viernes, 11 de mayo de 2018

El sonido de tu nombre



Para mí, 
No hay otro sol más que tu amor.
Aunque no sepa dónde estás, ni con quién.
Mas para mí
No hay sonido más alegre,
Que el sonido de tu nombre amado

Extracto de una carta de Vladímir a Lilja, 1915


miércoles, 9 de mayo de 2018

Sombra


Emil Föhme no soportaba que se pisara su sombra. Era el reflejo del pensamiento que lo animaba. Cuando se andaba por descuido sobre su sombra, sin necesidad de girarse sufría. 
Decía que era más vulnerable en su sombra que en su cuerpo. Porque no captaba la totalidad de su cuerpo, y en cambio, al alba o en el crepúsculo, podía contemplar maravillado esa imagen de su alma ampliamente extendida sobre el suelo.
Cuando debía atravesar la plaza de las Deux Victories, sentía un verdadero temor ante los niños que corrían en todas direcciones. O. P. Reissel cuenta que un día se desmayó de dolor porque una mujer había caminado sobre su sombra en el lugar de sus partes genitales. 
Sin embargo, esas pisadas no eran lo que más temía Emil Föhme, sino que ese jirón oscuro ante sí como una especie de estandarte rampante, o detrás suyo, como una rastra, fuera desgarrado. Peor aún, le horrorizaba el pensamiento de que se le arrancara su sombra. Sudaba entonces. Estaba convencido de que moriría. Su terror no era en absoluto fingido y convencía. Las leyendas y las hadas dicen que se reconoce a los muertos que regresan a rondar el mundo por la ausencia de sombra que dejan en el suelo.

Pascal Quignard
Pequeños tratados II
Ed. Sexto Piso
Trad. Miguel Morey

Lo pequeño


Las pequeñeces son lo eterno, y lo demás, todo lo demás, lo breve, lo muy breve.

Antonio Porchia

Fot. Anton Östlund

martes, 8 de mayo de 2018

Maitines


Maitines

Perdóname si digo que te amo: a los poderosos
se les engaña siempre, los débiles
son siempre manejados por el miedo. No puedo amar
lo que no puedo concebir, y tú no revelas
virtualmente nada: ¿acaso te asemejas al espino,
siempre la misma cosa en el mismo lugar,
o a la dedalera inconsistente, que brota primero
como espiga rosada en la ladera, junto a las margaritas,
y al año siguiente es púrpura en el rosedal? Ya ves
lo inútil que es este silencio que promueve en nosotros la creencia
en que tú puedes ser todas las cosas, la dedalera y el espino, la vulnerable
rosa, la terca margarita; nada nos queda sino pensar
que no podrías existir. ¿Es eso lo que quieres
que pensemos? , ¿lo que explica el silencio esta mañana,
los grillos cuyas alas no se frotan, los gatos
que en el patio no pelean?

Ed. Pre-Textos, 2006
Trad. Eduardo Chirinos Arrieta

lunes, 7 de mayo de 2018

Leyendo


Hermann Hesse leyendo 

Escrito en la arena


Escrito en la arena 

Que lo hermoso y lo encantador
sea tan sólo aliento y tormenta,
que lo delicioso, lo maravilloso
y lo propicio no duren:
que las nubes, flores, pompas de jabón,
que los fuegos artificiales y las risas de los niños,
la mirada de una mujer en el espejo
y tantas cosas tan maravillosas
desaparezcan, apenas descubiertas,
que duren no más que un instante:
¡ah, eso lo sabemos con tristeza!
Lo duradero e inmóvil
no nos parece tan valioso:
piedras preciosas de fuego gélido,
pesada barra de oro reluciente;
las mismísimas estrellas,
que permanecen alejadas y extrañas, no nos resultan
semejantes a nosotros, seres transitorios:
no llegan a lo más profundo del alma.
Es como si lo hermoso y lo amable tendiera a la destrucción,
cerca siempre de la muerte,
y que lo más valioso, las notas musicales
que desde el nacimiento
corren y se extinguen,
son nada más que ligero aliento, torrentes, huida.
Y dolorosamente derribados por un leve soplo,
no permanecen más que el tiempo
que dura un latido;
sonido tras sonido, casi apenas entonados,
manan y se esfuman.

Y así se entrega a lo fugaz
lealmente nuestro corazón,
a la vida, a lo que surge de continuo,
y no a lo que, rígido, dura.
Muy pronto lo que permanece nos fatiga,
joyas, rocas y el cielo estrellado,
a nosotros, errantes del eterno cambio,
almas y pompas de jabón,
al tiempo unidos, y fugaces,
a quienes el rocío de una hoja rosa,
a quienes el cortejo de unas aves,
la muerte de las nubes,
el brillo de la nieve, el arco iris,
la mariposa voladora;
nosotros, a quienes el roce sonido
de una risa fugaz
nos parece una fiesta
o nos causa dolor.
Amamos cuanto nos es semejante, y entendemos
lo que el viento escribe sobre la arena.

Versión de Carlos Javier González Serrano.


sábado, 5 de mayo de 2018

Conjuro para decir mentiras y construir verdades.


Conjuro para decir mentiras y construir verdades
Lectura del poema en voz de la autora

Si alguien fuera capaz


Si alguien fuera capaz de escribir un bello relato, sería capaz de acoger lo que no es con los brazos abiertos. Si alguien fuera capaz de acoger lo que no es con los brazos abiertos, sería capaz de amar.

Pascal Quignard
Pequeños tratados II
Ed. Sexto Piso
Trad. Miguel Morey

Fot. Marcel Duchamp
Bare Stripped Bride, 1968

Divisa


Divisa

Mucho más que tú mismo durarán tus palabras.
Ningún derecho tienes, por siglo o por carácter,
a hacerlas más sombrías, ofuscadas o tristes
con abrasiva sed y con ficticias hambres.
Es un error pensar que tu vida se acaba
porque mueras un día. Mil siglos o un instante,
¿qué diferencia existe ? Sin presente no hay vida.
Que tu divisa sea : no hay ni un después ni un antes.

Incluido en "Rama desnuda"
Ed. Tusquets

Fot. Henry Wolf

viernes, 4 de mayo de 2018

Anuncio por palabras


ANUNCIO POR PALABRAS

Necesito chica que sepa planchar
mis labios con los suyos y tende
r su ropa eternamente junto a la
mía y quitar las manchas de mi c
orazón con su mirada yo pondré
la mesa y la caricia en su ramo
de lunas y trataré de andar muy
despacio
            cuando
                     ella
                          no
                              tenga
                                       prisa


jueves, 3 de mayo de 2018

Adorado


Orquídeas. Mi paciente, la señorita X, la bailarina. Burla de la neurosis. Como una partida de ajedrez. Huck viene a verme entre las visitas a sus pacientes, siempre corriendo. Nuestro día de tiendas. Ropa interior de tul negro y zapatillas de bailarina. Nuestras charlas. Nuestro cuento de hadas. Nuestras creaciones. Demasiado bellas, demasiado frágiles, dice él. Demasiado sutil. Almas gemelas. Impulsividad, emoción. Abandono, absolutismo. Damos, damos. Huck me devuelve todo lo que alguna vez di. Todo. Dado, envuelto, adorado. "Te adoro." Pero somos humanos, el uno para el otro. Él es Huck y yo soy Puck, no dioses.

Ed. Siruela, 2014
Trad. José Luis Fernández-Villanueva

miércoles, 2 de mayo de 2018

Diario de un hombre pálido


DÍA OCHENTA Y SIETE

   Gregoria tiene ochenta y dos años. Ha parido seis hijos, tiene tres nietos y una bisnieta. Es una mujer asarmentada, tendinosa, con un solo diente. Debió de ser tan fuerte como un hombre, en sus años mozos. Aún conserva energía suficiente para reír o gritar, si las enfermeras no aciertan a pincharla. Suele evocar a su marido, que la dejó viuda, cuando ella apenas contaba cuarenta años. Consiguió sacar adelante a su prole. Sirvió como asistenta en la casa de los ricos de su pueblo. Es mejor no animarla a recordar aquellos años porque entonces su fuerza se quiebra y los ojos se le humedecen. También crió a sus tres nietos, a los que abandonó su madre por el amor de un desconocido. Acogió en su casa a su hijo divorciado, un hombre solo con tres criaturas, a las que cuidó supliendo la figura de la madre. Hace unos meses, en un arranque de mal humor, nos dijo que se arrepentía de haber tenido seis hijos. «Si lo llego a saber no tengo ninguno» -dijo con voz árida. Todos esperábamos una explicación. Y la dio, haciendo un pareado: «Lo que pasa es que yo tengo la matriz muy baja… Y me quedo preñada con cualquier miaja».

Juan Gracia Armendáriz
Diario de un hombre pálido
Ed. Demipage, 2010

El libro negro


Puedo oír las ruedas de los trenes marcando sus giros rítmicos en mi cabeza mientras escribo. El tren de las cuatro y catorce llevándome a casa, hacia las zapatillas, el fuego de gas, el diario, los restos de la flanera, el texto bíblico en la pared. Y Kate aguardando por mí, delgada y perfumada, con el perfume barato que usa y sus calzones de Marks & Spencer. Maquillada a franjas para mí, como una pastilla de jabón ordinario y aromático. Permaneceremos de pie, los dos juntos, ante el representante de Dios, y compartiremos un sobrio oficio, para legalizar las felicidades conyugales. La querida Kate, como una muñeca de trapo sobre la cama, con su cara blanca y estoica, excitando apetitos crueles en su maridito recién adquirido. Y todos los kilómetros de luchas trágicas, aburrimientos, desesperaciones, ilusiones, se desprenderán de mí cuando entre en prisión. La ubicuidad de Dios. El cero fantástico al que reduciré los términos de mi vida para encontrar la felicidad. El lento y gradual ascenso hacia el silencio, hacia la mudez.

Lawrence Durrell
El libro negro
Ed. Edhasa, 1987
Trad. Leal Rey

martes, 1 de mayo de 2018

Instantánea



¿Que si soy feliz? La verdad es que no creo que la felicidad sea un “estado” del ser humano. La infelicidad puede serlo, pero la felicidad es, por naturaleza, un instante. El instante puede durar unos segundos, un minuto, una hora, un día y una noche, pero no creo que pueda llegar a durar nunca una semana entera. La infelicidad suele parecerse a una novela larga. La felicidad se parece más a una foto.

John Berger
Fot. de Martine Franck en
Para entender la fotografía
Ed. Gustavo Gili, 2015
Trad. Pilar Vázquez

Tormenta


Tormenta

Maldije la lluvia que, azotando mi techo,
no me dejaba dormir.
Maldije al viento que me robaba 
las flores de mis jardines.

Pero tú llegaste y alabé a la lluvia.
La alabé cuando te quitaste la túnica empapada.
Pero tú llegaste y alabé al viento.
Lo alabé porque apagó la lámpara.

Wu Kieng

Fot. Masao Yamamoto

Abraza al clavo



(...)
se evaporará el latir de tus labios:
te desinflarás
como una apasionada
rueda de bicicleta
que no puede contenerse
m
á
s
y abraza al clavo
del que está enamorada;

[M.26]

Ed. Tansonville, 2012


domingo, 29 de abril de 2018

La rosa de los vientos


La rosa de los vientos

En inglés el guía decía: a wind-flower
y yo veía una anémona de madera frágil
en lugar de este rastro en la piedra del suelo
de una rosa de los vientos en los pétalos agudos de distancia
de flechas viniendo de lejos hacia el blanco inmóvil
de una nada vacía de la polvadera de todo

de "Las lágrimas de Cartago"
Versión de Víctor Bermúdez

Postal de El Escorial


Postal remitida por el poeta José Moreno Villa a su amigo Federico García Lorca, El Escorial, Agosto, 1922. 

Real Monasterio de El Escorial - Vista general, que lo muestra navegando por la estepa. Al paso de su quilla saltan las piedras y se fijan en el techo azul como lloronas estrellas. Todo es culpa de la cerveza, que tomaban Felipe, El Greco y Herrera

Geografía postal.
Las postales de las familias García Lorca y De los Ríos,
Ed. This Side Up, 2010.

sábado, 28 de abril de 2018

Belleza


Caracol.

Nada hay más hermoso que la danza de un macizo de bambúes en la brisa. Ninguna coreografía humana tiene la euritmia de una rama que se dibuja sobre el cielo.
Llego a preguntarme a veces si las formas superiores de la emoción estética no consistirán simplemente, en un supremo entendimiento de lo creado.
Un día los hombres descubrirán un alfabeto en los ojos de las calcedonias, en los pardos terciopelos de la falena, y entonces se sabrá con asombro que cada caracol manchado era, desde siempre, un poema.

Alejo Carpentier

viernes, 27 de abril de 2018

Literatura en París


Mircea Eliade, Eugène Ionesco y Emil Cioran en París, 1980. 
Foto de Louis Monier

Jura


Jura cada cierto tiempo 
comenzar una vida mejor.
Pero cuando llega la noche 
con sus consejos,
con sus compromisos, 
con sus promesas...
cuando llega la noche 
con esa fuerza del cuerpo 
que necesita y pide,
hacia el mismo placer fatal, 
perdido, va de nuevo.

Jura
Versión J.M. Montefogo

100 portraits of Londoners

jueves, 26 de abril de 2018

Retrato de una sombra


Retrato de una sombra

Tus ojos, huellas de luz de mis pasos;
tu frente, temida por el brillo de las dagas;
tus cejas, travesía de las pérdidas;
tus pestañas, mensajeros de cartas largas;
tus rizos, cuervos, cuervos, cuervos;
tus mejillas, campo de armas de la mañana,
tus labios, huéspedes tardíos;
tus hombros, estatua del olvido;
tus pechos, amigos de mis serpientes;
tus brazos, árboles ante la puerta del castillo;
tus manos, tablas de juramentos muertos;
tus caderas, pan y esperanza;
tu sexo, ley del incendio del bosque;
tus muslos, alas en el abismo;
tus rodillas, máscaras de tu cortesía;
tus pies, campos de batalla de las ideas;
tus plantas, gruta del fuego;
la huella de tu pie, el ojo de nuestra despedida.

Versión de José María Pérez Gay

Fot. Tim Walker 
 “Portrait of a Lady” 
for Love Magazine, 2016

Encuentro en un ascensor


ENCUENTRO EN UN ASCENSOR

Entramos en la cabina y nos quedamos solos los dos.
nos miramos sin hacer nada más.
Dos vidas, un instante, la plenitud, la felicidad...
En el quinto piso ella salió, y yo, que iba más arriba, 
comprendí que nunca volvería a verla,
que nos habíamos encontrado una vez, para siempre,
que aun habiéndola seguido lo hubiera hecho como un muerto 
y que si ella hubiera vuelto a mí
no hubiera vuelto más que del otro mundo.

de "Hamlet y otros poemas"
Barral Editores
Versión de Josef Forbelsky

martes, 24 de abril de 2018

La vida


La vida es una larga preparación para algo que nunca sucede. Dijo Yeats.

David Markson
La Soledad del Lector
Ed. La bestia equilátera, 2012
Trad. Laura Wittner

La luz no está en la luz


«La luz no está en la luz, está en las cosas
que arden de luz tenaz bajo la lluvia.»

DÍAS DE OCTUBRE DE 1996

El amarillo, el verde, el encendido
rojo sólo para morir
bajo el tendido velo del otoño.

La luz no está en la luz, está en las cosas
que arden de luz tenaz bajo la lluvia.

Nada tiene más fuego en sus entrañas
que la melancolía ardiente de esta hora.

Nada tiene más fuego que la ausencia.

¿Llorar?
                                   Lloradme nunca.
                                                      Me he perdido
con el aire en las bóvedas tan bajas
de un cielo que, piadoso, me disuelve.

Ed. Galaxia Gutenberg, 2000

lunes, 23 de abril de 2018

En el año 9


En el año 9, Ovidio fue arrojado desde el puente Sublicius por Livio. Ha subido al puente del barco y mira la extensión blanca del mar, que brilla como el argentum brilla a los ojos de los mortales. Siente unas repentinas ganas de arrojarse desde el puente, como las mujeres hacían en mayo con los hombres sexagenarios. Busca con la mirada las maderas que flotan, los delfines, o el aspecto de una isla o de una roca. Ve a lo lejos, como un punto invisible, Tomis. Acaba allí el más personal de sus libros y morirá helado, cubierto de pieles, enfermo, como un náufrago en lo que ya no es sino gritos y luz. Ha sido ahogado. Se hunde y reaparece como un resto de ropa o un tallo de mimbre que las pequeñas olas acometen. El olvido es el océano. El olvido es más vasto que lo real porque los animales, las plantas y los astros lo conocen. El más bello de los libros de Ovidio son las "Tristes".

Pascal Quignard
Pequeños tratados II
Ed. Sexto Piso
Trad. Miguel Morey

Leyendo


Leyendo en el parque, bajo la lluvia.
URSS, 1950s

Colgando textos


El Señor Jordà les desea un feliz Día del Libro

domingo, 22 de abril de 2018

El hombre imaginario


EL HOMBRE IMAGINARIO

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario


sábado, 21 de abril de 2018

Hermosa


Pienso en esa hermosa flor que se enciende en mi cuerpo. La hermosa, esa violenta flor del ridículo.

Blanca Varela

Julie Cockburn
Connect the dots



viernes, 20 de abril de 2018

La melancolía


Homero puso en escena al primer melancólico con el personaje de Belerofonte. “Objeto de odio para los dioses, vagaba solo, sobre la llanura de Aleion, el corazón devorado por la pena, evitando las huellas de los hombres” (Ilíada, VI, 200). "Thymon katedon", comiendo su corazón, dice Homero. El epíteto homérico describe magníficamente la melancolía: la autofagia del cuerpo por el alma. El desdichado es un Narciso al que su reflejo devora.

Pascal Quignard
La melancolía romana
El sexo y el espanto
Ed. Minúscula, 2005
Trad. Ana Becciú

Fot. Eva Rubinstein

Se conocieron


Se conocieron en Florencia en 1880. Él tenía treinta y siete años, ella cuarenta. Ella era Constace Fenimore Woolson, una célebre escritora estadounidense de cuentos y ensayo. ¿Y él? Él era Henry James. Para su sorpresa, James se percató rápidamente de que ella era una mujer de gusto y buen juicio cuyas divisiones internas se asemejaban a las de él. Ella disfrutaba del prestigio, pero se guarecía en la oscuridad; temía la soledad, pero buscaba el aislamiento; deseaba abrir su corazón, pero acababa mostrándose esquiva. En una ocasión en que James estaba considerando alquilar un apartamento en Venecia, Constance le dijo: "No le imagino en el Gran Canal", y él replicó: "No. Mejor en algún lugar escondido. No importa demasiado dónde, siempre y cuando cueste encontrarlo y haya que recorrer muchos callejones sin salida para llegar". Hablaba por ella tanto como por él. Desde su primera juventud, Constance había estado construyendo una coraza de reservas defensivas; para cuando alcanzó la madurez, ya la tenía puesta; para cuando murió, la coraza la estaba asfixiando. 
Paseaban y hablaban; tomaban té y hablaban; iban a museos y hablaban. Hablaban de libros, hablaban de escritura, hablaban de la imaginación moral. El intercambio no era, huelga decirlo, personal en el sentido habitual del término, pero la honestidad intelectual que animaba su charla se traducía en una conversación que hacía que los dos se sintieran menos solos en el mundo. 
Sin duda, ella le dio más a él que él a ella. Constance se convirtió en su mejor lectora, en su interlocutora más inteligente, quien mejor entendía las cosas que no se decían ni se mencionaban. No podía decirse lo mismo de James, que se aprovechó flagrantemente de todo lo que no se habló entre ellos. Parece que él, casi por voluntad, nunca llegó a comprender la profundidad de la angustia de Constance; o, si lo hizo, escogió taparse los ojos con una mano para no mirarla de frente. Tal vez supiera que sí permitía que ese conocimiento penetrara en él, se vería obligado a rendir cuentas ante aquella amistad. Sobre todas las cosas, Henry James temía y odiaba verse obligado a rendir cuentas ante nada ni nadie.

Ed. Sexto Piso, 2018
Trad: Raquel Vicedo

jueves, 19 de abril de 2018

Caza en el tiempo


CAZA EN EL TIEMPO 

Siento que soy la presa
pero no sé de quién,
pues las alas y las garras que descienden
sobre mí,
y me encadenan a la sombra
mucho antes de alcanzarme
carecen de nombre.
Sólo la frescura del aire dibuja
la amenaza que se acerca
con cruda y voluptuosa lentitud.
Sé que no hay salvación, pero
tampoco sé qué sería la salvación.
Si intento huir, la sombra también cambia
amoldándose a mi horizonte como las nubes,
feroz y protectora en su cuidado
de no perderme, presa de otro.
En la espera, los sobresaltos se confunden,
el pavor se mezcla plácidamente en el misterio,
desentrañar su enigma será mi sino:
tengo que vivir hasta que encuentre la respuesta
un tiempo igual al tiempo de la caza
en el que, al menos, sé que soy la presa.

De Mi patria A4 
Ed. Pre-Textos
Traducción de Viorica Patea y Antonio Colinas

Ilustración: The Balance 1918. 
Original wood engraving by Frederick Carter

Interminable


La narración de lo que ocurre en cinco minutos podría ser interminable.

Thomas Mann
La montaña mágica
Ed. Edhasa, 2009
Trad. Isabel García Adánez

Fot. Isa Marcelli

Patria


Estocolmo, 21.12.1957
Bergsundstrand 23

Mi querido y estimado Poeta Paul Celan,
Su carta ha sido una de las mayores alegrías de mi vida. Usted sabe de mis cosas, las tiene consigo, así que tengo una patria.

Nelly Sachs
Correspondencia: Nelly Sachs - Paul Celan
Ed. Trotta, 2007
Edición de Barbara Wiedemann
Traducción de Antonio Javier Bueno Tubía

Fot. Claude Cahun, autorretrato, 1932

martes, 17 de abril de 2018

Brillante estrella


¡Brillante estrella!, si fuera tan constante como tú,
no viviría en solitario esplendor en lo alto de la noche
vigilando, con los párpados infinitamente abiertos,
como el ermitaño insomne y paciente de la naturaleza. 

Ni como las inquietas aguas en su labor sacerdotal 
de pura ablución de las humanas costas de la tierra,
ni mirando la nueva y suave máscara caída, 
de la nieve sobre las montañas y los páramos;

no,sin embargo, aún constante, aún inmutable ,
descansando en el maduro pecho del bello amor,
sintiendo para siempre su mullido aliento,

despierto para siempre con suave inquietud,
quieto, quieto para escuchar su tierna respiración,
y así vivir siempre o si no, desvanecerme en la muerte.

(Octubre y noviembre de 1819)

Ed. Visor de Poesía
Trad: José María Martín Triana

lunes, 16 de abril de 2018

Hay que leer siempre lápiz en mano


Hay que leer siempre lápiz en mano. En efecto. Y lo repito: casi es posible definir al judío como aquel que siempre lee lápiz en mano porque está convencido de ser capaz de escribir un libro mejor que el que está leyendo. Es una de las grandes arrogancias culturales de mi pequeño y trágico pueblo.
Hay que tomar notas, hay que subrayar, hay que luchar contra el texto, escribiendo al margen: “¡Qué estupideces! ¡Vaya ideas!”. No hay nada tan fascinante como las notas marginales de los grandes escritores. Es un diálogo vivo. Erasmo dijo: “El que no tiene libros destrozados es que no los ha leído”.

George Steiner
Un largo sábado. Conversaciones con Laure Adler
Ed. Siruela, 2018
Trad. Julio Baquero

Fot. The Metamorphosis, Franz Kafka, 1915
First page annotations by Vladimir Nabokov

Desistir


Poseo a medida que designo; y este es el esplendor de tener un lenguaje. Pero poseo mucho más en la medida que no consigo designar. La realidad es la materia prima, el lenguaje es el modo como voy a buscarla, y como no la encuentro. Pero del buscar y no del hallar nace lo que yo no conocía, y que instantáneamente reconozco. El lenguaje es mi esfuerzo humano. Por destino tengo que ir a buscar y por destino regreso con las manos vacías. Más regreso con lo indecible. Lo indecible me será dado solamente a través del lenguaje. Solo cuando falla la construcción, obtengo lo que ella no logró.
Y es inútil procurar acortar camino y querer comenzar, sabiendo ya que la voz dice poco, comenzando ya por ser impersonal. Pues existe la trayectoria, y la trayectoria no es solo un modo de ir. La trayectoria somos nosotros mismos. En lo referente a vivir, nunca se puede llegar antes. El vía crucis no es un desvío, es el paso único, no sé llega sino a través de él y con él. La insistencia es nuestro esfuerzo, la renuncia es el premio. A este sólo se llega cuando se ha experimentado el poder de construir y, pese al sabor del poder, se prefiere la renuncia. Renunciar tiene que ser una elección. Desistir es la elección más sagrada de una vida. Desistir es el verdadero instante humano. Y sólo esta es la gloria propia de mi condición.
La renuncia es una revelación.

Ed. Siruela, 2017
Trad. Alberto Villalba

Fot. Toni Hamel
The land of Id

La tentación de la luz


La tentación de la luz

Sola, de una colmada soledad
en la noche de abril que empieza
con sus rosas
en el gris del cielo y abre
por un momento la entera luz
del día que va a morir

haciéndome sentir
colmadamente sola
en el sagrado instante
donde este cáliz deja
caer la gota sobre mi boca
que el ansia seca
por los malgastados días
acongoja sin saber por qué

y se abisma en olas
rojas sobre el follaje
del arce o el ciprés
con esa luz extraña
en la última luz del día
tan única y tan colmada
de soledad entre las hojas
como lo estoy yo misma



domingo, 15 de abril de 2018

Deseo y goce


Eso es el mundo: las huellas que deja la ola cuando el mar lentamente se retira. 
La voluptuosidad no es más que un apresuramiento donde se quiere ser conducido como por encanto. Su saciedad nos lleva, en el segundo que sigue a sus espasmos, a una sensación de decepción no sólo con respecto al impulso del deseo que lo precedía sino con respecto a la luz, a la tumescencia, a la rabia, al elatio (al arrebato) que obsesionaban las horas anteriores y los días que lo preparaban. 
Los naturalistas llaman “período refractario” al período durante el cual los machos, después de que se han acoplado, dejan de ser sexualmente activos. Las hembras no tienen un período refractario post coitum. El movimiento depresivo en las hembras ocurre post partum. Los machos escapan del asco al dormir. No se escapan: corren a alcanzar el otro mundo de los muertos y de las sombras. El taedium de los machos hace pensar a las mujeres, después del abrazo, en la fase de quietud en que se encierra el niño después del amamantamiento.
La excitación progresiva durante el acoplamiento ha sido asociada a menudo con las imágenes del carnívoro que devora su presa, del rapaz que se lanza sobre la suya. Los hombres siempre han considerado la excitación como un fuego latente que consume bruscamente el organismo entero. Ese fuego de artificio -el orgasmo, la culminación del goce ardiente- no es un epifenómeno, un beneficio subsidiario, sino el acabamiento del deseo. Los hombres no desean para aliviar una tensión insoportable. Lo que se busca no es la caída de la excitación. En ningún caso lo que se busca en el amor es el taedium vitae, el asco de vivir. Es el rapto del abismo. Es la captura de lo desconocido que precede al placer.
El goce amenaza al deseo y es normal que el deseo pueda odiar el goce, pueda experimentar una total aversión frente a la detumescencia (es el puritanismo pero también el arte). El deseo es lo contrario del hastío, del agotamiento, de la saciedad, del adormecimiento, del asco, de la flaccidez, de la amorpheia. Todo cuento, todo mito, todo relato apunta a la exaltación del deseo y emprende su combate contra el goce. La novela erótica o la pintura pornográfica no intentan en ningún caso hacer gozar sino hacer desear: buscan erotizar el lenguaje o lo visible, intentan abreviar el período refractario. Libran la guerra contra el taedium.
Razón por la cual el taedium vitae, el asco que sigue al goce está ligado a las artes como las ramas de los árboles están ligadas a su tronco. El arte prefiere siempre el deseo. El arte es el deseo indestructible. El deseo sin goce, el apetito sin asco, la vida sin muerte.

Pascal Quignard
La melancolía romana
El sexo y el espanto
Ed. Minúscula, 2005
Trad. Ana Becciú

Una perla extraviada


MIS FLORES ARTIFICIALES 

Mis flores artificiales 
enviaré a tu casa.
Mis pequeños leones de bronce
colocaré a tu puerta.
Yo me sentaré abajo en la escalera-
una perla oriental extraviada
en el rugiente mar de la gran ciudad.

Ed. Nordica Libros
Trad: Neila García Salgado

sábado, 14 de abril de 2018

Distancias


La perturbación de las distancias. Una perturbación a la que sólo se puede acomodar uno adoptando una visión aérea, conforme a la cual los kilómetros se transforman en milímetros, pero el tamaño del corazón humano no se reduce nunca.

John Berger
El cuaderno de Bento
Ed. Alfaguara, 2016
Trad. Pilar Vázquez

Fot. John Berger, 1950s

Fugaz


La belleza de un momento fugaz es eterna.


viernes, 13 de abril de 2018

Sergio Pitol


Un novelista es alguien que oye voces a través de las voces (…) Con ellas va trazando el mapa de su vida. Sabe que cuando ya no pueda hacerlo le llegará la muerte, no la definitiva, sino la muerte en vida, la hibernación, la parálisis, lo que es infinitamente peor.

Sergio Pitol
Puebla, 18 de marzo de 1933 - Xalapa, 12 de abril de 2018


Leyendo


Leyendo en el parque de Nara, Japón

jueves, 12 de abril de 2018

Júbilo


Pero aún más que el asombro, lo que se apoderó de mí era ese júbilo que nace de lo que sorprende sin que tenga uno manera de comprender: esa alegría que se tiene ante la esperanza de que van a romperse las cadenas del entendimiento de ayer, de siempre, y que, por no saber, se va por fin a ser más.

Yves Bonnefoy
La hora presente
Ed. Galaxia Gutenberg, 2016
Trad. Enrique Moreno Castillo