vez, y las velas eran tan promiscuas en su intercambio de llamas.

Jenny Boully
El cuerpo: un ensayo
Ed. Z&G 2017
Traducción: Patricio Grinberg

Fot. Jane Fonda by Bob Willoughby

lunes, 29 de enero de 2018

Leyendo



Advertencia


ADVERTENCIA 

Cuando estés recién muerto,
aún con la tibia tibia,
aún con las uñas cortas,
querrás hacer algo
-lo que podías hacer ahora-;

y ya habrán cerrado las tiendas y portales;
y ya será muy tarde para llegar a tiempo
a los que hoy te aman.

Profundidad


Tus lágrimas más profundas nunca llegan a la superficie.

Rigveda

Fot. Sonya Noskowiak

domingo, 28 de enero de 2018

¿Qué he de hacer?


¿Qué he de hacer 
si el hombre que he estado esperando 
viniese a mí ahora, 
si no quiero que las pisadas perturben 
la nieve de mi jardín?

Japón, S. X - XI

Fot. Juri (jiji)

Espejo


La memoria es el espejo donde vemos a los ausentes.

Joseph Joubert

Leyendo


Razón suficiente


SONETO XLI

Yo, puesto que nací mujer y me acongojan
todos los deseos y caprichos de mi género,
me siento alentada por tu cercanía a hallar
hermosa a tu persona y a sentir cierto placer
al soportar el peso de tu cuerpo sobre mí;
así de sutilmente está el vapor de la vida diseñado
para clarificar el pulso y enturbiarnos la mente
y dejarme otra vez más deshecha y poseída.
No pienses, aún así, por esta traicioncilla
de mi robusta sangre a mi cerebro atónito,
que te vaya recordar con amor o sazonar
mi desdén con piedad. Déjame que sea franca:
no creo que este frenesí sea razón suficiente
para que tengamos que hablar si vuelvo a verte.

Versión de Andrés Catalán

sábado, 27 de enero de 2018

Raros


Al final de la "Ethica", Spinoza sueña con una comunidad de raros, de difíciles, de secretos, de ateos, de despiertos, de luminosos, de luminiscentes, de Aufklärer. Fundar un club antidemocrático cerrado a los sacerdotes, los magistrados, los filósofos, los políticos, los editorialistas, los profesores, los galeristas. Quizás hace falta retornar a una difusión más solitaria y clandestina de la obra de arte. Horror pleni, error pleni. Haría falta afinar un medio para mostrar las obras como antaño la música sabia, apartada de la Corte. Como antaño Sainte Colombe. Como antaño Johann Jakob Froberger y las suites francesas. Como antaño Esprit, La Rochefoucauld, madame de Sablé, los retratos, las máximas, los fragmentos, las novelas: apartados de Versailles y apartados del derecho. Reservar un bolsillo para la rareza cuando se ha vuelto extrema, una cavidad en el corazón de la soledad, una grieta de la no reproductivad.

Pascal Quignard
Sobre la idea de una comunidad de solitarios
Ed. Pre-Textos, 2018
Trad. Adalber Salas

viernes, 26 de enero de 2018

El cinturón de Hipólita


EL CINTURÓN DE HIPÓLITA

Una vez, siendo niña, descubrí a la mujer
que me enseñó a montar en bicicleta
tiñéndose las canas: se había puesto, porque la resistencia mancha,
una camisa azul de su marido
muerto.

El cinturón de Hipólita es aquella camisa.

Mi primera maestra, Doña Cati,
enseñó a leer a tres generaciones de españoles
a través de sus gafas, ya estando jubilada: Mi-pa-pá
es-el-más-gua-po-del-mun-do-y-mi-ma-má-la-más-fuer-te
del-pla-ne-ta-tie-rra.

El cinturón de Hipólita es aquel par de gafas.

El día de su boda con el poeta Manuel Altolaguirre,
la poeta Concha Méndez caminó
flotando, con su traje de menta, hacia el altar
de los Jerónimos: su ramo de novia era un manojo
fresco de perejil.

El cinturón de Hipólita es aquel ramo verde.

Y el modo en que mi madre, a los cincuenta, le cambiaba las pilas
a su audífono para asistir a clases
en la universidad (las manos son las mismas que, con catorce
años, dejaran los compases y dictados
para ponerse a amasar pan).

El cinturón de Hipólita nunca lo robó Hércules.

Hércules robó el oro,
pero no la riqueza. ¿Cómo expoliar aquello que se mama,
capital invisible, indivisible, cual río
sangre abajo? Robó Heracles
el oro. Nos dejó

la nobleza.


jueves, 25 de enero de 2018

Hogar


¿Y qué hogar es, si no es de este mundo?, que lo que cantábamos y tocábamos era sólo un recuerdo, una reminiscencia, la conservación de la imagen de algo que ya no existe, y sentí como la tierra firme de este hogar se hundía bajo mis pies, cómo caía, cómo sostenía el clarinete junto a la boca y me hundía en la profundidad de los años, en la profundidad de los siglos, en una profundidad inconmensurable (donde el amor es amor y el odio, odio) y me dije con sorpresa que mi único hogar es precisamente este hundimiento, esta inquisitiva y anhelante caída y seguí entregado a ella, experimentando un dulce vértigo.

Milan Kundera
La Broma
Ed. Tusquets, 2012
Trad. Fernando de Valenzuela

Noche


En el fondo del hombre hay una noche irresistible. Cada anochecer, los hombres y las mujeres se quedan dormidos. Se hunden en esa noche como si las tinieblas fuesen un recuerdo.
Son un recuerdo.
A veces, los hombres creen que se acercan a las mujeres; miran la expresión de sus rostros; tienden los brazos hacia sus hombros; vuelven a sus cuerpos cada anochecer y se acuestan contra sus costados, pero no por eso duermen; no son más que los juguetes de la noche, atados por la escena invisible que los ha engendrado y que arroja su sombra por todas partes y sobre todas las cosas.

Pascal Quignard
Terraza en Roma
Ed. Espasa, 2008

Fot Marion Cotillard para Vogue, París 2010

miércoles, 24 de enero de 2018

Una comunidad de solitarios


Se lee solo, de soledad en soledad, con un otro que no está ahí.

Ese otro que no está ahí no responde y, sin embargo, responde.

No toma la palabra y, sin embargo, una particular voz silenciosa, tan singular, se eleva de entre las líneas que cubren las páginas de los libros, sin sonar.

Todos aquellos que leen están solos en el mundo con su único ejemplar. Forman la comunidad misteriosa de los lectores.

Es una compañía de solitarios, como se dice de los jabalíes bajo la sombra tupida de los árboles.

Pascal Quignard
Sobre la idea de una comunidad de solitarios
Ed. Pre-Textos, 2018
Trad. Adalber Salas

No se detienen


En Cloe, gran ciudad, las personas que pasan por las calles no se conocen. Al verse imaginan mil cosas una de la otra, los encuentros que podrían ocurrir entre ellas, las conversaciones, las sorpresas, las caricias, los mordiscos. Pero nadie saluda a nadie, las miradas se cruzan un segundo y después huyen, buscan otras miradas, no se detienen.

Ed. Siruela, 2013
Trad. Aurora Bernárdez

Fot. Tina Berning

El viajero


No es verdad. El viaje no acaba nunca. Sólo los viajeros acaban. E incluso éstos pueden prolongarse en memoria, en recuerdo, en relatos. Cuando el viajero se sentó en la arena de la playa y dijo: ”No hay nada más que ver”, sabía que no era así. El fin de un viaje es sólo el inicio de otro. Hay que ver lo que no se ha visto, ver otra vez lo que ya se vio, ver en primavera lo que se había visto en verano, ver de día lo que se vio de noche, con el sol lo que antes se vio bajo la lluvia, ver la siembra verdeante, el fruto maduro, la piedra que ha cambiado de lugar, la sombra que aquí no estaba. Hay que volver a los pasos ya dados, para repetirlos y para trazar caminos nuevos a su lado. Hay que comenzar de nuevo el viaje. Siempre. El viajero vuelve al camino.

José Saramago
Viaje a Portugal
Ed. Alfaguara, 2008
Trad. Basilio Losada

Fot. Miklos Tolnai
The End of Winter

Leyendo

Haciendo como que lee

Simonetta Gianfelici
“Caffè della Pace” Roma 1997

martes, 23 de enero de 2018

Tengo


Tengo

Tengo en mis ovarios
semillas,
poemas sin empezar,
llantos y risas congelados.

Quisiera poder visitar
esos enormes almacenes,
diminutos,
conocer los hijos
que nunca tendré;
pedirles perdón
a través de la sangre.


"El ojo de la mujer
Ed. Visor, 2000

Joe, 1979

De paso en el Athos


De paso en el Athos

I

una palabra busca mi corazón yo a su alrededor
busco cómo se adhiere a su presente
algo de esto que aquí flota
devastación ruina por todas partes y mientras
su hermosa imagen es mordida por el tiempo
san Juan moja su pluma en la luz
con gesto constante pero el chorro luminoso enfoca
no se sabe qué parte del cuerpo ahí
unas moscas van a libar su polvo luego
vuelan hacia el fondo de la bóveda donde Dios
se ha ennegrecido tanto que está en negativo
el águila y Juan el mismo halo y más que un ala
en el león de Marcos el ojo un laguito de lágrimas
Lucas con el rostro comido por el moho
se ha vuelto un negro de barba blanca
nada de Mateo solo un agujero en el enlucido
y unos huesos de ladrillo rosa un abejorro
lleva mi mirada hacia arriba la cúpula
en el primer círculo restos de un hombro
en el segundo ocho ángeles seis alas cada uno
dos hacia abajo dos a lo alto dos abiertas
el conjunto de una sensualidad extrema
dos veces aparece cada ángel dotado
de la zona tan hendida que los humanos
tienen una sola vez y el amor habrá de hacerse
en un abrazo de lo alto y lo bajo
circular y sin fin una rueda siempre
en movimiento el mismo abejorro baja
hacia la rociada de excremento fresco mi ojo
inflamado en cambio no osa servirse de él
pero tal vez confundo excremento y hiel
y heme aquí en medio de este día
la mirada de pronto quebrada por el sol
el vacío y el miedo a la escalera podrida
los ojos tantean el aire hacia su izquierda y surge
la brusca sorpresa
el Blanco el Blanco el Blanco
impulsa al fondo del cielo su erección de tiza
y por encima de vida muerte y realidad
planta un formidable NO a sus razones

"El resto del viaje y otros poemas"
Edición bilingüe de Miguel Casado y Olvido García Flores.
Abada editores

Ensoñaciones


¿Qué pasaría con los grandes sueños de la noche si no estuviesen sostenidos, nutridos, poetizados por las bellas ensoñaciones de los días felices?

Gastón Bachelard
La poética de la ensoñación
Ed. FCE, 2012

domingo, 21 de enero de 2018

La tierra está pisada


LA TIERRA ESTÁ PISADA

Ya no quedan espacios para el descubrimiento
más que en la piel del otro,
en la transformación de lo existente
toca a tientas el borde,
no sabe si entra o sale
pero sabe que el golpe
precede a la respuesta.

Tantea el mundo con las manos vacías
donándote su cuerpo,
cediéndote el dibujo de sus huellas
mientras buscas tu propia identidad.

Cuando el futuro mueva las fronteras
desaparecerán los vencedores
y sólo serán tuyas las veces que te amaron
con los brazos en alto.

Las veces que tú ames
siendo parte y olvido
de todas las conquistas ya perdidas
construirán en tu piel
la posibilidad de un nuevo exilio
hacia cualquier lugar que te merezca,
allí donde también
tuvieron nombre y rostro los vencidos


Domingo


Domingo