Leyendo a la luz de una lámpara,1908
domingo, 12 de junio de 2016
sábado, 11 de junio de 2016
Las puertas
Muchas veces tengo la sensación de que nos encontramos los dos en una habitación con dos puertas, una frente a otra, y cada uno asiendo la manija de una puerta, y apenas uno de los dos oye hablar al otro, cierra su puerta y desaparece. Está claro que volverá a abrir la puerta, porque la habitación no puede abandonarse. Ojalá que no nos pareciéramos tanto, que uno de los dos se quedara quieto, aparentara no mirar al otro, se dedicara a ordenar la habitación sosegadamente, como si se tratara de una habitación como las demás; pero no. Se comporta exactamente lo mismo que el otro junto a su puerta, y a veces la hermosa habitación se queda vacía, porque cada uno a corrido a ocultarse detrás de su puerta.
Franz Kafka
Cartas a Milena
Ed. Alianza, 2010
Trad. Carmen Gauger
Fot. Shōji Ueda
Una genciana
El Carso es un país de calizas y enebros. Un grito terrible, petrificado. Peñascos grises de lluvia y de líquenes, retorcidos, cuarteados, puntiagudos. Enebros áridos.
Horas y horas de calizas y de enebros. La hierba es hirsuta. Bora. Sol.
La tierra no tiene paz, no tiene articulaciones. No hay un campo para tumbarse. Cada intento suyo se quiebra, se abisma.
Grutas frías y oscuras. La gota, llevando consigo el mantillo robado, cae regular, misteriosa, desde hace cien mil años, y aún otros cien mil.
Pero sí ha de nacer de ti una palabra, ¡besa el tomillo agreste que extrae la vida de la piedra! Aquí hay pedruscos y muerte, pero cuando una genciana logra sacar la cabeza y florecer, lleva en sí todo el cielo profundo de la primavera.
Aprieta la boca contra la tierra y no hables.
Scipio Slataper Mi Carso
Ed. Ardicia Editorial, 2013
Trad. Pepa Linares
viernes, 10 de junio de 2016
El País de lo ya visto
Y alguien entra en la muerte
con los ojos abiertos
como Alícia en el País
de lo ya visto
Los trabajos y las noches, 1965
Fot. Jacques Prévert
La lune
La certeza insoportable
… a veces nos sucede eso con lo que se niega o se calla, con lo que se guarda y se sepulta, va difuminándose sin remedio y llegamos a descreer que en verdad existiera o se diera, tendemos a desconfiar increíblemente de nuestras percepciones cuando ya son pasado y no se ven confirmadas ni ratificadas desde fuera por nadie, renegamos de nuestra memoria a veces y acabamos por contarnos inexactas versiones de lo que presenciamos, no nos fiamos como testigos ni de nosotros mismos, sometemos todo a traducciones, las hacemos de nuestros nítidos actos y no siempre son fieles, para que así los actos empiecen a ser borrosos, y al final nos entregamos y damos a la interpretación perpetua, hasta de lo que nos consta y sabemos a ciencia cierta, y así lo hacemos flotar inestable, impreciso, y nada está nunca fijado ni es definitivo nunca y todo nos baila hasta el fin de los días, quizá es que no soportamos las certezas apenas, ni siquiera las que nos convienen y reconfortan, no digamos las que nos desagradan o cuestionan, o duelen, nadie quiere convertirse en eso, en su propio dolor y su lanza y su fiebre.
Javier Marías
Tu rostro mañana, 1 Fiebre y lanza
Ed. Alfaguara, 2002
jueves, 9 de junio de 2016
Disecan al gato cuando se les muere
Ilustre don Gay, de acuerdo. La miseria del pueblo español, la gran miseria moral, está en su chabacana sensibilidad ante los enigmas de la vida y de la muerte. La Vida es un magro puchero; la Muerte, una carantoña ensabanada que enseña los dientes; el Infierno, un calderón de aceite albando donde los pecadores se achicharran como boquerones; el Cielo, una kermés sin obscenidades, a donde, con permiso del párroco, pueden asistir las Hijas de María. Este pueblo miserable transforma todos los grandes conceptos en un cuento de beatas costureras. Su religión es una chochez de viejas que disecan al gato cuando se les muere.
Ramón María del Valle-Inclán, Luces de Bohemia, 1920
Ed. Espasa, 1999
Fot: Alfonso Sánchez Portela, Ramón María del Valle-Inclán, 1930
miércoles, 8 de junio de 2016
El amor en reserva
Yo lo había sentido, muchas veces, el amor en reserva. Hay en cantidad. No se puede negar. Sólo que es una pena que siga siendo tan cabrona, la gente, con tanto amor en reserva. No sale y se acabó. Se les queda ahí dentro, no les sirve de nada. Revientan, de amor, dentro.
Louis-Ferdinand Céline, Viaje Al Fin De La Noche
Ed. Edhasa, 2011
Trad. Carlos Manzano
Fot. Retrato de Louis-Ferdinand Céline, anónimo
martes, 7 de junio de 2016
Leer
Leer es una experiencia que transforma de arriba abajo a los que consagran su alma a la lectura. Hay que apiñar los libros verdaderos en un rincón, porque siempre los libros verdaderos son contrarios a las costumbres colectivas. Aquel que lee vive solo en su “otro mundo”, en su “rincón”, en el ángulo de la pared. Y así es como, solo en la ciudad, el lector afronta en el libro, físicamente, solitariamente, el abismo de la soledad anterior en la cual vivió. Simplemente al dar vuelta a las páginas de su libro, reconoce sin fin la desgarradura (sexual, familiar, social) de la cual proviene.
Cada lector es como San Alexis bajo la escalera de su padre. Se ha vuelto tan silencioso como la escudilla que se le ofrece.
Solo la letra, ubicada frente a sus labios, puede dar fe de que su aliento ya no está allí.
Algo alcanza a hacerse oír en la expresión escrita por medio de letras sin que haya necesidad de articularlas.
El que lee la letra ha perdido el sí mismo, el nombre, la filiación, la vida terrestre.
En la literatura algo del otro mundo resuena.
Algo del secreto se transmite.
Pascal Quignard, La barca silenciosa
Ed. Arena Libros, 2013
Trad: Meritxell Martínez
lunes, 6 de junio de 2016
Un espacio demasiado grande
Yo siempre había estado convencida de que no ocupaba un espacio demasiado grande en el mundo. Cuando alguien se va, todos, tarde o temprano, acaban por acostumbrarse. Eso es así, sin duda alguna.
Pero cuando me imaginaba a las personas a las que yo amaba viviendo en un mundo sin mí, se me saltaban las lágrimas.
No sé por qué, pero me parecía que ese mundo del que habrían arrancado mi persona era muy triste. Ese espacio que uno ocupa, siquiera un breve periodo, y aunque antes o después todos los personajes deban desaparecer en los confines del tiempo, resplandece como algo sumamente valioso.
Me resultaba tan preciado como los árboles, la luz del sol o los gatos con que me topaba por el camino.
Miré una y otra vez al cielo, absorta en esos pensamientos. «Estoy aquí, ahora, con mi cuerpo, mirando al cielo. Éste es mi espacio.»
Absorta en esa vida a la que mi cuerpo sólo daría cobijo una vez, bella como el crepúsculo que resplandecía a lo lejos.
Banana Yoshimoto Recuerdos de un callejón sin salida
Ed. Tusquets, 2011
Trad. Gabriel Álvarez Martínez
Afinidades improbables
No he abrazado a autores porque tuvieran ciertas virtudes o congenialidades; los he hallado por obra de la fortuna, y sus virtudes han aparecido entonces. El lector intermitente y errático, el lector que lee por curiosidad, impulso o vicio y no por profesión, suele toparse con este tipo de sorpresas felices e inexplicables. Por más que digan los psicosociólogos, en los contactos humanos no existen leyes: no hablo únicamente de la relación autor-lector, sino de todas. Como químico, siendo experto en las afinidades entre elementos, me siento un inútil ante las afinidades entre individuos. En este terreno, todo es verdaderamente posible; basta pensar en ciertos matrimonios improbables y duraderos, en ciertas amistades asimétricas y fecundas. No puedo evitar citar de nuevo a Rabelais (al que soy fiel desde hace cuarenta años sin que me parezca mínimamente a él y sin saber por qué): su Pantagruel, gigante, generoso, riquísimo, noble, sabio y valiente, encuentra por casualidad a Panurgo, flacucho, pobre, ladrón, cobarde, mentiroso, conocedor de todos los vicios; lo tendrá por compañero en todas sus aventuras y lo amará siempre. Evidentemente, se trata de las “razones del corazón” de las que hablaba Blaise Pascal, que respeto, que admiro, que me sorprende, pero entorno a las cuales he dado vueltas en vano, como en torno a determinadas cumbres inaccesibles de las Grigne.
Debo, además, constatar que mis amores más profundos y duraderos son justamente los menos justificados. (...) La novela de Roger Vergel constituye un caso aparte: creo que tiene un valor intrínseco, pero su importancia para mí deriva de razones privadas, cargadas de simbolismo, pues la leí el 18 de julio de 1945, día en que esperaba morir.
Primo Levi, Prefacio a La Búsqueda de las raíces
Ed. El Aleph
Trad. Miquel Izquierdo
domingo, 5 de junio de 2016
El infierno de los vivos
El infierno de los vivos no es algo que será. Ya existe aquí: lo habitamos todos los días; lo conformamos todos juntos. Dos formas hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y convertirse en parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y darle espacio, y hacerlo durar mientras vivamos.
Italo Calvino Las ciudades invisibles
Ed. Siruela, 2013
Traducción: Aurora Bernárdez
Fot: Retrato de Italo Calvino, sin datos
Fot: Retrato de Italo Calvino, sin datos
sábado, 4 de junio de 2016
Un poco de sueño
Porque son ya seis años desde entonces,
porque no hay en la tierra, todavía,
nada que sea tan dulce como una habitación
para dos, si es tuya y mía;
porque hasta el tiempo, ese pariente pobre
que conoció mejores días,
parece hoy partidario de la felicidad,
cantemos, alegría!
Y luego levantémonos más tarde,
como en domingo. Que la mañana plena
se nos vaya otra vez en hacer el amor,
pero mejor: de otra manera
que la noche no puede imaginarse,
mientras el cuarto se nos puebla
de sol y vecindad tranquila, igual que el tiempo,
y de historia serena.
El eco de los días de placer,
el deseo, la música acordada
dentro en el corazón, y que yo he puesto apenas
en mis poemas, por romántica;
todo el perfume, todo el pasado infiel,
lo que fue dulce y da nostalgia,
¿no ves cómo se sume en la realidad que entonces
soñabas y soñaba?
La realidad --no demasiado hermosa-
con sus inconvenientes de ser dos,
sus vergonzosas noches de amor sin deseo
y de deseo sin amor,
que ni en seis siglos de dormir a solas
las pagaríamos. Y con
sus transiciones vagas, de la traición al tedio,
del tedio a la traición.
La vida no es un sueño, tú ya sabes
que tenemos tendencia a olvidarlo.
Pero un poco de sueño, no más, un si es no es
por esta vez, callándonos
el resto de la historia, y un instante
--mientras que tú y yo nos deseamos
feliz y larga vida en común-- , estoy seguro
que no puede hacer daño.
Canción de aniversario
Una vez que han entrado
Es bueno observar,
cuando abrimos la ventana,
si hay algún avión en las inmediaciones,
porque una vez que han entrado,
resulta difícil deshacerse de ellos.
Antología poética
Ed. Adriana Hidalgo
viernes, 3 de junio de 2016
Es de noche
Pido el silencio
... canta, lastimada mía
Cervantes
aunque es tarde, es noche,
y tú no puedes.
Canta como si no pasara nada.
Nada pasa.
Fot. René Groebli
jueves, 2 de junio de 2016
Escoger
Poseer la fuerza de escoger lo que preferimos y atenernos a ello. O si no más vale morir.
Carnets 2
Ed. Alianza,1985
Trad. Mariano Lencera
miércoles, 1 de junio de 2016
La posesión del alma
Es trágico que tan pocas personas lleguen a "poseer su alma" antes de morir.
Nada hay más infrecuente en todo hombre -dice Emerson-, que un acto que sea propiamente suyo.
Es totalmente cierto. La mayoría de las personas son otras personas. Sus pensamientos son las opiniones de otro, su vida un remedo, sus pasiones una cita.
Oscar Wilde
De profundis
Ed. Siruela 2008
Trad. María Luisa Balseiro
Fot. Oscar Wilde con Lord Alfred Douglas
martes, 31 de mayo de 2016
La tumba de Tolstoy
No he visto en Rusia nada más grandioso e impresionante que la tumba de Tolstoi. Ese augusto monumento, venerable centro de peregrinación de las generaciones futuras, queda desplazado y solo, sombreado en el bosque. Un sendero estrecho, que discurre sin aparente plan entre claros y maleza, conduce a este túmulo, que no es otra cosa que un pequeño rectángulo amontonado de tierra, que nadie vigila ni ampara, a la sombra única de unos pocos grandes árboles. Y esos árboles descollantes, mecidos suavemente por el viento del temprano otoño, fueron plantados por el mismo León Tolstoi, según me refiere su nieta. Su hermano Nicolás y él habían oído, cuando niños, de boca de alguna ama o aldeana, la antigua conseja de que allí donde se plantan árboles se constituye un lugar de felicidad. Y por eso, jugando, habían hincado por las buenas en la tierra unos cuantos renuevos en determinados lugares y no habían tardado en olvidar este juego de niños. Sólo al cabo de mucho tiempo se acordó Tolstoi de aquella anécdota infantil y del extraño augurio de felicidad, que se presentó de repente al hombre fatigado de la vida como provisto de un significado nuevo y más bello. E inmediatamente expresó su deseo de ser enterrado bajo aquellos árboles plantados por él mismo.
Se cumplió puntualmente esta voluntad de Tolstoi, y aquel lugar pasó a ser la tumba más bella, impresionante y triunfal del mundo. Un pequeño túmulo rectangular en medio del bosque, recubierto de flores –nulla crux, nulla corona–, sin cruz, ni lápida, ni inscripción, y ni siquiera el nombre: “Tolstoi”. El gran hombre está enterrado en el anonimato; el que sufría como ninguno bajo el peso de su nombre y fama, enterrado como cualquier vagabundo hallado por casualidad. A nadie se impide el acceso a su último lugar de descanso; la débil cerca que lo rodea no está cerrada: nada protege el descanso de León Tolstoi sino el respeto de los hombres, que, en otros casos, se complacen en turbar con su curiosidad las tumbas de los grandes. Pero aquí justamente la irrefutable sencillez proscribe la desatada curiosidad e impone hablar en voz baja. El viento susurra en los árboles que cobijan la tumba del anónimo; el sol juguetea sobre ella; la nieve pone en invierno su tierna nota de blancor sobre la tierra oscura, y se podría transitar por aquí, verano e invierno, sin advertir que ese pequeño rectángulo prominente acogió en su seno la parte terrena de uno de los hombres más poderosos de nuestro mundo. Mas precisamente ese anonimato conmueve más que todos los mármoles y pompas posibles: de los centenares de personas de hoy, este día excepcional, ha atraído hacia su rincón de descanso, ninguno ha tenido el atrevimiento de tomar como recuerdo ni una sola flor del oscuro túmulo. Nada de este mundo resulta más monumental –eso se experimenta de continuo– que la suprema sencillez. Ni la cripta de Napoleón bajo los mármoles de los Inválidos, ni el sepulcro de Goethe en la tumba principesca de Weimar, ni el sarcófago de Shakespeare en la abadía de Westminster impresionan a su vista una y otra vez las fibras más humanas del hombre como esa conmovedora tumba anónima perdida en el bosque, con su solemne silencio, en la que sólo susurra el viento y que está desprovista de todo aviso y palabra.
Ed. Juventud, 1963
Fot. Tumba de León Tolstoi en Yásnaia Poliana
Entonces uno deja de reírse
Uno puede enfrentarse a los acontecimientos de la vida con humor durante años, a veces muchos años, y en algunos casos mantener una actitud humorística casi hasta el final; pero la vida siempre nos rompe el corazón. Por mucho valor, sangre fría y humor que uno acumule a lo largo de su vida, siempre acabará con el corazón destrozado. Y entonces uno deja de reírse. A fin de cuentas ya sólo quedan la soledad, el frío y el silencio. A fin de cuentas, sólo queda la muerte.
Ed. Anagrama, 2006
Trad. Encarna Castejón
lunes, 30 de mayo de 2016
Vender el alma
Figura sin paisaje
He vendido mi alma dos veces al diablo,
por monedas de niebla y curso clandestino
en países que nadie se ha atrevido a fundar.
Un realista que vive el mundo de los sueños,
un soñador que quiere vivir la realidad.
Mal destino es el tuyo.
Así te va.
Decadencia
Así, no sabiendo creer en Dios (...), me he quedado, como otros de la orilla de las gentes, en esa distancia de todo a que comúnmente se llama la Decadencia.
La Decadencia es la pérdida total de la inconsciencia, porque la inconsciencia es el fundamento de la vida.
El corazón, si pudiese pensar, se pararía.
A quien como yo, así, viviendo, no sabe tener vida, ¿qué le queda sino, como a mis pares, la renuncia por modo y la contemplación por destino?
(...) Y así, contempladores iguales de las montañas y de las estatuas, disfrutando de los días como de los libros, soñándolo todo, sobre todo para convertirlo en nuestra íntima substancia, haremos también descripciones y análisis que, una vez hechos, pasarán a ser cosas ajenas que podemos disfrutar como si viniesen en la tarde.
Ed. Seix Barral, 2010
Edición y traducción de Ángel Crespo
domingo, 29 de mayo de 2016
Una habitación cerrada
Hay mucho silencio, el viento llega discreto y fresco, como para recordar lo que podría ser la vida, vela tensa que deja tras de sí una estela de espuma; con este viento, quien disculpa o cede a la aridez se siente culpable, detrás del ritual de las pequeñas fobias con las que se protege como un soltero kafkiano. Hay como un velo ante las cosas, que las empaña e impide desearlas. En estos momentos de sequedad interior se teme el campo abierto, se preferiría una habitación cerrada y poco aireada, en la que atrincherase y organizar las propias y mezquinas defensas.
Claudio Magris, El Danubio
Ed. Anagrama, 2006
Trad. Joaquín Jordá
El fulgor
El fulgor
XXVI
Con las manos se forman las palabras,
con las manos y en su concavidad
se forman corporales las palabras
que no podíamos decir.
XXXIII
Ya te acercas otoño con caballos heridos,
con ríos que rebasan el caudal de sus aguas,
con sumergidos párpados y vientres sumergidos,
con jardines que bajan descalzos hasta el mar.
Ya llegas con tambores enormes de tiniebla,
con largos lienzos húmedos y manos olvidadas,
con hilos que deshacen en aire la mañana,
con lentas galerías y espejos empañados,
con ecos que aún ocultan lo que ha de ser voz.
Y de sí desatado el cuerpo envuelto en oros
desciende oscuro al fondo oscuro de tu luz.
XXXVI
Y todo lo que existe en esta hora
de absoluto fulgor
se abrasa, arde
contigo, cuerpo,
en la incendiada boca de la noche.
El fulgor, antología poética
Ed. Galaxia Gutemberg, 2001
Fot. Karel Ludwig
Before The Sleep, 1940
sábado, 28 de mayo de 2016
Deseos
Deseos
Como bellos cuerpos
que la muerte impidió envejecer
y yacen, encerrados con lágrimas,
en magníficos sepulcros,
coronados de rosas y a los pies jazmines,
así son los deseos no satisfechos:
aquellos que nunca se gozaron
en una noche sensual
o en una resplandeciente madrugada.
Deseos, 1904
Los adioses
Los adioses tienen lejanas progenituras y los paisajes los cubren de maleza y polvo.
Fleur Jaeggy, Los hermosos años del castigo
Ed. Tusquets
Trad. Juana Bignozzi
Ilustración: Piero Fornasetti
viernes, 27 de mayo de 2016
Nunca habló
Poema 555
Una casa en lo Alto-
Que ninguna Carreta alcanzó-
Ningún Muerto, fue bajado jamás-
Ningún Carro de Feriante- se acercó-
Cuya Chimenea nunca humeó-
Cuyas ventanas- Noche y Mañana-
Captaban el Amanecer primero - y el Atardecer- al final-
Luego- sostenían un Cristal Vacío-
Cuyo destino- lo conoció la Conjetura-
Nadie más en el vecindario- lo supo-
Y cuál era- él y yo nunca balbuceamos-
Porque Él - nunca hablo-”
Poemas 1-600.
Incluido en
Fue culpa del Paraíso,
de Ana Mañero Méndez y
María Milagros Rivera Garretas,
Ed. Sabina, 2012
Sucedió hace mucho tiempo
Hay barcos para muchos puertos, pero ninguno para que la vida no duela, ni hay desembarque donde se olvida. Todo esto sucedió hace mucho tiempo, pero mi pena es más antigua.
Fernando Pessoa, carta a Sá-Carneiro del 14 de marzo de 1916
jueves, 26 de mayo de 2016
Sin que sea mía en él
243
Carta para no enviar
La eximo de comparecer en mi idea de sí.
Su vida (…)
Esto no es mi amor; es solo su vida.
La amo como al poniente o al claro de luna, con el deseo de que el momento permanezca, pero sin que sea mía en él más que la sensación.
Ed. Seix Barral, 2010
Edición y traducción de Ángel CrespoAre you lost?
Debra Winger (as Kit Moresby) flees Campbell Scott (George Tunner) and stumbles into a cafe, whereupon she finds Paul Bowles. He asks, "Are you lost..?" Bowles then relates a beautiful thought-piece on mortality.
miércoles, 25 de mayo de 2016
Menos es más
Pinceladas vacías: Menos es más, o la belleza obvia por su ausencia o por su sencillez, eficacia del material básico, la piedra, la madera, el hielo, la piel y la madera, tipú, choza, iglú. Y su perpetua indisolubilidad desde su elemental integración en el entorno.
Guess-Who (Adivina quién)
Hazas de Cesto, Cantabria, España, 1954
Revelación
Soñé que te revelabas XI (Airport), 2002
Vinilo, dispersión y pigmentos sobre lienzo
274 x 203 cm
Guggenheim Bilbao Museoa
Voces hiladas: Experiencia, imperfección, accidente y uso, Tótem Kadem. Belleza en penumbra, latiendo pero sin manifestarse. Y membrana: Soñé que te revelabas, 2
martes, 24 de mayo de 2016
Lo ajeno
En la belleza ajena
Sólo en la belleza ajena
hay consuelo, en la música
ajena y en los poemas ajenos.
Sólo en los otros hay salvación,
aunque la soledad sepa como
el opio. No son el infierno los otros,
si se los ve por la mañana, cuando
limpia tienen la frente, lavada por los sueños.
Por eso pienso mucho qué
palabra emplear, «él» o «tú». Cada «él»
es una traición a cierto «tú», mas,
a cambio, en un poema ajeno fiel
aguarda un sereno diálogo.
Low, 1945
Son niños
Los veo parados en los portones de sus universidades.
Veo a mi padre saliendo bajo el arco de arenisca ocre,
las tejas rojas brillando como platos doblados de sangre tras su cabeza.
Veo a mi madre con libros ligeros en su cadera,
parada en la columna de ladrillos con los portones de hierro forjado,
aún abiertos detras de ella, con las puntas de espada.
Están a punto de casarse.
Son niños. Son tontos.
Sólo saben que son inocentes y que jamás lastimarían a nadie.
Quiero ir y decirles que no lo hagan.
Que ella es la mujer equivocada, que él es el hombre equivocado.
Que harán cosas que ni se imaginan.
Que le harán daño a los niños.
Que sufrirán de forma inimaginable.
Que van a querer morirse.
Quiero ir y decírselos en la luz de Mayo.
Pero no lo hago.
Quiero vivir.
Los tomo como muñecos de papel,
y los froto uno contra el otro por las caderas como pedernal,
como si quisiera sacarles chispas.
Y digo: Hagan lo que van a hacer, que yo lo contaré
I go back to May 1937
I see them standing at the formal gates of their colleges,
I see my father strolling out
under the ochre sandstone arch, the
red tiles glinting like bent
plates of blood behind his head, I
see my mother with a few light books at her hip
standing at the pillar made of tiny bricks,
the wrought-iron gate still open behind her, its
sword-tips aglow in the May air,
they are about to graduate, they are about to get married,
they are kids, they are dumb, all they know is they are
innocent, they would never hurt anybody.
I want to go up to them and say Stop,
don’t do it—she’s the wrong woman,
he’s the wrong man, you are going to do things
you cannot imagine you would ever do,
you are going to do bad things to children,
you are going to suffer in ways you have not heard of,
you are going to want to die. I want to go
up to them there in the late May sunlight and say it,
her hungry pretty face turning to me,
her pitiful beautiful untouched body,
his arrogant handsome face turning to me,
his pitiful beautiful untouched body,
but I don’t do it. I want to live. I
take them up like the male and female
paper dolls and bang them together
at the hips, like chips of flint, as if to
strike sparks from them, I say
Do what you are going to do, and I will tell about it.
Sharon Olds
The Gold Cell, 1987
The Gold Cell, 1987
lunes, 23 de mayo de 2016
Dar frutos
Lo que realmente cuenta, en la aventura de la existencia, no es cuántos talentos uno recibió, sino la capacidad que tenemos de dar frutos con lo poco o mucho que tenemos.
Naufragio
…como un náufrago ahogándose a la vista de islas maravillosas, en aquellos mismos mares dorados de violeta de los que en lechos lejanos había verdaderamente soñado.
Ed. Seix Barral, 2010
Edición y traducción de Ángel Crespo
domingo, 22 de mayo de 2016
Tú eres yo y tú
Este aposento triádico -tres patas, tres lunas, tres espacios, tres ventanillas y tres colores dominantes- es la patria del instinto puro y de la imaginación que lo sirve, así como tu lengua serpentina y tu dulce saliva me han servido a mí y se han servido de mí. Hemos perdido el apellido y el nombre, la faz y el pelo, la respetable apariencia y los derechos civiles. Pero hemos ganado magia, misterio y fruición corporal. Eramos una mujer y un hombre y ahora somos eyaculación, orgasmo y una idea fija. Nos hemos vuelto sagrados y obsesivos.
Nuestro conocimiento recíproco es total. Tú eres yo y tú, y tú soy yo y tú. Algo tan perfecto y sencillo como una golondrina o la ley de la gravedad.
Mario Vargas Llosa, Elogio de la madrastra
Ed. Tusquets, 2012
Pintura: Fernando De Szyszlo Sol Negro, 2014
Acrylic on Canvas
Tenemos tiempo
No nos faltan relojes; estoy sentado a mi mesa y veo hasta tres; dos electrónicos, uno de cuarzo. Uno forma parte del ordenador y marca las 12.29. Otro está empotrado en la radio y marca las 12.30. El tercero, mi reloj de muñeca, marca las 12.31. Por fortuna, mi reloj tiene las tradicionales manecillas, no opera con los despiadados intermediarios de las cifras. Tenemos mucho tiempo.
Adam Zagajewski, En la belleza ajena
Ed. Pre-Textos, 2003
sábado, 21 de mayo de 2016
Escribir y destruir
El ruido del agua me hizo dar un salto y entonces pensé que estaba perdida. Pensé: pese a toda mi astucia y a todos mis sacrificios estoy perdida. Pensé: qué acto poético destruir mis escritos. Pensé: mejor hubiera sido tragármelos, ahora estoy perdida. Pensé: la vanidad de la escritura, la vanidad de la destrucción. Pensé: porque escribí, resistí. Pensé: porque destruí lo escrito me van a descubrir, me van a pegar, me van a violar, me van a matar. Pensé: ambos hechos están relacionados, escribir y destruir, ocultarse y ser descubierta.
Ed. Anagrama, 2006
Fot. Roberto Bolaño y su hija
viernes, 20 de mayo de 2016
Las astillas
Han terminado de arder, amor mío, en el hogar de nuestra vida, las astillas de nuestros sueños…
Ed. Seix Barral, 2010
Edición y traducción de Ángel Crespojueves, 19 de mayo de 2016
La lentitud de los bueyes
desposesiones más antiguas que la sangre.
Huyen los años de tus ojos como bandadas de cometas por las plazas maduras.
(Sólo quedan los bueyes rumiando su tristeza.)
Has conocido, entre gavillas de silencio, el sabor amarillo de mis pasos,
el humo indescifrable de las brasas sin tiempo.
Nunca mi lejanía se amasó con barro,
pero puse en tu boca las yemas más quemadas y los besos más lentos.
Nunca mi lejanía se espesó hasta tu cuerpo.
Como una fuente vieja, azul desde su olvido,
arrinconaste el miedo en arcas inviolables.
Ni siquiera el dolor estalla entre tus labios.
Ni siquiera la antigua,
la salada tristeza de mis besos.
Ventajas de estar en la ruina
… como cada bendito día
desde que la razón
sucumbió al beso con lengua
del camino torcido
Ventajas de estar en la ruina
Ed. Dip. Prov. Granada, 2015
miércoles, 18 de mayo de 2016
Paraísos perdidos
Posesión del ayer
Sé que he perdido tantas cosas que no podría contarlas y que esas perdiciones, ahora, son lo que es mío. Sé que he perdido el amarillo y el negro y pienso en esos imposibles colores como no piensan los que ven. Mi padre ha muerto y está siempre a mi lado. Cuando quiero escandir versos de Swinburne, lo hago, me dicen, con su voz. Sólo el que ha muerto es nuestro, sólo es nuestro lo que perdimos. llión fue, pero llión perdura en el hexámetro que la plañe. Israel fue cuando era una antigua nostalgia. Todo poema, con el tiempo, es una elegía. Nuestras son las mujeres que nos dejaron, ya no sujetos a la víspera, que es zozobra, y a las alarmas y terrores de la esperanza. No hay otros paraísos que los paraísos perdidos.
Jorge Luis Borges, Los conjurados.
Ed. Alianza, 1990
Cavaron
Tierra había en ellos y
cavaron
Cavaron y cavaron, así pasaron
su día, su noche. Y no alabaron a Dios
que, así oyeron, todo aquello quería,
que, así oyeron, todo aquello sabía.
Cavaron y nada más oyeron;
ni se volvieron sabios, ni inventaron canción,
ni imaginaron lengua alguna.
Cavaron.
Vino una calma, vino también una tempestad,
los mares todos vinieron.
Yo cavo, tú cavas y cava el gusano además,
y lo que allí canta dice: cavan ellos.
Oh uno, oh ninguno, oh tú:
¿Hacia dónde fue aquello hacia nada ido?
Oh, tú cavas y yo cavo y me cavo adónde tú,
y en nuestro dedo despierta el anillo.
Trad, José Luis Reina Palazón.
Foto: Sigurdur Gudmundsson, Poem, 1977
© Courtesy Gallery, Reykjavik & Galleri Bo Bjerggaard
martes, 17 de mayo de 2016
Las locas
Brindemos por las locas, por las inadaptadas, por las rebeldes, por las alborotadoras, por las que no encajan, por las que ven las cosas de una manera diferente. No les gustan las reglas y no respetan el status-quo. Las puedes citar, no estar de acuerdo con ellas, glorificarlas o vilipendiarlas. Pero lo que no puedes hacer es ignorarlas. Porque cambian las cosas. Empujan adelante la raza humana.
Mientras algunos las vean como locas, nosotras vemos el genio. Porque las Mujeres que se creen tan locas como para pensar que puedan cambiar el mundo, son las que lo hacen.
Jean-Louis Kerouac
On The Road
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