lunes, 15 de mayo de 2017

Dita en voz baja



Dita en voz baja

Mi mano en el heno de tu pecho envejecido
recoge paja para hacernos un nido

Pero Albert la detiene:

Su mano suave en el heno de mi pecho. Sobre su mano
mi mano arrugada. Ella con mi soledad. Yo con su soledad.
En el porche. De pie. El mar quita el mar da. 
Una fina silueta y una pequeña sombra.
Una sombra arrepentida. Se gira. Huye. 
El mar da el mar quita.

El mismo mar

domingo, 14 de mayo de 2017

Sucede



Espacios blancos

Algo sucede y, desde el instante en que comienza a suceder, nada puede volver a ser lo mismo.

Algo sucede. O bien, algo no sucede. Un cuerpo se mueve. O bien, no se mueve. Y si se mueve, algo comienza a suceder. Y aun si no se mueve, algo comienza a suceder.

Viene de mi voz. Pero ello no significa que estas palabras sean siempre lo que sucede. Viene ya. Si sucede que yo hablo en este preciso instante, es sólo porque espero encontrar el modo de avanzar, de correr en línea paralela a cuanto avanza, y comenzar de este modo a encontrar el modo de ir llenando el silencio sin romperlo.

Pido a cualquiera que esté escuchando esta voz que olvide las palabras que dice. Es importante que nadie escuche con demasiada atención. Quiero, por así decirlo, que estas palabras se desvanezcan en el silencio del que provienen, y que nada permanezca como memoria de su presencia, como prueba del hecho de que en un tiempo estuvieron aquí y ahora ya no están, y de que durante su breve vida parecían no tanto decir algo en particular como ser aquello que sucedía al mismo tiempo que un cuerpo se movía en un cierto espacio, de que se movían al tiempo que todo lo que se movía.

Algo comienza y, desde ese mismo instante, deja de ser el comienzo, es otra cosa, algo que nos propulsa al corazón de lo que sucede. Si de repente nos detuviéramos y preguntáramos: “¿Adónde vamos?”, o “¿Dónde estamos?”, estaríamos perdidos, pues a cada instante dejamos de estar donde estábamos, nos hemos dejado irrevocablemente atrás, en un pasado que no tiene memoria, en un pasado borrado una y otra vez por un movimiento que nos lleva hasta el presente.

(...)

Sucede y, mientras sucede, nos olvidaos de dónde estábamos cuando comenzamos. Más tarde, cuando hayamos viajado a partir de este momento y cubierto la misma distancia que nos separa del comienzo, nos olvidaremos de dónde estamos ahora. Finalmente, todos volveremos al hogar y, si algunos de nosotros carecen de hogar, esto seguirá siendo cierto: que dejarán este lugar para ir adonde tengan que ir. Por poco que sea, la vida nos ha enseñado al menos una cosa: quienquiera que esté aquí ahora no esta

Paul Auster, 1979

Fot Duane Michals

Yo


Es como si un instinto la hubiera advertido de que, ante él, debía decir yo, solamente yo, que él estaba fascinado por esta palabra ligera sobre la que ella misma tenía pocos derechos y que ella pronunciaba de tal modo que designaba casi a algún otro. Quizá todos los "yo” le hacían señas; quizá, por esta sola palabra, cada uno tenía el poder de decirle algo importante; pero ella se la hizo más próxima, más íntima. Ella fue yo para él, y sin embargo era como un yo en abandono, un yo abierto y que no se acordaba de nadie.
Este yo -es esto lo que no puedo decir- era terrible…

Maurice Blanchot
"Le dernier mot” 1936

Fot. Igor Svachenko

Palabras



De marzo del 79

Cansado de todos los que llegan con palabras, palabras, pero no lenguaje, parto hacia la isla cubierta de nieve.
Lo salvaje no tiene palabras.
¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones!
Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve.
Lenguaje, pero no palabras.

Tomas Tranströmer
La plaza salvaje
Recogido en “El árbol y la nube. Obra poética 1954-2004
Trad . Roberto Mascaró
Nórdica Libros, 2012

Fot. Horst Heinz Bergmann

Lo desconocido


Tememos sobre todo lo desconocido, de ahí que los hombres no sientan tanto miedo al dolor, que lo conocen desde antes de nacer, que al placer, que apenas si lo conocen alguna vez en sus vidas .

"El bien y el mal" de Junker
Citado en un artículo de Jesús Ferrero

Obra "La bella Lola", Tamara de Lempicka

Saca al vivo del muerto


Buenos días madrugadores.
Buenos días trasnochadores.
Buenos días Tánger atrapada en una época mercurial.
Aquí estoy de vuelta adormecido y recorriendo las callejuelas y los recuerdos. Lo hago a través de mi pasado y mi presente…, ilusiones y cicatrices que las palabras no pueden abarcar o describir.
¿Qué hay de mi vida en medio de este tejer de palabras?
Pero la nostalgia de las veladas y las noches llenas de aprehensión y aventuras se deslizan en mi
interior para convertir las cenizas de las ascuas en una túnica transparente y cautivadora.
Hace dos años murió Abdun Furoso, el verdadero protagonista que despertó mi imaginación y me ayudo a aguantar al qahr (extrema penuria) y la violenta lucha interior. Murió antes de que yo publicara mi novela Al-Jaima, una historia inspirada por él y su pasión por la vida.
Sigo esperando la liberación de la literatura considerada como indecible, directa, sin rodeos, literatura que no se puede rumiar o tragar. Una literatura como estas páginas de mi autobiografía. La escribí hace más de diez años. Fue traducida al inglés, al francés y al español antes de llegar a los lectores, en su versión original, en árabe.
La vida me enseñó a esperar, a asimilar el juego del tiempo sin renunciar a mi cosecha. Di tu última palabra antes de morir, y llegará a conocerse sin duda. No importa su destino final. Lo más importante es que tenga esa capacidad de encender la mecha de una pasión, un dolor o una fantasía reprimida… encender un enorme fuego en tierra baldía. Madrugadores, trasnochadores, pesimistas y optimistas, rebeldes, adolescentes, «cuerdos» no olvidéis que «el juego de la vida» es más fuerte que nosotros. Es un juego mortal. Sólo lo podemos afrontar si vivimos nuestra propia muerte, nuestra aniquilación, sólo si vivimos al límite en agradecimiento a la vida.
Yo digo: Saca al vivo del muerto.
Lo saca del hediondo y descompuesto. Lo saca del empachado y del famélico.
Lo saca de los hambrientos y de los que sobreviven a base de El pan a secas.

Mohamed Chukri
Tánger, 17 de mayo de 1982

Prólogo de  El pan a secas

Fot. Strangedirt

sábado, 13 de mayo de 2017

Escribir



Me dije que uno escribe siempre sobre el cuerpo muerto del mundo y también sobre el cuerpo muerto del amor. Que es en los estados de ausencia donde se hunde el escrito, no para reemplazar nada de lo que ha sido vivido o supuestamente ha sido, sino para consignar el desierto que ha dejado.

Marguerite Duras

Fot. Marguerite Duras con su madre, Marie Donnadieu, Vietnam 1932

La realidad y el deseo



Cuando la muerte quiera
Una verdad quitar de entre mis manos,
Las hallará vacías, como en la adolescencia
Ardientes de deseo, tendidas hacia el aire.

La realidad y el deseo

Bergen, Norway 1934

Deseos



A mediodía llegamos a Luga. Nos detuvimos en la plaza de la estación. La guía cambió su tono sublime por uno algo más terrenal:
-Ahí, a la izquierda, está el área de servicios…
Mi vecino se levantó interesado:
-¿A qué se refiere? ¿Al retrete?
El individuo había venido torturándome durante todo el viaje: “ ¿Agente blanqueador de tres letras?…¿Artirodáctilo al borde de la extinción?…¿Esquiador de origen austriaco?…”
Los turistas salieron a la plaza inundada de luz. El conductor cerró la puerta y se puso en cuclillas junto al radiador.
La estación…Un edificio amarillento y sucio, con columnas, un reloj, unas letras parpadeantes de neón descoloridas por el sol…
Crucé el vestíbulo, donde había un puesto de periódicos y unos macizos contenedores de cemento. Descubrí la cantina por pura intuición. 
-Persónese ante el camarero -indicó la cajera con desinterés.
Un sacacorchos se balanceaba sobre su busto abatido.
Me senté junto a la puerta. Un camarero con enormes patillas de fieltro apareció algo después.
-¿Qué desea?
-Deseo -le dije- que todo el mundo sea bondadoso, modesto y amable 
El camarero, seguramente harto de la inagotable diversidad de la vida, guardó silencio.

Serguéi Dovlátov
Retiro
Ed. Fulgencio Pimentel
Trad. Tania Mikhelson y Alfonso Martínez Galilea

Concédeme



Concédeme esos cielos, esos mundos dormidos,
el peso del silencio, ese arco, ese abandono.

La hamaca con sabor a sal



Para Ye. Rein.

Como el tiempo es la inteligente arena,
el tabaco cruje en la bolsita…
Y como la madera podrida de un viejo barco ballenero,
así también ocurre con la gente y con las redes para pescar.

Y feliz como un hombre viejo
esas transparentes vallas
hechas de viejas redes
escuchan las ruidosas voces de los niños.

Ellas han hecho muchas veces su trabajo
y aunque están fuera de práctica todavía pescan
algo de basura, lluvias y fósforos gastados.

Ahora una estrella quedó atrapada en ellas
ahora el balbuceo de un amor juvenil 
ahora unas malas palabras de alguien
ahora un fugaz suspiro.

Ellas agarran de todo, la ráfaga del viento
una frase o la canción que alguien canta
y, pescando un botón de ropa,
lo sueltan levemente pero sin mucho apuro.
Y un viejo pescador
(esos seres robustos que esquivan la muerte)
comienza él mismo a hacerse una hamaca
de viejas redes de pescar que hace mucho tiempo usó.

Y escondiendo un dolor dentro de si
iba reconociendo en los aislados pedazos 
de la grisácea red y sus nudos
un sabor salado que se impregnaba en sus dientes.

Se mece la hamaca con sabor a sal
en el suave susurro de los pinos.
Cada pescador que se jubila
en algún momento viene a ser algo atrapado.

Cuando somos viejos vivimos en una calle estrecha
desde la cual miramos hacia nuestro pasado
y nos retorcemos
en nuestras olvidadas redes.

Tú eras un conversador, un derrochador de dinero.
Pero ahora no hay tiempo para peleas. Tu cuerpo tiene costras.
Se mece la hamaca con sabor a sal
creando una ilusión de las aguas del mar.

Pero el mar no llegará a tus orillas
y el cielo permanece traicioneramente despejado.
Mecerse porque uno lo desea es muy diferente,
eso requiere algo mucho más que ser sabio.

Y él quiere vientos huracanados y tormentas
¡al diablo con toda esta comodidad!
Pero si su juventud volviera de nuevo.
Sin embargo él ha renunciado a toda su sabiduría.

Pero es falso que tú no seas feliz.
Quien no ha conocido las tormentas no ha sido afortunado.
Y tú eres tan distinta
a cualquier otra hamaca que cuelga en una casa de campo.

Tú has conocido cada golpe de las tormentas
te arrastraron los huracanes más fuertes .
Deja que las hamacas de agua dulce envidien
esta hamaca con sabor a sal.

Hay un sabor especial cuando se mece esta hamaca
aún cuando traiga mala suerte.
Mécete, hamaca con sabor a sal
mécete,
mécete
mécete…


La hamaca con sabor a sal, 1971

Mentira


(...) Pero María un día, en Madrid, en su piso de la calle Antonio Maura 14, muy cerca del que habitó Pío Baroja, me puso a prueba con un lugar de la vía Apia. Debía ir y relatarle cómo se encontraba. Era una estela funeraria. Decía estar situada cerca del cruce con la vía Latina. Era un bello adolescente que tenía un brazo con el puño en alto y el otro hacia abajo y llevaba una capa echada hacia atrás. María me contó cómo lo habían descubierto, ella y su hermana, en medio de una escombrera compuesta por latas de conserva, cajetillas de tabaco, botellas rotas, papeles de periódicos y cientos de colillas apagadas contra aquel indefenso muchacho. Ambas barrían la suciedad y luego la quemaban bajo la recriminación de la policía que no había hecho antes nada por impedir el sacrilegio. María me indicaba el camino que debía tomar desde el Coliseo hasta la Puerta de San Sebastiano, pero a partir de allí las referencias eran confusas e incluso imposibles , pues la Vía Apia Antica jamás se cruza con la Latina, sino que corren paralelas a gran distancia.
(...) Le comentaba a María si esa estela no se la había encontrado en otros mithraeums, y el paso del tiempo la había llevado a confusión. ¿No estaría bajo las Termas de Caracalla, bajo San Clemente, en la Iglesia de Santa Prisca o en el Circo Máximo? Pero no. Volvía a insistirme que en la Apia y me recriminaba cariñosamente. Mi desencuentro lo achacaba a mi angustia por encontrarlo. Eso hacía que huyese, se escondiese. Entonces le cité una frase de Louys, un autor demasiado exótico: "Desconfía de los jóvenes que van por los caminos con el viento del atardecer y el polvo alado ". Le pareció oportuna y nos congració. A mi segundo fracaso estuve a punto de mentirle. En ese mismo instante me arrepentí. Confesé mi pecado. María me cogió la mano y me dijo: "La mentira está permitida en los casos en que es imposible conocer la verdad".

César Antonio Molina
Fragmento de "La gloria escrita sobre el agua" publicado en Cadernos de Pensamento e Creación, n°16
(La Roma de María Zambrano)

Foto de Nigel Henderson

Sombras


Nuestras sombras respiraban juntas. Bajo nosotros, las aguas del río de los acontecimientos corrían casi en silencio.
Nuestras sombras respiraban juntas, y todo estaba por ellas recubierto.

Henri Michaux
Nosotros dos aún

Fot. Thomas Shields Clarke ca.1910

viernes, 12 de mayo de 2017

Si yo fuera yo


Cuando no sé dónde guardé un papel importante y la búsqueda se revela inútil, me pregunto: ¿si yo fuera yo y tuviera un papel importante para guardar, qué lugar elegiría? A veces resulta. Pero muchas veces me quedo tan presionada por la frase “si yo fuera yo”, que la búsqueda del papel se vuelve secundaria, y empiezo a pensar. Mejor dicho, a sentir. Y no me siento bien. Pruebe: si usted fuera usted, ¿qué haría? De inmediato uno se siente intimidado: la mentira en que nos acomodamos resultó ligeramente corrida del lugar donde se había acomodado. Sin embargo, ya leí biografías de personas que de repente pasaban a ser ellas mismas, y cambiaban por completo de vida. Creo que si yo fuera realmente yo, los amigos no me saludarían en la calle porque incluso mi fisonomía estaría cambiada. ¿Cómo? No sé. La mitad de las cosas que yo haría si fuera yo, no las puedo contar. Creo, por ejemplo, que por cierto motivo acabaría presa en la cárcel. Y si yo fuera yo daría todo lo que es mío, y confiaría el futuro al futuro.“Si yo fuera yo” parece representar nuestro mayor peligro al vivir, parece la entrada nueva a lo desconocido. Pero tengo la intuición de que, pasadas las primeras llamadas locuras de la fiesta que sería, tendríamos al final la experiencia del mundo. Bien sé, experimentaríamos finalmente a pleno el dolor del mundo. Y nuestro dolor, aquel que aprendimos a no sentir. Pero también seríamos a veces invadidos por un éxtasis de alegría pura y legítima que no logro adivinar. No, creo que ya estoy de algún modo adivinándola porque me sentí sonriendo y también sentí una especie de pudor, el que se tiene ante lo que es muy grande.

Si yo fuera yo, de Revelación de un Mundo
Ed. Adriana Hidalgo, 2004

Momentos


Este es el sitio del taciturno y del enrollado y de la reanudación infinita.
Una mujer retira una camisa, que deja ver otra camisa, que ella retira, que deja ver otra camisa que ella retira, que deja ver otra camisa, y el descanso de la desnudez no llega nunca.

Henri Michaux
Momentos

Fot. Bourneville y Régnard
Iconographie Photographique de La Salpêtrière 1876-1880

jueves, 11 de mayo de 2017

Secretos


No hay que querer conocer todos los secretos. Me he atenido a eso durante toda mi vida. ¿No es hermoso que en nuestra existencia algunas cosas se mantengan extrañas y ajenas, como detrás de muros de hiedra? Eso les da un encanto indecible, que se va perdiendo cada vez más. Hoy en día todo es codiciado y poseído brutalmente.

Robert Walser

Buscar


Buscar no es un verbo sino un vértigo. No quiere decir ir al encuentro de alguien sino yacer porque alguien no viene. 

Alejandra Pizarnik

Fot. Man Ray
Lee Miller

miércoles, 10 de mayo de 2017

Desesperación


Toda vida es el paso de la oscuridad a la luz, pero la oscuridad permanecerá siempre en ella. Por eso no podemos deshacernos de la desesperación. ¿Qué hay más allá de la desesperación? Yo lo sé. Una extraña alegría. Hay una extraña alegría en la simplicidad de una vida que lucha a muerte con la vida.

Santiago López Petit
Hijos de la noche
Ed. Bellaterra, 2014

Foto : Eunice Kim

Dignidad


Curiosamente, era una de las personas más radicalmente escépticas que había conocido nunca y, posiblemente (una teoría fabricada para intentar comprender a una mujer tan transparente en algunos aspectos y tan enigmática en otros), se dijera en su interior: Como somos una raza sin esperanza, encadenada a un barco que se hunde (sus lecturas favoritas de joven eran Huxley y Tyndall y a los dos les gustaban mucho esas metáforas náuticas), como todo es un chiste detestable, hagamos, de todos modos, nuestra parte: aliviemos los sufrimientos de nuestros compañeros de prisión (Huxley una vez más); decoremos los calabozos con flores y cojines inflables; seamos todo lo decentes que podamos. Esos rufianes, los dioses, no se saldrán con la suya: la idea de Clarissa era que los dioses, que nunca perdían la menor oportunidad de herir y contrariar a los hombres y de malgastar vidas humanas, se desconcertaban mucho si, de todos modos, alguien se comportaba con dignidad.

Virginia Woolf
La señora Daloway
Ed. Alianza, 2006

Foto: Robert Doisneau

Al Sur


Al sur de algún país está mi casa
con discos de Bob Dylan y Purcell, y facturas,
y pudín de Yorkshire, y libros esperándome
y voces que se cruzan por las habitaciones. 
Pero la fría sangre del jazmín me atraviesa
cuando la tarde cae, y escribo, como ahora,
o callo en la terraza por los míos ausentes.
Un gran perro acosado ladra en el ascensor. 

Al Sur

martes, 9 de mayo de 2017

Memoria


… a veces nos sucede eso con lo que se niega o se calla, con lo que se guarda y se sepulta, va difuminándose sin remedio y llegamos a descreer que en verdad existiera o se diera, tendemos a desconfiar increíblemente de nuestras percepciones cuando ya son pasado y no se ven confirmadas ni ratificadas desde fuera por nadie, renegamos de nuestra memoria a veces y acabamos por contarnos inexactas versiones de lo que presenciamos, no nos fiamos como testigos ni de nosotros mismos, sometemos todo a traducciones, las hacemos de nuestros nítidos actos y no siempre son fieles, para que así los actos empiecen a ser borrosos, y al final nos entregamos y damos a la interpretación perpetua, hasta de lo que nos consta y sabemos a ciencia cierta, y así lo hacemos flotar inestable, impreciso, y nada está nunca fijado ni es definitivo nunca y todo nos baila hasta el fin de los días, quizá es que no soportamos las certezas apenas, ni siquiera las que nos convienen y reconfortan, no digamos las que nos desagradan o cuestionan, o duelen, nadie quiere convertirse en eso, en su propio dolor y su lanza y su fiebre.

Javier Marías
Tu rostro mañana
Ed. Alfaguara, 2009

Límite



Límite

Habla conmigo largamente mi compañera 
de cosas tristes, graves, que sobre el pecho 
pesan como una piedra; maraña 
de males inextricables, que ninguna 
mano, tampoco la mía, puede desatar. 
Un pájaro 
de la casa de enfrente sobre el alero 
se posa un instante, al sol brilla, regresa 
al cielo azul que lo cobija. 
¡Oh, él 
dichoso entre los dichosos! Tiene alas, ignora 
mi pena secreta, mi dolor 
de hombre junto a un límite: la certeza 
de no poder salvar a quien se ama. 

Autobiografía del ojo



Autobiografía del ojo

Cosas invisibles, enraizadas en el
frío, creciendo
hacia esta luz
disipada
en todo lo que alumbra. Nada
tiene fin. La hora regresa
al comienzo de la hora
en que respiramos: como si
nada fueran. Como si yo
no pudiera ver
nada
que no es lo que es.

En el límite del verano
y su calidez: cielo azul, colina púrpura.
La distancia
que sobrevive.
Una casa hecha de aire, y el flujo
del aire en el aire.

Como estas piedras
que se deshacen sobre la tierra.
Como el sonido de mi voz
en tu boca. 

lunes, 8 de mayo de 2017

Colofón



Colofón

Luz… 
Cuando mis lágrimas te alcancen 
la función de mis ojos 
ya no será llorar, 
sino ver.


Jonathan Leder

domingo, 7 de mayo de 2017

Ligero



-Ligero' (como "liviano", aunque en inglés, light es también "luz") es como llamaría aquello que se suele buscar con la poesía. Como la liviandad del tocar. Es esa cualidad en apariencia sin esfuerzo alguno, aérea, la que esperamos de un poema lírico y raramente conseguimos.

Charles Simic
Conversaciones con Michael Hulse

sábado, 6 de mayo de 2017

El presente


No nos atenemos nunca al momento presente. (…) De ordinario el presente nos hiere. Lo ocultamos a muestra mirada porque nos aflige y, si nos resulta grato, lamentamos verlo escapar. Intentamos mantenerlo recurriendo al porvenir, y pensamos disponer las cosas que no están en nuestro poder mediante un tiempo al que no tenemos ninguna seguridad de llegar. (…) El presente no es jamás nuestro fin. Así, no vivimos nunca, pero esperamos vivir, y disponiéndonos siempre a ser felices, resulta inevitable que no lo seamos jamás.

Blaise Pascal
Pensamientos

Foto: Charlotte Bracegirdle
Flora Thompson, acrílico sobre postal

viernes, 5 de mayo de 2017

El silencio del cuerpo


Si les quitamos a los sentimientos amorosos la morbosidad que los lubrifica, no quedarán sanos, sino estériles, atrofiados, movidos por el viento árido de la crueldad.

Guido Ceronetti
El silencio del cuerpo
Ed. Acantilado
Trad. J. A. González Sainz

jueves, 4 de mayo de 2017

miércoles, 3 de mayo de 2017

Es el viento que pasa


Teóricas del devenir o del volver a ser, esas almas pasadas o actuales, unas por nacer y otras muertas en tierra, atizan su potencialidad hacia la antigua o la futura alegría de vivir, seres impersonales en busca de un valor tangible: entonces se precipitan cabalgatas que chocan y en donde se desgarran los huesos y la piel de su ambición, escalando los montes, inundando los valles en una vertiginosa impaciencia de ser. Es el viento que pasa.

Saint-Pol Roux
La rosa y las espinas del camino

martes, 2 de mayo de 2017

En qué mar


VIII

Yo sé que mis pasos ya trazan la ausencia
y nada ni nadie ni nunca,
ni siquiera ella,
colmará el infinito asombro. 

En qué mar, vaya a saber, será el reencuentro,
en qué mar arrojado contra qué rocas,
en el embate de qué tiempo
contra el trabajo sucio,
imperceptible,
del olvido. 

"El libro de Judith"
Buenos Aires, 2008

Series “No. 24”, 1967

Abrir la puerta


Abrir la puerta.
Me pregunto
y es una pregunta inmoral
si servirá de algo abrir esa puerta
que da al patio
a la tierra
al viento del mundo
a los pasos de la gente
me pregunto
si servirá de algo escribir
a estas horas de la noche
en el silencio de mi habitación
con la puerta cerrada
sería tan sencillo
me digo
abrir por fin la puerta
y asomarme y mirar
dejando que me lleven
los pasos y la sombras del camino
me pregunto si servirá de algo explicar
por qué no explico
cuando tanta palabra y confidencia
intentaron traducirme
y ponerme al descubierto
si servirá de algo abrir la puerta
me pregunto
y andar por el patio
por el mundo entre la gente
abrir de par en par la puerta
para que todo pueda cumplirse
como la hoja de un cuchillo al extremo de un puente
como la red y el roble que salvan la alegría al final del espectáculo
como el canto de las aguas y el susurro de la siesta
como la playa en sombras y el lecho infinito de los amantes reencontrados
para que todo pueda cumplirse
la luz la noche la inocencia
el nombre que pasa entre las ramas
la puerta se abrirá enteramente
se abrirá por fin la puerta
por si alguno
quiere volver a entrar o salir
o curiosear entre mis cosas
o esperarme mientras vuelvo
y si tardo y no regreso
salir al viento
y olvidarme.

El día, 1968

Collage de Juanan Requena

lunes, 1 de mayo de 2017

Arte


Sin ilusión, sin entelequias de palabras o imágenes, sin literatura, como Alicia, hemos atravesado el espejo. Todo aquí es realidad, porque todo es forma. Las especulaciones estéticas ceden paso a la evidencia y sus razones deben disciplinarse a la luz de la verdad. El secreto mágico del arte es mostrar lo que vive y siempre vivirá en el espíritu.

Pierre-Georges Bruguière, 1962

Fot. Jessika Cheyenne Guarapuava

Filosofía



Cuando alguien pregunta para qué sirve la filosofía, la respuesta debe ser agresiva, ya que la pregunta se tiene por irónica y mordaz. La filosofía no sirve ni al Estado, ni a la Iglesia, que tiene otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para entristecer. Una filosofía que no entristece o no contraria a nadie no es filosofía. Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Sólo tiene este uso: denunciar la bajeza del pensamiento en todas sus formas

Gilles Deleuze

Foto: Robert Frank , Longchamp,1949

domingo, 30 de abril de 2017

Por el tenue puente vinieras



Extrañeza, misterio y delicia…
como si de la negrura oscilante
de alguna mascarada en cámara lenta
por el tenue puente vinieras.

Y la noche fluía, y el silencio flotaba
en sus arroyos satinados
ese perfil de lobo en la negra máscara
y esos tiernos labios tuyos.

Y bajo el castaño, por el canal
pasaste tu anzuelo de reojo.
¿Qué comprendió mi corazón en ti,
cómo me moviste de esta forma?

En tu ternura momentánea
o en el contorno oscilante de tus hombros,
¿advertí un bosquejo pálido
de otros — irrevocables— encuentros?

¿Acaso una romántica piedad
te llevó a entender
lo que dejara temblando a esa flecha
que ahora se incrusta en mis palabras?

No sé nada. Curiosamente
el verso vibra, y en él, la flecha…
¿Tal vez tú, todavía sin nombre, eras
la genuina, la esperada?

Pero no bien apareció el dolor
logró perturbar nuestra hora estrellada.
Regresó a la noche la fisura gemela
de tus ojos, ojos sin alumbrar.

¿Por cuánto? ¿Por siempre? Por lo pronto
sigo andando, queriendo escuchar
la revolución de estrellas sobre nuestro encuentro
por si tú ya fueras mi destino…

Extrañeza, misterio y delicia,
como de una súplica distante.
Mi corazón debe seguir andando.
Excepto si tú ya fueras mi destino…

Vladimir Nabokov escribió este poema horas después de conocer a Vera, la que sería su mujer y editora durante 50 años.

Trad. Olga Voronina

sábado, 29 de abril de 2017

Árbol de Diana


Árbol de Diana

1
He dado el salto de mí al alba.
He dejado mi cuerpo junto a la luz
y he cantado la tristeza de lo que nace.

2
Estas son las versiones que nos propone:
un agujero, una pared que tiembla...

3
sólo la sed
el silencio
ningún encuentro
cuídate de mí amor mío
cuídate de la silenciosa en el desierto
de la viajera con el vaso vacío
y de la sombra de su sombra

4
Ahora bien:
Quién dejará de hundir su mano en busca
del tributo para la pequeña olvidada. El frío
pagará. Pagará el viento. La lluvia pagará.
Pagará el trueno.

5
por un minuto de vida breve
única de ojos abiertos
por un minuto de ver
en el cerebro flores pequeñas
danzando como palabras en la boca de un mudo

6
ella se desnuda en el paraíso
de su memoria
ella desconoce el feroz destino
de sus visiones
ella tiene miedo de no saber nombrar
lo que no existe

7
Salta con la camisa en llamas
de estrella a estrella,
de sombra en sombra.
Muere de muerte lejana
la que ama al viento.

8
Memoria iluminada, galería donde vaga
la sombra de lo que espero. No es verdad
que vendrá. No es verdad que no vendrá.



viernes, 28 de abril de 2017

La tumba de mi madre



Un domingo, ya hacia el atardecer, fui al cementerio, que está a pocos pasos del lugar donde vivo. Justo antes había llovido y todo estaba aún húmedo: el camino, los árboles. Entré en el camposanto, donde reposan las tumbas antiguas, calladas, sagradas, y, como si se tratara de un abrazo dulce, cariñoso, casto, fui recibido por el verde más bello y lozano que había visto hasta entonces. Avancé por el camino de gravilla con pasos sigilosos. El silencio era absoluto. No se movía ni una hoja, ninguna agitación, ni el más leve temblor. Era como si todo estuviera alerta. Como si el verdor percibiera la solemnidad que lo envolvía y estuviera inmerso en una larga y profunda meditación sobre el misterio, remoto y a la vez eternamente joven, de la vida y de la muerte; así flotaba y yacía con su belleza húmeda y maravillosa. Nunca he visto nada igual. Mucho me debió de afectar el sentir que el lugar del silencio y la implacable muerte fuera tan dulce, tan verde, tan cálido. No había nadie aparte de mí. No había nada aparte del verdor y de las lápidas. Apenas me atrevía a respirar en la quietud, y tenía la impresión de que mis pasos resultaban inoportunos y groseros en medio de aquel silencio sagrado, severo y delicado. El rico verdor de una acacia colgaba con bondad risueña e infinita por encima de una tumba ante la que me acababa de detener. Era la tumba de mi madre. Todo allí parecía murmurar y balbucir, conversar y comentar. La viva imagen de los seres queridos y adorados se elevaba con su propio rostro, un rostro de expresión noble, desde la inconcebible hondura de la verde y silenciosa tumba. Permanecí allí largo tiempo. Pero sin tristeza. También tú y yo, nosotros, todos nosotros llegaremos allí alguna vez, allí donde todo enmudece, donde todo ha concluido ya, donde todo culmina y se disuelve hasta convertirse en silencio.

Robert Walser   La tumba de mi madre, 1914
En “ La eternidad de un día
Clásicos del periodismo literario alemán (1823-1934) a cargo de Francisco Uzcanga Meinecke.
Edit. Acantilado

jueves, 27 de abril de 2017

Algo tira del hilo



SIDERMITAS

Algo tira del hilo. Lo tensa.
Lo corta.

Disociación. Retirada. Dis
locución 

Entonces 
una chispa un 
ardor un nuevo impulso y
luego la caída y

un tumulto de voces ecos
de inalcanzables proporciones.

(....) 

Un hilo se soltó 
allá lejos
Y una inquietante disonancia 
golpeó el espacio.

Y era túnel luego gruta y túnel
otra vez y 
penetraste en aquella oscuridad.

La herida en la lengua
Fragmentos

miércoles, 26 de abril de 2017

De pronto


Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra traspasado por un rayo de sol: y de pronto anochece.

Salvatore Quasimodo

Foto del autor, de Ugo Mulas, 1962

martes, 25 de abril de 2017

Decía



Decía: no se piensa ni para gustar ni para disgustar, sino para inventarse en el pensamiento. Decía: no soy yo / no eres tú / es la vida / la que camina / en ti en mí. Por eso tenía, como el día, siempre la misma luz, siempre otra luz.

Jacques Ancet
Puesto que él es este silencio, Prosa para Henri Meschonnic.
Ed. Salto de Página.
Trad. Josephine Cabello y Régulo Hernández

domingo, 23 de abril de 2017

Objetivo


A veces, como sucede con un cohete teledirigido, la obra de arte se dirige justamente a ese objetivo en tu interior que alberga un enigma semejante al expresado por la propia obra. Sabes de qué va ese enigma, platónicamente existe la posibilidad de que alguna vez encuentres la fórmula para expresarlo, pero tendrás que seguir buscándola, y, mientras no la hayas encontrado aún, no se te ocurra desvelar el enigma ni menos aún ofenderlo mediante la invención de una fórmula zafia. Obsevar, escuchar, leer, eso siempre funciona.

Cees Nooteboom
El enigma de la luz

sábado, 22 de abril de 2017

Lobotomía


—Oh, el amor, ¿sabes…? El cuerpo, el amor, la muerte, esas tres cosas no hacen más que una. Pues el cuerpo es la enfermedad y la voluptuosidad, y es el que hace la muerte; sí, son carnales ambos, el amor y la muerte, ¡y ése es su terror y su enorme sortilegio! Pero la muerte, ¿comprendes?, es, por una parte, una cosa de mala fama, impúdica, que hace enrojecer de vergüenza; y por otra parte es una potencia muy solemne y majestuosa (mucho más alta que la vida risueña que gana dinero y se llena la panza; mucho más venerable que el progreso que fanfarronea por los tiempos) porque es la historia y la nobleza, la piedad y lo eterno, lo sagrado, que hace que nos quitemos el sombrero y marchemos sobre la punta de los pies… De la misma manera, el cuerpo también, y el amor del cuerpo, son un asunto indecente y desagradable, y el cuerpo enrojece y palidece en la superficie por espasmo y vergüenza de sí mismo. ¡Pero también es una gran gloria adorable, imagen milagrosa de la vida orgánica, santa maravilla de la forma y la belleza, y el amor por él, por el cuerpo humano, es también un interés extremadamente humanitario y una potencia más educadora que toda la pedagogía del mundo…! ¡Oh, encantadora belleza orgánica que no se compone de pintura al óleo ni de piedra, sino de materia viva y corruptible, llena del secreto febril y de la podredumbre! ¡Mira la simetría maravillosa del edificio humano, los hombros y las caderas y los senos floridos a ambos lados del pecho, y las costillas alineadas por parejas y el ombligo en el centro, en la blandura del vientre, y el sexo oscuro entre los muslos! Mira los omóplatos, cómo se mueven bajo la piel sedosa de la espalda, y la columna vertebral que desciende hacia la doble lujuria fresca de las nalgas, y las grandes ramas de los vasos y de los nervios que pasan del tronco a las extremidades por las axilas, y como la estructura de los brazos corresponde a la de las piernas. ¡Oh, las dulces regiones de la juntura interior del codo y del tobillo, con su abundancia de delicadezas orgánicas, bajo sus almohadillas de carne! ¡Qué fiesta más inmensa al acariciar esos lugares deliciosos del cuerpo humano! ¡Fiesta para morir luego sin un solo lamento! ¡Sí, Dios mío, déjame sentir el olor de la piel de tu rótula, bajo la cual la ingeniosa cápsula articular segrega su aceite resbaladizo! ¡Déjame tocar devotamente con mi boca la “Arteria femoralis” que late en el fondo del muslo y que se divide, más abajo, en las dos arterias de la tibia! ¡Déjame sentir la exhalación de tus poros y palpar tu vello, imagen humana de agua y de albúmina, destinada a la anatomía de la tumba, y déjame morir con mis labios pegados a los tuyos!

Thomas Mann  "La montaña mágica"
Ed. Edhasa.
Trad. Mario Verdaguer.

jueves, 20 de abril de 2017

Unos van por un sendero recto



Unos van por un sendero recto, 
Otros caminan en círculo, 
Añoran el regreso a la casa paterna 
Y esperan a la amiga de otros tiempos. 
Mi camino, en cambio, no es ni recto, ni curvo, 
Llevo conmigo el infortunio, 
Voy hacia nunca, hacia ninguna parte, 
Como un tren sobre el abismo.


miércoles, 19 de abril de 2017

Soledad



Sólo una cosa es necesaria: la soledad. La gran soledad interior. Ir hacia sí mismo y no encontrar a nadie durante horas, eso es lo que hay que lograr.

Rainer Maria Rilke
Cartas a un joven poeta

martes, 18 de abril de 2017

Tarde


TARDE

Tal por las estaciones del discurso se aquietan las palabras 
con los picos entreabiertos, una a una, 
la sensitiva unánime del bosque tocada por la hoguera 
se agazapa taciturna soñando nubarrones presentes. 
Los helechos impávidos, 
las corolas que gimieran acaso al menor roce, 
mustias de savia pegajosa que se adensa y se angosta: 

es un caer de ángeles la hora, un cegar con resina los sentidos; 
y el déspota verano de vapores y plomo 
reverbera en los ojos rasgados de la tarde 
y el pasmo en la piel es como el limbo 
doloroso y tierno de esas hojas tan grandes 
—oh ineptos, 
tacto sin yemas, nariz sin alas, 
al vislumbrar las hijas de los hombres. 

Como pájaros tristes en el calor del día.

lunes, 17 de abril de 2017