martes, 27 de septiembre de 2016

Intimidad


En el universo todo se estira, se polariza. Todo se dilata en el cielo o en el mundo. Esta expansión del silencio sobre el lugar que se enraíza, esta expansión del secreto sobre el cuerpo que se oculta, esta expansión y este acotamiento, este océano que se extiende y esta insularización que se concentra en la intimidad extrema creaban una profundidad que los dos compartíamos más aún porque no la compartíamos con nadie más.

Pascal Quignard Vida Secreta
Ed. Espasa Calpe, 2004
Trad. Encarna Castejón

Fot. Slevin Aaron

lunes, 26 de septiembre de 2016

Ausencia


Ir y quedarse, y con quedar partirse;
partir sin alma, y ir con alma ajena;
oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse;
arder como la vela y consumirse
haciendo torres sobre tierna arena;
caer de un cielo, y ser demonio en pena,
y de serlo jamás arrepentirse;
hablar entre las mudas soledades; 
pedir prestada, sobre fe, paciencia,
y lo que es temporal llamar eterno;
creer sospechas y negar verdades,
es lo que llaman en el mundo ausencia,
fuego en el alma y en la vida infierno.

domingo, 25 de septiembre de 2016

El tiempo se detiene cuando alguien muere


El tiempo se detiene cuando alguien muere. Por supuesto se detiene para ellos, quizá, pero para los que sufren la pérdida el tiempo se desquicia. La muerte llega demasiado pronto. Olvida las mareas, los días que se alargan y se acortan, la luna. Hace trizas el calendario. No estás en tu escritorio o en el metro o preparando la cena para los niños. Estás leyendo People en la sala de espera de un quirófano, o temblando en un balcón donde fumas toda la noche. MIras al vacío, sentada en el cuarto de tu infancia con el globo terráqueo sobre la mesa. Persia, el Congo Belga. El problema es que cuando vuelves a la vida normal, todas las rutinas, las marcas del día parecen mentiras sin sentido. Todo es sospechoso, una trampa para adormecernos, para volver a arroparnos en la plácida inexorabilidad del tiempo.

Lucia Berlin
Manual para mujeres de la limpieza
Ed. Alfaguara, 2016
Trad. Eugenia Vázquez Nacarino

Fot. Charles Gates Sheldon
Mary Nolan, 1920's

sábado, 24 de septiembre de 2016

Noches blancas


En vano escarba el soñador en sus viejos sueños, como si fueran ceniza en la que busca algún rescoldo para reavivar la fantasía, para recalentar con nuevo fuego su enfriado corazón y resucitar en él una vez más lo que antes había amado tanto, lo que conmovía el alma, lo que enardecía la sangre, lo que arrancaba lágrimas de los ojos y cautivaba con espléndido hechizo.

Fiódor Dostoyevski  Noches blancas
Ed. Nórdica, 2015
Trad. Marta Sánchez-Nieves

viernes, 23 de septiembre de 2016

En mis manos


Vi hijos y hombres y jardines en mis manos.


Manual para mujeres de la limpieza
Ed. Alfaguara, 2016
Trad. Eugenia Vázquez Nacarino

jueves, 22 de septiembre de 2016

El infierno de la soledad


Desde su regreso al pozo, para no perturbar su espíritu, trató de no leer el diario. Pasada una semana, ya no tuvo deseos de leer. Después de un mes, casí había olvidado que existían cosas tales como el periódico. Cierta vez encontró la reproducción de un grabado, El infierno de la soledad, y la observó con curiosidad. Se trataba de un hombre flotando inestable en el aire, con sus ojos abiertos por el terror, pero el espacio que lo rodeaba, lejos de ser vacío, era una serie de sombras semitransparentes de muertos que impedían cualquier movimiento del hombre. Los muertos, cada uno con diferente expresión, parecían empujarse unos a otros mientras hablaban incesantemente al hombre. ¿Por qué razón eso era El infierno de la soledad? En aquel momento pensó que se habían equivocado al poner el título; ahora podía entenderlo. La soledad es una sed que la ilusión no satisface.

Kobo Abe   La mujer de la arena
Ed. Siruela, 2008
Trad. Kazuya Sakai

Fot. Gustave Le Gray
La Grande Vague, Sète, 1857

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Pertenecer


Yo he estado siempre en el borde, observando, deslizándome hacia la salida.
Detesto pertenecer.

martes, 20 de septiembre de 2016

Cicatriz


Yo misma tuve una herida, pero hoy tengo y arrastro mi propia cicatriz. Ya no me acuerdo cuánto ni cómo me dolía, pero por la cicatriz sé que me dolía.

Diamela Eltit

Fot. Léa Seydoux en La belle personne, 2008

lunes, 19 de septiembre de 2016

Donde no estoy


Me esperas allí donde no voy a ir: me amas allí donde no estoy.


Fragmentos de un discurso amoroso, 1977
Ed: Siglo XXI, 2000
Trad. Eduardo Molina

Subway lovers, New York, 1949

domingo, 18 de septiembre de 2016

Soledad


Yo quizá no haga nada, quizá fracase, pero quizá me realice en la poesía interior, en esa que apenas necesita escribirse, y en ti soledad, que me irás revelando la forma de mi espíritu y la lenta madurez de mi ser.

Vida


Un pájaro de papel en el pecho 
dice que el tiempo de los besos no ha llegado; 
vivir, vivir, el sol cruje invisible, 
besos o pájaros, tarde o pronto o nunca.

Vida

sábado, 17 de septiembre de 2016

Recuento


El día estaba envuelto en niebla, que se posaba en su pelaje como una advertencia. Yo escrutaba el futuro, pensaba en lo que tendría que ser para el perro a cambio de lo que él sería para mí. Habría resultado mucho más sencillo si hubiera sido un perro más fácil, es decir, un perro menos inteligente, menos sensible, menos rebosante de aquella Jouissance que no debía sufrir daño alguno.
Habría resultado mucho más sencillo de haber sido yo una persona más fácil. Estábamos demasiado expuestos, el perro y yo, nos unía la misma imprudencia. Y el mismo amor. He aprendido lo que cuesta el amor. Nunca hago recuento, pero sé lo que cuesta.

Veinticuatro horas en la vida de un perro
Ed. Lumen, 2015
Trad. Alejandro Palomas

viernes, 16 de septiembre de 2016

Palabras


De marzo del 79

Cansado de todos los que llegan con palabras, palabras, pero no lenguaje,
parto hacia la isla cubierta de nieve.
Lo salvaje no tiene palabras.
¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones!
Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve.
Lenguaje, pero no palabras.


La plaza salvaje, 1983
Recogido en 
El árbol y la nube. Obra poética 1954-2004
Ed. Nórdica, 2012
Trad. de Roberto Mascaró

El espejo


¿Qué es un espejo? Es el único material inventado que es natural. Quien mira un espejo, quien logra verlo sin verse, quien entiende que su profundidad consiste en ser él vacío, quien camina hacia dentro de su espacio transparente sin dejar en él el vestigio de su propia imagen, ese alguien entonces ha percibido su misterio de cosas. Para eso debe sorprenderlo cuando está solo, cuando colgado en un cuarto vacío, sin olvidar que la más tenue aguja frente a él podría transformarlo en simple imagen de una aguja, tan sensible es el espejo en su cualidad de reflexión levísima, sólo imagen y no cuerpo. Cuerpo de la cosa.

Clarice Lispector  Agua Viva
Ed. El cuenco de plata, 2010
Traducción y prólogo de Florencia Garramuño

jueves, 15 de septiembre de 2016

Minucias


Me gustaría alejarme, hasta donde sea posible, de visiones apocalípticas; detenerme, en cambio, en zonas de imprecisa determinación, en minucias: la escritura, la lectura, los sueños, todo aquello que eluda lo grandioso, lo jeremíaco, el afán apostólico y la pontificación dialéctica.

Sergio Pitol El arte de la fuga
Ed. Anagrama, 1997

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Balada del guardabosques y la condesa



En tierras de Suecia vivía una condesa
que era tan pálida y tan bella.
«¡Señor guarda, señor guarda, mi liga se soltó,
se soltó, se soltó!
¡Guarda, arrodíllate, pronto, y átamela!»

«Señora condesa, señora condesa, no me miréis así,
yo os sirvo por mi pan.
¡Vuestros pechos son blancos pero el hacha es fría,
es fría, es fría!
Dulce es el amor, pero amarga la muerte.»

El guarda escapó aquella misma noche.
Cabalgó monte abajo hasta que llegó al mar.
«¡Señor barquero, señor barquero, acógeme en tu barca,
en tu barca, en tu barca!
Barquero, tengo que ir hasta el fin del mar.»
Entre el gallo y la zorra brotó el amor.
«Oh, dorado, ¿me amas de verdad?»
y fina fue la noche, pero el alba llegó,
llegó, llegó:
todas sus plumas cuelgan del zarzal.

Balada del guardabosques y la condesa

Fot. Tessa Kuragi by Stefan Rappo

Breve cercanía


Miro un pájaro,
nos miramos,
paralela geometría.
No estoy sola,
no lo estamos.
Del silencio, respiramos 
una breve cercanía
y el instante nos congela.
Doy un paso,
el ave vuela.

martes, 13 de septiembre de 2016

Señor


SEÑOR,
hoy te devuelvo unos escombros
de uno de tus dones más hermosos:
ese infinito muro de sonido.
Agua, sílex, madrugada,
zozobra, espejo, olivo,
reloj, julián de gasanyola,
lagarto, herrumbre, río.
Y aún te devuelvo deudas más preciadas:
portón en nuestra espalda hacia el abismo,
collar hecho de auroras taladradas,
luna hecha añicos.
E incluso te devuelvo
ese infinito muro de sonido
y me quedo con todo
lo que tras él estaba detenido.

Instrucciones para blindar un corazón
Ed. Tansonville, 2009

lunes, 12 de septiembre de 2016

No hablo


No hablo. Los demás creen que no puedo hablar, incluso el médico lo cree. Pero yo puedo hablar. Hablo por la noche, monólogo, naturalmente que en voz muy baja, para que no me oigan. Hablo nada más que para asegurarme de que puedo. Total, ¿para qué?

Mario Benedetti
Pacto de Sangre

Cuando quiebran los ojos


¿Quién dice que se nos murió todo
Cuando se nos quebraron los ojos?
Todo despertó, todo comenzó.

Die Niemandsrose

Fot: Man Ray

domingo, 11 de septiembre de 2016

Cuidar


Cuidar las plantas era una manera de acariciar el futuro, de acomodarlo, de forma parecida a como me colocabas la bufanda junto a la puerta antes de salir al frío.

John Berger  Rondó para Beverly
Edit. Alfaguara, 2015
Trad. Pilar Vázquez

Pelo suelto

¡Quién diría que las manchas viven y ayudan a vivir?
Tinta, sangre, olor…
¿Qué haría yo sin lo absurdo y lo fugaz?


Fot. Frida Kahlo con el pelo suelto

sábado, 10 de septiembre de 2016

jueves, 8 de septiembre de 2016

La casa


Esta es la verdadera naturaleza de la casa: el lugar de la paz, el refugio, no sólo de todas las lesiones, sino de todo el terror, la duda y división.

John Ruskin

martes, 6 de septiembre de 2016

Gratitud


Fuera, la noche clara, rebosante de estrellas, guarda rostros y palabras que no sabré decir jamás [...]
Pero no siento tristeza, sólo gratitud. Si he regresado a Ítaca, si en los largos silencios de mi vida han resonado por un instante las notas del vals que los planetas y las estrellas, tan relucientes esta noche, danzan en la odisea de los espacios, siento que debo dar las gracias a una multitud de personas, incluso a las que he olvidado, que al quererme, o simplemente al estar a mi lado, con su presencia fraternal no sólo me han ayudado a vivir sino que son, quizá, mi vida misma.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Donde y cuando quiere


La poesía es impersonal, sopla donde y cuando quiere al igual que el viento, no pertenece al nombre que hay escrito a su pie. Nace en ocasiones de la mano como algunas figuras trazadas distraídamente sobre el papel, que al final resultan encantadoras, o como algunos gestos, mediante los cuales una persona manifiesta, sin darse cuenta, una gracia que no sabe que tiene y que tal vez nunca volverá a tener.

Claudio MagrisEl Danubio
Ed. Anagrama, 2006
Trad. Joaquín Jordá

viernes, 2 de septiembre de 2016

Miro mi desnudez


Miro mi desnudez...

Miro mi desnudez. Contemplo
la aparición de las heridas blancas.
Envuelto en sábanas mortales,
bebo en las aguas femeninas
la dulzura y la sombra.


jueves, 1 de septiembre de 2016

Un caballo


Comprendí muy bien lo que decían acerca de los azotes y del cristianismo. Pero quedó completamente oscura para mí, por aquel entonces, la palabra "su", por la que pude deducir que la gente establecía un vínculo entre el jefe de las caballerizas y yo. Entonces no pude comprender de modo alguno en qué consistía aquel vínculo. Solo mucho después, cuando me separaron de los demás caballos, me expliqué lo que significaba aquello. En esa época, no era capaz de entender lo que significaba el que yo fuera propiedad de un hombre. Las palabras mi caballo, que se refería a mí, a un caballo vivo, me resultaban tan extrañas como las palabras: mi tierra, mi aire, mi agua.

Sin embargo, ejercieron una enorme influencia sobre mí. Sin cesar, pensaba en ellas; y sólo después de un largo trato con los seres humanos me expliqué, por fin, la significación que les atribuyen. Quieren decir lo siguiente: los hombres no gobiernan en la vida con hechos, sino con palabras. No les preocupa tanto la posibilidad de hacer o dejar de hacer algo, como la de hablar de distintos objetos, mediante palabras convencionales. Tales palabras, que consideran muy importantes, son, sobre todo: mío o mía; tuyo o tuya. Las aplican a toda clase de cosas y de seres. Incluso a la tierra, a sus semejantes y a los caballos. Además, han convenido en que uno sólo puede decir mío a una cosa determinada. Y aquel que pueda aplicar el término mío a un número mayor de cosas, según el juego convenido, se considera la persona más feliz. No sé por qué las cosas son de este modo; pero me consta que son así. Durante mucho tiempo traté de explicarme esto suponiendo que redundaba en algún provecho directo: pero resultó inexacto.

Por ejemplo, muchas personas que me consideraban de su propiedad ni siquiera me montaban; lo hacían otros. No eran ellos quienes me daban de comer, sino otros. Tampoco eran ellos quienes me cuidaban, sino los cocheros, los albéitares y, en general, personas ajenas. Más tarde, cuando ensanché el círculo de mis observaciones, me convencí de que ese concepto de propiedad no tenía ningún otro fundamento que un bajo instinto animal que ellos llaman sentido o derecho de propiedad, y no sólo con respecto a nosotros, los caballos. El hombre dice «mi casa», pero nunca vive en ella; tan sólo se preocupa de su construcción y de su mantenimiento. El comerciante dice «mi tienda» o «mi pañería», por ejemplo, y el paño de sus prendas es peor que el que vende en la tienda. Hay gente que considera suya una parcela de tierra que nunca ha visto ni pisado. Hay gente que llama suyos a hombres que jamás ha visto; y toda su relación con ellos consiste en hacerles daño. Hay hombres que llaman suyas a algunas mujeres, pero esas mujeres viven con otros hombres. En la vida los hombres no se preocupan de hacer el bien, sino de poder llamar suyas al mayor número de cosas. Ahora estoy convencido de que ésa es la diferencia fundamental entre los hombres y nosotros. En suma, sin mencionar siquiera otras cualidades que nos hacen superiores a los hombres, sólo por eso podemos afirmar con toda seguridad que, en la escala de los seres vivos, nos encontramos por encima de ellos. El comportamiento de los hombres, al menos de aquellos a los que he tratado, se rige por las palabras; el nuestro, por los hechos.

León Tolstói  Historia de un caballo, 1886
Ed. MK Ediciones, 1979
Trad. Enrique Llovet

miércoles, 31 de agosto de 2016

Una oportunidad





No hay suficiente de nada mientras vivimos. Pero a intervalos aparece una dulzura y, si se le da una oportunidad, prevalece.


Tatiana Maliutina, 1936

Lejos


Un perro abandonado va por la carretera,
busca la esclavitud en el peligro.
Cuando anochece,
jadeante, le quedan aún fuerzas
para ladrar a los primeros faros,
que lo deslumbran.
La carretera pasa junto al mar
en una costa abrupta.
El mundo puede ser bellísimo,
pero tiene que incluir la humillación.
Soñar tan sólo es
buscar un amo.

Lejos

martes, 30 de agosto de 2016

Viajar


Viajar es una brutalidad. Te obliga a confiar en extraños y a perder de vista todo lo que te resulta familiar y confortable de tus amigos y tu casa. Estás todo el tiempo en desequilibrio. Nada es tuyo excepto lo más esencial: el aire, las horas de descanso, los sueños, el mar, el cielo; todas aquellas cosas que tienden hacia lo eterno o hacia lo que imaginamos como tal.

Cesare Pavese

John Bertolino
The Girl on the Bench, Italy, ca. 1950

Hoja muerta


Hoja muerta

La encarnada hoja muerta
que el viento arrastra,
el viento y el barrendero,

–bajo el fúlgido cielo cae, ensangrienta
con las otras la calle–

imitaría. Por náusea
de las palabras vanas,
de los rostros sin luz.

Pero tu voz, amable, me habla;
haz que no caiga aún.


Umberto Saba
Caffè Garibaldi
Piazza Unità d’Italia, Trieste

Anochecer


Pienso en ti a menudo. Especialmente al anochecer, cuando estoy en el balcón y es demasiado oscuro para escribir o hacer otra cosa que no sea esperar a las estrellas. Amo esos momentos. Uno se siente como fuera de su cuerpo, sentado como una sombra a la puerta de uno mismo, mientras sube la marea de la oscuridad. Después llega la luna, maravillosamente serena, y las pequeñas estrellas brillan como por una razón que solo ellas conocen. Es tan fácil pasar por alto y no darse cuenta, en la vida diaria, de estos milagros cotidianos.


Arvo Pärt
Spiegel im Spiegel

lunes, 29 de agosto de 2016

Saber


Y si alguien objeta que no vale la pena tanto esfuerzo, citaré a Cioran (que no es un clásico, al menos de momento, sino un pensador contemporáneo que sólo ahora se empieza a traducir en Italia): «Mientras le preparaban la cicuta, Sócrates aprendía un aria para flauta. “¿De qué te va a servir?”, le preguntaron. “Para saberla antes de morir”.

Italo Calvino  Por qué leer los clásicos
Ed. Siruela, 2009
Trad. Aurora Bernárdez
Nota prel. de Esther Calvino

Como las hojas


Como las hojas. Exactamente como las hojas. ¿No te gusta que caigan donde caen al menos un poco? ¿No le das la vuelta para ver lo que está escrito en el envés? A mí me gusta el texto sencillo que puede leerse o no, el texto que mora entre tus pies y los míos, leído o no. El que cae con la lluvia y el viento, aunque nadie lo coja para llevárselo a casa. La vida cayó a tus pies y tú la apartaste de una patada y ella sangró sobre tus zapatos y cuando llegaste a casa tu madre dijo: “Mírate, cubierto de hojas” .
Estabas cubierto de hojas. Te las quitaste una a una, dejando al descubierto la piel desnuda. Todos esos restos. Y cuando lo que tenía que caer cayó por fin, tú lo recogiste y leíste lo que había en el envés. No le encontraste ningún sentido. Lo arrugaste y lo metiste en el bolsillo donde ardió como un carbón encendido. Dime por qué te abandonaron, uno tras otro, quienes te querían .¿No les gustabas?¿No necesitaban, como tú, un corazón que fuera un libro sin la última página? Pasa las hojas.

El mundo y otros lugares
Ed. Lumen, 2016
Trad. Alejandro Palomas

Coin Plant
Pen, ink and gouache on white paper

domingo, 28 de agosto de 2016

Todo es temporal


Es necesario entender la temporalidad de todas las relaciones amorosas. Mientras más eternas se crean, más vulnerables serán. Este es también un principio de negociación. Las relaciones pueden durar días, meses, años. O toda la vida. Pero deben ser siempre consideradas como finitas y temporales y no como relaciones eternas que compramos hasta el fin de la vida.
Este giro en la visión del amor ayuda a concretarlo en hechos. El amor es para aquí y ahora.
Menos nostalgia y más actualidad. Menos utopía y más topía. Alarguemos el presente. Hagamos del presente un espacio de realización denso. El tiempo se hace denso y se extiende cuando tiene contenidos ricos. En el amor, el presente, lo vivible hoy, en esta época, en este tiempo, en este período, debe tener cada vez más fuerza.

Marcela Lagarde
Claves Feministas para las negociaciones en el amor
Ed. Puntos de encuentro, Managua, 2001

Fot. Fotograma de Le petit soldat, Jean-Luc Godard, 1960

Puesto que él es este silencio


Seguimos buscando las mismas palabras para retenerlo. El viento agita la cortina y su voz vuelve a sonar. Dice: No siempre soy yo / a veces soy un árbol un /  ruido en el aire un soplo un vuelo. Está en el castaño, que se alza más allá del cielo, en las dos muchachas que pasan, en el movimiento de las sombras, en el arrullo de las palomas. Está en todas partes. En lo que no es y sin embargo es. En una sonrisa, en una inflexión de la  voz. Regresa en lo que creemos decir. Creemos haberlo olvidado, pero quien habla es él. Las palabras que encontramos, son las suyas.

Jacques Ancet, Puesto que él es este silencio. Prosa para Henri Meschonnic.
Ed. Salto de página, 2013
Trad. Joséphine Cabello y Régulo Hernández.

sábado, 27 de agosto de 2016

La luz


El estado de ánimo de cualquier escena que representemos en nuestras vidas viene determinado, en gran parte, por la luz que se proyecta sobre nosotros desde arriba. El cielo, en calidad de maestro electricista, proporciona a nuestras acciones una infinita variedad de efectos lumínicos que contribuyen a moldear hasta las emociones que las acompañan. La luz menguante del crepúsculo sirve para el intercambio de intimidades; los chorros de luz de una mañana de primavera, para sentir un placer irracional; la oscuridad de la noche, cuando no cae del cielo ni una pizca de luz, para convertirse en víctima de las propias fantasías; el gris claro e indiferente del cielo encapotado de verano, para estimular la indolencia. ¿Cómo podemos saber en qué medida ha determinado nuestras acciones la luz que nos bañaba mientras las realizábamos?

Paul Bowles,
Desafío a la identidad
Ed. Galaxia Gutenberg, 2013
Trad. Rodrigo Rey Rosa

Fot. del autor, anónima

Derecho a soñar


Es necesario reivindicar el derecho de soñar. Quizá pueda parecer, a primera vista, un derecho de poca monta. Pero, si se reflexiona sobre ello, aparecerá como una gran prerrogativa. Si el hombre es capaz todavía de nutrir ilusiones, ese hombre es aún un hombre libre.

Antonio Tabucchi. El siglo XX, balance y perspectivas
Ed. Gobierno de Canarias, 1991

viernes, 26 de agosto de 2016

Cartas a Felice


21 de agosto de 1913. 
Kafka escribe a Felice Bauer: "Lo que te aguarda conmigo no es la vida de esa feliz pareja que ves pasar ante ti […], es una vida claustral junto a un hombre malhumorado, triste, taciturno, insatisfecho, enfermizo, que -lo que te parecerá un desvarío- se halla invisiblemente encadenado a una invisible literatura; un hombre que grita cuando alguien se le acerca porque, como él afirma, le toca las cadenas."

Franz Kafka, Cartas a Felice
Ed. Nórdica Libros, 2013
Trad. Pablo Sorozábal

Fot. Franz Kafka y Felice Bauer, anónima

Libros


miércoles, 24 de agosto de 2016

Quiero mirarte


Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde filoso de la noche.

Alejandra Pizarnik

Un dolor preciso


No te duele nada pero preferirías un dolor preciso antes que lo indecidible de la angustia.


South Limburg, 1978

martes, 23 de agosto de 2016

Hay mucho silencio


Hay mucho silencio, el viento llega discreto y fresco, como para recordar lo que podría ser la vida, vela tensa que deja tras de sí una estela de espuma; con este viento, quien disculpa o cede a la aridez se siente culpable, detrás del ritual de las pequeñas fobias con las que se protege como un soltero kafkiano. Hay como un velo ante las cosas, que las empaña e impide desearlas. En estos momentos de sequedad interior se teme el campo abierto, se preferiría una habitación cerrada y poco aireada, en la que atrincherase y organizar las propias y mezquinas defensas.

Claudio Magris, El Danubio
Ed. Anagrama, 2006
Trad. Joaquín Jordá

La soledad


La soledad hace madurar lo original, lo audaz e inquietantemente bello, el poema. Pero también engendra lo erróneo, desproporcionado, absurdo e ilícito

Thomas Mann